Escritos sobre música




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El fin de un Gijón

~ jueves, enero 12, 2012 ~

Han destituido a José Luis Cienfuegos, el director del Festival Internacional de Cine de Gijón desde 1995 hasta ayer. Le avisaron cinco minutos antes de hacerlo público. Justo el año en el que le tocaba organizar la 50 edición. No le dedicaron palabras de agradecimiento. Se las merecía. Mucho.

Como justamente recuerda él en su contenido, digno y profesional comunicado (PDF), el Festival no estuvo siempre ahí. Cuando él llegó, era un festival infantil y juvenil para 10.000 espectadores. Ahora es un festival para todos los públicos, que llena las salas con 75.000 personas que pueden disfrutar durante una semana de cine imposible de ver en una ciudad como esta de otra forma. Como para tantas otras cosas, los asturianos tenemos que irnos a Madrid, como mínimo, para poder ver cine en versión original en pantalla grande.

Yo entiendo que los actuales gobernantes prefieran otro tipo de cultura, aunque no la comparta: para mí, lo de menos en el cine son las alfombras rojas de las que habló el nuevo director. Lo que no entiendo es que se arriesguen a cambiar lo que funciona y, además, con estas formas.

Siento pena porque demuestran que somos poco civilizados, incapaces de reconocer en los otros cualquier acierto, haciendo del que piensa diferente un enemigo al que aniquilar sin siquiera dar las gracias por el bien que nos hizo. Y Cienfuegos ha hecho mucho por Gijón.

Me molesta también que una de las mayores justificaciones de los cambios sean hacer del festival el «vehículo propulsor y el escaparate fuera de nuestras fronteras de una creciente industria audiovisual asturiana» cuando son los mismos que se están cargando la Televisión del Principado de Asturias, y no golpeando a la Fórmula 1 y al fútbol, sino a los trabajadores de esa industria audiovisual asturiana que dicen defender. Y, además, parecen olvidar que también se ha apoyado el cine de aquí: yo he estado en las noches de cortos asturianos. No hay para organizar noches de largos.

Emociona ver la reacción de muchos que nos sentimos identificados con el Festival tal como Cienfuegos lo construyó. Es el reflejo de cierto Gijón, ese que en lo musical, para bien o para mal, es conocido fuera de Asturias casi sólo por el Xixón Sound y sus hijos, que siempre estuvieron cerca del evento. Un Gijón que, sin olvidar que es una pequeña ciudad de la costa norte de España, mira a lo lejos y no quiere asimilarse a la cultura de consumo más comercial y tosca.

Todavía recuerdo la primera película que vi en el Festival, en 1986, cuando todavía era infantil y juvenil: Made in U.S.A, una road movie que, como ocurre muchas veces cuando te atreves a probar sabores extraños, no me gustó. Pero me marcó. He crecido con el Festival.

Llegaron muchos otros momentos. Y no sólo cine. En lo musical, este gijonés ha vivido momentos irrepetibles: los conciertos de los grupos locales homenajeando las bandas sonoras, un año las internacionales y otro, las nacionales; mi primer concierto como guitarrista, con Marienbad teloneando a Lori Meyers, en esa oportunidad que durante años brindó el Festival de que grupos asturianos desconocidos compartiesen cartel con otros mucho más emblemáticos; el documental sobre Laboratorio Ñ que se estrenó y prácticamente sólo se vio aquí, siendo un documento sobre un momento de cambio para algunos artistas importantes de España (Quique González, Iván Ferreiro, Xoel López, Pereza) que tiene valor cultural con mayúsculas, y acompañado por un concierto único; y documentales sobre Loquillo, Joe Strummer, los Ramones o los músicos islandeses... La metáfora está gastada pero es muy acertada: una ventana al mundo. O, si se me permite la falta de ingenio, unas gafas de pasta para ver más allá.

Duele contemplar cómo poco a poco destruyen lo mejor de Gijón, lo que funciona, lo que costó mucho construir, lo que guardaba por igual los buenos recuerdos y los sueños de futuro.

Una de las cosas que de siempre más me ha gustado de Gijón es la posibilidad que hemos tenido durante años de disfrutar de auténticas joyas culturales. Esto no es Berlín, pero ha venido gente muy grande. La Semana Negra, tan criticada, en ocasiones con razón (ha dado tristes muestras de incivilidad), me permitió ver a Chucho Valdés al frente de Irakere, a Arturo Sandoval, a Kiko Veneno con Raimundo Amador, a Juan Perro antes de que sacase su primer disco. Los conciertos de la Plaza Mayor con los que acaban este año me dieron el placer de ver a Maite Martín, Carmen París, Jorge Pardo, Carles Benavent y Tino di Geraldo. En los conciertos del Naútico bailé una noche bajo un paraguas al son de Omara Portuondo. Y también cosas interesantes pero que no me gustaron en todos los escenarios: Radio Tarifa, Yann Tiersen, Gotan Project...

Para los que acusan a los organizadores de todo esto de culturetas, les recuerdo que el cine comercial está ahí todos los días y que por cada concierto de artistas no mayoritarios había uno masivo.

Así Gijón se labró una personalidad propia entre las ciudades del norte de España, donde lo mismo puedes disfrutar de Marta Sánchez que de Patti Smith.

Siento que se pierde ese Gijón y me da pena.

***

Dejo aquí imágenes de mi memoria que funden mi historia personal con la del Festival. En este vídeo Marienbad, grupo cinematográfico desde el nombre a los títulos de los discos, tocamos ante el cartel del FICXixón:

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
11:12 p. m. | Comentarios (1)

Algo monstruoso

~ lunes, julio 07, 2008 ~

Este fin de semana he visto «Some Kind of Monster», el documental sobre Metallica. Me pareció apasionante, aunque acabé con sentimientos encontrados.

Por un lado, es fascinante entrar en el proceso de grabación de un disco de un grupo de esas características. Ver todo: el Pro Tools, los amplis, los micros, las guitarras, el proceso de ensayo, la repetición de las tomas, la composición, el siempre dificilísimo trabajo de poner nombre (y pensar que fue una de las primeras cosas que hicieron Adán y Eva; aunque, claro, después de comer del árbol de la ciencia todo es más fácil), el no menos difícil trabajo de la selección... Los veía ahí, intentando componer en comité, y me recordaba a los tiempos en los que nosotros lo hicimos, en algún grupo en el que estaba hace diez años: sólo salieron letras hueras. Se sabe que el diseño por comité no funciona, y de ahí la vieja máxima de «Un camello es un caballo diseñado por un comité». No funciona porque luchan los egos y, sobre todo, las inseguridades: quién se atreve a exponer su alma en tiempo real ante cinco personas, sin tiempo para buscar una mínima pieza con la que cubrirse, una excusa al menos, un "esta es una canción que hice un día que me aburría" que esconda que esa canción habla de lo que más te importa. Yo creo que sólo funcionan las canciones sin vergüenza y eso nunca saldrá de un comité, que siempre se inclina por lo que menos moleste.

Metallica se han convertido en un blanco fácil, como la SGAE, por aquello de que demandaron a Napster. ¿Pero realmente es el dinero lo que les mueve? Lo pensaba el otro día también con respecto a Bill Gates y su retirada: ¿por qué no abandonó mucho antes? También es un blanco habitual de las masas de internautas supuestamente entendidos, pero ¿es realmente la codicia lo que lo mueve? ¿O es el placer de hacer aquello para lo que crees que has nacido? ¿O es sólo el ego, una sustitución del amor que no encuentras en ti? En «Some Kind of Monster» se veían claramente las luchas de egos. Y de lo más increíble fue la entrevista con David Mustaine, diciendo que todavía estaba dolido por aquello que pasó hace tantos años y que el éxito de Megadeth no le compensaba. Los seres humanos somos ciertamente seres absurdos.

Pero la parte que no me gusta de la película es que me pareció estar viendo un Operación Triunfo del heavy, un reality show obsceno, morboso y, en última instancia, falso: la vida real nunca es la que ocurre delante de la cámara. Hace años que reniego de esa mezcla de ficción y realidad que también se ha puesto de moda en la literatura. Porque me parece engañosa. Siempre busco la verdad. Y la ficción puede ser más real que supuestas realidades.

Después de ver el documental, no quedan ganas de ver en concierto a Metallica. Sin embargo, en un lejano 1991 yo fui a un concierto a ver, sobre todo, a mis ídolos del momento y de muchos años, AC/DC... y Metallica me gustaron más, a pesar de mi fanatismo, que no debía de ser tanto como pensaba. O tal vez por eso: porque cuanto más grandes los sueños, mayores las decepciones.

En cualquier caso, ahora ya no se me pasa por la cabeza escuchar discos nuevos de Metallica. Ya en aquella época consideraba al disco negro una obra menor y mi disco favorito era el primero, «Kill 'Em All», ese en el que aparecían en una foto en la contraportada con cara de mala leche... o de pizza con pepperoni, por los granos. A veces ocurren cosas extrañas, como llegar una noche a Bradford, no poder quitarte de la cabeza el estribillo de «Jump in the Fire»... y descubrir que el hombre que te va a acoger en su casa durante un mes es un antiguo bombero cojo.

Cuando acabó el documental, le cambié las cuerdas al bajo para prepararme para la inminente gira de Kozmics. Tal vez era una forma de homenaje a Cliff Burton...

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
11:45 p. m. | Comentarios (1)

La música del capitalismo

~ martes, marzo 11, 2008 ~

Por la tarde, en el ALSA, había visto "Dirty Dancing 2", que no sé si es más atentado musical o cinematográfico. Por la noche intenté ver la evolución de las votaciones. No pude. Me puse a hacer zapping, ese deporte que hacía tantos años que no practicaba, y caí en el canal Cosmo, donde echaban "Profesor Holland". La había visto hace años en el cine y sabía que tampoco era buena. Pero la volví a ver. Allí estaba, viendo a ese músico que se mete a profesor a disgusto y acaba viviendo tanto para las clases como para la música, mientras transcurre la historia reciente de Estados Unidos, y caí en la cuenta: la música del capitalismo es el rock. No, no es una música contra el sistema, es la música del sistema. Y cuando digo «rock», estoy utilizando un significado amplio que incluye también, por ejemplo, al punk.

(No me hagáis mucho caso: son esas cosas raras que se me ocurren a veces.)

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
11:00 p. m. | Comentarios (2)

Películas musicales

~ miércoles, enero 30, 2008 ~

Estoy volviendo a ver «The Commitments». La primera vez fue hace muchos años y en español. De aquella estaba aprendiendo a tocar. (Todavía sigo en ello, por cierto.) Es un peliculón: me río cada poco, y ¡vaya música!

¡Ya no se hacen películas como esta...! Bueno, sí, hay otra película reciente sobre música en Irlanda muy buena: «Once» («Una vez» en cristiano, no tiene que ver con el cupón). De hecho, comparten uno de los protagonistas, aunque si no lo hubiese leído por ahí, no lo sabría.

Casi siempre las películas sobre música son muy falsas. Pero hay algo que es verdad: estar en un grupo, tocar con otra gente es duro y maravilloso.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
12:45 a. m. | Comentarios (8)

The computer has been drinking

~ domingo, noviembre 25, 2007 ~

Esto fue escrito en agosto de 2005. No fue publicado entonces porque después de acabarlo me di cuenta de que estaba equivocado en muchas cosas: hacía suposiciones sobre la obra de Tom Waits, una obra que desconozco en su mayor parte.

No me gusta Tom Waits. Y es que no encuentro placer en las cosas desagradables.

Recuerdo la primera vez: hace años, animado por tantos comentarios que lo ponían como uno de los grandes, cogí en la biblioteca (de aquella no existían las redes P2P) el "Bone Machine". No fui capaz de escuchar casi nada: ¿Qué era aquella música sucia y afilada? ¿Alguien querría acostarse en una cama hecha de filos de latas oxidadas? ¿Alguien encuentra placer en contemplar la taza del water en un bar de carretera? Esas imágenes convocaron en mí aquellas canciones...

Luego está el aura de perdedor. Y yo odio la glorificación de los perdedores, esa estética del fracaso que heredamos del Romanticismo o de la novela negra o de yo qué sé; y no, no creo que el mundo es de color rosa, ni que se deban ocultar las miserias; pero hay algo más y tan absurdo como ocultar lo feo es olvidarse de lo bello, o hacer una estética que apele a un realismo sucio, a la parte más cruda de la realidad como única belleza, a la dureza como única postura digna, al cinismo como la más alta forma de inteligencia... No, me cansa todo eso y además me parece muy poco original. Y no sé por qué pero todo eso lo asocio con Tom Waits.

Por no hablar de que soy abstemio anónimo desde hace más de diez años...

Así que no me gusta Tom Waits. Pero últimamente me he obsesionado con dos canciones suyas.

La primera es la que cité el otro día, «Innocent when you dream», que en realidad viene a decir lo que pienso: que aunque si miras a la gente puedes ver muchas miserias, también es cierto que todos tenemos un fondo inocente. Es lo mismo que viene a decir Julio Bustamante desde el otro lado: «Incluso cuando lloramos, la vida ríe»; todo está bien, todo es bello, incluso la muerte, la tortura, los vómitos y todo lo que existe, igual que existen a los buenos momentos, los ojos que ríen, los perfumes que recuerdan, las piedras que reflejan el sol... Nosotros somos niños inocentes que no saben nada del mundo de los mayores. Y nunca llegaremos a saberlo: nuestra vida es demasiado corta como para entender la vida que lleva miles de años desarrollándose en esto que llamamos universo.

Sí, desvarío. Y voy a seguir desvariando un poco más...

Me dio por bajarme «Innocent when you dream» porque me acordé que fue lo que más me gustó de «Smoke», película que por lo demás recuerdo como anodina. Y me enganché en especial con esa estrofa que copié el otro día:

Running through the graveyard,
we laughed my friends and I.
We swore we'd be together
until the day we died...
until the day we died.

«Corriendo por el cementerio / nos reímos mis amigos y yo...» Así vamos: esta Tierra es un cementerio, el lugar en el que todos moriremos. Y sin embargo es un lugar para la risa. Mientras haya vida.

Me recordó a aquella canción de Ilegales:

Este es el lugar
donde están enterrados mis amigos.
¡Qué quietos ahora...
pero cuánto han corrido antes!

Y aunque también reniego de la pasión autodestructriva -como esa que se glorifica en el alcohol y las drogas-, creo que vivir siendo conscientes de la realidad y, al mismo tiempo, siendo inocentes, soñando cada noche, es el camino correcto. Y puede que no exista un camino correcto, pero yo no puedo dejar de buscarlo.

No recuerdo por qué luego me dio por bajarme «The Piano Has Been Drinking», aunque creo que porque lo leí por ahí en algún sitio y me pareció una frase genial. Y se convirtió en una nueva obsesión: en una tarde la escuché veinte veces y siempre volvía a sonreírme con esa frase que dice: «The carpet needs a haircut». Sí, lo repito de nuevo: no me gusta el alcohol, y sin embargo a veces me gustan cosas que me saben a whisky, a un whisky imaginario que me gusta como no me gusta el de verdad, cosas como la voz de Van Morrison, como algunos textos de Antonio Muñoz Molina o de Julio Cortázar, como algunas fotos de músicos de jazz, como ese local que evoca el piano borracho de Tom Waits...

Y juro que no he estado bebiendo. Ha sido el ordenador :-)

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
8:00 p. m. | Comentarios (1)