Escritos sobre música




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Pablo Moro en el Jovellanos

~ martes, enero 25, 2011 ~

El jueves Pablo Moro va a dar un concierto en el Jovellanos. Tengo muchas ganas de verle: han pasado siglos desde que lo vi de telonero de Quique en la Santa Sebe. Espero que lleve a la banda con la que grabó el disco, que suena de lujo.

Tiene también nuevo videoclip:



Lo que más me gusta de sus canciones es el intento de capturar la épica pequeñoburguesa, las historias de la gente que tiene que bajar la basura, hacer viajes de trabajo en Madrid... Gente valiente que tiene miedo a morir... y que madrugar mañana.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
11:07 p. m. | Comentarios (7)

Discos del 2009

~ viernes, enero 15, 2010 ~

No me gustan las listas de "Lo mejor de...": me parece presuntuoso que alguien determine qué es lo mejor (¿quién ha escuchado todo?, ¿quién sabe de todo?, ¿quién tiene la verdad?) y, además, me parece que los discos no se pueden ordenar como si fuesen caballos al final de una carrera. Aún así, muchas veces acabo mirándolas, en parte por morbo, en parte por ver si descubro algo interesante.

Con este último afán, compartir descubrimientos y tratar de transmitir las reflexiones o sentimientos que me producen la música (irrelevantes, pero este blog nace de una necesidad irracional), voy a comentar los discos que más me han gustado en 2009, aunque puede que no sean de este año.

Dramas y Caballeros. Luis Ramiro

Amenacé con dedicarle una entrada y no lo hice. Para mí ha sido un descubrimiento. Sigo sin verle nada muy original, pero me gusta la perfección clásica de sus formas. Hay tópicos, pero detrás de los tópicos hay algo que (me) llega. Su voz y una mirada a ras de tierra le dan el carácter personal necesario para escapar del plagio y el aburrimiento. Y además tiene el toque para se te queden los estribillos. Todavía recuerdo una noche de insomnio en Madrid, repitiendo una y otra vez en mi cabeza: "Tonterías / para no dormir, / qué agonía / es tener que decidir / entre el agua y la comida".

Dudas y precipicios. Alfredo González

En los años 90 hubo una generación de cantautores con cierto éxito: Pedro Guerra, Ismael Serrano y Javier Álvarez. Eran herederos de Serrat, Sabina y la Nueva Trova (sobre todo los dos primeros). Ahora mismo está habiendo otra generación de cantautores con unas señas de identidad muy distintas que yo diría que vienen de Quique González: los referentes son americanos, el rock. En esta generación están Manolo Tarancón, Pablo Valdés, Fabián, Pablo Moro y Alfredo González. Curiosamente, escuchando el otro día el primer disco de Alfredo, La vida de alquiler, me parecía como un compendio de la generación anterior: un tema casi de política panfletaria, una canción con querencias argentinas, otra sobre la República y algunos cuantos tópicos más.

Pero en Dudas y precipicios cambió los referentes a los americanos del rock. Las minas porteñas dejaron paso a las camareras que se enrollan con los músicos y la República, a las drogas.

Yo deploro esos tópicos (más el de las drogas que el de las camareras). Pero Alfredo ofrece algo más: voz propia, textos bien hilvanados, con un léxico que evita el aburrimiento, cierta visión social mucho más sutil que antes y arreglos no tan convencionales, escapando de la guitarra acústica a través del piano. La parte final del disco, con menos rock, es la que más me gusta. Pero toda la producción me parece muy buena, con detalles arriesgados, como las distintas distorsiones de la voz en "Golfo" y "Piernas de marioneta" que, a pesar de que hubieran podido resultar efectistas, funcionan. Y también tiene el toque para hacer canciones que se te quedan pegadas.

Adiós Tormenta. Fabián

Otro de la Generación Quique González que destaca por sus notas personales, en especial su voz como un suspiro. Tanto Luis Ramiro como Alfredo González tienen mucha variedad en sus composiciones; Fabián, sin embargo, insiste con metódica obstinación en su estilo de acústica usando acordes en do abierto, tirando de cejilla si es necesario. Al final no sé distinguir muy bien sus canciones, pero eso no me impide utilizar el disco como un refugio, un lugar donde la belleza es segura en este mundo que sólo parece asegurar lo feo.

Pequeños placeres domésticos. Pablo Moro

El título lo anuncia: aquí va a haber más historias de "gente que baja la basura los día impares" que de camareras. Eso es lo que más me gusta de este disco, unas letras que hablan de esa épica pequeño-burguesa que me parece más interesante que la épica del rock. La producción es también notable, muy clásica pero muy bien hecha. Como en casos anteriores, no hay nada demasiado original en la música, lo que a veces se puede convertir en un lastre, pero, por otra parte, sé que a mí no me entran cosas novedosas en exceso. Tal vez ese sea uno de mis problemas para apreciar nuevos estilos. En cualquier caso, la clave está en fijarse en las letras, en el esfuerzo por expresar los problemas de los que lo tenemos todo, de los que somos desconocidos, de esta vida de misterio muy bien hecho...

El género bobo. Nacho Vegas

Otro cantautor, pero uno que no bebe de la fuente de Quique González, aunque comparte con el madrileño ciertas influencias de la generación beat. A mí ha tardado años en gustarme. De hecho, muchas cosas suyas me siguen desagradando. Su voz me parece horripilante, aunque me haya acostumbrado, y los tópicos sobre drogas que en otros sólo me aburren, en él me repugnan: hay algo sucio en su cinismo... Por supuesto, los cínicos no son más que animales heridos dignos de compasión.

Poco a poco voy apreciando todos sus discos. Su EP El género bobo no necesitó ni el "poco a poco": me entró a la primera, porque vi en él algo mucho más limpio. Sí, desde el poema inicial de César Vallejo hay también ese humor cínico y puede que hasta una tristeza más seria que nunca, pero también se atisba cierta felicidad.

Por lo demás, todas las canciones me parecen buenas y tienen un sentido de unidad, como si fuese un disco conceptual, pero sin el coñazo que ese concepto presupone.

Tu labio superior. Christina Rosenvinge

Mi lado morboso me hace preguntarme si las características luminosas que le atribuyo al EP de Nacho Vegas tendrán su origen en su relación con Christina Rosenvinge.

Debo confesar que no puedo ser objetivo con la madrileña... En fin, ¡vaya chorrada que acabo de soltar! No puedo ser objetivo con nada. Lo que quiero decir es que con ella tengo un sesgo particular: formó parte de mi educación sentimental presentando aquel programa de televisión con Diego Antonio Manrique, FM2. Luego, me parece que consiguió la mejor aproximación a Dylan en español de todos los que lo hemos intentado con su Que me parta un rayo, aunque la producción se ha quedado algo vieja. Pero después descubrí que no sabía cantar y, cuando finalmente cayó en las manos ruidistas de Sonic Youth en su etapa americana, no tuve el más mínimo interés en escucharla.

Tras toda esta trayectoria, su trabajo de 2009 me ha enganchado por muchos frentes: las melodías, a veces casi infantiles, a veces desagradablemente chirriantes, se funden con unos textos que hablan de relaciones del siglo XXI de manera certera. Tal vez si lo hiciera otra, no me acabaría de gustar, pero cuando pienso en su boca y en sus ojos mientras suena su voz, me parece una obra maestra. Ante bellezas así, uno se pregunta: "¿Cómo es posible que sufran?".

La hora de los gigantes. Coque Malla

Coque no tiene una gran voz, pero es un gran cantante, creo que de los pocos en España que consigue capturar las raíces negras del rock y hacerlo de una forma natural. Cuando tira hacia la caña, me aburre un poco, pero la última parte del disco, incluyendo los más de ocho minutos de la última canción, es enorme: tienen la morosidad de la luz en una tarde de verano, la vida cuando bajas a la calle y cuando estás solo en casa. Tiene magia.

Daiquiri Blues. Quique González

Me he pensado si poner este disco aquí. No es que no me parezca bueno, pero los discos de Quique son algo tan conocido que, incluso a pesar de su valiosa intención de no repetirse, resulta muy difícil que sorprendan. Y el caso es que, aunque he hablado más arriba de varios discos con una producción muy buena, este va más allá de la perfección formal: consigue una atmósfera única, que no hay en ningún otro disco. Tiene también versos geniales y soluciones armónicas inesperadas, pero tal vez falten más letras de esas que se te quedan entera de arriba a abajo, con su melodía. O tal vez, más probablemente, la falta esté en mí: ya no escucho música como hace años, cuando descubrí los primeros discos de Quique. Ya nada se me puede clavar así: soy otro.

Otras historias

Pensar sobre los discos que he escuchado este año ha sido un ejercicio curioso. Me he dado cuenta de que no hay nada extranjero. Lo único que he escuchado en ese apartado ha sido a Dylan, en concreto el Modern Times y el The Times They're a-Changin', y un poco de A.A. Bonty, al que le tengo que dar más tiempo, y Kings of Convenience. No hay nada más: ni siquiera música argentina o brasileña, es como si me hubiese quedado estancado en los cantautores españoles. He intentado otras cosas, como por ejemplo el de Love of Lesbian y el de La Bien Querida. El primero no me pareció del todo mal, pero no me enganchó. El segundo, me horrorizó; y resulta extraño, porque por lo que había leído pensaba que me iba a gustar, y luego la voz se convirtió en una barrera insalvable. Quién sabe, igual dentro de diez años me acaba gustando, como me pasó con Nacho Vegas.

También es curioso constatar cómo, a pesar de que no escucho la radio ni veo la tele y la única revista que ojeo de vez en cuando es el Mondosonoro, mi selección es muy similar a algunas que he visto en otros blogs. Se suponía que con esto de Internet se iban a fragmentar las audiencias, pero está claro que siguen formándose clusters. En los discos que he citado se puede ver que sigo lo que hay alrededor de Quique González, el mundo Vegas-Rosenvinge y luego Luis Ramiro, que está un poco al margen, a medio camino de muchas cosas, un poco solo.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
5:32 a. m. | Comentarios (13)

Triunfadores

~ domingo, mayo 18, 2008 ~

Hace tiempo que había oído hablar de Fabián y, de hecho, había escuchado unas cuantas canciones suyas. Su voz no me llegó (el gusto, ese caprichoso que todos llevamos dentro) pero hoy, sin embargo, me ha emocionado con esta canción:



Baudelarie inventó una forma de poesía que se ha comido casi cualquier otra opción, que se ha convertido en un tópico que a mí me aburre, un recurso fácil. Hacer canciones sobre hipotecas es mucho más arriesgado.

Y eso me recuerda a una entrada de Marlon que leí el otro día y hablaba también de la gente que paga la hipoteca. No la entendí bien, y contesté con contratexto, pero eso me llevó a una idea y, de ahí, a intentar una canción, «Resacas peores»: épica de la pequeñaburguesía. Una mala canción, porque yo soy un mal poeta intentando temas demasiado elevados. Y, aún así, no puedo dejar de intentarlo.

El vídeo de Fabián lo he encontrado en el blog de un triunfador, Nando Caballero, al que, por cierto, le envidio los videologs: me gustaría atreverme a hacer algo así.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
11:38 p. m. | Comentarios (4)

Entresemana: Un disco a destiempo

~ domingo, julio 08, 2007 ~

«El norte está lleno de frío / y siempre llueve en domingo», decía una de las grandes canciones de Los Ilegales, que son de Gijón y saben de lo que hablan.

Hoy es 8 de julio, domingo, verano. Y me he tenido que poner un jersey para no tener frío en casa. Me escriben sobre los días lluviosos del norte y, para fregar los restos de la fiesta que ayer hicimos en mi casa porque no pudimos hacerla al aire libre por culpa de las nubes, escojo un disco que describe perfectamente estos días: «Entresemana» de Le Mans.

Hace mucho que tenía pensado dedicarle un escrito. Es uno de esos discos que están aparte de todo, que se encuentran entre mis clásicos favoritos sin que me gusten cosas relacionadas. Le Mans son un grupo de San Sebastián y están encuadrados dentro del «Sonido Donosti», donde están los más conocidos La Buena Vida, que me gustaron durante dos meses, más o menos: un amigo me trajo su primer disco de Madrid (aquí no se podía conseguir, estamos hablando de principios de los años 90 del siglo pasado, nadie sabía que existían los móviles ni Internet) pero las dos canciones que me gustaban estaban en el segundo. Años después los vi en directo y me siguieron pareciendo lo que me parecen ahora: malos, sin chicha ni limoná. Lo siento, no me gusta la música cantada por una mala voz, aunque la vistan de arreglos de cuerda como en «Soidemersol», disco que tuvo como mayor virtud que me sirvió para echarme una buena siesta.

Pero la voz de Le Mans tampoco es buena, los músicos tampoco son virtuosos y las letras tienen una línea similar a la de La Buena Vida. Por eso, tal vez, tampoco me gusta el siguiente disco que sacaron, «Saudade», a pesar de ese título que, como sabréis los 8 habituales, es una palabra que me gusta mucho. Sólo puedo explicar por qué me gusta tanto «Entresemana» de una forma: es mágico.

Sin embargo, nada más lejos de los reinos de fantasía a los que se suele asociar la magia: el disco es la mejor descripción que me he encontrado nunca de lo que es la vida normal de una pareja de jóvenes burgueses en una ciudad del norte de España, como San Sebastián, como Gijón. Por ejemplo, «A la hora del café»:

Salir de casa
pensando en comprar
cosas que faltan
y algo de desayunar.

Me pongo la bufanda
y empiezo a pasear,
saludo a los amigos:
tengo tiempo para perder.

Voy caminando
a la hora del café.
Piso despacio:
es fácil resbalar.
La calle está mojada
en las tiendas ahora hay luz.
Me gusta este paseo,
voy mirando qué voy a comprar.

Es muy posible
que encuentre algo más:
una tortuga,
un cuaderno, un aerosol.

La calle está mojada
en las tiendas ahora hay luz.
Me gusta este paseo...


No sé si sólo leyéndolo, sin escuchar la interpretación, se puede sentir, como yo siento, el recuerdo exacto de las calles mojadas en una ciudad donde llueve muy a menudo. Y eso que la interpretación, ya digo, no es virtuosa: una batería mínima, una guitarra que recorre armonías algo jazzies pero con unos arpegios mecánicos, una voz definitivamente fea... pero que hipnotiza.

También se puede sentir el verano y los extraños surferos de estas latitudes:

Recorrer la ciudad
y después bordear la playa.
Peru va
siempre atrás
agarrándose fuerte a
mi espalda.
Bajaré
hasta el mar
para ver cómo
nada Peru.
Está bien
pasear y hablar.

Descansar
bajo el sol,
él me hace
reír con ganas.
Intentar
olvidar
ver su tabla entre
la olas.
Conducir
y volver
por la noche
de vuelta a casa.
Ojalá
él me quiera ver.

Como se puede apreciar, no tratan grandes temas. No utilizan palabras rimbombantes, no hay rimas sorprendentes ni juegos de palabras ingeniosos, no hay grandes dramas ni grandes pasiones: hay lo que hay, la vida real. Hacer lírica del todos-los-días —es más, exactamente de los días entresemana en los que para muchos no se vive, se trabaja— no es algo novedoso, pero es muy fácil que sea tan intrascendente como son la mayor parte de nuestros días. Y, sin embargo, yo, un plasta siempre preocupado por chorradas supuestamente trascendentales, creo que tienen peso, entidad. Porque en contra de los místicos que creen que sólo cuentan los instantes de iluminación y los temerarios que creen estar vivos sólo cuando están llenos de adrenalina, creo en el valor épico de una vida de pequeño burgués.

Pero mejor me dejo de teorizar absurdamente. Lo que quiero decir es que me parece maravillosa una canción que sólo cuenta que alguien tiene que estudiar:

Tengo que estudiar,
no hay tiempo que perder,
tantas cosas sin hacer.

Quiero aprobar
mi examen de francés.
Sólo un día más
y ya no pensaré.
Siento haber estado así.

Me intentó besar
y no le respondí,
de la compra me olvidé.

Platos sin fregar,
la ropa sin tender...
Espero de verdad,
que sepa comprender:
sólo queda un día más.
Mañana hacia las diez
lo malo se acabó,
todo volverá a estar bien.

Una de mis canciones de amor favoritas de todos los tiempos es «Mejor dormir»:

Todavía
en la cama.
Él se pone a hacer café.

La mañana
dura poco,
pronto es hora de comer.

Se despierta,
va descalza al comedor,
él la abraza,
un abrazo de esos que
le hacen reír.

No apetece cocinar,
mejor dormir.

Por la tarde
el momento
de ponerse a trabajar.

Planeando
viajes nuevos,
conduciendo entre los dos.

Se despierta,
va descalza al comedor,
él la abraza,
un abrazo de esos que
le hacen reír.

No apetece cocinar,
mejor dormir.

Ahora que lo pienso, hasta el «Vidas paralelas» de Marienbad no había encontrado una descripción tan buena de ese tipo de amor.

Muchas veces me acuerdo de una canción y me identifico totalmente con su título, aunque esté en femenino: «Perezosa y tonta»:


No es desilusión
ni siquiera es
malestar,

algo que no sé describir.

Hace tiempo que
nadie me viene a visitar.
Triste y sola estoy.

No es buena señal
que haya hierba en
mi jardín:

hace tiempo no estaba así.

Y no entiendo que
no haya parado de crecer
porque aquí estoy yo
y voy al revés.

Puede suceder
que alguien quiera estar
junto a mí,

algo que no sé si creer.

Me imagino que
soy como la ballena azul,
que triste y sola está.

En este disco no está la canción del verano de este año ni de ninguno. Pero ha sido ahora cuando me han asaltado las ganas de hablar de él. Disculpen el destiempo y sigan disfrutando del sol aquellos sobre los que brille.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
6:46 p. m. | Comentarios (4)