Escritos sobre música





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Porque eres un ser especial

~ domingo, septiembre 30, 2007 ~

He ido a ver a Battiato a Madrid. O, mejor, he ido a Madrid y he visto a Battiato.

Fue un concierto raro, raro. En el metro era fácil adivinar quienes iban a verlo: casi todos tenían algún toque extravagante en el vestir. Yo nunca había estado dentro del Palacio Municipal de Congresos, aunque lo había rodeado una vez hace años; recuerdo que, en aquella ocasión, sentado a la sombra de un árbol mientras esperaba, contemplando los edificios del Campo de las Naciones con sus ventanas siempre cerradas, escribí en mi cuaderno de viajes una diatriba contra el aire acondicionado y esas construcciones inhumanas; a la vuelta en el autobús pusieron un reportaje sobre Le Cobusier o Wright (paso de camuflar mi ignorancia buscando en la Wikipedia) y cómo el desarrollo de nuevos materiales había hecho que floreciese la arquitectura de acero y cristal, con los rascacielos de Nueva York como máximo exponente. Pero yo había estado en Nueva York y lo había sentido acogedor, y aquellos edificios del Campo de las Naciones me parecían propios de una distopía futurista en la que se ha perdido la esencia de lo humano.

(Colega, tú sí que sabes ir al grano.) Lo que quería decir es que me hubiese desasosegado esa enormidad del Palacio si hubiese ido solo. Eso sí, la acústica era excelente. Por cierto, que por segunda vez en un concierto he visto la batería escondida tras una pantalla (de plástico, supongo). Imagino que será para evitar lo que según aprendí hace poco se llaman spills: el sonido que se "derrama" de un instrumento a los micrófonos de otros; supongo de nuevo que la batería será un gran problema al sonorizar en directo. Sin embargo, preferir la inhumanidad de apartar al batería tras una pantalla de plástico por un poco de mejora o limpieza en la calidad de sonido me parece ruin. Y, encima, no me gustó nada cómo sonaba la batería.

Juro que empecé este texto pensando hablar de las canciones, pero él mismo me está llevando por otros derroteros y ahora me exige que cuente otra cosa relacionada con la anterior: tanto Battiato como algunos de sus músicos llevaban auriculares. En los últimos tiempos se ha empezado a ver a los músicos llevando pequeños auriculares que utilizan para escucharse a sí mismos y a otros, sustituyendo de esta manera a los monitores de toda la vida, que imagino que tendrán también problemas de spills, aunque supongo que lo peor son los acoples. Pero Battiato y los suyos no llevan esos auriculares hechos a medida que se introducen en el orificio auditivo, sino de los de toda la vida, los que cubren la oreja, y no lo hacían sólo como monitores, sino por otra razón: para escuchar la claqueta. Y es que había muchos sonidos pregrabados, cosa que tampoco me gustó mucho. Creo que un concierto en directo tiene que ser... bueno, en directo, con los músicos ejecutando los sonidos. No hace falta reproducir lo que suena en el disco, se pueden buscar soluciones alternativas. Cierto es que si se quiere que suene algo que expresamente se desea que se vea que es una grabación, puede ser un elemento más que integrar artísticamente, a fin de cuentas es sonido, pero en el caso de Battiato me parecieron innecesarios, y no me parece que tocar con claqueta sea deseable. Por no hablar de lo mal que quedan los auriculares. Sí, ya sé que suena frívolo, pero cuando estás hablando con alguien, sienta muy mal que lleve puestos los cascos, incluso cuando los lleva apagados: es algo simbólico que ponga una barrera entre sus oídos y tú, tal vez como las gafas de sol que llevan los que desean poner sintomático misterio.

Eso sí, el sonido en general fue muy bueno, excepto cuando pasaban a la caña, que se perdía la voz, especialmente teniendo en cuenta que solía estar en italiano y eran canciones que no conocía, así que me perdía probablemente lo mejor del concierto por ese problema de sonido. Ah, y había un guitarrista que no me quedó muy claro si tenía la guitarra enchufada o lo habían contratado a modo de go-go: con su guitarra a la altura de las rodillas, parecía que se sabía todas las poses de las bandas indies.

Estoy escribiendo a toda velocidad y estoy escribiendo tontadas. Tal vez porque hoy incluso la música de Battiato que tanto significa para mí me parece una tontería.

Voy a intentar centrarme un poco más: Empezó cantando acompañado sólo de un (gran) pianista, canciones muy bellas que yo desconocía y de las que sólo podía inventar la traducción de algunas frases. Estaba pensando que me gustaba mucho su voz acompañada sólo del piano: así, sin entender las letras y sin más apoyadura que un instrumento, conseguía de todas formas transmitir belleza; eso pensaba cuando se lanzó a hacer una versión de Bach («como cantante de música ligera», puntualizó) donde este lego en música clásica (yo, por si mi sintaxis no queda clara) apreció que Battiato se quedaba corto.

Luego se fueron incorporando más músicos. Primero, un teclista que dominaba los colchones de cuerdas. Luego, un batería que no me dio mucho más, un bajista que me gustó y el guitarrista mudo aforementioned (en un texto sobre Battiato no desentona meter palabras en otros idiomas si así acuden a tu mente). El concierto fue ganando en intensidad. Creo que por ahí sonó «Nómadas», en español, y fue uno de los primeros momentos donde la entrega del público, patente desde el principio, estalló. O tal vez fue un poco antes en «Povera Patria». La cosa adquirió unos tintes distintos cuando se incorporaron cuatro chicas vestidas... yo qué sé de qué, de «punk manga». Según veo en la crónica de El País, son un grupo llamado MAB (¿será un acrónimo o será por la Reina de las Hadas?)... Ale, con Google, si quieres, ya no quedan dudas. Rectifico: Se llaman MaB (sic) y, como se puede ver en su web, es por la Reina de las Hadas. Bueno, pues aparecieron estas cuatro mujeres: una guitarrista, una bajista -el de Battiato se retiró-, una batería que tocaba una ídem con sonido electrónico -el de Battiato a veces tocaba a la vez que ella- y una cantante de voz espectacular -¡vaya agudos!, me recordaba a Kate Bush- que a veces también tocaba la guitarra. Lo primero que hicieron fue una versión (que ya está en YouTube, grabada más o menos desde donde estaba sentado yo) del «Ruby Tuesday» (por cierto, este verano descubrí que los Rolling Stones me gustan tan poco como los Beatles, tenía que decirlo) y luego acompañaron en varias canciones, entre ellas en «Il Vuoto», el single del último disco de Battiato, que también grabaron con él, como se puede ver en este vídeo:



No recuerdo cómo fue el resto del concierto. Sí que en algún momento Battiato se marcó una versión en italiano de una canción en francés bellísima: la canción de los viejos amantes, que no me da la gana de buscar en Google de quién es (¿Brassens, Brel...?) pero que yo conozco en la estremecedora versión de Paloma Berganza, cantante que hace años que se merece uno de estos escritos. Sonaron canciones que yo no cocía y algunos de sus clásicos de los años 80, la época en la que se escuchaba en España. Casi todo lo cantó en italiano. Una de las excepciones fue «El cuidado» («La cura» en el original). Es de las pocas canciones de su etapa posterior que ha grabado en español y de las pocas de esa etapa que yo conozco. Tiene versos que expresan esa forma de amor por los que queremos que es de las más bellas:

Te protegeré de los miedos a la hipocondría,
de los trastornos que desde hoy encontrarás por esta vía,
de las injusticias y las mentiras de tu tiempo,
de los fracasos que por tu talante fácilmente atraerás.
Te aliviaré del dolor y de tus cambios de humor,
de la obsesión que hay en tus manías.

Superaré las corrientes gravitacionales,
el espacio y la luz
y envejecer no podrás.
Te curarás de cada uno de tus males,
porque eres un ser especial,
y yo siempre te cuidaré.

Vagaba por los campos del Tennessee,
cómo había llegado, no sé.
¿No hay flores blancas para mí?
Más veloces que águilas mis sueños atraviesan el mar.

Te donaré todo el silencio y la paciencia,
recorreremos unidos las vías que llevan a la esencia
y perfumes de amor embriagarán nuestros cuerpos.
La bonanza de agosto no calmará nuestro ardor.
Tejeré tus cabellos como trenzo mi canto.
Conozco las leyes del mundo y te las regalaré.

Superaré las corrientes gravitacionales,
el espacio y la luz y envejecer no podrás.
Te salvaré de cada melancolía.
porque eres un ser especial y yo siempre te cuidaré...
yo, sí, siempre te cuidaré.

En los bises creo que salió tres veces. Se marcó un tremendo «Cucurrucú Paloma» (que es una canción suya que habla de cómo cantaba en el instituto el clásico de la música mexicana se ha vuelto a hacer famoso por la versión de Caetano Veloso, tanto que acabó saliendo en «Hable con ella» después de en la repugnante «Happy Together»), el famosísimo «Yo quiero verte danzar» (¿puede haber una canción del verano más improbable?), un medley de canciones de la época clásica y acabó con «Il Centro» (pronunciado chentro) como no paraban de pedir las que teníamos detrás: «Centro de gravedad permanente». Fue apoteósico: todo el pabellón levantado, los fans al pie del escenario, alargando la mano para que los tocase Battiato, como si fuera el Papá o un santo de los que curan sólo con su contacto... Yo no sabía que en España tenía tantos seguidores.

A la vuelta el vagón de metro parecía de Little Italy: había unos cuantos grupos de italianos. Pero no me parece que fuesen mayoría en el concierto, ni mucho menos.

En fin, una experiencia curiosa que demuestra que un concierto todavía puede sorprender. Battiato siempre ha sido una mezcla rara de místico y humorista. Ayer, con sus canas y su traje, pero rodeado de ruidismo punk, me recordó en ocasiones a José Luis Sampedro, cada vez más radical con los años.

Y he escrito todo esto y no he hablado de lo único en lo que pienso: de un ser especial más importante para mí que la propia música.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
10:48 p. m. | Comentarios (4) | Referencias

Amo a una mujer que llueve

~ domingo, septiembre 23, 2007 ~

Se acaba el domingo. Los bugs siguen ahí. Pero hay unos cuantos ficheros de música más grabados en mi disco duro. También unos ficheros de texto, inicios de canciones que no acabaré. Tres acordes, dos estrofas. Y las armonías que no grabé, las frases que se me escaparon mientras andaba en bici. Fértil como si fuera primavera y yo un campo arado.

Sólo abrí esta ventana para compartir mis obsesiones de este domingo en forma de música, pero recordé que esto empezó como un sitio para escribir, para reclamar la importancia de la palabra por encima de las imágenes y -autocensura de por medio- se está volviendo en una nómina de vídeos. Esta semana también ha habido un texto para aquí -sobre Quique González y el precio del pan- que ha acabado a cubierto.

Oscurece. Mi madre el jueves me dijo que dos minutos antes cada día. Y el final del domingo es distinto al final de cualquier otro día de la semana. Ya lo canta Isma: «Esa tristeza inexplicable / de ser domingo por la tarde». No es el día de fiesta, la alteración a la rutina, la falta de obligaciones lo que causa esta sensación de spleen que tantos compartimos; es cerrar una semana y pensar en todo lo que no hemos hecho. Un domingo es un fin de año en pequeño.

Cada día estoy más convencido de que alegría y tristeza no son antónimos. Un postre salado, un primero dulce. La primera de las últimas veces, la última de las primeras veces.

Y ahora sí, mis obsesiones de esta semana:

- «Sueños sencillos», la canción que Quique González grabó para el homenaje a Pablo Herrero. La escuchado decenas de veces. Los sueños de gloria se los dejo a otros.

- «Biologically Blue» de Gregg Trooper. Se puede escuchar en su myspace.

- «Damn, Sam (I Love a Woman that Rains)», de Ryan Adams. De esa hay vídeo:



Buscando la letra de esta canción me encontré con esta entrada del blog de un conciudadano. Y en él encontré algunas joyas. Por ejemplo, Somos capaces de lo peor pero también de lo mejor, con esa gran frase: «Somos humanos y tenemos capacidades, entre ellas, la capacidad de modificar nuestras capacidades»; o La física de las relaciones, donde habla del «Girl from the North Country» del Dylan al que me recuerda Ryan Adams, ese Dylan del «Sad-eyed Lady Of The Lowlands» también; o Amor/Tiempo de adviento; o Coche nuevo de segunda mano; o esas reflexiones sobre la creación artística, «¿Qué hubiese pasado si en el templo de Apolo, en vez de “Conócete a ti mismo” hubiese puesto “Camina”?»; o Searching for belonging, con otra sentencia: «Fréname cuando quiera correr y empújame cuando me veas parado»... He citado medio blog. Y, sí, hermana, ya sé que hace tiempo lo enlazaste tú, pero las cosas tienen que llegar cuando tienen que llegar.

Como estas canciones. Las dos últimas gracias a la mujer que amo, mi luz azulada.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
7:59 p. m. | Comentarios (2) | Referencias

Sonhos

~ domingo, septiembre 09, 2007 ~

Y la canción con la que me he obsesionado este domingo es...



(Como siempre, mejor olvidarse de las imágenes.)

El gran Caetano Veloso interprentando un tema de un tal Peninha al que acabo de conocer pero que por lo visto tiene mucho éxito en Brasil. Curiosamente, Peninha es también el autor de otra canción de la que Caetano ha hecho una de sus versiones desnudas que estremecen:



"La esperanza es un don que tengo dentro."

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
11:41 p. m. | Comentarios (4) | Referencias

Han hecho una estatua de nosotros

~ domingo, septiembre 02, 2007 ~

Estoy obsesionado con esta canción:



Es "Us" de Regina Spektor. Está por ahí el vídeo oficial, pero no me gusta porque no transmite esa felicidad tan tremenda, tan tonta y tan loca que me invade cuando la escucho. Tal vez por eso la he escuchado decenas de veces este fin de semana.

Pongo un enlace a YouTube porque es la forma más fácil de escuchar, pero mejor buscadla por ahí, sólo sonido, y crearos vuestras propias imágenes de esa estatua que han hecho de nosotros. Me gustaría transmitiros la mía, y lo he intentado, pero no sé. Lo único que sé es que lo que siente ella lo siento yo: "It's contagious! It's contagious!".

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
10:42 p. m. | Comentarios (3) | Referencias