Escritos sobre música




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Brevísima reseña de los conciertos a los que he ido en el primer semestre de 2023

~ domingo, julio 30, 2023 ~

 Me prometí escribir algo de todos los conciertos a los que voy, para que no se me olviden del todo. Aquí va:

- 13/Ene: Alfredo González en La Salvaje (Oviedo). Lo reseñé aquí.

- 20/Ene: Txetxu Altube (con Tyna Ros de telonera) en La Salvaje (Oviedo). Lo reseñé en la misma entrada.

- 25/Ene: Christina Rosenvinge en el Circo Price (Madrid). Mi primera vez en el muy mítico Circo Price, y viendo desde muy cerca, a un lado del escenario, a esa artista sorprendente que es Christina presentar aquel primer disco en solitario, "Que me parta un rayo", que tanto me gusta. Me encantaría saber hacer canciones así... Disfruté mucho el concierto. Primera vez del año que veía a Charlie Bautista. Salió el hijo de Christina a acompañarla en "Señorita", esa canción que me obsesionó tanto que le hice un arreglo por bossa nova del que estoy muy orgulloso y que tiene letra del padre de la criatura, Ray Loriga.

- 26/Ene: Txextu Altube (con Tyna Ros de telonera) en el Búho Real (Madrid). Concierto similar al que habíamos visto 6 días antes, pero la música no es una experiencia para disfrutarla sólo una vez...

- 28/Ene: Nacho Vegas en La Rivera (Madrid). Lo vimos desde primera fila y volvimos a sorprendernos de que esas canciones y esa voz lleguen a tanta gente, muestra de que son algo especial.

- 3/Feb: Egon Soda (con Alberto Vela de telonero) en El Sol (Madrid). A Alberto no lo conocía. Maneras de cantautor. Egon Soda, hicieron, con la solvencia que les caracteriza, honor a su nada tópico cancionero.

- 6/Feb: Homenaje a Enrique Urquijo en Clamores (Madrid). Un montón de gente haciendo canciones de Enrique. Un poco caótico.

- 23/Feb: César Pop en el Búho Real (Madrid). Otro concierto bonito de César. Otro artista que tiene talento para hacer canciones... Estuvieron de invitados Rubén Pozo (Pereza) y Nadia Álvarez. Le acompañó Álvaro Cuberris a la guitarra y fue otra noche para disfrutar.

- 11/Mar: Alfredo González y Fabián en Libertad 8 (Madrid). Primero hizo unas canciones solo Alfredo y luego acompañó con el piano y los coros a Fabián con el repertorio de este último. Dos de los mejores autores de canciones de los últimos años, cada uno con una personalidad propia, pero, curiosamente, cuando actúan juntos empastan a la perfección y el resultado es muy, muy emocionante.

- 12/Mar: Alfredo González y Fabián en Libertad 8 (Madrid). No es un error: nos gustó tanto el concierto del sábado por la noche, que el domingo fuimos a la sesión vermut... y volvimos a salir pensando que habíamos disfrutado de un lujo secreto.

- 25/Mar: El Kanka en el Wizink Center (Madrid). Concierto multitudinario. Es curioso, porque al Kanka no lo escucho prácticamente nunca, pero sus directos me parecen fascinantes. Recoge muchas cosas que me gustan: Drexler, Ketama... pero con su personalidad. Y musicalmente es apabullante: ¡vaya bandón!

- 29/Mar: César Pop en Libertad 8 (Madrid). Sí, también repetimos con poco tiempo de diferencia concierto de César y sí, también lo volvimos a disfrutar muchísimo.

- 30/Mar: Luis Ramiro en Galileo Galilei (Madrid). Concierto con banda, que no es tan habitual en Luis, aunque tengo que señalar, como bajista, que me molesta que prescinda del bajo, por muy bien que lo supla Lorenzo Vilches en las teclas. Cuando todos los músicos son buenos, se nota. En la guitarra estaba Juan Guevara. No me acuerdo del nombre del batería, pero dominaba perfectamente las dinámicas de las canciones, así que me quedé muy sorprendido cuando Luis contó que lo acababa de conocer y sólo habían ensayado una vez. Invitó a Gastelo en una canción.

- 15/Abr: Rafa Pons y Luis Ramiro en el Teatro Corral Cervantes (Madrid). Una rareza que montaron Rafa y Luis: un par de actores interpretaban clásicos de la poesía española del siglo de oro y los cantautores tocaban entre medias alguna de sus canciones. Curioso.

- 17/Abr: Bill Callahan en La Paqui (Madrid). No lo conocía y se me hizo un poco duro: el sonido no era el mejor y para disfrutar esas canciones oscuras hay que escuchar bien las letras y conseguir entrar en su mundo. Yo no lo logré.

- 22/Abr: VibraFest Mahou en el Recinto Ferial Luis Adaro (Gijón). No vimos a todos los artistas, ya que la lista era larga. Antes de comer y desde lejos, descubrimos a Carlangas. Un estilo un poco inclasificable, con aires bailables. Karavana también los vimos desde lejos y, la verdad, ahora ya no recuerdo qué me parecieron. Conseguimos ya primera fila para Second y fue un conciertazo. Yo los he descubierto este año, ahora que se retiran. Lo bueno es que los voy a ver un par de veces más. Shinova, que actuaron a continuación, es otro grupo al que no sigo y no me llegaron en especial, aunque lo hicieron bien y tenían muchos fans. A los que ya he visto muchas veces es a Viva Suecia, que dieron un gran concierto, en la línea de los que les he visto últimamente.

- 28/Abr: Vicky Gastelo en el Museo Lázaro Galdiano (Madrid). El mejor concierto que he visto hasta la fecha de la cántabra, acompañada de un guitarrista y un pianista. Precioso. Invitó a Ramón Arroyo a hacer "Agárrate a mí, María".

- 2/May: Christina Rosenvinge en la Plaza Mayor (Madrid). Primer año que vivo como madrileño de adopción las fiestas de la comunidad y tuve el placer de poder disfrutar otra vez de la Rosenvinge haciendo "Que me parta un rayo".

-4/May: Txetxu Altube en Galileo Galilei (Madrid). Concierto con banda, que es quizás el formato para el que ha nacido Txetxu. Tuvo también su tramo con la acústica. Invitó al histórico Jose María Granados a hacer "La última vida de un gato" y a la multifacética Cristina Gallego a cantar una preciosa "Quemas" de Xoel López.

- 6/May: La Herida en el Honky Tonk (Madrid). Homenaje a Héroes del Silencio. Aunque no llevaban dos guitarras y no eran tan profesionales como otros homenajes a Héroes que he visto, lo hacían muy bien.

- 13/May: Carolina Durante en la pradera de San Isidro (Madrid). Estaba lleno y dieron un concierto vestidos de chulapos y con mucha fuerza. Ya son un clásico.

- 14/May: Dorian en la pradera de San Isidro (Madrid). Estos son clásicos desde antes, y les gusta referenciar a los clásicos de la literatura. Después de verlos esta vez, me enganché a alguna de sus canciones.

- 19/May: José Ignacio Lapido en la sala Changó (Madrid). El de Granada presentaba su nuevo disco, "A primera sangre", que creo que está muy bien y que no desmerece al lado de obras tan inmensas como "Cuando el ángel decida volver". El público, talludito y fan. Lo disfruté un montón.

- 20/May: Los Enemigos en La Riviera (Madrid). Los madrileños interpretaban canciones básicamente de "La vida mata" y "La cuenta atrás". Este último yo lo escuché muchísimo, y me aprendí algunas canciones hace 30 años que aún sigo tocando en mi salón... Eché de menos a algunos amigos que son muy fanáticos de la banda. La Riviera, abarrotada de gentes ataviadas con camisetas con porrones. Por desgracia, el sonido no fue bueno y ellos tuvieron algunos fallos de interpretación.

- 25/May: Ron Sexsmith en Clamores (Madrid). No he escuchado casi nada del canadiense. No sé por qué, pensaba que era más joven. Tiene una voz increíble. Invitó a tocar a Ramón Arroyo.

- 26/May: Josh Rouse en Lula Club (Madrid). Primera vez que acudía a esta sala de la Gran Vía, cubierta de terciopelo rojo. No me pareció un concierto tan increíble como el que vi hace años en el Café Berlín, pero estuvo muy guapo.

- 10/Jun: Hechizo en La Riviera (Madrid). Otro grupo homenaje a Héroes del Silencio. Ya los había visto otras veces y son de los mejores. No entiendo a la gente que critica a los grupos homenaje: los que estábamos allí compartimos con el grupo un repertorio mítico y disfrutamos de la música, que es de lo que se trata.

- 15/Jun: Niños Mutantes en el Moe Club (Madrid). Otra sala que no conocía. Además, concierto gratis y con pizza gratis al final. El escenario se les quedó un poco pequeño y tuvieron algún problema técnico, pero es un placer ver a un grupo tan grande en un sitio tan pequeño.

- 16/Jun: Dani Flaco en el Búho Real (Madrid). No es alguien a quien haya escuchado. Creía que sus canciones eran más humorísticas, en plan Rafa Pons, pero no: aunque él es comediante muy ingenioso entre tema y tema, las canciones son más de amor, o de desamor.

- 18/Jun: Alison Russel y Quique González en el Botánico (Madrid). Dejé una reseña larga aquí.

30 días de concierto en los primeros seis meses del año, todavía más artistas. No está mal...

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
7:55 p. m. | Comentarios (0)

El cielo manda avisos en forma de canción

~ domingo, noviembre 23, 2014 ~


Crónica del concierto de Quique González y José Ignacio Lapido en la sala La Riviera de Madrid el 22 de noviembre de 2014


Por una vez, voy a ser breve, porque en este concierto no hubo, con respecto al que reseñé del Niemeyer, diferencias en lo básico: músicos, instrumentos o repertorio (la única modificación en este aspecto: la canción que Quique cantó en solitario fue Backliners, dedicada a uno de sus técnicos, que estaba de cumpleaños); tendría que hablar de camisas (brutal la de confederado de Víctor) y no tengo el talento de Eugenia de la Torriente para hablar de moda y hacer literatura.

Dos fueron los cambios fundamentales con respecto al concierto del mes pasado: la sala y que llevan más conciertos juntos.

El cambio de sala tiene a su vez dos consecuencias (con tanta división y subdivisión, esto ya parece un tratado escolástico): la acústica y la disposición del público. Con respecto a la primera, lógicamente no fue tan perfecta como la de un teatro, pero tuvo una gran calidad y nos permitió disfrutar de las palabras en las que brillan los dos protagonistas y de las filigranas de sus escuderos. Para tener otra perspectiva, esta vez nos situamos en frente de Pepo y pudimos escucharle bien, sin perder la guitarra de Víctor al otro extremo. En nuestro lado a veces es escuchaba algo bajo a Lapido, pero en otras posiciones nos contaros que a veces se escuchaba poco a Quique, así que atribuyo el problema a la sala.

Los conciertos que han realizado en el mes y pico que han pasado desde Avilés han hecho que la compenetración, ya alta entonces, crezca más. Se les nota más sueltos. Un detalle que añadieron en Vidas cruzadas: cediendo el protagonismo primero a Víctor y luego a Pepo.

En la crónica del concierto del Niemeyer dije que esta era una gira para ver en sala y no en teatro. Tras comprobarlo empíricamente, me reafirmo: se disfruta más si puedes bailar siguiendo el contratiempo del charles en Cuando por fin o si puedes gritar hasta quedarte afónico en Hotel Los Ángeles. Me parece que no fui yo sólo, sino que todo el público (entradas agotadas) disfrutó del espectáculo. Hablando con los amigos, ya veteranos de muchos conciertos, con los que tuve el placer de encontrarme de nuevo, parece que estaban de acuerdo.

Espero que esta gira llegue más allá, que haya introducido en el mundo de Lapido a más gente y que haga que Quique escriba mejores canciones. Porque si tiene que haber profetas, que el cielo nos mande los avisos en forma de canciones así.

***

Dejo unas malas fotos de móvil a modo de testimonio.

Despliegue de guitarras: Víctor con una Danelectro de 12 cuerdas, Quique y Lapido con sus Gibson acústicas  y Pepo con una Gretsch

Me hizo gracia la postura de Víctor

Quique presentando a los técnicos

Quique tocando en solitario Backliners

Lapido con Víctor y Rubén haciendo En el ángulo muerto

¡Guitarras arriba!

Cambio de  posiciones y todos mirando a Víctor en Vidas cruzadas

Ahora, todos mirando a Pepo

Lapido y Quique disfrutando

Muy mal enfoque, pero es una prueba de que Víctor puede levitar


Despedida. Las luces hacen que la banda parezca una película proyectada

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
11:52 a. m. | Comentarios (0)

Luz de guitarras en llamas

~ sábado, noviembre 01, 2014 ~


Crónica del concierto de Quique González y José Ignacio Lapido en el Centro Niemeyer el 31 de octubre de 2014


Mientras nos acercábamos al Niemeyer, sonaba en el coche el Luz de ciudades en llamas y las columnas de humo de Aceralia daban un nuevo sentido a la canción. Algo similar pasó en el concierto: la banda híbrida que formaron Quique González y Lapido transformó sus canciones y nos permitió a los asistentes disfrutar de nuevas lecturas para las palabras ya sabidas. Un lujo.

El auditorio no estaba lleno, aunque es la vez que lo he visto con más gente: da una sensación de amplitud tan grande que parece imposible llenarlo. El escenario, que tampoco es pequeño, estaba bien surtido con un amplio catálogo de amplificadores e instrumentos.

Amplificadores de Víctor (un Music Man y un Fender)

Amplificador de Pepo (un George)

Los técnicos, uno del equipo de Quique y otro de Lapido

Cuando, con menos de quince minutos sobre la hora anunciada, los músicos salieron al escenario a interpretar Ladridos del perro mágico, un hecho llamaba la atención: el frontal de cuatro guitarras.

La banda interpretando la primera canción
En la mayor parte de las canciones, Víctor Sánchez y Pepo López usaban eléctricas y Quique y Lapido acústicas, aunque en algunas Lapido sacó su SG y Quique en ocasiones cantó a cuerpo.

Quique cantando sin guitarra Hotel Los Ángeles

Los músicos estaban dispuestos en dos líneas: el ataque, con las susodichas guitarras, y la retaguardia, con la batería de Edu Olmedo a un lado en lugar de la típica posición central, que estaba ocupada por el bajo de Ricky Falkner, flanqueado en el otro ala por el piano y el Hammond de Raúl Bernal. Ciertamente, es una alineación que funciona, aunque después de haber visto la disposición que utilizó sobre el mismo escenario Jero Romero, con los músicos mucho más apretados, me pregunto si esa configuración compacta no facilitará la comunicación entre intérpretes.

Configuración de la banda de Jero Romero sobre el mismo escenario un par de meses antes

No se me malinterprete: no faltó comunicación ni espíritu de banda. Incluso en los extremos, se podía apreciar el diálogo entre Víctor y Pepo. Pero es que todavía estoy anonadado por el efecto conseguido por Jero y los suyos.

Un detalle que me llamó la atención es que además de profusión de guitarras, había derroche de voces: hasta seis sonaban a la vez cuando todos menos Edu cantaban en muchas de las canciones.

Para mí el mayor acierto del concierto es la naturalidad con la que el repertorio perdió su adscripción: a alguien que no conociese las canciones de antes no le sería fácil decir de quién era cada una, excepto tal vez por el estilo lírico tan marcado que tienen las hijas de Lapido. Las cantaban al alimón, como si siempre hubiese sido así y, también, sin que diese la sensación de que había habido un reparto buscando algún tipo de equilibrio forzado.

Yo esperaba que las canciones de Lapido mejorasen al ser cantadas por Quique, que tiene una voz que me gusta mucho más. Lo que me sorprendió fue que también se dio el efecto contrario. Por ejemplo, Vidas cruzadas, que aunque resultona en directo nunca ha sido una de mis canciones favoritas del madrileño, ganó una intensidad y una rabia nuevas en la garganta del granadino.

Otro acierto fue la elección de canciones, sobre todo en las de Quique, que dejaron de lado muchas de sus más habituales (en la parte conjunta, ¡sólo sonó En el backstage de sus cuatro primeros discos!) para incorporar otras que no toca tanto. La más sorprendente: Se equivocaban contigo. Pero no sólo en la propia elección de canciones había sorpresas, sino también en su interpretación. En Kid Chocolate, hubo un final instrumental muy logrado, Me agarraste sonó muy distinta y en Algo me aleja de ti hicieron una versión que no era ni la que grabó su autor originalmente ni la de la versión registrada por el madrileño en Daiquiri Blues.

En definitiva, se notaba mucho trabajo detrás de los arreglos y cuando se tiene a unos músicos así, con pelos a veces largos pero siempre encanecidos, eso sólo puede dar buenos frutos.

La sección rítmica me gustó mucho. La mejor forma de definir el trabajo de Edu Olmedo es «solidez», aunque sea un tópico para describir baterías; no hubo florituras ni excesos, pero incluso el detalle de marcar el tempo en canciones en las que empezaba un músico solo proporcionó una base sobre la que armar las canciones sin peligro de derrumbe. A mí me gustan mucho esos baterías que dirigen la banda por donde tiene que ir casi sin notarse.

El bajo de Rick Falker me sorprendió: estaba en su sitio, la base junto a la batería, pero de vez en cuando hacía pequeñas melodías o riffs que sonaban muy definidos y entraban justo cuando tenían que entrar.

Le tengo mucho cariño a Víctor Sánchez: esa pasión que pone al tocar, sin parar de gesticular y de moverse, se transmite en los sonidos, muy bien escogidos, de su guitarra y no suena a postureo vacío sino a todo lo contrario, a desinhibición, a expresión de su amor por la música.

Víctor Sánchez levitando

Por desgracia, no pude casi apreciar la guitarra de Pepo: desde nuestra primera fila muy lateral, no se oía más que ocasionalmente cuando se quedaba solo.

Los pianos de Raúl Bernal también contribuyeron con éxito a cimentar el edificio instrumental sobre el que brillaban las letras de los dos principales protagonistas. El órgano (me quedé con ganas de saber qué modelo era) añadía el toque de intensidad adecuado cuando era necesario.

Al hablar del cantautor madrileño, voy a empezar, para quitarlo de en medio, con un detalle que preferiría que mejorase: esa costumbre de separarse del micro en los agudos que hace que se pierda el sonido y la voz quede fuera de plano. Por lo demás, estuvo muy bien. Como el resto de los músicos, se notaba que  estaba disfrutando del momento. En la presentación del equipo dio las gracias al técnico de monitores por el sonido que habían tenido en el escenario, un gesto que denota lo cómodos que habían estado.

Entiendo su felicidad: es sólo unos días más viejo que yo, así que puedo imaginarme que, como yo, en su juventud escucharía las canciones que Lapido escribía para 091 con la admiración y el deseo de hacer algo así que nos invade a los que nos gusta hacer canciones cuando reconocemos a alguien que tiene un lenguaje propio y consigue crear obras que tienen ese aire de inmejorables, casi de necesidad, en el sentido de todo lo contrario a contingencia. Me gusta que Quique propusiese Nubes con forma de pistola de aquella época porque es también una de mis favoritas, una canción que he tocado mucho, como demuestra el hecho de que la eligiese para abrir el vídeo de homenaje a 091 que publiqué hace tiempo. Eso sí, ayer pude comprobar que, para variar, la toco mal.

La calificación de «maestro» es merecida para Lapido. Estuvo como en los dos conciertos que le he visto con su banda, serio, centrado en la interpretación, en que suenen bien esa música y esas palabras que, en definitiva, eran las verdaderas protagonistas de la noche. Pero como muestra de que a pesar de su rostro serio está disfrutando por dentro, llegó a sonreír el tramo final cuando Víctor no pudo evitar cantar un estribillo en el micro de Quique. Me gustó mucho en sus solos, cuando pisaba el pedal para que su SG tomase el lugar central.

Una diferencia con los dos conciertos anteriores de Lapido que he visto es que aquí el sonido fue mucho más claro, probablemente gracias a la buena acústica del teatro. Como hago siempre en estos casos, no puedo dejar de señalar que, aunque estoy viejo y me gusta mucho poder escuchar bien todo, el rock no se hizo para teatros. Esta banda requiere libertad para los pies y el cuerpo. ¿Cómo circunscribirse a un asiento en algo como este Cuando por fin?

Sólo hubo un hueco para la intimidad. En la vuelta del primer bis apareció Quique solo y cantó, dedicada a Máster, su road manager, Reloj de plata. Preciosa, y un recuerdo de que cuando está ahí, solo con su guitarra, tiene una magia especial. Luego, en el regreso para el segundo bis, Lapido salió acompañado sólo por Víctor y Raúl para hacer esa obra maestra que es En el ángulo muerto. Creo que el hecho de que José Ignacio no saliese solo muestra que los dos protagonistas, que tan bien funcionan juntos y tanto tienen en común, vienen sin embargo de escuelas distintas.

En el último tramo, hicieron Clase media y como antesala del final hicieron otra canción que debería formar parte de cualquier antología del rock en español: Cuando el ángel decida volver, y acabaron con un Dónde está el dinero, que en estos días de imputados que pagaron con dinero público cacerías con testículos en la cabeza, póker y putas suena más actual que nunca. Añadieron al final un pequeño estribillo con el título de la gira: Soltad a los perros, que integrado en la canción ganaba un nuevo sentido.

El concierto se me hizo corto aunque, según indican los tiempos registrados por el móvil en las fotos, duró dos horas. Acabé con la sensación de que esta es una gira que va a entrar en los anales de las giras conjuntas de la música española, al lado de aquella de Kiko Veneno y Juan Perro.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
1:58 p. m. | Comentarios (0)

De sombras y olvidos

~ domingo, diciembre 12, 2010 ~

El sábado pasado vi por primera vez a Lapido. Fue la presentación de su nuevo disco, De sombras y olvidos, en la Sala Sol de Madrid, una sala de la que llevo toda la vida oyendo hablar y que por fin he conocido.

El concierto me gustó mucho, aunque no conocía gran parte de las canciones, casi todas sacadas del repertorio en solitario. Todavía no había escuchado casi el disco nuevo, de la carrera en solitario de Lapido sólo conozco con profundidad Cartografía (los anteriores no me gustaron por su voz, ahora ya me he acostumbrado y en directo me gustó más todavía) y de la de 091 Tormentas imaginarias (del que sonó Zapatos de piel de caimán) y Todo lo que vendrá después. Pero esos discos del grupo fueron fundamentales durante una época de mi vida, sobre todo el primero, que escuché incansablemente cuando escuchaba música incansablemente.

Estaba viendo a Lapido tocar —con mucha rabia, por ciero— su Gibson SG y me moría de ganas de tocar con la mía, así que en cuanto llegué a Gijón me puse a recordar aquellas canciones que saqué hace ya la friolera de 15 años. (¿15 años? ¡No puede ser tanto! ¡Cómo es posible?)

Aquí dejo el testimonio a modo de homenaje:

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
11:48 p. m. | Comentarios (0)

Canciones de estructura sencilla

~ martes, marzo 16, 2010 ~

Ando preocupado por un problema: ¿por qué cuando Dylan hace canciones de estructura sencilla no aburren y las mías, en cambio, sí? Ya, ya sé que hay problemas más importantes en el mundo, pero las obsesiones son incontrolables.

La primera respuesta es fácil: yo soy incapaz de escribir un solo verso con la décima parte de calidad que el peor verso de Dylan. Podría valer... si no fuera porque si me pongo a cantar una canción de Dylan, también resulta aburrida, de lo cual deduzco que no es sólo la canción, sino que influye mucho la interpretación.

Aquí la cosa empieza a ponerse más complicada. Pero quizás antes tengo que explicar a qué tipo de canciones me refiero.

Estoy hablando de cosas como The Times They Are A-Changin', Blowin' in the Wind, Highway 61 Revisited, Queen Jane Approximately, Desolation Row o Thunder on the Mountain, por nombrar obras de distintas épocas. Todas tienen la misma estructura: no hay estrofa, puente, estribillo, intros, solos y otras partes con armonía diferenciada. Toda la canción es un bucle de la misma rueda de acordes. Es decir, hay unos primeros compases en los que Dylan presenta una sucesión de acordes y luego repite eso varias veces simplemente cambiando la letra o, como mucho, dejando alguna vuelta sin voz y metiendo algún instrumento haciendo un solo sobre la rueda.

Lo que suele ocurrir si haces la misma rueda de acordes una y otra vez sin cambiar nada más es que el oyente se aburre: el disfrute de la música descansa en un delicado equilibrio entre dar al oyente lo que espera y sorprenderle. Por eso la repetición es parte fundacional de la música, pero usar sólo la repetición deja al oyente insatisfecho.

Lo típico en estos casos es variar la instrumentación, jugar con la dinámica, añadir instrumentos o quitarlos según va avanzando la canción, modificar la melodía en cada vuelta. Eso se puede apreciar en una de esas canciones que hacen una y otra vez la misma rueda de acordes, como el With or Without You de U2. Pero en Dylan eso no ocurre: todas las vueltas son iguales instrumentalmente, con sólo las pequeñas variaciones que puedan meter los intérpretes.

Está claro que Dylan es aquí heredero del blues y del folk y que no sigue, por tanto, la tradición del pop y el rock. Quiero aclarar que en las canciones de las que estoy hablando no hay estribillo propiamente dicho, es decir, no es una sucesión de estrofa y estribillo. Sí que hay frases repetidas, que pueden ser al principio, al final o en ambos extremos.

Por ejemplo, Thunder on the Mountain consiste en una rueda de acordes de blues (a ritmo más cercano al rockabilly) que se repite doce veces. Se puede distinguir una estructura interna a esas doce repeticiones: hay tres grupos de cuatro vueltas que tienen en común que la primera estrofa de cada vuelta empieza con la frase Thunder on the Mountain y que la cuarta vuelta es instrumental.

Highway 61 Revisited tiene cinco estrofas que presentan una situación problemática que se resuelve en la última frase, diciendo que la solución está en la «Highway 61», y estas son las únicas palabras que se repiten. Algo muy similar a lo que ocurre en Desolation row, una canción de más de diez minutos que repite diez estrofas similares que sólo tienen en común que presentan personajes que habitan en el callejón de la desolación, como se recuerda en la última frase.

Los paralelismos pueden ser más abundantes, como en Blowin' in the Wind, que además de acabar repitiendo el conocido «The answer is blowin' in the wind», construye todas las vueltas en base a preguntas sobre «cuándo».

Son muchas repeticiones de elementos muy sencillos. Está claro que la fuerza de las palabras de Dylan es uno de los detalles que hacen que no cansen. Pero hay algo más, y creo que es la voz.

La voz humana es el instrumento musical más importante. Lo puede todo. Y una voz que sabe interpretar, ayudada de palabras sagradas, puede hipnotizar sobre las estructuras más sencillas. Las inflexiones en cada sílaba son lo que hace la magia.

No conozco muchos ejemplos de este tipo de canciones en español. Sabina tiene algunas, aunque suele tirar mucho más del estribillo clásico y jugar con la instrumentación para dar variedad. El ejemplo más importante que se me ocurre es el Aunque tú no lo sepas de Quique González.

Cuando le vi en concierto el otro día pensé en ello: esa canción tiene una estructura dylaniana total. Son cuatro vueltas (tres con letra) con los mismos acordes y en la que el único elemento común es la frase que da título a la canción, el «aunque tú no lo sepas» que introduce cada estrofa. La letra me parece genial, la melodía es inspirada y funciona a pesar de lo tópica que es la armonía (hay miles de canciones con esos mismos cuatro acordes). Que es difícil hacerla lo demuestra que el mismo Quique ha fallado al grabarla: en la versión de Pájaros mojados buscó llevarla a un mundo minimalista, con detalles de teclado y un ritmo de batería flotante. El resultado es aburrido. En Ajuste de cuentas mejora algo, gracias sobre todo a que la pedal steel guitar rellena los huecos de la versión anterior.

Pero esa canción era enorme en la inspiradísima versión de Enrique Urquijo y cuando la cantaba solo Quique con su guitarra y su armónica en sus primeros conciertos. Así lo hizo el otro día en Santander, pero ya no fue lo mismo: porque le faltaba ese grado de emoción extra, el recuerdo sentido a Enrique Urquijo, la sensación de que esa canción era un código secreto que unos cuantos nos habíamos encontrado por casualidad, que formaba parte de un ritual, algo que se sale de lo musical para entroncar con ese sentimiento religioso que debe de estar imbuido en los genes humanos. El propio Quique le quiso quitar a esa canción ese lugar preferente, quiso que dejase de ser un himno profano, y ahora ya no resulta tan buena como antes.

Sé que deliro, que lo que digo no tiene sentido, que estoy mezclando aquí distintas reflexiones que a lo mejor no tienen mucho que ver. Pero tenía ganas de contarlas, de armar uno de estos escritos sobre música. Como dice Isma, es un absurdo afán, el mismo que me lleva a seguir intentando hacer canciones a pesar de ser totalmente consciente de que no soy Dylan, ni siquiera Quique González.

PS: Me leo y no me gusto. Me parece que cometo un pecado que aborrezco: pasar por hechos lo que no son más que opiniones. Además, he caído en la cuenta de que hay alguien que hace canciones de este estilo en español mejor que Quique: Lapido. Precisamente el Algo me aleja de ti que Quique ha incluido en el último disco es un ejemplo perfecto.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
10:41 p. m. | Comentarios (4)

Lapido contra la «piratería»

~ sábado, mayo 17, 2008 ~

En esta entrevista, José Ignacio Lapido habla, entre muchos otros temas, sobre la «piratería». Quiero comentar algunos aspectos.

Lo de compartir archivos musicales es un eufemismo que me hace gracia, pero yo es que tengo un sentido del humor muy peculiar.

Se nota rabia en esta ironía: pues sí, cuando compartes archivos musicales, compartes archivos musicales. Me parece que insinúa que se debería llamar «robar», pero para que eso fuese así, el que tenía el archivo original debería quedarse sin él, cosa que no ocurre. Igual «compartir» no le gusta porque cuando compartes algo con alguien te quedas sólo con una parte... pero eso sólo ocurre cuando compartes algo material. Y recordemos que, como muy bien afirma Jeff Tweedy, líder de Wilco, «la música no es una barra de pan».

Pero bueno, no dramaticemos, el P2P sin ánimo de lucro creo que no es ilegal en España, así que adelante. Es una batalla perdida y así lo manifesté entonces y ahora. No sólo por el tema económico -el gratis total es una falacia. Si nada es gratis ¿por qué la música si tiene que serlo?-,

Es mentira que no haya nada gratis. La última vez que lo comprobé, el sol brillaba para mí sin pedirme monedas, y pocas cosas más importantes hay en la vida. Y todos hacemos cosas gratis, por amor o porque nos apetece. Y eso sin contar que es difícil determinar cuánto pierde un artista cuando alguien se baja su disco y cuánto gana: creo recordar que según los últimos datos (de la propia SGAE) ha aumentado mucho la recaudación en conciertos. Yo creo que puede tener que ver con la mayor facilidad de acceso a la música.

Por otra parte, si quisiera ser demagógico podría argumentar que lo que nunca ocurre es que alguien que vende algo siga cobrando después de que lo ha vendido: ¿tienen que pagar los bares a los carpinteros mientras estén usando las sillas que les hicieron? ¿Tienen que pagarles si les regalan las sillas a otros bares? Pero este argumento no es válido por lo mismo de antes: la música no es una barra de pan, ni una silla. Lo que no quiere decir que valga cualquier modelo de negocio con los «derechos de autor».

sino por el de respeto a la creación.

Desde mi punto de vista, el respeto a la creación no se demuestra principalmente con dinero. ¿Cuándo cojo mi guitarra y toco «Nubes con forma de pistola» no manifiesto mucho más respeto por su creación que cuando compré el CD? Eso sí, puede que se haya perdido parte del respeto a los creadores porque cualquiera se atreve a crear. Para mí, eso no es malo.

Los grandes operadores de Internet y los fabricantes de aparatos reproductores de archivos comprimidos están frotándose las manos porque haya un gremio, el de los creadores, que ponga su esfuerzo gratuitamente para que ellos se forren y así hacer felices a millones de personas en el mundo que creen que una canción o una película cae del cielo o brota en el campo. Si no existieran los contenidos que nosotros, los autores, ponemos a disposición de todo el mundo, nadie pagaría por una línea ADSL o por un iPod. Absolutamente nadie.

Mentira. Si no hubiese posibilidad de intercambiar archivos, yo -y muchos- tendría un iPod para poder escuchar toda mi colección de discos comprados cuando me diese la gana. Y yo tuve conexión a Internet mucho antes de que se pudieran conseguir canciones o películas. Si el argumento es sobre la banda ancha (entiendo ADSL como la parte del todo) y no sobre la conexión a Internet, yo me pasé al cable desde el módem tradicional sobre todo por no tener el teléfono ocupado cuando me conectaba y por la facilidad para... ¡crear! Sí, para crear.

Por supuesto que la descarga de archivos de música es un incentivo (para algunas personas puede que el principal) para usar banda ancha, pero para muchos lo más importante es la capacidad de comunicación que ofrece: desde el Messenger al MySpace, pasando por los blogs, y los fotologs o los vídeos. Me da la sensación de que Lapido no se da cuenta de que parte de la caída del negocio musical tiene que ver también con que la atención (ese recurso escaso en este mundo de sobreabundancia de estímulos) se ha dispersado. Y se ha dispersado de muchas maneras: porque ya no se escucha o lee sólo a cuatro autores y porque ya no se trata sólo de escuchar o leer, sino de tocar y escribir. No sé si está en contacto con muchos chavales, pero creo que a una gran parte si les cortasen la conexión se preocuparían mucho más por no poder quedar hablar con sus amigos por el Messenger o por no poder colgar sus fotos —creadas por ellos— en el fotolog.

Y ahí creo que está el quiz de la cuestión: la aparición de muchos más creadores, competidores de los creadores tradicionales. Pero de eso hablaba un poco antes Lapido:

Yo hacía referencia a que Internet no era la panacea para sacar del anonimato a miles de bandas de rock que hay por ahí tocando. Decía que colgar una canción en Internet no implica automáticamente el éxito ni el reconocimiento masivo; que, salvo contadas excepciones ¡como la de El Koala!, la gente pincharía esa canción si había una gran campaña de publicidad detrás, si habían visto el videoclip en la tele o si la habían escuchado con anterioridad en los 40 Principales. A eso me refería, a que en la red está todo lo que se hace en el mundo y para que un disco sobresalga hace falta una fuerte campaña promocional al estilo clásico.

No, la red no convierte en estrellas a cualquiera que cuelgue sus canciones. Pero para la gran mayoría, aumenta su audiencia, no sólo la potencial sino la real.


Claro, que me dieron hostias por todos lados. Los panegiristas del “libre intercambio cultural” son muy capaces a la hora de manejar el insulto anónimo y cuando alguien no piensa como ellos saltan a la yugular.

Es verdad que muchos recurren a eso. Es una lástima. Pero no son todos y las ideas son buenas no en función de quién las defienda, sino de su propio peso.


Por supuesto que pienso que Internet es beneficioso, pero no es la solución a todos los problemas, no es una varita mágica con la que nos vamos a librar del mal gusto. De hecho, la mayoría de las cosas que más difusión tienen en la Red son de un mal gusto acojonante. Como en el resto de los medios.

La red no va a acabar con el mal gusto, pero no parece que el gusto sea mejor con campañas en medios tradicionales. Desde mi punto de vista, la mayoría de las cosas que tenían difusión antes de Internet también eran de un «mal gusto acojonante». No me voy a remitir a Operación Triunfo: el otro día citaba a C.C. Catch y podría poner cientos de ejemplos de la era pre-Internet: El Koala o el Chiqui-Chiqui tuvieron dignos antecesores en Los Inhumanos, No me pises que llevo chanclas o La Trinca (estos últimos a mí me encantaban... cuando no había cumplido los diez años). Canciones basadas en la parodia van a existir siempre.

Y si alguien argumenta que Internet es la panacea de algo, que lea un ensayo tradicional de la informática: no hay balas de plata. Para nada. Creerlo es, desde mi punto de vista, un signo de inmadurez. Que abunda por todos lados, pero tampoco es hora de que los rockeros se pongan a exigir madurez a su público...

Aunque lo que más difusión tiene en la red tenga muy mal gusto, también es cierto que a veces alcanzan gran difusión propuestas que a lo mejor no hubiesen llegado por otros medios. Para mí de los más grandes descubrimientos de los últimos años han sido Fionn Regan, que descubrí gracias a una versión de Luisao, o Kevin Johansen, que descubrí gracias a Burdon. Y creo que artistas como Quique González le deben mucho a la red, aunque sólo sea porque a muchos nos permitió mantener la llama encendida cuando era difícil conocer en persona a alguien que supiese quién era.

Desde mi punto de vista, hay un problema con las premisas de Lapido: parece que es necesario que «un disco sobresalga». Yo creo que muchos discos antes sobresalían artificialmente, con independencia de su calidad, por decisión de una industria musical a la que le convenía. Ese tipo de industria no puede ser como antes porque sus clientes han cambiado. Y lo siento por el que quiera trabajar en la antigua industria: por desgracia no podemos trabajar todos de lo que nos dé la gana.

Lo peor de todo es que quedamos como los malos de la película. Y encima tienen la osadía de decirnos lo que tenemos que hacer. Quieren que nos dejemos esponsorizar, que incluyamos publicidad en los discos y no sé que aberraciones más. Es como tocar por las propinas o pasar la gorra. Yo, cada vez que entro en mi MySpace y veo que hay publicidad del Chiqui-Chiqui me dan ganas de vomitar. Pues eso es justamente lo que los panegiristas de P2P quieren que sea la solución. Vale, que haya intercambio libre, pero que haya una compensación, ¿es mucho pedir? Parece que sí.

No lo sé. Lo que sí sé es que parece absurdo que por grabar CDs, que ya nunca utilizo para música, tenga que pagar a un compositor. Ahora mismo llevo un par de horas aquí conectado sin bajarme nada, ¿debería estar pagando canon?

Yo quiero que la gente que es buena haciendo canciones viva de hacer canciones. Y creo que lo seguirán pudiendo hacer. Será más difícil hacerse multimillonario, pero no estoy tan seguro de que vaya a ser más difícil sobrevivir. Hay que tener en cuenta que las nuevas tecnologías, aparte de permitir «compartir» mucho más fácilmente, también han abaratado increíblemente los medios de producción. Por otra parte, uno de los cambios del público es que ya no requiere un sonido tan trabajado como antes. Y la necesidad de nuevas canciones no disminuye. Quizás sí que disminuya la capacidad de la música como forma de identificación juvenil. Por ejemplo, los videojuegos son un serio competidor para la música. Pero eso no es culpa de la piratería. Son los tiempos y, como decía el otro, «your old road is rapidly agin, so get out of the road if you can't lend your hand».

Tal vez era cierto: no estaba «preparado para todo lo que vendrá después».

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
12:14 a. m. | Comentarios (8)