Escritos sobre música




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Alfredo González se despide del Libertad 8

~ domingo, octubre 29, 2023 ~

Crónica de los conciertos de Alfredo González el 27 y 28 de octubre de 2023 en Libertad 8

Nos lo anunció en un concierto en La Salvaje a principios de año: Alfredo González iba a dejar de existir. No la persona, sino el artista que se presentaba con ese nombre y con un repertorio acumulado de 20 años. Un repertorio que algunos amamos y que ha sido importante en nuestras vidas. Un repertorio que, por desgracia, no ha cosechado gran éxito comercial. Tal vez porque el mundo es injusto, tal vez, simplemente, porque el mundo es así y lo que a unos nos gusta mucho, a otros les produce indiferencia o incluso rechazo. Yo no sé valorarlo y no me creo en posesión de la verdad. Lo único que puedo afirmar con cierta seguridad es que a mí algunas de esas canciones me han ayudado a vivir.

Decidimos ir a los dos conciertos de despedida del Libertad 8: ya habíamos probado hace poco la experiencia de ir a un concierto de un artista por la noche y repetir en la sesión vermú del día siguiente, con Fabián acompañado precisamente de Alfredo, y la conclusión era clara: si algo te gusta, aprovéchalo mientras puedas, aunque no sea lo que hace normalmente la gente. A lo mejor, tú no eres normal. Yo, muy probablemente, no lo soy.

Así que fuimos al concierto del viernes, acompañados de dos amigas y también tuvimos la oportunidad de tener una excusa para verlas, que es algo que también hay que valorar. Y nos encontramos con una primera parte en la que Alfredo fue recorriendo cronológicamente su historia musical. Desde la distancia de más de 20 años, juzgó inocentes y pretenciosos los inicios. Sin embargo, yo no creo que la pretenciosidad siempre esté mal: puede que sea un pecado de juventud, pero es también el reflejo de una pasión que es muy difícil de mantener cuando tienes medio siglo de vida acumulado. Y cuando hay talento y buen gusto detrás, a pesar de la pretenciosidad, pueden surgir cosas de valor.

Foto de Alfredo González en el Libertad 8 el 28/10/2023

Del primer disco sólo rescató "Perdido en tu equipaje", una joya. Y da igual que sólo llevase diez conciertos cuando escribió "No te puedo regalar el corazón / lo perdí en un escenario la otra noche", porque luego dice "Nada tengo para darte de valor, / que las ganas de vivir las inventé": y ahí hay verdad y belleza. Y algo con lo que algunos podemos identificarnos.

Es verdad que hacer un tango siendo un chaval de Turón, como hizo Alfredo en "Con vestido y sin amor", es difícil que acabe bien, y es verdad que suena un poco a pastiche, pero es gracioso y es algo con lo que podemos conectar los que por esa época también escuchábamos los tangos compuestos casi 100 años antes en otro continente y quedábamos prendados de ellos.

El disco tiene algunos otros tesoros: la preciosa "El tacto de tus labios" o "La povisa", una canción en asturiano que luego recuperó en "La nada y tú".

Luego hizo "La escalera", una canción que publicó en su último largo, "Afluentes", pero que compuso mucho antes, después de haberse ido a probar suerte a Madrid durante dos meses y llevarse un libro de regalo (de Paulo Coelho) de una amiga con una dedicatoria que dio lugar a la canción: "Esta casa es más casa y menos hogar".

De "Dudas y precipicios" tocó "A borbotones", esa canción con la que dijo que había aceptado que era una persona que sentía la vida de una forma especialmente intensa. Quizás porque yo también me siento así, muchos días me descubro con su melodía en la cabeza. Y el Libertad 8 le acompañó cantándola y yo pensé que no es difícil imaginar a todo un estadio cantándola...

También tocó "El último taxi" porque dijo que tenía que cantarla, pero que ya no se sentía identificado con aquel que pagaba taxis con billetes enrollados y criticaba a los adictos al Lorazepam.

Para mí, "Dudas y precipicios" es muy especial: me lleva al invierno de 2009-2010, cuando caminaba de la universidad a la casa de New Jersey donde me alojaba, con temperaturas bajo cero, sintiéndome lejísimos de donde me gustaría estar, y ponía en el iPod el disco casi todos los días, refugiándome en esas canciones como en un hogar.

Luego interpretó "La nada y tú", hablando de las alegrías que le había dado la canción, los premios en forma de escultura y no en metálico, las listas de mejores cantares en asturiano y los últimos puestos en un festival internacional. Anécdotas para una canción que se enfrenta a la muerte y al nihilismo de cara y que refleja cómo Alfredo es capaz de acertar poniendo música a letras de otros, como ha hecho muchas otras veces.

Luego pasó a "Dobleces" e hizo "Todos llevan disfraz", contando que es una canción que les gusta mucho a los niños y que él mismo no sabe de qué habla. Yo me quedé con ganas de decirle que a mí me gusta mucho y que una vez le regalé "Dobleces" a una amiga que es más de escuchar Radio Olé y me dijo que había llorado escuchando la canción. A mí no me gustan los temas que no se sabe de qué hablan, pero hay canciones que aunque no estén claras sí tienen un enganche para darles un sentido. No sé exactamente cuál sería el que le llegó a mi amiga, pero quizás sea el mismo que me llegue a mí: una descripción de la sensación de aislamiento, de la distancia que siempre nos separa de los demás, protegidos cada uno con nuestro disfraz. Y que eso me recuerda a unos versos de Pessoa, al que citó más tarde, unos versos que compartí con Cristina en uno de nuestros primeros intercambios de mensajes de correo:

Hice conmigo lo que no sabía hacer.
Y no hice lo que podía.
El disfraz que me puse no era el mío.
Creyeron que yo era el que no era, no los desmentí y me perdí.
Cuando quise arrancarme la máscara,
la tenía pegada a la cara.
Cuando la arranqué y me vi en el espejo,
estaba desfigurado.
Estaba borracho, no podía entrar en mi disfraz.

Tampoco le conté a Alfredo que, para otro cumpleaños, me aprendí la canción al piano, la grabé y se la regalé a mi amiga: no sé lo que ella entendería, pero yo intentaba recordarle que no estaba tan sola.

Otra de "Dobleces" que interpretó fue "Desordenados", contando cómo nació la canción en un viaje a Colombia con Pablo Moro. Es otra preciosidad y a mí nunca se me olvidará cuando la hizo en el teatro de La Laboral, como telonero de Quique González: veo muchos conciertos todos los años y de muchos no me acuerdo --de hecho, tendría que acudir a estas crónicas que hago para recordar los detalles de aquel concierto de Quique--, pero ese momento del concierto de Alfredo está en mi memoria sin necesidad de apuntes.

Hizo también "Dos agujas" y, del disco en asturiano, "Ódiote", recordando a Pablo Texón. Aunque es una canción con cierta belleza oscura, el rencor no es un camino por el que a mí me guste adentrarme.

Pasó a contar que "La paciencia de faquir" fue un disco del que le quedaron muchas copias y tocó la más conocida del álbum, "Colisión de trailers". Momentos de intensidad y palmas.

Luego volvió a otra de esas canciones reflexivas que tan bien sabe hacer, a base de letras interesantes y melodías que tienen algo personal: "Afluentes". Creo que esa personalidad en las melodías y el hecho de usar el piano le destaca entre mis preferencias de la generación de cantautores que surgió tras el (relativo) éxito de Quique González.

Interpretó también la bellísima "El pozo" y ahí fue donde citó a Pessoa en el "Libro del Desasosiego" con estos versos:

Nunca nos realizamos.

Somos dos abismos —un pozo mirando fijamente al cielo.

Creo que fue después cuando presentó la canción que hizo para la película "El verano que vivimos", contando que al final eligieron otra que hizo Alejandro Sanz. Se subió para acompañarlo al violín Manu Clavijo y lo hizo muy bonito.

Y acabó el recorrido cronológico con "Corredera", la canción que grabó con Ismael Serrano, con todo el Libertad 8 cantándola.

Empezó entonces otra parte del concierto donde aceptó peticiones y sonaron "Cicatrices de prestado" (también muy coreada), "Wikileaks", la divertida "Felina Bipolar",  "Golfo" (explicó que aunque se la pedían mucho porque parecía divertida, es una historia muy triste) y la reciente "La insistencia". También hizo dos de las que más me emocionan: "Retruque" y "Dudas y precipicios". Acabó con "Hasta las manos", nuevamente acompañado de todo el local.

Pero, ya lo dije, nosotros no nos íbamos a quedar sin otra oportunidad y fuimos a la sesión vermú del día siguiente. El público era mucho más familiar, en todos los sentidos (había niños y estaba la familia de Alfredo) pero el repertorio fue bastante similar. En el apartado cronológico, añadió "La última revolución", a pesar de que dijo que Silvia le había dicho que no la cantase. En la otra sección, hubo bastantes menos canciones que el día anterior, pero no faltaron "Golfo" y "Retruque" o, como la llamó alguien al pedirla: "La de los vinilos rayados". Volvió a acabar con "Hasta las manos".

Foto de Alfredo González en el Libertad 8 el 29/10/2023

Con el resumen del párrafo anterior, parece que el concierto del sábado añadió poco al del viernes, pero no fue así: hubo un extra de intensidad y él se emocionó en algunos momentos (recuerdo especial para la mención a su madre en "Corredera"), y yo, que cada vez estoy más sensible, tampoco pude contener el nudo en la garganta más de una vez... Mereció la pena, literalmente.

Dos conciertos seguidos, y luego fuimos a ver a Fabián, donde volvieron a hacer maravillas, primero Fabián en solitario, presentando muchas canciones nuevas, y luego los dos juntos. Tocaron otra vez "Todos llevan disfraz", que Alfredo paró para dedicárnosla por haberla escuchado tres veces en un día, sin saber lo que esa canción significa para mí...). 

Foto de Fabián en el Libertad 8 el 29/10/2023

Y a pesar de haber tenido la sensación de haberme pasado el fin de semana en el Libertad 8, yo quedé con ganas de más: no me atreví a pedirle a Alfredo "Según los días", "La vida que esperé" o "Escrito en servilletas", esa canción en la que pensamos Cristina y yo cada vez que paramos en Villalpando... Espero que algún día la persona Alfredo González decida volver a ser el artista Alfredo González y recupere este repertorio: algunos disfrutamos esas canciones como un tesoro.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
5:58 p. m. | Comentarios (2)

Brevísima reseña de los conciertos a los que he ido en el primer semestre de 2023

~ domingo, julio 30, 2023 ~

 Me prometí escribir algo de todos los conciertos a los que voy, para que no se me olviden del todo. Aquí va:

- 13/Ene: Alfredo González en La Salvaje (Oviedo). Lo reseñé aquí.

- 20/Ene: Txetxu Altube (con Tyna Ros de telonera) en La Salvaje (Oviedo). Lo reseñé en la misma entrada.

- 25/Ene: Christina Rosenvinge en el Circo Price (Madrid). Mi primera vez en el muy mítico Circo Price, y viendo desde muy cerca, a un lado del escenario, a esa artista sorprendente que es Christina presentar aquel primer disco en solitario, "Que me parta un rayo", que tanto me gusta. Me encantaría saber hacer canciones así... Disfruté mucho el concierto. Primera vez del año que veía a Charlie Bautista. Salió el hijo de Christina a acompañarla en "Señorita", esa canción que me obsesionó tanto que le hice un arreglo por bossa nova del que estoy muy orgulloso y que tiene letra del padre de la criatura, Ray Loriga.

- 26/Ene: Txextu Altube (con Tyna Ros de telonera) en el Búho Real (Madrid). Concierto similar al que habíamos visto 6 días antes, pero la música no es una experiencia para disfrutarla sólo una vez...

- 28/Ene: Nacho Vegas en La Rivera (Madrid). Lo vimos desde primera fila y volvimos a sorprendernos de que esas canciones y esa voz lleguen a tanta gente, muestra de que son algo especial.

- 3/Feb: Egon Soda (con Alberto Vela de telonero) en El Sol (Madrid). A Alberto no lo conocía. Maneras de cantautor. Egon Soda, hicieron, con la solvencia que les caracteriza, honor a su nada tópico cancionero.

- 6/Feb: Homenaje a Enrique Urquijo en Clamores (Madrid). Un montón de gente haciendo canciones de Enrique. Un poco caótico.

- 23/Feb: César Pop en el Búho Real (Madrid). Otro concierto bonito de César. Otro artista que tiene talento para hacer canciones... Estuvieron de invitados Rubén Pozo (Pereza) y Nadia Álvarez. Le acompañó Álvaro Cuberris a la guitarra y fue otra noche para disfrutar.

- 11/Mar: Alfredo González y Fabián en Libertad 8 (Madrid). Primero hizo unas canciones solo Alfredo y luego acompañó con el piano y los coros a Fabián con el repertorio de este último. Dos de los mejores autores de canciones de los últimos años, cada uno con una personalidad propia, pero, curiosamente, cuando actúan juntos empastan a la perfección y el resultado es muy, muy emocionante.

- 12/Mar: Alfredo González y Fabián en Libertad 8 (Madrid). No es un error: nos gustó tanto el concierto del sábado por la noche, que el domingo fuimos a la sesión vermut... y volvimos a salir pensando que habíamos disfrutado de un lujo secreto.

- 25/Mar: El Kanka en el Wizink Center (Madrid). Concierto multitudinario. Es curioso, porque al Kanka no lo escucho prácticamente nunca, pero sus directos me parecen fascinantes. Recoge muchas cosas que me gustan: Drexler, Ketama... pero con su personalidad. Y musicalmente es apabullante: ¡vaya bandón!

- 29/Mar: César Pop en Libertad 8 (Madrid). Sí, también repetimos con poco tiempo de diferencia concierto de César y sí, también lo volvimos a disfrutar muchísimo.

- 30/Mar: Luis Ramiro en Galileo Galilei (Madrid). Concierto con banda, que no es tan habitual en Luis, aunque tengo que señalar, como bajista, que me molesta que prescinda del bajo, por muy bien que lo supla Lorenzo Vilches en las teclas. Cuando todos los músicos son buenos, se nota. En la guitarra estaba Juan Guevara. No me acuerdo del nombre del batería, pero dominaba perfectamente las dinámicas de las canciones, así que me quedé muy sorprendido cuando Luis contó que lo acababa de conocer y sólo habían ensayado una vez. Invitó a Gastelo en una canción.

- 15/Abr: Rafa Pons y Luis Ramiro en el Teatro Corral Cervantes (Madrid). Una rareza que montaron Rafa y Luis: un par de actores interpretaban clásicos de la poesía española del siglo de oro y los cantautores tocaban entre medias alguna de sus canciones. Curioso.

- 17/Abr: Bill Callahan en La Paqui (Madrid). No lo conocía y se me hizo un poco duro: el sonido no era el mejor y para disfrutar esas canciones oscuras hay que escuchar bien las letras y conseguir entrar en su mundo. Yo no lo logré.

- 22/Abr: VibraFest Mahou en el Recinto Ferial Luis Adaro (Gijón). No vimos a todos los artistas, ya que la lista era larga. Antes de comer y desde lejos, descubrimos a Carlangas. Un estilo un poco inclasificable, con aires bailables. Karavana también los vimos desde lejos y, la verdad, ahora ya no recuerdo qué me parecieron. Conseguimos ya primera fila para Second y fue un conciertazo. Yo los he descubierto este año, ahora que se retiran. Lo bueno es que los voy a ver un par de veces más. Shinova, que actuaron a continuación, es otro grupo al que no sigo y no me llegaron en especial, aunque lo hicieron bien y tenían muchos fans. A los que ya he visto muchas veces es a Viva Suecia, que dieron un gran concierto, en la línea de los que les he visto últimamente.

- 28/Abr: Vicky Gastelo en el Museo Lázaro Galdiano (Madrid). El mejor concierto que he visto hasta la fecha de la cántabra, acompañada de un guitarrista y un pianista. Precioso. Invitó a Ramón Arroyo a hacer "Agárrate a mí, María".

- 2/May: Christina Rosenvinge en la Plaza Mayor (Madrid). Primer año que vivo como madrileño de adopción las fiestas de la comunidad y tuve el placer de poder disfrutar otra vez de la Rosenvinge haciendo "Que me parta un rayo".

-4/May: Txetxu Altube en Galileo Galilei (Madrid). Concierto con banda, que es quizás el formato para el que ha nacido Txetxu. Tuvo también su tramo con la acústica. Invitó al histórico Jose María Granados a hacer "La última vida de un gato" y a la multifacética Cristina Gallego a cantar una preciosa "Quemas" de Xoel López.

- 6/May: La Herida en el Honky Tonk (Madrid). Homenaje a Héroes del Silencio. Aunque no llevaban dos guitarras y no eran tan profesionales como otros homenajes a Héroes que he visto, lo hacían muy bien.

- 13/May: Carolina Durante en la pradera de San Isidro (Madrid). Estaba lleno y dieron un concierto vestidos de chulapos y con mucha fuerza. Ya son un clásico.

- 14/May: Dorian en la pradera de San Isidro (Madrid). Estos son clásicos desde antes, y les gusta referenciar a los clásicos de la literatura. Después de verlos esta vez, me enganché a alguna de sus canciones.

- 19/May: José Ignacio Lapido en la sala Changó (Madrid). El de Granada presentaba su nuevo disco, "A primera sangre", que creo que está muy bien y que no desmerece al lado de obras tan inmensas como "Cuando el ángel decida volver". El público, talludito y fan. Lo disfruté un montón.

- 20/May: Los Enemigos en La Riviera (Madrid). Los madrileños interpretaban canciones básicamente de "La vida mata" y "La cuenta atrás". Este último yo lo escuché muchísimo, y me aprendí algunas canciones hace 30 años que aún sigo tocando en mi salón... Eché de menos a algunos amigos que son muy fanáticos de la banda. La Riviera, abarrotada de gentes ataviadas con camisetas con porrones. Por desgracia, el sonido no fue bueno y ellos tuvieron algunos fallos de interpretación.

- 25/May: Ron Sexsmith en Clamores (Madrid). No he escuchado casi nada del canadiense. No sé por qué, pensaba que era más joven. Tiene una voz increíble. Invitó a tocar a Ramón Arroyo.

- 26/May: Josh Rouse en Lula Club (Madrid). Primera vez que acudía a esta sala de la Gran Vía, cubierta de terciopelo rojo. No me pareció un concierto tan increíble como el que vi hace años en el Café Berlín, pero estuvo muy guapo.

- 10/Jun: Hechizo en La Riviera (Madrid). Otro grupo homenaje a Héroes del Silencio. Ya los había visto otras veces y son de los mejores. No entiendo a la gente que critica a los grupos homenaje: los que estábamos allí compartimos con el grupo un repertorio mítico y disfrutamos de la música, que es de lo que se trata.

- 15/Jun: Niños Mutantes en el Moe Club (Madrid). Otra sala que no conocía. Además, concierto gratis y con pizza gratis al final. El escenario se les quedó un poco pequeño y tuvieron algún problema técnico, pero es un placer ver a un grupo tan grande en un sitio tan pequeño.

- 16/Jun: Dani Flaco en el Búho Real (Madrid). No es alguien a quien haya escuchado. Creía que sus canciones eran más humorísticas, en plan Rafa Pons, pero no: aunque él es comediante muy ingenioso entre tema y tema, las canciones son más de amor, o de desamor.

- 18/Jun: Alison Russel y Quique González en el Botánico (Madrid). Dejé una reseña larga aquí.

30 días de concierto en los primeros seis meses del año, todavía más artistas. No está mal...

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
7:55 p. m. | Comentarios (0)

Dos conciertos en La Salvaje

~ sábado, enero 21, 2023 ~

Hemos empezado el año con dos conciertos en La Salvaje de Oviedo.

El primero fue el de Alfredo González el viernes 13 de enero de 2023. Solo al piano, fue un concierto muy especial, porque anunció que iba a cambiar de proyecto a final de año. No me quedó claro cómo será la cosa, pero yo espero no poder dejar de disfrutar de su repertorio en directo, porque es uno de los mejores de los cantautores de las últimas décadas en España para mi gusto. Tuvo también la colaboración especial de su paisano Juan Ponte.


Al viernes siguiente, 20 de enero, vimos a Txetxu Altube. Abrió con tres canciones la cantautora mexiacana Tyna Ros, con una voz espectacular. Luego Txetxu hizo su repertorio ante una Salvaje llena (como con Alfredo). Interpretó canciones de todas sus épocas y también alguna nueva. Tyna Ros volvió para acompañarle en una canción. Volveremos a ver a Txextu muy pronto...



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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
1:31 p. m. | Comentarios (0)

Días de radio

~ miércoles, agosto 26, 2015 ~


Esto fue escrito en el ALSA entre Gijón y Madrid a principios de agosto


Hasta ahora no había hecho una reseña de un programa de radio en estos escritos sobre música. Algo injusto, porque la radio ha tenido mucha importancia en mi vida musical -o sea, en mi vida a secas- desde que con cuatro años me dedicaba a escuchar Los 40 Principales esperando que saliesen canciones de la Trinca en una radio de pilas (un transistor, como se llamaban entonces) que me regaló mi abuela.

Luego fui habitual del Derrame Rock de Alberto Toyos en mis años heavies y, un poco después, de la programación de Radio 3. Ahí, un programa me cambió la vida: una noche, en el Trópico Utópico de Roberto Poveda, echaron un concierto de Kiko Veneno y Juan Perro. Yo ya era fan de Kiko, así que lo grabé en una cinta. El programa duraba más que el concierto y lo completaron con Camarón y con unas bulerías de Manuel Molina. Además, la sintonía era una canción hipnotizante que, como las otras, llegó a obsesionarme: “El secreto” de Henry Fiol. Me hice asiduo del programa y ahí descubrí a Caetano Veloso, a Omara Portuondo, a Chucho Valdés y a tanta, tanta buena música que es una vergüenza que hasta ahora no le haya dedicado unas palabras de agradecimiento. Sirvan estas.

Hablando de programas de radio, hubo también una noche muy especial de un programa que sólo escuché aquella vez y que, sin embargo, nunca he olvidado: era en Radio Kras y no tengo ni idea de quién lo hacía ni de cómo se llamaba el programa; lo único que sé es que me quedé atravesado por un rayo durante una hora en la que se mezclaban lecturas de cronopios y famas con la voz de una persona –no era capaz de determinar si hombre o mujer- que decía el tango como si fuese una tragedia griega de las que resumen la mísera existencia humana. Luego supe que era Adriana Varela y luché muchísimo por aprenderme alguna de aquellas guitarras intrincadas que acompañaban su voz grave. Todavía a día de hoy maltoco y malcanto “Afiche”, “Muñeca brava”, “Como dos extraños” y la maravillosa “Balada para un loco” que hacía con Roberto Polaco Goyeneche.

Ahora la radio en mi vida queda confinada al coche, cuando no tengo ningún podcast que me acompañe, aunque los podcasts creo que no dejan de ser muy distintos de los programas de radio.

De hecho, el programa que me ha llevado a escribir esto no lo escuché en la radio sino en el ordenador (por cierto, una CPU típica tiene decenas de millones de transistores), en Sound Cloud, aunque fue hecho para la RTPA (Radio Televisión Pública Asturiana). Se trata del primer capítulo de “Esperando que pare”, donde Pablo Moro se ha decidido a invitar a gente para hablar de canciones. Y ha conseguido emocionarme. Porque yo pertenezco a esos enfermos que se obsesionan con las canciones como si fueran algo importante para la supervivencia.

Muchas cosas del programa hicieron que desease escribir aquí, algo raro en los últimos tiempos. Para empezar, que pusiese aquella escena de “Lugares comunes” que es uno de mis momentos favoritos en la historia del cine, la discusión entre el personaje interpretado por Federico Luppi y su hijo.
Otra sorpresa, quizás la principal, es que contestase a una pregunta que me había hecho muchos fines de semana: ¿quién escoge las canciones en la RTPA? Porque muchos sábados o domingos, conduciendo hacia un ensayo y buscando algo escuchable en el dial (otro término ya sin sentido), me sorprendía en la RTPA una canción que no conocía pero que me gustaba. A veces era de un grupo que sí conocía, pero una canción que no era de sus clásicas. Y, de verdad, que me reconcomía la duda de quién escogería canciones tan bien. En el programa de Pablo Moro descubrí la respuesta: Manolo Abad, mítico periodista de la escena asturiana y, a la vista está, un auténtico connoisseur.

Lo que no fue sorpresa, porque estaba anunciado en el enlace que seguí, era que entrevistaba a Alfredo González, que empezó diciendo que era más de canciones que de discos, artistas o estilos, algo con lo que me identifico.

Resultó muy interesante el debate entre Pablo y Alfredo sobre la exigencia de autobiografía en las canciones. Me hizo recordar que en el instituto me enseñaron algo así como que la lírica era el género que expresaba los sentimientos, el yo; de ahí probablemente esa exigencia. En cualquier caso, es un debate antiguo el de la importancia de la vida del autor para comprender su obra, en cualquier disciplina artística. Yo creo que en la canción es más fácil que en otras disciplinas olvidarse del autor: a fin de cuentas, es habitual que el intérprete y el autor sean distintas personas y que las canciones se independicen y acaben valiendo por sí mismas. Sin embargo, es verdad que yo suelo investigar sobre el proceso de creación de las canciones y me gusta saber de dónde vienen y que me cuesta separar la obra y el autor. Me ha pasado, en un ejemplo de otro orden, la novela, con Tolstoi: emocionado por su “Guerra y paz”, con la profunda compresión del alma humana que se adivinaba en esa obra, quedé sin embargo muy decepcionado tras leer fragmentos de sus diarios y los de su esposa.

Aparte de las interesantes conversaciones, el programa regaló tres interpretaciones curiosas (con batería pero sin bajo) e intensas de canciones del último disco de Alfredo, lo que no es poca cosa.

En definitiva, que como adicto a las canciones, estoy esperando ya el segundo capítulo.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
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Creo que tengo otro disco al que volver

~ miércoles, diciembre 21, 2011 ~

Alfredo González lo ha vuelto a hacer: ha publicado otro disco mágico. Se llama Dobleces, porque es doble y porque está en castellano y en asturiano.

El otro día lo presentó en La Caja Negra de Oviedo, a solas con su piano y, excepcionalmente, con la guitarra. Fue uno de los conciertos que más he disfrutado en mucho tiempo, por descubrir algunas de las nuevas canciones y también por poder cantar con mucha otra gente las de Dudas y precipicios, probablemente el disco que más he escuchado en los últimos años, uno de los poquísimos que se ha incorporado a esos que forman parte importante de mi vida.

Lo he dicho ya muchas veces: soy un músico que escucha música sobre todo por las letras. Y las de Alfredo en estos últimos años son las que me parecen mejores.

Ahora mismo mi canción favorita del disco es con la que abrió el concierto: La vida que esperé. Hay algo que no sé describir pero que me atrapa en estos versos:

Las chicas de Valencia
llevan flores en los labios,
apurándose a la hora de comer.
El Carrer de la Ribera
se adivina entre terrazas:
creo que tengo otra ciudad para volver.

Y yo tengo otro disco al que volver, un disco que está lleno de joyas, una detrás de otra.

En la parte más pop, con arreglos de viento de Miguel Herrero, que ya nos ayudó en el disco de Kozmics, está Hasta las manos. Los de Sr. Paraguas han aprovechado para hacer otro vídeo sádico:



Este viernes Alfredo presenta el disco en el Libertad 8 de Madrid. Mi novia va a retrasar un día el viaje para verme para verle a él. Y yo la entiendo.

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Alfredo en Libertad

~ lunes, octubre 03, 2011 ~

El autobús deja atrás Villalpando, esa área de descanso perdida en Zamora que muchos asturianos con vínculos con Madrid (y viceversa) conocemos más de lo que nos gustaría. Curiosamente, por ahí empecé a conectar con Alfredo González, aunque lo lógico hubiera sido hacerlo a través de Las gafas de Mike, su canción del mismo título que una de Quique. Pero no, ese relato generacional de alguien sólo un poco más joven que yo que se encuentra en Escrito en servilletas fue mi primer enganche a la música del de Turón.

Ya han pasado unos años de aquello y sus canciones me han hecho compañía por tierras mucho más lejanas que las de la meseta castellana: ya he contado aquí como muchas tardes volvía caminando por el desierto congelado de las aceras de Long Branch —esa ciudad de New Jersey donde una vez detuvieron a Bob Dylan confundiéndolo con un vagabundo— escuchando Dudas y precipicios y ese disco siempre va a estar asociado a esa etapa de mi vida.

Ahora, otro recuerdo para la colección: una de las canciones de ese disco, Cicatrices de prestado, fue la primera que escuché en el Libertad 8. Es curioso: tras el concierto, hablando con Iller de Nueva York, le contaba que la primera vez que fui allí me sentí como dentro de una película de Woody Allen. Y ese viernes, escuchando a Alfredo en el Libertad, era como estar dentro de un vídeo de YouTube, tantas las veces que he visto actuaciones de alguno de mis cantantes favoritos en ese mítico local...

Pero la realidad siempre tendrá mucha más calidad que los vídeos de Internet por mucho que mejore la tecnología: allí estaba, escuchando el piano del Libertad y viendo las manos de Alfredo presionar las teclas, en un concierto sólo de piano y voz... y grandes canciones.

Sonaron muchas de Dudas y precipicios y algunas del próximo disco, que según anunció se llamará Dobleces y será doble: una parte en castellano y otra en asturiano. Algunas las recordaba de cuando teloneó a Quique González en la Laboral, esas preciosidades que son Todos llevan disfraz o Desordenados; una que creo no haber escuchado antes, Hasta las manos, me pareció otra joya.

También hizo un par de versiones curiosas. La primera, Páginas tuyas de Fabián (Iller lo recogió en vídeo), que pasada al piano y a la voz de Alfredo suena igual de bien pero muy distinta a la del autor, como más merecen la pena las versiones. La otra, con Héctor Tuya y medio improvisada: una versión del Halleluyah de Cohen que intenta trasladar al español los versos misteriosos del canadiense y a veces lo consigue con más éxito que otras. Era la primera vez que veía a Héctor y no fue la mejor ocasión, pero sigue mi interés por él después de ver esa excelente versión de Cuando el ángel decida volver que vi en un vídeo grabado en el Buho Real, uno de los cada vez menos escenarios míticos de Madrid que me queda por conocer.

Alfredo también se versioneó a sí mismo: Golfo en el piano tomaba un aire arrabalero, de tango y jazz por momentos, y La nada y tú sin la electrónica del disco, sonaba muy distinta.

El final, un Retruque nada banal. Se me hizo breve el concierto. Hay muchas ganas de mucho más. Vivir la música de un gran autor en vivo en el Libertad es uno de esos lujos accesibles para cualquier que tenga un poco de interés y un ALSA hasta Madrid. Dice que en diciembre estará de nuevo por allí. Ojalá el trabajo me permita asistir: las carreras para llegar de esta vez merecieron mucho la pena.

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Conciertos de Navidad

~ miércoles, diciembre 22, 2010 ~

Gijón se vuelve a poner espléndido. Mañana jueves 23 hay tres conciertos a los que me gustaría ir: Alfredo González en el Casino, Francisco Nixon en El Patio de la Favorita y ABCD (una banda de tributo a Bon Scott) en el Savoy.

Al único que voy a ir seguro es al de Alfredo. El de Nixon coincide en la misma hora y el de ABCD es demasiado tarde para un día que ya va a ser muy largo.

Pero eso es sólo el principio, porque el sábado 25 voy a vivir mi primer Concierto de Navidad... como intérprete. Los Kozmics vamos a estar, a partir de la medianoche (es decir, empezaremos cerca de la 1), en el Savoy.

Y para rematar el fin de semana, el domingo iré a Oviedo a ver a Luis Ramiro en la Sala Nunca Jamás.

No hay nada mejor para combatir los villancicos machacones de las grandes superficies que la buena música. ¡Felices fiestas a todos!

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Alfredo González y Quique González en la Laboral

~ domingo, septiembre 12, 2010 ~

Por hache o por be, nunca llego pronto a los conciertos de Quique en Gijón. Esta vez no fue la excepción: cuando llegamos a las ocho menos cinco, la cola atravesaba el patio de la Laboral perpendicularmente desde la puerta del teatro. En cinco minutos se empezó enroscar siguiendo una de las paredes laterales.

De todas formas, siendo un concierto en teatro lo lógico sería pensar que el orden de entrada es indiferente ya que las entradas están numeradas. Pero no era el caso, no sé por qué.

Puntualmente, a las ocho y media, salió Alfredo González, que tuvo el valor de presentarse en solitario ante el auditorio casi lleno y silencioso y empezar a cantar acompañado sólo de acordes de mano izquierda al piano una canción nueva y llena de fragilidad. Impresionante. Después de aclarar que no tenía relación familiar con Quique, tocó otras dos canciones nuevas (ya hay vídeos en YouTube: Todos llevan disfraz y Desordenados; suenan demasiado agudos: en vivo el sonido era perfecto). Contó que una de ellas hablaba del viaje que hizo a Colombia con Pablo Moro, que aparece en la letra. Las tres canciones prometen mucho, con esas letras bien cuidadas, con aliento poético pero perfectamente adaptadas al formato de canción rock que son marca de la casa. Uno de mis acompañantes, que lo había descubierto esta semana gracias a este concierto y mi recomendación, me dijo que podrían ser canciones de Quique. Yo creo que no, pero sí que hay una relación con las del madrileño, y en las letras esa relación es con mis favoritas, aquellas del principio donde todo estaba más armado que en los últimos discos.

Después de las tres canciones nuevas, el flaco de Turón hizo tres de Dudas y precipicios, empezando precisamente con la que da título al disco y finalizando con la que lo abre, Retruque, donde metió unas frases de Nos invaden los rusos. Entremedias, hizo esa otra maravilla que se titula Según los días: emocionaba sentir su voz palpitando en el silencio del teatro. Al final de la canción metió una cita («No me enfrentes mis fracasos, aún no los olvidé») a Estos días, la adaptación que Enrique Urquijo hizo con los Problemas del tema These Days de Jackson Browne, canción que Quique ha dicho alguna vez que era su favorita (toda esta información me era desconocida y la he conseguido gracias a una quiquifriki con la que me estoy convirtiendo al fredofrikismo y que habló recientemente de esa canción en su blog).

Alfredo, que por el camino había agradecido a Quique el honor de tocar con él, dejó el escenario unos minutos antes de las nueve, y pocos minutos después aparecieron Quique y su banda para empezar un concierto muy similar a los de esta gira. No voy a comentar todas las canciones que tocó porque fueron en su mayoría las que ha hecho en otros conciertos y en el mismo orden; a mí me gustaría más variedad, pero entiendo que con el despliegue que lleva Quique, con cambio de guitarras y de teclados en cada canción, tiene que estar todo muy medido.

En el repertorio, las novedades más importantes fueron algunas canciones viejas. A mitad del concierto se quedó solo y preguntó por peticiones. Hizo entonces Piedras y flores con una armónica que me gustó mucho y me recordó a Van Morrison, y Se nos iba la vida, una canción que suele interpretar en Gijón, tal vez porque, como volvió a contar anoche, la compuso en un tren entre Santander a Gijón. A diferencia de ocasiones anteriores, esta vez parecía que la traía más preparada y no se olvidó la letra.

Otra novedad algo más adelante y ya con banda fue que interpretaron Por caminos estrechos. No hizo Conserjes de noche, a pesar de que fue muy pedida (ya al final, en uno de los bises, alguien la gritó y él contesto: «No voy a hacer esa pero voy a hacer la segunda parte» y empezó Su día libre). De hecho, no hizo ninguna canción de Personal aparte de Se nos iba la vida y de Salitre sólo hizo la que da título al disco.

La novedad más importante de la noche, sin embargo, estaba en la banda: creo que era el segundo concierto en el que Mario Raya tocaba en esta gira, siendo ya el tercer guitarrista de la Daiquiri Blues Band tras David Soler y Javi Pedreira. Mario ya tocó de vez en cuando en la época de Salitre con Quique. Es un guitarrista mucho más clásico y contenido que Pedreira. En general, ni me disgustó ni me entusiasmó. Me dio la sensación de que le falta rodaje: de vez en cuando en los solos se iba de la tonalidad (también falló en algún momento los acordes de Por caminos estrechos, que probablemente sería la que menos ensayada tenían y no es una canción de armonía obvia) y parecía que a veces se amilanaba. Una de las cosas positivas que aportó fue que tocó una lap steel guitar (creo que no era una pedal porque la tocó de pie y no utilizaba las rodillas) que permitía sacar un sonido más fiel al último disco. Otras guitarras que tocó fueron una Telecaster y una Stratocaster, además de una acústica. En algunas canciones (El campeón que recuerde ahora) empleaba el slide. En general se ceñía a los solos de los discos.

El resto de la banda (por cierto, creo que es la primera banda de Quique en la que todos lucen barba) estuvo en su linea: perfectos.

Para mí lo mejor del concierto fue Miss Camiseta mojada. Quique contó que era una historia de una chica que pertenecía a Tony Jurado (luego se corrigió, dijo que nadie pertenecía a nadie). Casi al principio de la canción, se le rompió una cuerda y pareció que ese contratiempo, ese detalle no medido, le diese una fuerza especial. Cambió la letra, diciendo algo así como «No te compliques, cuando aterrices, es Tony Jurado» y rematando un estribillo con «Miss camiseta asturiana».

Quique al piano sólo hizo Pequeño rock'n'roll, canción en la que agradeció a Alfredo sus temas. Contó que habían pasado una noche muy buena cantando en Salamanca, cuando teloneó a Calamaro y Ariel Rot (yo estuve en aquel concierto, lo conté aquí, y también pasé una noche muy grande tocando con unos amigos). Pero después de pensarlo un poco, dijo: «Bueno, acabé durmiendo en el parking, así que no fue una noche tan buena, pero mientras estuvimos tocando fue muy buena».

Entre los comentarios de Quique, también tuvo uno sobre su técnico de monitores, Marc, del que dijo que iba a ser copilo en una carrera de coches de época o algo así.

Otro comentario que hizo al final fue algo así como «Habéis sido un público muy bueno». Por lo menos fue un público muy formal: escuchaba las canciones con atención reverencial. Yo incluso eché en falta un poco más de animación. Hubo alguna canción en la recta final donde encendieron un poco las luces como para animar al público a expanderse, pero sólo en el Vidas cruzadas con el que se terminó el concierto la gente se levantó de sus butacas para bailar.

Fue un buen concierto, pero siendo el tercero de esta gira que veo y después de haber asistido a la noche mágica del Palacio de Congresos en Madrid, es difícil sentir entusiasmo. Puerca condición humana, que tan rápido se acostumbra a lo maravilloso... El mes que viene Quique toca en Oviedo en el Auditorio Príncipe Felipe. Probablemente vaya a verle porque me queda cerca de casa y un concierto de Quique es siempre, por lo menos, una noche agradable, pero no espero que me deslumbre. Cuando preguntó por peticiones a mitad del concierto, alguien, en lugar de pedir una canción (aunque fuese el Los rockeros van al infierno que lanzó un gracioso), gritó: «Que el próximo sea un bar». Yo estoy dividido, porque no me gustan los bares y disfruto muchísimo con el sonido perfecto que consigue Quique en los teatros, pero la verdad es que empiezo a echar de menos ver un concierto de pie, pudiendo bailar y gritar las canciones.

Por cierto, he estado pensando que debe de ser la primera vez que después de más de una año desde que salió el disco no conocemos canciones nuevas de Quique. Hay ganas de más, como hay ganas de que grabe un nuevo disco Alfredo. Queda mucha buena música por delante...

Algunas fotos de recuerdo:















Actualización: Aquí podéis ver unas fotos con mucha calidad realizadas por Pelayo González.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
11:12 a. m. | Comentarios (8)

Muchos conciertos, muy poco tiempo

~ lunes, mayo 03, 2010 ~

En Asturias tenemos un problema benigno: hay demasiados buenos conciertos. Es un problema al menos para los que no disponemos de mucho tiempo.

Cuento a lo que me gustaría ir esta semana:

- Mañana martes están Enfadados como invitados en la Fashion Week de Gijón (Sala Acapulco, 22:30). No voy a poder ir porque tengo ensayo ineludible con Marienbad (véase más abajo).

- El miércoles están Maderita, con mi amado Julio Bustamante, en el Recinto Ferial Luis Adaro en Gijón a las 20:30 (aunque en algún sitio lo he visto anunciado a las 20:00). Espero poder ir, si el trabajo me lo permite.

- El mismo día está Alfredo González en el Centro Cultural Cajastur de Oviedo a las 20:00. Aunque no fuese a Maderita, no podría ir porque a esa hora no llego a la capital. Tengo muchísimas ganas de disfrutar un concierto en condiciones de Alfredo y nunca me coincide bien: fui incluso hace unos meses a Mieres a verle, pero luego sólo tocó cinco canciones. Algún día lo lograré.

- El viernes se celebra en la discoteca Estilo de Oviedo el XXV Aniversario del Concurso de Maquetas de Los 40. Va a ser un acontecimiento histórico (en sentido literal: 25 años de historia) donde van a estar tocando una canción muchos de los ganadores. Entre ellos, Marienbad, así que allí estaremos metiendo ruido con nuestras SGs.




- Y este no es en Asturias, pero ya tenía la entrada comprada hace mucho porque me lo perdí cuando tocó aquí: el sábado me voy a Madrid a ver a Quique González.

La música se debe de estar muriendo, pero la verdad es que el que se va a morir soy yo de darle tanto al asunto.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
11:19 p. m. | Comentarios (5)

Discos del 2009

~ viernes, enero 15, 2010 ~

No me gustan las listas de "Lo mejor de...": me parece presuntuoso que alguien determine qué es lo mejor (¿quién ha escuchado todo?, ¿quién sabe de todo?, ¿quién tiene la verdad?) y, además, me parece que los discos no se pueden ordenar como si fuesen caballos al final de una carrera. Aún así, muchas veces acabo mirándolas, en parte por morbo, en parte por ver si descubro algo interesante.

Con este último afán, compartir descubrimientos y tratar de transmitir las reflexiones o sentimientos que me producen la música (irrelevantes, pero este blog nace de una necesidad irracional), voy a comentar los discos que más me han gustado en 2009, aunque puede que no sean de este año.

Dramas y Caballeros. Luis Ramiro

Amenacé con dedicarle una entrada y no lo hice. Para mí ha sido un descubrimiento. Sigo sin verle nada muy original, pero me gusta la perfección clásica de sus formas. Hay tópicos, pero detrás de los tópicos hay algo que (me) llega. Su voz y una mirada a ras de tierra le dan el carácter personal necesario para escapar del plagio y el aburrimiento. Y además tiene el toque para se te queden los estribillos. Todavía recuerdo una noche de insomnio en Madrid, repitiendo una y otra vez en mi cabeza: "Tonterías / para no dormir, / qué agonía / es tener que decidir / entre el agua y la comida".

Dudas y precipicios. Alfredo González

En los años 90 hubo una generación de cantautores con cierto éxito: Pedro Guerra, Ismael Serrano y Javier Álvarez. Eran herederos de Serrat, Sabina y la Nueva Trova (sobre todo los dos primeros). Ahora mismo está habiendo otra generación de cantautores con unas señas de identidad muy distintas que yo diría que vienen de Quique González: los referentes son americanos, el rock. En esta generación están Manolo Tarancón, Pablo Valdés, Fabián, Pablo Moro y Alfredo González. Curiosamente, escuchando el otro día el primer disco de Alfredo, La vida de alquiler, me parecía como un compendio de la generación anterior: un tema casi de política panfletaria, una canción con querencias argentinas, otra sobre la República y algunos cuantos tópicos más.

Pero en Dudas y precipicios cambió los referentes a los americanos del rock. Las minas porteñas dejaron paso a las camareras que se enrollan con los músicos y la República, a las drogas.

Yo deploro esos tópicos (más el de las drogas que el de las camareras). Pero Alfredo ofrece algo más: voz propia, textos bien hilvanados, con un léxico que evita el aburrimiento, cierta visión social mucho más sutil que antes y arreglos no tan convencionales, escapando de la guitarra acústica a través del piano. La parte final del disco, con menos rock, es la que más me gusta. Pero toda la producción me parece muy buena, con detalles arriesgados, como las distintas distorsiones de la voz en "Golfo" y "Piernas de marioneta" que, a pesar de que hubieran podido resultar efectistas, funcionan. Y también tiene el toque para hacer canciones que se te quedan pegadas.

Adiós Tormenta. Fabián

Otro de la Generación Quique González que destaca por sus notas personales, en especial su voz como un suspiro. Tanto Luis Ramiro como Alfredo González tienen mucha variedad en sus composiciones; Fabián, sin embargo, insiste con metódica obstinación en su estilo de acústica usando acordes en do abierto, tirando de cejilla si es necesario. Al final no sé distinguir muy bien sus canciones, pero eso no me impide utilizar el disco como un refugio, un lugar donde la belleza es segura en este mundo que sólo parece asegurar lo feo.

Pequeños placeres domésticos. Pablo Moro

El título lo anuncia: aquí va a haber más historias de "gente que baja la basura los día impares" que de camareras. Eso es lo que más me gusta de este disco, unas letras que hablan de esa épica pequeño-burguesa que me parece más interesante que la épica del rock. La producción es también notable, muy clásica pero muy bien hecha. Como en casos anteriores, no hay nada demasiado original en la música, lo que a veces se puede convertir en un lastre, pero, por otra parte, sé que a mí no me entran cosas novedosas en exceso. Tal vez ese sea uno de mis problemas para apreciar nuevos estilos. En cualquier caso, la clave está en fijarse en las letras, en el esfuerzo por expresar los problemas de los que lo tenemos todo, de los que somos desconocidos, de esta vida de misterio muy bien hecho...

El género bobo. Nacho Vegas

Otro cantautor, pero uno que no bebe de la fuente de Quique González, aunque comparte con el madrileño ciertas influencias de la generación beat. A mí ha tardado años en gustarme. De hecho, muchas cosas suyas me siguen desagradando. Su voz me parece horripilante, aunque me haya acostumbrado, y los tópicos sobre drogas que en otros sólo me aburren, en él me repugnan: hay algo sucio en su cinismo... Por supuesto, los cínicos no son más que animales heridos dignos de compasión.

Poco a poco voy apreciando todos sus discos. Su EP El género bobo no necesitó ni el "poco a poco": me entró a la primera, porque vi en él algo mucho más limpio. Sí, desde el poema inicial de César Vallejo hay también ese humor cínico y puede que hasta una tristeza más seria que nunca, pero también se atisba cierta felicidad.

Por lo demás, todas las canciones me parecen buenas y tienen un sentido de unidad, como si fuese un disco conceptual, pero sin el coñazo que ese concepto presupone.

Tu labio superior. Christina Rosenvinge

Mi lado morboso me hace preguntarme si las características luminosas que le atribuyo al EP de Nacho Vegas tendrán su origen en su relación con Christina Rosenvinge.

Debo confesar que no puedo ser objetivo con la madrileña... En fin, ¡vaya chorrada que acabo de soltar! No puedo ser objetivo con nada. Lo que quiero decir es que con ella tengo un sesgo particular: formó parte de mi educación sentimental presentando aquel programa de televisión con Diego Antonio Manrique, FM2. Luego, me parece que consiguió la mejor aproximación a Dylan en español de todos los que lo hemos intentado con su Que me parta un rayo, aunque la producción se ha quedado algo vieja. Pero después descubrí que no sabía cantar y, cuando finalmente cayó en las manos ruidistas de Sonic Youth en su etapa americana, no tuve el más mínimo interés en escucharla.

Tras toda esta trayectoria, su trabajo de 2009 me ha enganchado por muchos frentes: las melodías, a veces casi infantiles, a veces desagradablemente chirriantes, se funden con unos textos que hablan de relaciones del siglo XXI de manera certera. Tal vez si lo hiciera otra, no me acabaría de gustar, pero cuando pienso en su boca y en sus ojos mientras suena su voz, me parece una obra maestra. Ante bellezas así, uno se pregunta: "¿Cómo es posible que sufran?".

La hora de los gigantes. Coque Malla

Coque no tiene una gran voz, pero es un gran cantante, creo que de los pocos en España que consigue capturar las raíces negras del rock y hacerlo de una forma natural. Cuando tira hacia la caña, me aburre un poco, pero la última parte del disco, incluyendo los más de ocho minutos de la última canción, es enorme: tienen la morosidad de la luz en una tarde de verano, la vida cuando bajas a la calle y cuando estás solo en casa. Tiene magia.

Daiquiri Blues. Quique González

Me he pensado si poner este disco aquí. No es que no me parezca bueno, pero los discos de Quique son algo tan conocido que, incluso a pesar de su valiosa intención de no repetirse, resulta muy difícil que sorprendan. Y el caso es que, aunque he hablado más arriba de varios discos con una producción muy buena, este va más allá de la perfección formal: consigue una atmósfera única, que no hay en ningún otro disco. Tiene también versos geniales y soluciones armónicas inesperadas, pero tal vez falten más letras de esas que se te quedan entera de arriba a abajo, con su melodía. O tal vez, más probablemente, la falta esté en mí: ya no escucho música como hace años, cuando descubrí los primeros discos de Quique. Ya nada se me puede clavar así: soy otro.

Otras historias

Pensar sobre los discos que he escuchado este año ha sido un ejercicio curioso. Me he dado cuenta de que no hay nada extranjero. Lo único que he escuchado en ese apartado ha sido a Dylan, en concreto el Modern Times y el The Times They're a-Changin', y un poco de A.A. Bonty, al que le tengo que dar más tiempo, y Kings of Convenience. No hay nada más: ni siquiera música argentina o brasileña, es como si me hubiese quedado estancado en los cantautores españoles. He intentado otras cosas, como por ejemplo el de Love of Lesbian y el de La Bien Querida. El primero no me pareció del todo mal, pero no me enganchó. El segundo, me horrorizó; y resulta extraño, porque por lo que había leído pensaba que me iba a gustar, y luego la voz se convirtió en una barrera insalvable. Quién sabe, igual dentro de diez años me acaba gustando, como me pasó con Nacho Vegas.

También es curioso constatar cómo, a pesar de que no escucho la radio ni veo la tele y la única revista que ojeo de vez en cuando es el Mondosonoro, mi selección es muy similar a algunas que he visto en otros blogs. Se suponía que con esto de Internet se iban a fragmentar las audiencias, pero está claro que siguen formándose clusters. En los discos que he citado se puede ver que sigo lo que hay alrededor de Quique González, el mundo Vegas-Rosenvinge y luego Luis Ramiro, que está un poco al margen, a medio camino de muchas cosas, un poco solo.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
5:32 a. m. | Comentarios (13)

La Asociación

~ jueves, diciembre 10, 2009 ~

Vuelvo andando del trabajo y casi todas las noches voy escuchando a Alfredo González o Pablo Moro. Pienso que es curioso que sean de al lado de Gijón pero nunca los haya visto en mi ciudad. Sigo pensando (es lo malo de caminar, que me da por pensar y luego pasa lo que pasa) y se me ocurre que en Gijón hay muchos sitios que programan bandas de rock todos los fines de semana, pero no hay una programación habitual de tíos solos con una guitarra o un piano. Pienso que se podría coger una noche, por ejemplo un jueves, a una hora temprana (ante todo el egoísmo y yo paso de trasnochar), en el Dom Pedro y hacer un concierto con un tipo de estos.

Y a pesar de que voy caminando, pensando y hablando solo, no me doy la razón a mí mismo, sino que pienso que es lógico no exista algo así porque probablemente no habría público. Y entonces ya empiezo a desvariar y se me ocurre crear una asociación que asegure que un número de personas mínimo en los conciertos, para que le salga rentable a la sala y a los músicos, y decido que se debería llamar "Asociación en defensa de los cantautores y otras fieras"...

Afortunadamente, llego a casa antes de pensar más tonterías.

PS: Esto lo escribí ayer por la noche. Ahora me entero que esta noche (hoy jueves, que con tanta diferencia horaria ya no sé bien dónde vivo) toca Alfredo González con Manolo Tarancón en el Savoy a las 21:30. Si estuviera en Gijón, iría sin dudarlo.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
8:16 a. m. | Comentarios (6)