Escritos sobre música




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La muerte de algo atávico

~ jueves, julio 30, 2026 ~

 Ayer murió Glen Hansard en un accidente de moto. Es una gran pérdida.

Para mi, Glen representaba algo atávico: el bardo de la tribu que, con sus cantos, nos une, el aedo que guarda nuestra esencia.

No he escuchado demasiado sus canciones, en parte porque lo he descubierto ya en esta fase de la vida en la que no escucho música como cuando era joven, pero le vi un par de veces en directo y he quedado fascinado por alguna de sus interpretaciones que quedaron salvaguardadas en YouTube. Algunas eran canciones de otros, como este "Famous Blue Raincoat" que estudié para aprender a tocarla o este "Into the Mystic" con Marketa que compartí con un compañero cuando descubrí nuestro amor compartido por Van Morrison.

Todo él era atemporal. Su cara podría ser de una estatua griega. Pero tenía el indudable origen celta que su pelirrojo delataba.

Yo siempre he pensado que la música grabada, siendo la maravilla que es, nos hizo perder costumbres que estaban con los humanos desde tiempo inmemoriales: juntarse a hacer sonido juntos, vivos. No he estado nunca en Irlanda, pero tengo la sensación de que allí, como aquí entre los gitanos, perdura esa hermosa tradición. Ayer, pensando en Glen y su relación con lo celta, recordaba uno de los momentos más bonitos y únicos de mi vida: un sábado, con unos 16 años, salí por la noche de bares con mis amigos, como hacíamos todos los fines de semana. Bebimos un poco y estuvimos el Cerro Santa Catalina haciendo no sé qué: jugando, cayéndonos por allí, cosas de guajes semiborrachos, imagino. Luego bajamos a la zona de la ruta y fuimos a uno de nuestros bares favoritos: el Diañu Risón. Allí nos encontramos algo que no habíamos visto nunca: un grupo de amigos cantando en inglés. Creo que sólo tenían una especie de pandero para acompañarse. Yo, que en aquella época estaba en mi etapa heavy, quedé fascinado por aquel... iba a decir "espectáculo", pero no era eso, no era un "show", no era algo para otros, era algo entre todos, algo comunal. Quedé particularmente fascinado por una canción que decía algo de "the docks of New York city". Cuando llegó Internet, la busqué y periódicamente vuelvo a intentarlo, pero no aparece. Quizás recuerde mal la frase...

En cualquier caso, aquella experiencia me marcó. Yo crecí en el mundo moderno de una ciudad mediana del norte de España, y en mi vida la música era lo que sonaba en la radio o las cintas y vinilos que escuchaba en "la cadena". En directo, sólo era en conciertos en los que, con un montaje importante, en una ocasión especial, unos músicos interpretaban para nosotros, el público, algo claramente diferenciado, haciendo un repertorio totalmente ensayado y preparado. Lo del Diañu era otra cosa: cualquiera podía cantar e iban haciendo canciones según les apetecía. Nosotros estábamos allí entre aquellos amigos -era probablemente muy tarde, las dos o las tres de la madrugada, y sólo estaban ellos y nosotros- por casualidad, asistiendo a aquella fiesta con música. Y fue maravilloso. Cuarenta años más tarde, después de haber aprendido a tocar instrumentos, de haber asistido a miles de conciertos y haber tocado en cientos, sigo recordando esa noche en el Diañu...

Creo que Glen representaba eso, la música compartida. Él hacía conciertos, pero incluso sus conciertos tenían algo comunitario. Lo vi en la Sala Acapulco de Gijón y trajo al guitarrista que solía tocar con Leonard Cohen (un español) y, en un momento dado, también invitó a subirse a al escenario a un asturiano que había conocido en sus viajes y que salió de entre el público y tocó la flauta en algunas canciones. Aquí hay un vídeo grabado desde al lado de donde estábamos nosotros y están interpretando una canción que es muy adecuada para hoy: el "Passing Through" de Cohen que nos recuerda que sólo estamos de paso. Cuando lo vi en el Botánico, en un formato que me sorprendió por lo rockero, también llamó a alguien que estaba entre el público, unos amigos que se ven en este vídeo y un tal Darren que no acaba de salir, pero que al final pudo subir.

Ese congregar a la gente para hacer música se demostró recientemente en el funeral de Shane MacGowan, cuando organizó esa hermosa interpretación de "Fairy Tale of New York". Y también se demostraba con esa tradición que inició de, todas las Noches Buenas, tocar en la calle para sacar dinero para la gente sin hogar. Se preocupaba por su tribu, sus semejantes. Y aquello también no era sólo él e invitó a Damien Rice y Bono.

Es curioso también la mezcla de lo local y lo global: desde una tradición muy arraigada en un territorio, él tenía también ese punto de juglar que va de feria en feria, como los músicos ambulantes que tan bien retrataron Radio Futura en "El canto del gallo". Y hoy la tribu es global: iba por el mundo conectándonos a través de su arte.

Ayer, la humanidad perdió ayer un tesoro.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
9:07 a. m. | Comentarios (0)