Escritos sobre música




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La maldición de Sísifo

~ sábado, abril 10, 2010 ~

Me ha vuelto a pasar. Un fin de semana solo en casa. Me pongo a trabajar en esas grabaciones que tengo a la mitad, esas obras maestras que el mundo se está perdiendo porque no las acabo y a las que este fin de semana les voy a dar un empujón definitivo... Y entonces, navegando entre los archivos de las letras, me encuentro esa adaptación a medio terminar del "Innocent when You Dream" de Tom Waits, me pongo a tocarla, no recuerdo los acordes, busco en YouTube la hermosísima versión de Fine & Agathe (probablemente la gente cree en ángeles porque existen personas como ellas) y, buscando más, en uno de los enlaces a la derecha aparece un vídeo titulado sólo "Tom Waits Cover", que supongo otra versión de la canción, así que pincho y me encuentro con esto:



Es otra canción de Tom, una que no conozco, titulada obviamente "I Hope that I don't Fall in Love with You"... y antes de escuchar la segunda estrofa ya estoy haciendo una adaptación en español. Le doy a pausa y me obsesiono. Busco la letra y voy intentando traducir sentimientos, ideas. Me entra hambre y como masticando versos. La completo...

...y entonces la piedra vuelve a rodar camino abajo: intento grabar la canción y soy incapaz de afinar. Lo intento una y otra vez, hasta que la garganta me duele y tengo que parar de cantar porque, si no, no voy a ser capaz siquiera de hablar.

Hay infiernos peores. Lo sé. Este es el mío de momento.

PS: Condenado al silencio, me dedico a navegar desde una silla ergonómica y descubro esta otra maravilla:

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
5:13 p. m. | Comentarios (3)

El ukelele de Tom Waits

~ domingo, marzo 15, 2009 ~

Ayer estaba buscando versiones de Innocent When You Dream en YouTube, porque no acabo de pillar el estribillo, y encontré una muy buena. Pero hubo algo mejor: mirando otros vídeos del mismo usuario, descubrí una maravillosa canción de Tom Waits que no conocía, "Green Grass", y tuve que hacer una adaptación en español. La versión con ukele que me la descubrió es impresionante:



Cibelle también ha hecho una versión con un vídeo muy hermoso:


Cibelle - Green Grass - Official Video from Gustavo Guimarães on Vimeo.

Pero si se quiere algo más animado, nada mejor que este otro vídeo con ukele:



Es increíble la versatilidad que tiene un instrumento aparentemente tan sencillo.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
10:08 p. m. | Comentarios (0)

El saxo está borracho

~ domingo, marzo 02, 2008 ~

Han sido días muy intensos. Durante más de una semana, aparte del trabajo habitual, empezando el segundo cuatrimestre, tuve ensayo todos los días, algunos días incluso dos, o ensayo y concierto. Algunos fueron con Marienbad, pero la mayoría fueron con Kozmics: había que preparar nuestros primeros conciertos.

El resultado ha sido inmejorable. De los dos conciertos —¡y de muchos ensayos!— salí con un subidón.

Uno de los momentos mágicos del primer concierto fue "El saxo está borracho", adaptación del "The Piano Has Been Drinking" de Tom Waits que hice en la época que escribí un texto contra él. Juzgad por vosotros mismos:



He estado una semana haciendo el vídeo, he escuchado la canción cientos de veces, he visto las imágenes casi fotograma a fotograma, y no me canso y cada vez me gusta más. Sé que es mejorable, pero ese día hubo también una magia que tal vez sea irrepetible. No creáis que habíamos tocado la canción tantas veces: hay muchos momentos en que nos sorprendíamos unos a otros.

Fijáos en las miradas, en cómo Dani se da rápidamente la vuelta cuando Pablo responde por primera vez a la voz, en la sonrisa de Mayte mientras interpreta esa canción como yo la imaginé, como una Billie Holiday moderna; fijáos en la forma de subir el brazo de Gíbor para dejar caer la baqueta con un golpe contundente sobre la caja, en cómo juega con el chaston, en cómo hace mucho más que ritmo con la batería, y así todo tiene tiempo a jugar y lanzarle un sombrero a Pablo; fijaos en cómo cantamos todos con Mayte mientras tocamos; fijaos en cómo brilla la guitarra de Dani, en cómo hace un dibujo irónico en la estrofa de los camareros, fijaos en mi sonrisa de oreja a oreja después y tantas veces durante la canción; y fijaos en el saxo, en cómo se burla, en cómo seduce, en cómo contesta a Mayte, y en el solo final llega a la extenuación... ¡Del público se oye al final un «¡Muy bien!» que se nota salido del alma!

Estoy orgullosísimo de participar en algo así, ¿se nota?

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
5:32 p. m. | Comentarios (5)

Estética de un inepto

~ domingo, noviembre 25, 2007 ~

Me han escrito un mensaje para decirme que me dedique a sacar canciones, que lo hago muy bien, y no a escribir, para lo que soy un inepto. Lo decían por mi crítica al Calamaro de "El salmón" (crítica a la que critiqué yo mismo al publicarla, por cierto). Por supuesto, eso ha tenido como consecuencia que me apetezca todavía más escribir. (Ahora entiendo por qué dicen que hay que educar con refuerzos positivos y no con negativos: tal vez si sólo me hubieran felicitado por sacar canciones ahora mismo estuviera sacando más, en lugar de persistir en esto que me gusta tanto de juntar palabras...)

Curiosamente ayer estuve escribiendo otro texto que incide en alguna de las posiciones estéticas que estaban en aquel escrito sobre Calamaro. Y voy a aprovechar para sacar de la nevera otro texto sobre Tom Waits en la misma línea. Tengo que decir, sin embargo, en esta autocrítica que tanto me gusta hacer, que el texto de ayer está escrito bajo un ataque pasional -esa necesidad urgente de comunicar algo-, como el de Tom Waits, pero pasado por el tamiz de la razón, siendo el resultado de muchos años de pensar sobre lo mismo, mientras que el texto antiguo no pasó el corte de la razón ya casi nada más escribirlo: no creo en lo que pone, o más bien creo que no conozco lo suficiente la obra de Tom Waits para realizar ningún juicio. Sin embargo, disfruté escribiéndolo y me hace gracia leerlo.

Pero antes de publicarlos, voy a perseverar un poco más en esto que se me da tan mal, reflexionando al hilo de lo que sentí al recibir el mensaje y lo que pensé después. Al principio, me dolió. Que alguien te escriba un mensaje para decirte que eres muy malo haciendo algo no creo que sea buena señal. Por lo menos, has herido de alguna manera a alguien. Más tarde entendí la situación: el mensaje "contra" mí surgió del mismo impulso que me movió a mí a escribir el texto "contra" Calamaro, el no estar de acuerdo con algo y necesitar comunicarlo.

Suelo afirmar que lo que más me gusta en el mundo -puede que incluso más que el sexo y el Nesquik- es la verdad, buscar la verdad. Por eso no me gusta escribir lo primero que siento. Por eso me pregunto por el valor de mis escritos. Y por el valor del arte en general. La estética como parte de la filosofía siempre me ha atraído, aunque creo que no he leído nada directamente sobre ello. Por eso ni siquiera estoy seguro de si la estética, como creo, trata de encontrar los criterios para determinar lo que es bello y lo que no.

Me conozco y sé también que tengo una vocación universalista, que podría considerarse también una vocación totalitarista: si me dejo llevar por mis sentimientos, creo que sólo existe una verdad; por supuesto, la que yo veo. Afortunadamente, la mayor parte de las veces le doy una oportunidad a mi razón y filtro los sentimientos. Para mejorarlos. En contra de la posición rousseauniana de que lo mejor es seguir al corazón, que somos buenos por naturaleza y es la sociedad la que nos pervierte, yo creo que la sociedad muchas veces nos hace mejores -nos hace humanos, en el sentido aristotélico de que somos animales políticos, y se sabe que un niño aislado no aprende ni a hablar- y que la razón es una de las mejores facultades de los humanos. Lo siento por los Románticos, lo siento por los Existencialistas, yo me quedé en la Ilustración.

Puff, ya veo que me estoy metiendo en berenjenales que no vienen a cuento. Lo que quería decir es que no tengo claro si cabe la posibilidad de unos criterios estéticos absolutos, aunque sean mínimos (bueno, unos mínimos sí creo que los hay: lo que destruye a otras personas no puede ser bueno). Mientras tanto, intento razonar mis criterios estéticos subjetivos, e intento ser tolerante con los de los demás.

Pero hay dos tipos de tolerancia: una es tolerar que a alguien no le guste lo que a ti te parece maravilloso; otra es tolerar que a alguien le guste lo que a ti te parece basura. La primera la llevo bastante bien. Justifico que haya gente que no encuentre bello lo que yo porque tengo la sensación de que hay tanta belleza en el mundo que es normal que no puedas apreciarla toda. Por eso no me siento mal por que no me guste la música clásica, por ejemplo. Ni me parece mal que a mis amigo no les guste Quique González. Ellos se lo pierden. Ya disfrutarán de otras cosas.

El segundo tipo de tolerancia lo llevo peor. Cuando sientes que algo es una mierda, cuesta trabajo apreciar a quien le gusta eso. O al menos a mí me cuesta. Lo que no quiere decir que muchas veces lo consiga a pesar de todo.

Y por acabar esta digresión absurda y sin embargo necesaria -para mí-, tengo que añadir que tiendo a hacer juicios morales. En el fondo, creo que hay una relación entre la estética y la ética (y de verdad que me gustaría evitar el juego de palabras, porque me parece que está muy gastado, pero no se me ocurre otra forma de decirlo) y, por ejemplo, en mi rechazo del Calamaro de "El salmón" hay, además del rechazo a la estética, el rechazo a la posición ética de aceptación de las drogas, de enfrentamiento a la sociedad, de abandono a la violencia, a las pasiones, a la espontaneidad como autenticidad que creo que subyace en la obra.

Acabo de verdad. Me releo. No sé si se entiende. No sé si me entiendo. No sé si es cierto lo que digo. Sólo sé que lo he intentado. Y que seguiré intentándolo. Porque lo necesito.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
8:22 p. m. | Comentarios (9)

No hay mayor éxito que el fracaso y el fracaso no es en absoluto éxito

En la magnífica serie del disco de la semana que dedicaron en Canal+ a Quique González (más buscando), el madrileño dice: "Supongo que tiene más cosas que contar un tipo así con pinta de... no sé... con una mochila en la barra de un bar a un corbata con gin-tonic a las 6 después de la oficina y peinado ahí, impresionantemente, perfecto y con un BMW en la puerta. Seguro que el tío de la mochila tiene una canción más interesante que el otro". Pero al final parece darse cuenta de que eso es una gilipollez y rectifica: "Aunque todo depende del punto de vista desde el que lo mires, claro".

Cada día me revienta más el tópico de que el fracaso es donde se esconde lo auténtico, o la belleza. Puede que Kerouack arrancase sus palabras a recién nacidos (Natalie Merchan dixit). Puede que Bukowski haya escrito una frase tan certera como "Pero nos han dejado un poco de música". Puede que el piano borracho de Tom Waits prenda las luces del alba con un encendedor metálico, cada día como una colilla encontrada. Pero no. Hay igual de belleza en cualquier éxito. Porque no hay éxito sin fracaso.

Puede que el maestro haya dejado escrito: "There's no success as failure, and failure is no success at all". Tonterías. Los triunfadores no existen. El hombre de la gomina puede llorar cada noche en la cama. O puede drogarse más que el chico de la mochila. O puede que no. Puede que se sienta bien. Puede que su único vicio sea rascarse la marca de los calcetines. Y así todo, puede tener una historia.

Todos nos vamos a morir. Nadie triunfa sobre la enfermedad, que siempre nos rodea. Cualquier historia de un supuesto triunfador está llena de días duros. La mitad de la gente a la que le toca la lotería acaba más pobre que antes. Hay tiburones en cualquier sitio. Majorana desapareció sin dejar rastro. Y triunfar no es menos digno que fracasar.

La gomina o los trajes no dicen nada sobre las historias que hay detrás. Ni las mochilas. Las personas somos lo que hay cuando te quitas la ropa. Y la piel.

Y quien puede sonreír es siempre un personaje con historia.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
8:11 p. m. | Comentarios (2)

The computer has been drinking

Esto fue escrito en agosto de 2005. No fue publicado entonces porque después de acabarlo me di cuenta de que estaba equivocado en muchas cosas: hacía suposiciones sobre la obra de Tom Waits, una obra que desconozco en su mayor parte.

No me gusta Tom Waits. Y es que no encuentro placer en las cosas desagradables.

Recuerdo la primera vez: hace años, animado por tantos comentarios que lo ponían como uno de los grandes, cogí en la biblioteca (de aquella no existían las redes P2P) el "Bone Machine". No fui capaz de escuchar casi nada: ¿Qué era aquella música sucia y afilada? ¿Alguien querría acostarse en una cama hecha de filos de latas oxidadas? ¿Alguien encuentra placer en contemplar la taza del water en un bar de carretera? Esas imágenes convocaron en mí aquellas canciones...

Luego está el aura de perdedor. Y yo odio la glorificación de los perdedores, esa estética del fracaso que heredamos del Romanticismo o de la novela negra o de yo qué sé; y no, no creo que el mundo es de color rosa, ni que se deban ocultar las miserias; pero hay algo más y tan absurdo como ocultar lo feo es olvidarse de lo bello, o hacer una estética que apele a un realismo sucio, a la parte más cruda de la realidad como única belleza, a la dureza como única postura digna, al cinismo como la más alta forma de inteligencia... No, me cansa todo eso y además me parece muy poco original. Y no sé por qué pero todo eso lo asocio con Tom Waits.

Por no hablar de que soy abstemio anónimo desde hace más de diez años...

Así que no me gusta Tom Waits. Pero últimamente me he obsesionado con dos canciones suyas.

La primera es la que cité el otro día, «Innocent when you dream», que en realidad viene a decir lo que pienso: que aunque si miras a la gente puedes ver muchas miserias, también es cierto que todos tenemos un fondo inocente. Es lo mismo que viene a decir Julio Bustamante desde el otro lado: «Incluso cuando lloramos, la vida ríe»; todo está bien, todo es bello, incluso la muerte, la tortura, los vómitos y todo lo que existe, igual que existen a los buenos momentos, los ojos que ríen, los perfumes que recuerdan, las piedras que reflejan el sol... Nosotros somos niños inocentes que no saben nada del mundo de los mayores. Y nunca llegaremos a saberlo: nuestra vida es demasiado corta como para entender la vida que lleva miles de años desarrollándose en esto que llamamos universo.

Sí, desvarío. Y voy a seguir desvariando un poco más...

Me dio por bajarme «Innocent when you dream» porque me acordé que fue lo que más me gustó de «Smoke», película que por lo demás recuerdo como anodina. Y me enganché en especial con esa estrofa que copié el otro día:

Running through the graveyard,
we laughed my friends and I.
We swore we'd be together
until the day we died...
until the day we died.

«Corriendo por el cementerio / nos reímos mis amigos y yo...» Así vamos: esta Tierra es un cementerio, el lugar en el que todos moriremos. Y sin embargo es un lugar para la risa. Mientras haya vida.

Me recordó a aquella canción de Ilegales:

Este es el lugar
donde están enterrados mis amigos.
¡Qué quietos ahora...
pero cuánto han corrido antes!

Y aunque también reniego de la pasión autodestructriva -como esa que se glorifica en el alcohol y las drogas-, creo que vivir siendo conscientes de la realidad y, al mismo tiempo, siendo inocentes, soñando cada noche, es el camino correcto. Y puede que no exista un camino correcto, pero yo no puedo dejar de buscarlo.

No recuerdo por qué luego me dio por bajarme «The Piano Has Been Drinking», aunque creo que porque lo leí por ahí en algún sitio y me pareció una frase genial. Y se convirtió en una nueva obsesión: en una tarde la escuché veinte veces y siempre volvía a sonreírme con esa frase que dice: «The carpet needs a haircut». Sí, lo repito de nuevo: no me gusta el alcohol, y sin embargo a veces me gustan cosas que me saben a whisky, a un whisky imaginario que me gusta como no me gusta el de verdad, cosas como la voz de Van Morrison, como algunos textos de Antonio Muñoz Molina o de Julio Cortázar, como algunas fotos de músicos de jazz, como ese local que evoca el piano borracho de Tom Waits...

Y juro que no he estado bebiendo. Ha sido el ordenador :-)

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
8:00 p. m. | Comentarios (1)

No voy a ser breve

~ miércoles, octubre 03, 2007 ~

Y tampoco voy a hacer una crítica de "Avería y Redención #7".

Este texto es una continuación del de ayer. Sirva de contestación a los que habéis comentado.

Estoy pensando mucho sobre el último disco de Quique, aunque todavía no lo he escuchado entero. Técnicamente sí lo he escuchado: ha pasado por mis orejas, pero, excepto las seis canciones que escuché ayer por la noche, ha sido mientras iba en autobús o andaba por la calle, no con el silencio y la concentración necesarios para apreciar de verdad la música. Y así todo tengo mucho que decir.

En las críticas en el foro oficial de Quique he visto reflejados en lula y nando algunas de las cosas que me pasan a mí. Por ejemplo, me parece el disco más innovador de Quique. Una de las grandes virtudes del madrileño es variar bastante el sonido en los discos, en especial en "Kamikazes Enamorados", pero en esta ocasión va más allá del asunto de la producción o los arreglos: ha cambiado la forma de cantar. Tan pronto intenta registros más agudos de lo habitual como más graves. También ha evolucionado en los temas con piano con respecto a los de "Kamikazes", todos muy similares.

Creo que en las letras ha tenido algunos grandes aciertos. Ya cuando las leí en la web sentí que eran muy crudas. Frases como el comienzo de "Trabajan en escenas de acción" ("Sólo llamas para saber cómo estoy / y tal vez estaría mejor / si no lo preguntaras tantas veces) o "La casa está vacía" ("¿Qué hacer con toda la ira que tenemos guardada? [...] ¿Qué voy a hacer con todos los cadáveres fríos, los amigos a los que fallé?") o "Trucos fáciles para días duros" ("Ahora todos estarán pensando mal") o "Número 7" ("Esta vez entrégate, pero hazlo de verdad") o "Avería y redención" ("Ya sé que lo intentaste todo y yo no")... Frases muy potentes y cargadas de una tristeza distinta a la que había en sus primeros discos.

Me parecen muy, muy buenas, pero no siento la conexión que podía sentir en tiempos pretéritos, tal vez porque ahora estoy en otra fase, tal vez porque habla de una rabia que yo no quiero sentir, pero también me he planteado que tiene algo que ver con que si en el primer disco de Quique podía identificarme con un tipo que se despertaba con las noticias de la radio, me cuesta más hacerlo con uno que en las primeras horas del día se cae con todo el equipo con una mujer que estaba de bajada de pastilla (estoy citando la letra de la versión single de "Pequeñas monedas y grandes mentiras"). E igual no tiene nada que ver con esto, porque ya he dicho que no estoy haciendo una crítica del disco, sino que quiero volcar aquí pensamientos que surgen a partir de no haberlo escuchado, mis reflexiones sin buscar la verdad; y esto que quiero decir y no acabo de hacerlo es que a veces pienso que no es bueno que los músicos sean sólo músicos, músicos profesionales, porque sólo acaban hablando de las cosas que les pasan a los músicos, que tienen mucho en común con las del resto de los mortales, pero hay algo fundamental que no. Eso mismo me pasa muchas veces con los escritores, que al final parece que sólo saben hablar de escritores, como en tantas novelas de Stephen King. Porque si se quiere ser sincero, sólo se puede hablar de uno mismo.

Ya he dejado de pensar. Ahora los dedos van disparados y que salga lo que salga. Este soy yo. O uno de mis yo.

Vuelvo al asunto del esfuerzo obvio y manifiesto de intentar hacer algo distinto. Me parece loable. No lo digo como frase hecha: de verdad que es una cosa que admiro y que creo necesario en cualquier artista serio. Pero siempre he estado en contra de la "estética de la originalidad". (Nota al margen: Mientras escribo esto, escucho por primera vez "Dos ladridos" y nando pone un comentario hablando de esa canción.) La originalidad me parece un valor muy importante en el arte. Pero no el único valor. La mierda original no deja de ser mierda. José Antonio Marina lo explica muy bien en su "Elogio y refutación del ingenio", incluso aludiendo a ese ejemplo exacto: los artistas rompedores que se creen muy originales utilizando su propia mierda en las obras... sin saber que ya lo han hecho muchos antes.

Por supuesto, no estoy diciendo que Quique haya hecho mierda, ni muchísimo menos. Sólo digo que no vale cualquier originalidad. Y hay una que me quema mucho: lo de la batería. Porque además es exactamente lo mismo que critiqué en su momento de Calamaro (por aquí, en el fragmento titulado "Sincero pero ingenuo"): parar de tocar de repente como efecto innovador. Lo siento, pero no: a mí eso me recuerda a los ensayos cuando alguien para porque está perdido. Hacer un ritmo nuevo que no puedas quitarte de la cabeza, un break diferente, sí es crear algo original. Parar sin más es lo más fácil del mundo.

Yo es que con las baterías soy muy maniático. Creo que todo un disco de Sade, "Lovers Rock", está estropeado por el sonido de la batería, y que la moda que se implantó en los años 90 del siglo pasado de cortar en seco los sonidos, a lo Fugees, es una cagada.

Cuando ayer hablaba de los "ruiditos" ya no sé a qué me refería en concreto. Hay una cosa curiosa: en "Kamikazes enamorados" se oye por ejemplo el ruido de la silla y, en una producción para mí original y bellísima, consigue que se sienta el aire que hay alrededor de los músicos. A mí en su momento me sorprendió (si hubiera conocido a Damien Rice o a Ryan Adams, hubiera tenido al menos alguna otra referencia similar) y me parece maravilloso. Sin embargo, estos días escuchando los singles que están grabados a pelo, hay alguno, ahora no recuerdo cuál, en el que tuve que quitarme los cascos porque no me quedaba claro si el ruido fastidioso que estaba oyendo era de la calle o de la grabación. Era lo segundo. Y molestaba. Vale, se olvidaba que es una especie de maqueta.

Y otra cosa que he pensado que tampoco tiene que ver con el disco: el uso de la dinámica el rock. Es bien sabido, y últimamente ha habido varios artículos sobre el tema, que en el rock y el pop ha habido un movimiento hacia la música cada vez con menos dinámica, aumentando la compresión todo lo posible, lo que tiene como resultado un sonido muy plano. Alguna vez he dicho que no me gusta la música clásica precisamente por lo contrario, porque hay muchas diferencias de volumen. Sin embargo, cuando empecé a tocar en un grupo de jazz, empecé a apreciar el volumen como un matiz más con el que se puede crear música. Por supuesto, también puede ser un efecto del que abusar, pasando a ser efectista, como nosotros lo éramos muchas veces: en cuántas canciones, cuando no se nos ocurría que hacer, acabábamos metiendo una bajada de volumen. En estas nuevas canciones de Quique hay varios sitios donde juega a lo mismo. Todavía no sé si con acierto o no.

También critiqué en el escrito contra Calamaro las canciones demasiado cortas. La primera vez que escuché "Pequeñas monedas y grandes mentiras", cuando acabó pegué un respingo: ¿cómo se había acabado ya? Yo necesito los tres minutos para meterme en la canción, para llegar a sentir, que es para lo que escucho música. Hay otras canciones en el disco demasiado cortas. Por supuesto que alargar por alargar es absurdo; lo que hay que hacer es alargar con algo que no sea un alargamiento: completar la canción.

Y después de hacer estas dos críticas, sobre las paradas en las canciones y la duración, tengo que decir que la canción mía en la que más he trabajado en años y de las que más me gustan dura dos minutos y tiene una parada similar a las que hace Quique. Pero de verdad desde mi punto de vista es mejor así que de otra forma. Quique creerá lo mismo de las suyas. Pero yo no.

Otra cosa que no me gusta (¡viva lo positivo!), es el sonido de guitarra. Mi perverso gusto para las producciones del que hablaba ayer es el gusto del clásico "muro de sonido": capas y capas de instrumentos que llenan la canción. Ese es el tipo de producción sobre el que está construido "Personal" y, desde mi punto de vista, es un muro de una solidez, y una belleza, increíble. Carlos Raya se lució juntando líneas de guitarra. Es un maestro en eso. "Salitre 48" es diferente por las condiciones en las que se grabó y tiene un sonido particular y mágico. "Pájaros mojados" es un intento de muro de sonido distinto, basado en el piano, los metales y guitarras menos distorsionadas... que a mí no me gusta. "Kamikazes" crea un muro de aire, sin baterías ni bajos, trenzado con mandolinas y mantos de guitarras slide. En "La noche americana" ya no hay muro: el sonido de la batería, las pocas guitarras y su distorsión cruda, el bajo de líneas más destacadas, todo hace que suene distinto, camino de este "Avería y redención #7" donde Pedreira utiliza su propio sonido y sus propios trucos, muy distintos de los de Carlos. Aunque el sonido me resultó muy parecido a "La noche americana" cuando escuché "Hay partida", ahora aprecio que es muy distinto. El tipo de reverb por ejemplo que mete en "Backliners" hace que la guitarra suene lejana. Esa sola guitarra, excepto cuando mete ruiditos, deja un vacío que no me gusta.

Podría ser "horror vacui" por mi parte, pero es más bien no desear esa distancia. Una distancia cruda, ruda... no me salen los adjetivos, algo que no me gusta. El guitarrista acaricia cicatrices. Pero con una cuchilla oxidada.

No me gustan las cuchillas oxidadas, la suciedad, la estética de la maldad, la de las drogas, el "Bone Machine" de Tom Waits... Es curioso, en diseño de páginas web me gusta that wicked worn look, pero como ya dije en el texto de Calamaro, una cosa es la distorsión de AC/DC y otra cosa son otras distorsiones.

Ya no sé por dónde iba...

Quería hablar del indie. 7 puso un comentario a la entrada anterior que me dejó acojonado: ¿cómo ese desconocido me había entendido perfectamente? Lo único en lo que pensé que no acertaba era en lo de que a mí no me guste porque los mercenarios sean indies: yo toco en un grupo indie. Luego me di cuenta de que él, 7, lo sabía mejor que nadie y que me conoce como poca gente puede conocerme. El caso es que Quique habló de eso en esta entrevista:

Entrevistador: Sí, no se si estarás de acuerdo conmigo pero creo que es tu disco más alternativo, menos clásico, incluso un poco indie.

Quique: No, para mi no es en absoluto indie, eso para mí es algo peyorativo


¡A Quique sí que no le gusta el indie! Yo creo que él rechaza tanto como yo los músicos sin recursos, que a veces eso es lo que parece el indie, aunque imagino que podrá apreciar, como yo, los músicos que a pesar de la falta de recursos tienen algo especial. En cualquier caso, le guste o no, el disco suena más indie que un disco producido por Carlos Raya.

Y vuelvo al asunto de mis perversos gustos en las producciones: yo escuchaba las canciones de Vega, la artista de Operación Triunfo, y me gustaba el sonido, aunque era de sota, caballo y rey, lo más convencional del mundo, pero bien hecho. El problema es que las canciones no iban a ningún lado. Y hay casos contrarios: hace poco estuve escuchando el disco de Pablo Moro, al que descubrí en un concierto de Quique hace muchos años, y quedé sorprendido del gran error (como siempre que hago juicios, estoy hablando desde mi estúpido punto de vista) que habían cometido: en directo sonaba en una línea como Quique o como Revolver, pero la producción tipo "Operación Triunfo" de saldo que le pusieron eliminó lo que hubiese de bueno en sus canciones.

Y es que el artista camina por una cuerda floja, tanto en esto como en lo de la originalidad...

Hoy no me pienso cortar... ¿Qué más quería decir...?

Ah, otra de las cosas que dice 7: lo de que los músicos pueden aportar o estropear las canciones. Yo tengo la sensación de que las canciones de Quique de este disco son netamente superiores a las de "La noche americana", pero que el conjunto de los arreglos, hechos democráticamente, las han rebajado. Muchas canciones serían mejor él solo con guitarra o piano, como dice muy bien nando.

Y más: el Quique de ahora me recuerda al Drexler de "Sea" o "Frontera". Entonces el uruguayo estaba buscando un sonido nuevo y estropeó algunas buenas canciones con arreglos que se perdían en la búsqueda de la originalidad sin encontrar la belleza. Pero tuvo que hacerlo para llegar a las obras maestras que son "Eco" y "12 segundos de oscuridad". Ahí encontró (no, no encontró, creó con su esfuerzo) algo totalmente nuevo y bello, con el equilibrio justo. Creo que ese es el camino que lleva Quique. Y me encanta que lo siga intentando.

Y ahora voy a escuchar un poco el disco, aunque a estas horas no aguantaré mucho...

Hoy va el texto sin revisar y que sea lo que dios quiera...

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
9:29 p. m. | Comentarios (14)