Escritos sobre música





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Tutorial de "Aunque tú no lo sepas" al piano

~ domingo, mayo 26, 2013 ~

Hace tiempo publiqué un vídeo tocando Aunque tú no lo sepas al piano. Varias personas me pidieron un tutorial. No era partidario de hacerlo porque me parece un poco ridículo que yo, que todo lo que sé de tocar el piano lo he aprendido viendo vídeos en YouTube y rabilando por mi cuenta, me ponga a hacer tutoriales de tocar el piano. Pero como no hay nadie mejor que yo, me dije: voy a intentarlo. Esto es lo que he logrado hacer:



No estoy nada contento con el resultado: creía que a estas alturas de mi vida ya había hecho las paces con mi voz grabada, pero no: todavía me desagrada. Y no es que sea un vídeo hecho en diez minutos: probablemente me habrá llevado diez horas. La grabación de la imagen (intentando fijar con un par de gomas el teléfono móvil a un pie de micro) me llevó poco, tal vez media hora, pero grabar la voz, la edición, renderizar varias veces cuando detectaba un error, etc. me hizo perder mucho tiempo.

En fin, que no será por no intentarlo...

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
9:52 a. m. | Comentarios (2) | Referencias

El repertorio de Lucerna

~ martes, mayo 21, 2013 ~

He decidido iniciar una sección en el blog. Llevará la etiqueta de Repertorios y hablará de los repertorios de los grupos en los que he tocado.

He pensado en hacerlo muchas veces y lo que me ha llevado a ponerme manos a la obra hoy ha sido que me encontré con una canción que me obsesionó hace años: Aviéntame de Café Tacuba.



Es una maravilla. Llegó a obsesionarme una temporada y la saqué con la guitarra. Cuando montamos Lucerna, la incorporamos al repertorio.

Pero al escucharla hoy era sólo un recuerdo lejano: no es que no recordase los acordes, es que ni recordaba que la había tocado en directo ni había pensado en ella en años. Me puse a volver a sacarla con la guitarra y empezó a llegar a mi cabeza el recuerdo de haberla tocado con el bajo... y en directo... y con Lucerna. Así que recurrí a los DVDs que hice en su momento y lo vi: allí estaba. Junto con esta lista de canciones:

  1. Puro teatro (La Lupe)
  2. Señorita (Christina Rosenvinge y los Subterráneos)
  3. Porque así tenía que ser (La Lupe / Vinicius de Moraes)
  4. Aviéntame (Café Tacuba)
  5. Las 40 (tango de Roberto Grela y Francisco Gorrindo que hacíamos por Malevaje)
  6. Eu sei que vou te amar (Moraes/Jobim)
  7. Cuando vuelva a tu lado (Olga Guillot)
  8. Lágrima (Amália Rodrigues)
  9. Garota de Ipanema (Moraes/Jobim)
  10. Un año de amor (Luz Casal)
  11. Samba en Preludio (Moraes)
  12. Tragedia da Rúa das Gáveas
  13. Balada para un loco (Pizzolla/Ferrer siguiendo la versión de Adriana Varela con Roberto Goyeneche)
  14. Tomara (Caetano Veloso siguiendo la versión de Vinicius con Toquinho)
  15. Me muero (Olga Guillot)

En algunos casos he apuntado el autor, en otras el intérprete que seguíamos.

Creo que con Lucerna dimos tres conciertos: tengo los DVDs de dos en 2003 con Arte en la Calle en los Jardines de la Reina y en la Plazuela de San Miguel, pero creo que también tocamos al año siguiente en la plaza de la Serena... aunque no sé si al final aquel se canceló por la lluvia y por eso no tengo imágenes.

Hace diez años de aquello y ese repertorio lo tengo muy olvidado. Curiosamente, es uno de los pocos grupos en los que yo pude escoger canciones.

Señorita la hacíamos en una versión bossa nova. Hace poco la he grabado aquí en casa. Creo que es el mejor arreglo armónico que he hecho para una canción: partiendo de acordes comunes de country introduje un cambio a acordes de jazz que creo que le dan algo nuevo. Cuando la grabé hace unas semanas pensé: ¿de dónde me saldría a mí meter ese ritmo? Porque, sí, yo había aprendido a tocar bossa nova después de diez años intentándolo y estaba obsesionado con los discos de Vinicius y Toquinho en la Fusa, pero ahora me doy cuenta de que de dónde nace el ritmo de Señorita es de Aviéntame... y nunca lo había pensado estas semanas atrás.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
10:47 p. m. | Comentarios (0) | Referencias

Quique González en la Riviera

~ lunes, mayo 13, 2013 ~



Quique González está de gira con una banda sin bautizar. Recapitulemos: estuvieron los Conserjes de Noche, la Ray Band, los Taxidrivers, la Aristocracia del Barrio (que llegaron a aparecer en la portada de un disco) y, en Desbandados, Quique González y Jacob Regullón. Pero ya la banda que le acompañó en la presentación de Daiquiri Blues no tuvo nombre, y tuvo hasta cambio de guitarrista principal a la mitad.

Los músicos, además del nuevo disco, son la mayor novedad en los conciertos de este año. Desde los tiempos de la gira de Pelando a la Contra —la gira que creó el mito, cuando metió sus guitarras y su primer piano en un coche y, acompañado sólo por Rebeca Jiménez, se lanzó a recorrer España—nunca ha salido sin piano. Los que tuvimos a las guitarras de Carlos Raya en Personal como uno de los puntos de enganche a la música de Quique llevábamos años esperando algo así: conciertos dominados por las seis cuerdas.

Y esto es lo que ofrece Quique ahora: un desfile de guitarras por el escenario. El propio Quique tocó una Telecaster, una SG y hasta tres acústicas distintas: la Martin (creo) y la Gibson que lleva desde hace tiempo y una nueva Gibson. Por su parte, Eduardo Ortega y Pepo López les dieron buen uso a sendas Telecaster, una Gretsch, acústicas Gibson y mandolinas, además del violín que los viejos fans asociamos siempre al Edu de la época kamikaze.

Esta decisión de girar sin piano no está motivada por un deseo de simplificar: los cambios de configuración de guitarras eran constantes y estaba todo muy medido encima del escenario. Está claro que viene de antes de la gira: Delantera Mítica ya prescinde conscientemente de los teclados. Y este nuevo disco está muy presente en el repertorio actual: varias canciones suenan sin insertos de temas viejos al principio del concierto y llegan a tocar todo el disco excepto No hagas planes y la canción que se debería haber titulado Cuando te vuelva el corazón a su sitio y se titula Me lo agradecerás.

Canciones que en disco no me dicen mucho se disfrutan más en directo, a todo volumen y con un público que, sorprendentemente, las corea de principio a fin. ¿Por qué sorprendentemente? Yo no me esperaba que la gente supiese toda la letra de canciones tan recientes. Estas cosas son difíciles de medir objetivamente, pero me dio la sensación de que cuando Quique recuperó una canción relativamente oscura de su repertorio, Torres de Manhattan, muchas menos gargantas la cantaron. Por supuesto, para los que conocíamos a Quique en la época de Pájaros mojados la canción no es nada oscura, pero parece que la gente que se ha incorporado recientemente la tiene menos escuchada que el nuevo disco.

La banda lleva una decena de conciertos pero ya está totalmente engrasada. Me gustaron mucho los solos de Pepo, que toca la guitarra con la naturalidad con la que anda y se nota que está acostumbrado a los conciertos para multitudes. También disfruté mucho algunos momentos con el violín y la mandolina de Edu. Sobre el bajo de Alejandro Climent ("Boli"), por desgracia, no puedo decir nada: no era capaz de distinguirlo. Ese fallo del sonido (al que hay que añadir las dificultades en apreciar las guitarras rítmicas) no puede ser achacado al técnico, ya que sigue siendo Ángel Medina, que ya lleva varias giras en las que ha logrado un sonido excelente. Esperemos que sea cosa de la sala.

La batería de Edu Olmedo (que, desde lejos por lo menos, se parece mucho a José Luis Cienfuegos, antiguo director del Festival de Cine de Gijón) funcionó como la locomotora que toda batería debe ser, aunque también con las escobillas se perdieron muchos matices por culpa del sonido.

Pero a pesar de la solvente banda, para mí el mejor momento de la noche fue la interpretación de Quique en solitario de Aunque tú no lo sepas: hacía años que no escuchaba una versión tan emocionante, como en los tiempos de la gira de Peleando a la contra.

En el repertorio hubo sitio para tres canciones de Daiquiri blues: Su día libre, Hasta que todo encaje y Restos de stock, canción que por su carácter rockero encajaba en el concepto de la noche, pero que yo tardé en identificar: hasta que llegó el Ya sabes que es uno de mis pet peeves no la identifiqué. De Avería y Redención #7 no sonó ninguna (¿un signo?). De las nuevas incluidas en Ajuste de cuentas recuperó Caminando en círculos: curioso cómo un “Uoh, oh, oh” puede resultar tan pegadizo. De La noche americana cayeron Hotel Los Ángeles (perfecta para este formato) y Vidas cruzadas como fin del segundo bis, antes de que Quique preguntase “¿Queréis otra?” y, tras el previsible y rotundo “Sí” del público, interpretasen Y los conserjes de noche, la única que sonó de Personal

De Kamikazes enamorados sonó la canción que le da título al disco, siguiendo la versión cañera que hicieron en Ajuste de cuentas, que sufrió los mencionados problemas de sonido de batería y bajo, un Palomas en la Quinta que sonó muy bien con el violín de Edu y un Suave es la noche que estuvo muy cómoda con el traje de electricidad que pedía a gritos en el disco. De Pájaros mojados hicieron la canción que da título al disco, con el violín supliendo a los metales, Miss Camiseta Mojada (es la primera vez que la veo tocar desde que intenté grabarla calcándola y fue interesante ver el doblaje de guitarras entre Edu y Pepo), Pequeño rock'n'roll (la otra que hizo Quique solo) y las Torres de Manhattan ya mencionadas. De Salitre 48, además de la propia Salitre (dedicada a los que veníamos de fuera de Madrid), hicieron La ciudad del viento y, sobre todo, un 39 grados que fue de mis momentos preferidos de la noche: el recitado del poema de Bukowski fue apoteósico.

Faltó Zahara, que había cantado el día anterior, pero que, según explicó Quique, tenía compromisos en su carrera de actriz y no podía estar allí. Pero no faltó César Pop, que acompañó con su acordeón mi canción favorita del nuevo disco, Dallas-Memphis. Tampoco faltó Catrina, la pantera negra encerrada en una jaula colgante que dominaba una puesta en escena sencilla que sólo tenía además un tocadiscos portátil sobre unas cajas de fruta marcadas con el título del disco nuevo.

En resumen, un concierto para disfrutar bailando. En Gijón imagino que, gracias a la excelente acústica del Teatro de la Laboral, sonará mejor. Una pena que no se pueda tener todo: los teatros no se hicieron para el rock.

Y tampoco mis casi 40 años. Yo acabé la noche con las piernas destrozadas después de cuatro horas de pie: estábamos esperando desde antes de que abriesen las puertas las 7, empezaron con un cuarto de hora de retraso sobre las 8:30 previstas para el comienzo, hicieron la primera parada a las 10:15 y se fueron definitivamente sobre las 11 menos cuarto. Hizo más liviana la espera compartirla con quiquifrikis de toda la vida. Quique tiene mucha suerte con el público que tiene.

Algunas fotos a modo de testimonio (pulsando se ven más grandes):

Quique con la SG, mientras que Edu y Pepo optan por Telecaster


Quique con la Telecaster, Edu con mandolina y Pepo con Telecaster


Quique con acústica Gibson, Edu con otra Gibson y Pepo con la Gretsch

Quique con la acústica que creo que es una Martin, Edu con Gibson y Pepo con Gretsch


Quique con otra Gibson acústica, Edu con violín y Pepo con mandolina. Boli utiliiza un extraño contrabajo

Un momento de juego entre los tres. Hubo varios

Quique solo, con armónica

Quique micrófono en mano en Suave es la noche después de que se le rompiese una cuerda

César Pop con acordeón en Dallas-Memphis

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
12:08 a. m. | Comentarios (0) | Referencias

Cuando me vuelva el corazón a su sitio

~ miércoles, mayo 01, 2013 ~

Escucho el último disco de Quique, Delantera Mítica, casi por obligación: hasta que alguien me preguntó por él, me había olvidado de que «tenía» que escucharlo; y al escucharlo pienso en por qué no me engancha.

Ahí está la frase clásica para dejar a alguien: «No eres tú, soy yo». ¿Será eso? ¿Seré yo? Es posible. La música ya no es lo que era. Estos mismos escritos lo demuestran: ya casi no escribo. Tengo sensación de «Cambalache»: todo confundido en la vidriera, los vídeos de YouTube con las listas abrumadoras de Spotify, tantas palabras unidas en versos y estribillos, tantos acordes para completar otra vuelta de otra canción más, tantos locos queriendo que otros escuchen su música...

Ya no paso horas escuchando música, igual que ya no paso horas leyendo. Me disperso, no sé muy bien cómo. Pero, de hecho, no es que haya abandonado la música: sigo intentando hacer canciones, toco con cuatro grupos y, aún así, a veces me obsesiono con hacer canciones propias, en grabar yo solo aquí en casa... para acabar decepcionado por el resultado. Otra vez.

Me falla la suspensión de la incredulidad. Me falla la inocencia. Escucho una canción para diseccionarla: ¿por qué esa rima?, ¿qué efectos lleva la guitarra?, ¿cómo está de comprimida?, ¿por qué no tiene un puente?... Así no hay quien disfrute con nada. Así no hay forma de que llegue la emoción. Y a pesar de mi estado Jack el Destripador, sigo anhelando en mi corazón música que me emocione, que me parta los huesos como el rayo de Cortázar.

Pero, volviendo al disco de Quique, tal vez sea él: tengo la sensación de que lo que me impide emocionarme es que él ha cambiado. Empecé a escribir esto escuchando «Me lo agradecerás», canción que debería titularse «Cuando te vuelva el corazón a su sitio» porque es un título que dice algo único y no otra frase vacía como «Tenía que decírtelo» o «Parece mentira». Pero hoy no quiero hablar de algo que me viene molestando desde hace tiempo en los discos de Quique: frases vacías en los momentos cumbres del estribillo; en lo que estaba pensando al escuchar «Me lo agradecerás» es que el autor de ese texto es una persona muy distinta del que escribió «Cuando éramos reyes» o «Los conserjes de noche»: ya no es un joven que proyecta una mirada mitificadora sobre su pasado y, sobre todo, no es un hombre que crea en el amor. Cuando en «Se nos iba la vida» cantaba de aquella mujer perdida, había auténtica emoción ante lo profundo de un encuentro con otra persona. Ahora, «las chicas son magníficas» y si falla una, ya vendrá otra, otra más... Tampoco hay ya héroes: los «Viejos capos» no eran más que farsantes, todo no es más que un juego, nada importa demasiado...

Probablemente estoy proyectando lo que yo pienso en esta colección de canciones: otra vez, «no eres tú, soy yo». Sin embargo, no es exactamente lo que yo pienso. Yo creo que no somos nada importante, sólo una efímera asociación de moléculas guiada por unos genes egoístas que inventan sentido donde no lo hay. Pero precisamente porque eso es lo que somos, no tiene sentido no buscar sentido.

No me entiendo. No sé de lo que estoy hablando. Busco la verdad, pero me pierdo...

Voy a acabar. Sólo quiero decir que no quiero juzgar el disco, si es bueno o es malo: el trabajo de juez me parece de los más penosos. Hablo sólo desde la subjetividad, de lo único que puedo hablar: de lo que siento y creo. Y no olvido que detrás de esas canciones hay mucho esfuerzo y que es totalmente injusto que yo, que no soy capaz de hacer algo mejor o que le diga algo a la diezmilésima parte de la gente que sigue a Quique, las critique.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
11:29 p. m. | Comentarios (0) | Referencias