Escritos sobre música





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Canciones de estructura sencilla

~ martes, marzo 16, 2010 ~

Ando preocupado por un problema: ¿por qué cuando Dylan hace canciones de estructura sencilla no aburren y las mías, en cambio, sí? Ya, ya sé que hay problemas más importantes en el mundo, pero las obsesiones son incontrolables.

La primera respuesta es fácil: yo soy incapaz de escribir un solo verso con la décima parte de calidad que el peor verso de Dylan. Podría valer... si no fuera porque si me pongo a cantar una canción de Dylan, también resulta aburrida, de lo cual deduzco que no es sólo la canción, sino que influye mucho la interpretación.

Aquí la cosa empieza a ponerse más complicada. Pero quizás antes tengo que explicar a qué tipo de canciones me refiero.

Estoy hablando de cosas como The Times They Are A-Changin', Blowin' in the Wind, Highway 61 Revisited, Queen Jane Approximately, Desolation Row o Thunder on the Mountain, por nombrar obras de distintas épocas. Todas tienen la misma estructura: no hay estrofa, puente, estribillo, intros, solos y otras partes con armonía diferenciada. Toda la canción es un bucle de la misma rueda de acordes. Es decir, hay unos primeros compases en los que Dylan presenta una sucesión de acordes y luego repite eso varias veces simplemente cambiando la letra o, como mucho, dejando alguna vuelta sin voz y metiendo algún instrumento haciendo un solo sobre la rueda.

Lo que suele ocurrir si haces la misma rueda de acordes una y otra vez sin cambiar nada más es que el oyente se aburre: el disfrute de la música descansa en un delicado equilibrio entre dar al oyente lo que espera y sorprenderle. Por eso la repetición es parte fundacional de la música, pero usar sólo la repetición deja al oyente insatisfecho.

Lo típico en estos casos es variar la instrumentación, jugar con la dinámica, añadir instrumentos o quitarlos según va avanzando la canción, modificar la melodía en cada vuelta. Eso se puede apreciar en una de esas canciones que hacen una y otra vez la misma rueda de acordes, como el With or Without You de U2. Pero en Dylan eso no ocurre: todas las vueltas son iguales instrumentalmente, con sólo las pequeñas variaciones que puedan meter los intérpretes.

Está claro que Dylan es aquí heredero del blues y del folk y que no sigue, por tanto, la tradición del pop y el rock. Quiero aclarar que en las canciones de las que estoy hablando no hay estribillo propiamente dicho, es decir, no es una sucesión de estrofa y estribillo. Sí que hay frases repetidas, que pueden ser al principio, al final o en ambos extremos.

Por ejemplo, Thunder on the Mountain consiste en una rueda de acordes de blues (a ritmo más cercano al rockabilly) que se repite doce veces. Se puede distinguir una estructura interna a esas doce repeticiones: hay tres grupos de cuatro vueltas que tienen en común que la primera estrofa de cada vuelta empieza con la frase Thunder on the Mountain y que la cuarta vuelta es instrumental.

Highway 61 Revisited tiene cinco estrofas que presentan una situación problemática que se resuelve en la última frase, diciendo que la solución está en la «Highway 61», y estas son las únicas palabras que se repiten. Algo muy similar a lo que ocurre en Desolation row, una canción de más de diez minutos que repite diez estrofas similares que sólo tienen en común que presentan personajes que habitan en el callejón de la desolación, como se recuerda en la última frase.

Los paralelismos pueden ser más abundantes, como en Blowin' in the Wind, que además de acabar repitiendo el conocido «The answer is blowin' in the wind», construye todas las vueltas en base a preguntas sobre «cuándo».

Son muchas repeticiones de elementos muy sencillos. Está claro que la fuerza de las palabras de Dylan es uno de los detalles que hacen que no cansen. Pero hay algo más, y creo que es la voz.

La voz humana es el instrumento musical más importante. Lo puede todo. Y una voz que sabe interpretar, ayudada de palabras sagradas, puede hipnotizar sobre las estructuras más sencillas. Las inflexiones en cada sílaba son lo que hace la magia.

No conozco muchos ejemplos de este tipo de canciones en español. Sabina tiene algunas, aunque suele tirar mucho más del estribillo clásico y jugar con la instrumentación para dar variedad. El ejemplo más importante que se me ocurre es el Aunque tú no lo sepas de Quique González.

Cuando le vi en concierto el otro día pensé en ello: esa canción tiene una estructura dylaniana total. Son cuatro vueltas (tres con letra) con los mismos acordes y en la que el único elemento común es la frase que da título a la canción, el «aunque tú no lo sepas» que introduce cada estrofa. La letra me parece genial, la melodía es inspirada y funciona a pesar de lo tópica que es la armonía (hay miles de canciones con esos mismos cuatro acordes). Que es difícil hacerla lo demuestra que el mismo Quique ha fallado al grabarla: en la versión de Pájaros mojados buscó llevarla a un mundo minimalista, con detalles de teclado y un ritmo de batería flotante. El resultado es aburrido. En Ajuste de cuentas mejora algo, gracias sobre todo a que la pedal steel guitar rellena los huecos de la versión anterior.

Pero esa canción era enorme en la inspiradísima versión de Enrique Urquijo y cuando la cantaba solo Quique con su guitarra y su armónica en sus primeros conciertos. Así lo hizo el otro día en Santander, pero ya no fue lo mismo: porque le faltaba ese grado de emoción extra, el recuerdo sentido a Enrique Urquijo, la sensación de que esa canción era un código secreto que unos cuantos nos habíamos encontrado por casualidad, que formaba parte de un ritual, algo que se sale de lo musical para entroncar con ese sentimiento religioso que debe de estar imbuido en los genes humanos. El propio Quique le quiso quitar a esa canción ese lugar preferente, quiso que dejase de ser un himno profano, y ahora ya no resulta tan buena como antes.

Sé que deliro, que lo que digo no tiene sentido, que estoy mezclando aquí distintas reflexiones que a lo mejor no tienen mucho que ver. Pero tenía ganas de contarlas, de armar uno de estos escritos sobre música. Como dice Isma, es un absurdo afán, el mismo que me lleva a seguir intentando hacer canciones a pesar de ser totalmente consciente de que no soy Dylan, ni siquiera Quique González.

PS: Me leo y no me gusto. Me parece que cometo un pecado que aborrezco: pasar por hechos lo que no son más que opiniones. Además, he caído en la cuenta de que hay alguien que hace canciones de este estilo en español mejor que Quique: Lapido. Precisamente el Algo me aleja de ti que Quique ha incluido en el último disco es un ejemplo perfecto.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
10:41 p. m. | Comentarios (4) | Referencias

Marienbad SG 3

~ lunes, marzo 15, 2010 ~

Isma lo ha vuelto a hacer. Esta canción, La noche de los muertos vivientes, la llevamos ensayando unas semanas, pero la grabación que ha hecho me ha dejado con la boca abierta:



El interludio terrorífico es brutal. Notas sobre la gestación aquí.

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7:55 a. m. | Comentarios (0) | Referencias

La trama circular

~ domingo, marzo 14, 2010 ~

Ayer echaron en La 2 La trama circular, un documental sobre la grabación del nuevo disco de Drexler, que ya se puede escuchar completo en su web. Impresionante. Jorge sigue intentando lo que muy, muy pocos intentan: encontrar un camino nuevo en la música.

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11:19 a. m. | Comentarios (0) | Referencias

Conciertos sin crónica

~ lunes, marzo 08, 2010 ~

Este fin de semana al final fue más intenso aún de lo previsto: estábamos cenando el jueves antes de ir al concierto de César Pop y en la tele anunciaron el concierto de Quique el viernes en Santander. Dije: "Oye, podríamos ir". Y fuimos. Además del de Joan Baez el domingo.

Habría muchas cosas que contar, pero a veces la pereza puede más. No siempre se vive para contarlo.

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11:52 p. m. | Comentarios (2) | Referencias

César Pop en la Calleja Ciega

~ jueves, marzo 04, 2010 ~

Esta noche toca César Pop en la Calleja Ciega (Oviedo). Voy a ir, a pesar de que la hora a la que está anunciado el concierto (23:30) no es apta para currantes que tenemos que madrugar al día siguiente.

El domingo toca Joan Baez en el Teatro Jovellanos de Gijón y también voy a ir.

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7:27 a. m. | Comentarios (1) | Referencias

Intérpretes y oyentes

~ martes, marzo 02, 2010 ~

He leído This Is your Brain on Music: The Science of a Human Obsession de Daniel J. Levitin, un tío con una historia curiosa: fue productor musical de gente como Blue Oyster Cult o Chris Isaak, consultor musical de Steely Dan o Stevie Wonder e ingeniero de sonido para Santana y Grateful Dead... y luego se pasó al mundo académico, estudió una carrera y acabó convirtiéndose en un profesor de universidad que se dedica a investigar el cerebro y sus relaciones con la música.

El libro es muy interesante, aunque a veces adolece de prometer contestar preguntas que luego no contesta satisfactoriamente. Por lo menos, está muy lejos de esos libros casi pseudo-científicos de Punset que no me gustan nada. Me gustó mucho la primera parte, que describe los atributos básicos de la música. También me resultó interesante la investigación sobre por qué nos gustan unas canciones: básicamente, nos gusta que encajen en esquemas que tenemos preconcebidos pero que, al mismo tiempo, los rompan de una manera significativa.

Pero quiero destacar en especial este fragmento:


How do people become expert musicians? And why is that of the millions of people who take music lessons as children, relatively few continue to play music as adults? When they find out what I do for a living, many people tell me that they love music listening, but their music lessons "didn't take". I think they're being too hard on themselves. The chasm between musical experts and everyday musicians that has grown so wide in our culture makes people feel discouraged, and for some reason this is uniquely so with music. Even though most of us can't play basketaball like Shaquille O'Neal, or cook like Julia Child, we can still enjoy playing a friendly backyard game of hoops, or cooking a holiday meal for our friends and family. This performance chasm does seem to be cultural, specific to contemporary Western society.

Yo a veces añoro que en esta sociedad no se haga como en otras en las que la gente se reúne habitualmente para hacer música entre todos, en lugar de quedarse delante de la televisión (o el ordenador). Ya ni siquiera se canta en los bares. Me parece que hemos perdido algo de humanidad.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
7:52 a. m. | Comentarios (1) | Referencias