Escritos sobre música




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Sonorama 2023. Día 4

~ domingo, agosto 27, 2023 ~

El sábado empezamos distinto a otros días: fuimos a un concierto de mañana, el de Jero Romero en el Centro Cultural Caja Burgos. Llegamos y ya había cola: muchos fans. Luego vimos entre el público a Iván Ferreiro y Miren Iza. Antes del concierto, Javier Asenjo dedicó unas palabras de admiración a Jero. Dio un concierto con temas de toda su carrera, acompañado por una buena banda.

Jero Romero en el Sonorama 2023

Dimos una vuelta por el pueblo, pero en las plazas en las que había conciertos no se cabía, así que decidimos ir a comer fuera de la ciudad y a descansar para prepararnos para la tarde/noche.

El primer concierto de la tarde fue Bely Basarte. No había todavía mucha gente, pero había fans muy entregados. No me convenció demasiado que llevaba muchas bases grabadas. Como suele ocurrir, de lo primero que prescinden es del bajo. Por otra parte, me llama la atención que esta gente joven hagan canciones con arreglos tan pop, a veces cercanos al easy-listening o al jazz smooth.

Bely Basarte en el Sonorama 2023

Tras una parada rápida para cenar, pronto porque nos interesaban muchos artistas posteriores, vimos desde lejos a Alizzz. Yo me esperaba a algo más "regatonero", pero era también muy pop, con toques de jazz o de música de baile. La banda era espectacular y sonaba de lujo. Me sorprendió que en casi todas las canciones las estrofas tuvieran la letra repetida. Me pareció un poco dejadez.

Alizz en Sonorama 2023

Luego venía el único artista anglosajón del cartel: Wilco. Ha sido uno de los grupos más importantes de las últimas décadas, referente para muchas bandas, pero la verdad es que yo nunca me he enganchado a su música y este concierto no lo cambió. Igual en parte es porque, aunque estábamos en cuarta fila, teníamos al lado a unas señoras hablando en círculo, pasando totalmente del concierto y molestando... Y, encima, hablaban de educación. En fin... Wilco me pareció que lo hacían bien. Me llamó la atención el guitarrista y la voz de Jezz Tweedy, pero, ya digo, no me llegan ni mucho menos me fascinan.

Wilco en el Sonorama 2023

Después fue el turno para Iván Ferreiro. Lo vimos desde lejos y ladeados, así que no sé si el mal sonido fue por nuestra posición. El sonido de la guitarra del guitarrista solista era chillón y en el resto vi bastante jaleo. Lo disfruté menos que otros conciertos suyos anteriores. Salió Javier Asenjo para que le cantasen el cumpleaños feliz y se abrazó a Iván.

Iván Ferreiro en el Sonorama 2023

Luego llegaría el plato fuerte de la noche: Amaral celebrando 25 años de carrera. Lo vimos un poco lejos, pero pudimos disfrutar de la lista de temazos que sonaron, algunos no muy habituales de sus conciertos, como ese "No sé qué hacer con mi vida" que siempre me recuerda a cuando compré mi primera casa sin tener mucha idea de si estaba haciendo lo correcto. Eva también explicó antes de tocar "Siento que te extraño" que es una canción que le cuesta interpretar y no suele hacerlo, pero que se la habían pedido mucho. También habló en contra de la violencia machista antes de "Salir corriendo". Sonaban de lujo y la gente lo estaba disfrutando mucho. Yo sentí el subidón y también las emociones que encojen el corazón. Incluso en la zona no muy cercana donde estábamos nosotros había gente cantando todas las canciones.

Empezaron los bises con "Marta, Sebas, Guille y los demás", cambiando la letra para hacer un guiño a Carolina Durante, que la habían versionado hace poco. Luego llegó el momento del que más se habló durante toda la semana posterior: Eva hizo un pequeño discurso recordando a otras artistas que habían sufrido censura recientemente, como Rocío, Zahara, Miren... y se quitó la parte de arriba del corpiño antes de lanzarse a una versión rabiosa de "Revolución". Fue muy emocionante y se notaba que a ella le costó en un primer momento, pero tiene muy claro lo que quiere decir y es una valiente que supera el miedo.

Acabaron con una canción nueva, que será para el próximo disco, "Ahí estás". En la primera escucha no me llamó mucho la atención, pero es difícil después de haber escuchado tantos temas enormes conocidos. Fue un concierto histórico, perfecto en lo musical, lo emocional y lo político.

Amaral en el Sonorama 2023

Luego, tras un pequeño avituallamiento, fuimos a ver a La Costa Brava. Ya estaban empezados, pero vimos casi toda la actuación. Resulta sorprendente cómo músicos que llevan toda la vida en esto suenan tan amateurs. En cualquier caso, tenían su público y sus canciones a mí siempre me sacan una sonrisa. Al final, intentaron interpretar "Treinta y tres", pero les cortaron el sonido, imagino que porque ya se habían pasado de hora.

Y ya era una hora muy avanzada para nosotros, después de haber disfrutado de siete conciertos en el día, así que nos fuimos al hotel a descansar.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
11:46 p. m. | Comentarios (0)

Sonorama 2023. Día 3

~ sábado, agosto 26, 2023 ~

Empezamos el tercer día del Sonorama Ribera 2023 viendo a Morgan en primera fila. Nunca olvidaré el concierto que les vimos dar en ese mismo escenario hace unos años con lluvia y frío. El de esta vez fue mucho más cómodo, y la música fue igual de buena. Empezaron con una canción de larga introducción, creo que "River", que me recordaba al "Brother in Arms" de Dire Straits: Paco López tiene algo de esa forma de arrastrar las notas que tiene Mark Knofler. Luego hicieron canciones más animadas, como "Thank You". En algunas, Nina se atrevió a ponerse en el centro del escenario, sin parapetarse tras el piano. David "Chuches" hizo algunos solos maravillosos. Creo que es la primera vez que les veo con el nuevo bajista y también con un músico extra con percusiones, teclado y guitarra, según la canción. Me gustó especialmente "Sargento de Hierro": me gustaría que hiciesen más letras en castellano.

Morgan en el Sonorama 2023

A continuación vimos a Ginebras desde lejos, porque queríamos coger sitio para el siguiente concierto. El suyo estaba a tope y el público lo pasó muy bien con su desparpajo, aunque yo me quedo con un momento en el que la cantante se sentó al piano y se la vio llorar de la emoción.

Ginebras en el Sonorama 2023

El siguiente concierto era el de Jorge Drexler. Era uno de los platos fuertes del festival, porque no es habitual ver al uruguayo tocando en este tipo de recintos. Adaptó su espectáculo a la situación y fue algo impresionante: recuerdo estar viéndolo y pensando qué distinta era la forma de disfrutar de la música que estaba sintiendo con respecto a El Drogas el día anterior. Con Drexler, disfruto de las reflexiones que hay en sus canciones, de su intentar ir por caminos no antes transitados por otros, pero sin dejar de lado la tradición. Empezó con "El plan maestro", la canción en la que metió "Mesoproterozoico" como un reto. Pero la que más me emocionó fue "Bolivia", ese homenaje a la gente que acoge refugiados. También me gustó, pero por razones distintas, "Algoritmo": una canción tan cerebral, hablando de temas que son poco tratados en el rock, e interpretada de manera muy divertida, con Drexler y el guitarrista poniéndose de rodillas ante el Algoritmo...

Otra de las cosas que me emociona de ver a Drexler es que se rodea de músicos excepcionales, empezando por Borja Barrueta, el único batería que hizo llorar. Cada uno tuvo su momento de lucimiento y fueron cambiando de posición y hasta de instrumento. En resumen, que la emoción en Drexler surge también de asistir a una demostración de lo que los humanos pueden alcanzar.

Jorge Drexler en el Sonorama 2023

Los siguientes fueron Viva Suecia. Los vimos muy ladeados porque estaba lleno. Hicieron un concierto de éxitos. Para uno de ellos, contaron con la colaboración de Ginebras.

Viva Suecia en el Sonorama 2023

Luego Javier Asenjo presentó uno de los momentos históricos del festival: la despedida de Second. Fue un concierto muy emotivo.

Second en el Sonorama 2023


Después, descansamos un poco y volvimos a meternos en el meollo para ver a otro clásico del festival: Sidonie. Hicieron un concierto muy divertido, con todo el mundo bailando y coreando sus canciones. Tuvieron además la colaboración de Ladilla Rusa en "No salgo más" y de una charanga de Aranda en "Carreteras infinitas".

Sidonie con Ladilla Rusa en el Sonorama 2023

Con eso, nos fuimos al hotel (por cierto, donde se alojaban los de Second), después de un día de ver muchos artistas increíbles uno detrás de otro: ¡vaya cartel!

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
10:28 p. m. | Comentarios (0)

Sonorama 2023. Día 2

~ domingo, agosto 13, 2023 ~

Con lo lejos que está el aparcamiento, llegamos un poco tarde al concierto de Las Odio y escuchamos desde la cola "Indie español". Pero me dio tiempo a ver unas cuantas canciones y disfrutar de un concierto divertido. Me gustó especialmente el sonido del bajo, muy bien definido. Acabaron con una versión del "Me gusta ser una zorra" de las Vulpes, aunque cambiaron lo de Lou Reed por una referencia a Abascal.

Luego fuimos a ver a El Drogas. Yo iba por nostalgia, por si tocaba alguna de las canciones que en mi adolescencia había escuchado tanto. No me esperaba lo que pasó. Tras una divertida introducción grabada, empezó a sonar el jaleo con risotadas que automáticamente identifiqué como el comienzo de "La silla eléctrica". Algo que llevaba 30 años dormido dentro de mí despertó, empecé a hacer headbanging como cuando tenía pelo en la cabeza y a cantar de memoria la letra que no había escuchado en décadas. Grabé un poco en vídeo para compartirlo con una amigo, creyendo que era de lo poco de Barricada que iba a sonar... Qué equivocado estaba: resulta que era un homenaje a la banda por su 40 aniversario y fueron todas suyas. Hubo momentos en los que no me salía la voz de la emoción. Agradecí llevar gafas de sol, porque lloré literalmente. No sé por qué: tal vez por la juventud perdida y todo eso que no va a volver, por todas aquellas noches solo en mi habitación escuchando "Arrastrando el cuerpo por la calle, como una cadena de presidiario", por los momentos de aburrimiento en el instituto escribiendo "Okupa", por mi primer concierto como adolescente, con mis primos, viendo a Barricada en la plaza de toros de Gijón...

Y las canciones siguen siendo igual de enormes entonces que ahora. La política convertida en himno, en música. Las letras encajando perfectamente con la melodía. La agresividad de la juventud con cierta ambigüedad: ya entonces pensaba en qué lugar en concreto se posicionaba "No hay tregua": "Nunca tendrán las armas la razón, / pero cuando se aprende a luchar por algo / también se aprende a defenderlo".

Y era muy curioso ver a mi alrededor a señores como yo y señoras, junto con algunos jóvenes, coreando esas canciones.

La banda, batería, bajo y sólo una guitarra, lo hicieron muy bien y sonó de lujo. Hubo algunas canciones, las más rock'n'roll, que no me convencieron del todo, y los arreglos de "A toda velocidad" también me chocaron, pero son detalles.

Voy a decenas de conciertos al año, y los disfruto de muchas formas, pero hacía muchísimo tiempo que no me sentía tan embargado de emociones...
El drogas en el Sonorama

Después nos fuimos a ver a Xoel López. Fue desde lejos. Estuvo bien, más centrado en los últimos discos. Me sorprendió que no hiciese "Que no", uno de los himnos oficiosos del Sonorama.
Xoel López en el Sonorama 2023

Luego nos fuimos a cenar. Lo que critiqué de la falta de mesas del día anterior, estaba arreglado: por lo que he leído en redes, no consideran el primer día como un día normal del festival, sino como una fiesta de bienvenida, y por eso no está todo montado.

Lo siguiente era Lori Meyers y tuvimos que verlos desde un lateral. De hecho, estábamos al lado del intérprete de signos: fue uno de los conciertos "adaptados", lo que incluía además subtítulos en las pantallas. Eso me dio por pensar que es otro magnífico ejemplo de como la accesibilidad nos ayuda a todos: las letras también nos ayudan a los que no tenemos problemas para oír pero sí para recordar las letras. Dieron un gran concierto, con sus himnos y con su público, porque son uno de los grupos referentes del Sonorama.

Lori Meyers en el Sonorama 2023

Sin descanso (es increíble cómo acaba un grupo en un escenario y casi mientras están acabando de saludar empieza el siguiente en el de al lado), comenzaron Miss Caffeina, que vimos desde más cerca. Llevan un espectáculo inspirado en la estética tecnológica japonesa, con las imágenes de la pantalla (me hizo gracia un momento en el que salía código en un lenguaje de programación inventado, pero con sentido) y el vestuario. Sus canciones estaban arregladas tirando hacia la electrónica de baile y eso fue lo que hicimos, bailar y disfrutar. Eso sí, vuelvo a criticar el exceso de grabaciones que llevan y que es algo cada vez más habitual en los conciertos "en directo".

Miss Cafeína en el Sonorama 2023

Otro cambio al escenario de al lado para ver una vez más a León Benavente, que hicieron un gran concierto, en su línea, aunque me dio la sensación de que en algún momento Abraham tenía más rabia de la habitual.

Ahí acabó la noche para nosotros: destrozados de tanto cantar y bailar, nos arrastramos de vuelta hasta el coche.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
2:21 p. m. | Comentarios (0)

Sonorama 2023. Día 1

~ jueves, agosto 10, 2023 ~

Un nuevo Sonorama Ribera, nuestro quinto. Como para no venir: parece que hacen el cartel seleccionando entre nuestros gustos...

El primer día no era muy fuerte, pero había cosas interesantes. No llegamos a primera hora, como otros años, así que ya estaba abierto. Tuvimos que esperar un poco de cola para recoger las pulseras, que este año se recogían directamente en el recinto principal. Está bastante similar al año pasado, pero el miércoles no estaba abierta la zona de los dos escenarios principales. Quizás por eso, aunque escuchamos a Javier Asenjo decir que habían reducido aforo, dio la sensación de agobio: en la zona de los escenarios había mucha gente. En la zona de comidas sí que no había colas, pero nos encontramos con una desagradable sorpresa: no había mesas. A mí me parece un fallo garrafal. Precisamente el año pasado mi mayor queja fue que no había más sitio para sentarse en general, no ya para comer, pero esto de tener que hacer equilibrios para comerte una hamburguesa de 12 euros...

Centrándonos en la música, la primera banda que vimos fue 30s40s50s, el extraño grupo que han montado Bely Basarte, David Otero y Tato Latorre. El sonido estaba basado en guitarras distorsionadas, entre el punk pop y el heavy. En la mayor parte de las canciones no había bajo, siendo suplido por un sonido de guitarra cargado de graves que llevaban a una bola y a falta de punch, incluso cuando había bajo. En general, no me gustó el sonido: además de lo dicho, entendía poco la voz y el teclado ni se notaba. Hicieron canciones suyas y una versión de "Zapatillas" de El Canto del Loco. Todavía no había mucha gente, pero los había con ganas de fiesta y se montaron hasta pequeños pogos. También se notó que los componentes del grupo lo estaban pasando muy bien.

30s40s50s en el Sonorama Ribera 2023

Lo siguiente fue Delafé y las Flores azules. Hace unos años vimos a Delafé solo. Esta vez volvía a reunirse con las Flores Azules y presentaron su gira 20 aniversario, aunque dijeron que ya estaban en el año 21. Aparte de Helena y Óscar a las voces, llevaban batería, sección de vientos y... No sé cómo definir al otro miembro del grupo: el que manejaba los ordenadores y creo que llevaba también un teclado. Dijeron que la guitarrista faltaba porque pilló Covid. Nuevamente, el sonido  no me convenció: a veces no se entendían las voces. En cualquier caso, también se lo pasaron bien ellos y el público. A mí me hipnotiza esa forma de moverse que tiene Óscar y me gusta que sean un grupo distinto, que se pongan como objetivo crear arte de los buenos sentimientos.

Delafé y las Flores Azules en el Sonorama Ribera 2023
Luego fuimos a cenar mientras tocaba Mr. Kilombo. No lo pudimos oír porque la zona de comidas estaba al lado del escenario DJs/comedia y llegaba una cacofonía mezcla de los dos escenarios.

Después fuimos a ver a Depedro. Salió a darlo todo desde el principio. Aquí el sonido sí fue muy bueno, pudiendo apreciarse todos los instrumentos y la perfección con la que manejan las dinámicas. Me sorprendió que en un festival virado al indie como es el Sonorama, los de Jairo tengan tanta aceptación. Pero es normal, porque lo que montan es una fiesta y había muchas ganas de eso entre el público.

Depedro en el Sonorama Ribera 2023

Los siguientes en el cartel eran Veintiuno. Como habíamos estado adelante en Depedro, estábamos lejos para este otro escenario y, con la gran cantidad de gente que había, era imposible acercarse. Intentamos verlo desde lejos, pero era una experiencia desagradable: la gente estaba de fiesta, prestando cero atención al grupo, y así no había manera de disfrutarlo. Como además estábamos cansados tras más de seis horas de pie, nos fuimos: tenemos ya una edad y hay que reservarse para otro día.


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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
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Sonorama 2022. Día 5

~ martes, agosto 16, 2022 ~

Este año el Sonorama se alargó un día más y nos pilló por sorpresa: tuvimos que buscarnos un alojamiento y lo más razonable que encontramos estaba en Burgos. Quizás por eso llegamos tarde al primer concierto que quería ver: La Frontera. Hace unos años los había visto por casualidad y me habían impresionado. Yo creía que era un grupo de Los 40 y descubrí que eran un grupo de rock americano muy solvente. Además, creía que sólo conocía un par de canciones y resulta que eran muchas más: además de "Pobre tahúr" y "En el límite" estaban "Juan Antonio Cortés", "Judas el miserable" o "Si el whiskey no te arruina, las mujeres lo harán". Esta vez me decepcionaron un poco: me pareció que Javier Andreu estaba en peor forma y a veces parecía que farfullaba. Pero otras veces su poderosa voz sonaba atronadora y hacía justicia a ese repertorio tan potente. Toda la banda sonaba muy bien, pero destacaba el guitarrista.



Luego vimos un poco de lejos a Fuel Fandango, a los que no conocía. No me atrajeron mucho, aunque parecían originales. Después fue el turno de Daniel Fernández, al que tampoco conocía. Lo estuve escuchando sentado al fondo: mi espalda no daba para más. Me pareció que lo hacía bien pero era muy estándar.

A continuación tocó Loquillo. Me gustaba mucho en la época de "A por ellos que son pocos y cobardes" y le he visto varias veces a lo largo de los años, pero últimamente su chulería a lo John Wayne (del que, por cierto, he estado leyendo estos días lo mala persona que era) me echa para atrás. Vi el principio del concierto, que empezó con canciones nuevas, incluyendo ese "El último clásico" que sigue esa línea de autobombo que tanto me repatea. Por supuesto, la banda era excelente y luego atacó los grandes éxitos, pero para entonces nosotros ya nos habíamos movido al otro escenario principal para coger un buen sitio para ver a Dorian.




Se nota que son uno de los grupos del festival, autores de uno de sus himnos oficiosos, "A cualquier otra parte". Dieron un buen concierto, aunque los graves molestaban y me pregunto hasta qué punto lanzan secuencias. En cualquier caso, lo pasamos muy bien cantando y bailando. Por cierto, el batería me pareció impresionante: tocaba con la precisión de una máquina pero siendo una persona.

Volvimos a cambiar de escenario y ya nos tuvimos que situar muy lejos para ver a La casa azul. Tampoco es un grupo que conozca, aunque ya los había visto en directo en el Gijón Sound Festival hace unos años. También me pregunté cuánto era pregrabado. La gente disfrutó de las canciones, pero a mí se he hacían todas muy parecidas: de hecho, cada vez que empezaba una creía que era la única que conozco un poco más, "La revolución sexual", que, cuando llegó por fin, fue el momento más intenso del concierto.



Y así acabó para nosotros este Sonorama, distinto por ser el primer festival "normal" tras la pandemia. También, el primero que decidimos no ir al pueblo: el cuerpo no nos aguanta tanto y, por otra parte, los conciertos más interesantes, que son los de la Plaza del Trigo, no se pueden ver por lo masificados que están.

Si podemos, volveremos el año que viene.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
4:24 p. m. | Comentarios (0)

Sonorama 2022. Día 4

~ lunes, agosto 15, 2022 ~

El día comenzó con la triste noticia de un muerto y 40 heridos en el Medusa Festival al caer una estructura por el viento. A veces me da por pensar en los peligros de estas aglomeraciones de gente y, aunque estoy seguro de que la organización hace todo lo posible para evitar los riesgos, viviendo nunca hay riesgo cero.

En Aranda también había viento y la organización lo solucionó retrasando todo una hora, hasta que pasó la alerta. La verdad es que funcionó muy bien.

Nosotros empezamos el día con el concierto de Rufus T. Firefly. Me habían sorprendido gratamente hace años en el escenario del camping y fue un placer verlos en uno de los principales. Son un grupo muy original, con claras influencias psicodélicas. Es hipnotizante ver tocar a Julia, su batería, que se coloca en la muy infrecuente posición de primera línea del escenario de lado. Además, su estilo tiene algo de antiguo, de primeros años 70, con numerosos breaks largos. Hay influencias de Bonham, pero también tiene de estilos de música que vinieron después como la música disco. Es curioso que tengan también un punto progresivo, como los Estanques, y que hayan colaborado con Annie B. Sweet, que salió a cantar con ellos un par de temas. Con muy buen sonido y mientras anochecía, pudimos disfrutar de momentos mágicos. Además, aprovecharon para acercarse más al público en algunos momentos usando la pasarela que extraordinariamente estaba colocada para el concierto de C. Tangana. 




Tras ir a cenar, esta vez con más lío en la zona de comidas porque era la noche con más aforo vendido, fuimos al concierto de Amaia. Tenía ganas pero la verdad es que me decepcionó un poco: sus canciones propias me dejan con ganas de más y me parece que los arreglos no tienen la suficiente fuerza. Creo que la única que es un temazo es "El encuentro", la que hizo con Alizzz. Cuando más me gusta Amaia, con diferencia, es cuando se sienta al piano y da rienda suelta a su maestría: tiene algo especial para expresarse sólo con piano y voz y para adaptar las canciones a ese formato. Eso sí, sus fans disfrutaron mucho del concierto y ella cantó perfecto y combinó el deslumbrante brillo de alguien salido de Operación Triunfo con su naturalidad y su amor y su talento descomunal para la música.




Nos saltamos la M.O.D.A, que también tenía muchos fans con sus camisetas de "Héroes del sábado", para intentar coger un sitio al menos decente para ver a C. Tangana, pero fue misión imposible: ni siquiera alejándonos muchísimo del escenario estábamos medio cómodos. Aunque no me atrae lo que hace el madrileño, me lo habían recomendado y tenía interés en verlo, pero tras un par de canciones sufriendo por las condiciones, decidimos trasladarnos al otro escenario para coger sitio para algo a priori más acorde con nuestros gustos: el Concierto 25 Aniversario. Mientras esperábamos, pudimos escuchar lo que hacía C. Tangana porque, aunque no emitían las imágenes, que sólo se veían en una pantalla gigante en el escenario donde estaba el artista, sí ponían el sonido. No sé si era igual que en el escenario principal, pero tenía algunos graves que lo estropeaban y había momentos en que no se escuchaba la voz. Me llamó la atención la orquesta, aunque me parece que participó poco, y la parte de la fiesta flamenca, donde se recuperaron muchos clásicos del nuevo flamenco o aledaños, como "No estamos locos" (Ketama, con la participación de Juan Carmona), "La alegría de vivir" (Ray Heredeia), "Noches de bohemia" (Navajita Plateá) o "Corazón partío" (Alejandro Sanz). También me gustó cuando sonaba música de inspiración cubana. En la parte final hizo el tema que más me gusta de los que he escuchado suyos, "Tú me dejaste de querer". En general, a pesar del despliegue de músicos, no me pareció para tanto, pero, por otra parte, tengo entendido que más que un concierto para escuchar es una performance para ver y yo no lo vi, así que no puedo juzgar.

El Concierto 25 Aniversario fue algo similar a lo que vimos en el 20 aniversario: Charlie Bautista dirigió a una banda que interpretó varios clásicos de la música en español con distintos cantantes. Cuando comenzó a presentar, los que teníamos al lado empezaron a gritar: "¿Y tú quién eres?". Nosotros, que tenemos como juego cada año contar a qué músico vemos más, si a Charlie Bautista  o a Ricky Falkner, les respondimos. Como novedad del concierto, esta vez la banda estaba compuesta toda por mujeres. No recuerdo todos los cantantes ni los temas, pero estuvieron el cantante de Arde Bogotá (haciendo "Club de fans de John Boy", de Love of Lesbian), el cantante de Shinova haciendo "Mi gran noche" de Raphael, Alberto de Miss Caffeína haciendo "Supersubmarina" del grupo del mismo nombre, Daniel Fernández interpretando "Qué voy a hacer" de Los Planetas, un chico y una chica que no recuerdo de dónde eran pero hicieron "Cómo hablar" de Amaral, Chica Sobresalto con uno de los himnos del Sonorama, "Toro" de El Columpio Asesino, Rocío Sáiz con "Devil Came to Me" de Dover, Vega con "No puedo vivir sin ti" de Los Ronaldos, la cantante de Kuve haciendo "La chica de ayer" de Nacha Pop, Marisa Valle Roso haciendo "Copenhague" de Vetusta Morla, Jordi Évole interpretando meritoriamente otro de los himnos del festival, "Emborracharme" de Lori Meyers, Xoel con su propio "Que no", que ya había hecho en el 20 aniversario, Mikel Erentxun haciendo "Cien gaviotas" y "En algún lugar" de Duncan Dhu, Shuarma haciendo "Te quiero" de Perales y todos juntos homenajeando a Jarabe de Palo con "Grita". Aunque el repertorio era bueno, el sonido no acompañó y a mí me dejó con un sabor agridulce: creo que una ocasión así merece más preparación. En cualquier caso, lo pasamos bien igual.



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Sonorama 2022. Día 3

~ sábado, agosto 13, 2022 ~

Tercer día del Sonorama. Esta vez planificamos mejor y llegamos al recinto a la hora prevista de apertura de puertas... que al final se retrasó 20 minutos.

En cualquier caso, pudimos ver a Ángel Stanich en primera fila muy ladeados. Sólo había escuchado alguna canción suelta y me echó para atrás la voz. En directo, tenía muchos fans y una banda muy buena que sonaba de lujo: todo superclarito, con partes diferenciadas y buenos arreglos de guitarra y teclado. El bajista tiene el mismo bajo que yo y me gustó mucho cómo sonaba. Las letras de Stanich parecen interesantes. Hay que escucharlas más. Pensaba que sería más cantautoril, pero fueron temas con mucho ritmo. Hubo una sorpresa: salió Mikel Erentxun en una canción, "Carbura". Tendría continuación más adelante, como veremos. Ángel acabó siendo llevado en volandas por el público.



El segundo concierto que vimos fue Vega. Tampoco la había escuchado mucho antes. Llevaba una banda solvente y tiene una voz grave y profunda. A mí no me llegó mucho, pero lo hizo bien.

Nos habíamos situado en primera fila muy ladeada para Vega pero conseguimos casi centro cuando se fueron sus fans. En lugar de ver la orquesta de Emil Kusturika, nos quedamos esperando para disfrutar desde esa posición privilegiada al siguiente artista en ese escenario: Mikel Erentxun. Salió con la misma banda con la que le vimos en el Casino de Gijón hace poco e hizo un concierto de grandes éxitos para adaptarse al formato de duración reducida que exigen los festivales. Sonaron "Mañana", "Cicatrices", "A un minuto de ti", "Cartas de amor", "Esta luz nunca se apagará" y algunos grandes éxitos de Duncan Dhu: "Cien gaviotas", "Rozando la eternidad" (junto con Stanich devolviendo la invitación), "Una calle de París", "Esos ojos negros" y, para rematar, un muy coreado "En algún lugar". No sé cuál sería la reacción general del festival porque yo estaba situado en medio de los fans, pero creo que fue muy bien recibido. Yo lo disfruté menos que en el concierto del Casino, que al ser en sala y más largo, y sólo con seguidores muy entregados, fue más especial, pero también de otra manera porque justo este verano he leído el interesante libros sobre él escrito por Ana Lucas Ruiz y he aprendido muchas cosas de su carrera.



Luego en ese escenario era el regalo sorpresa. Había mucha expectación, pero ya nos habían llegado rumores de que desde el camping había escuchado a Leiva en la prueba de sonido por la mañana. Por otra parte, cuando fuimos viendo cómo montaban y quién era (estaba Alex "Hijo" como técnico), tuvimos claro que iba a ser él y así fue. Como animal de escenario que es, salió dándolo todo, con una banda que suena como un trueno. Hizo hasta algunos pasos de baile casi a lo Michael Jackson en una de las canciones nuevas que suenan más funky. Siempre que le veo echo de menos más solos, porque me flipa esa forma que tiene de estirar las cuerdas.

Yo esperaba un concierto más especial, algo como tener colaboraciones, pero fue un concierto normal. Quizás, como dos detalles especiales con el Sonorama, una muy bonita versión de "El equilibrio es imposible" con recuerdo para Iván Ferreiro y unas palabras de recuerdo también para Supersubmarina. Una de las cosas bonitas del Sonorama es que ves cómo la gente no se olvida de ellos ningún año.

El repertorio de grandes éxitos con alguna del último disco, "Cuando te muerdes el labio" y rematado con tres de Pereza: "Como lo tienes tú", "Estrella Polar" y "Lady Madrid".




Con eso, nos fuimos a cenar a la una y pico de la noche y al hotel: no podíamos con más.


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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
7:35 p. m. | Comentarios (0)

Sonorama 2022. Día 2

~ viernes, agosto 12, 2022 ~

Nuestro plan el segundo día del Sonorama no incluía ver los escenarios principales más que al principio, así que nos perderíamos conciertos interesantes como el de Jeanette, Coque Malla o Future Islands, pero queríamos empezar por Los Secretos.

Llegamos tarde al recinto y además nos encontramos con una enorme aglomeración en la entrada. Luego descubrimos que hubo problemas y abrieron las puertas con retraso, así que creo que vimos todo el concierto de Los Secretos: cuando llegamos estaban haciendo "Buena chica" y todavía pudimos situarnos relativamente cerca. La formación con tres guitarras, apoyados por el gran Txetxu Altube, sonaba de lujo desde el principio. Aunque nunca he sido seguidor suyo, he leído el libro "Adiós tristeza" precisamente hace unos meses y me emocioné en bastantes partes del concierto, como en la sección que hicieron a cappella de "Agárrate a mí, María", una canción que no sé por qué nunca me ha gustado pero que pensando en lo que significaba me tocó.

Es curioso porque tuvieron fama de blandos, pero su música está arreglada y ejecutada con maestría y son probablemente uno de los mejores ejemplos de AOR que tenemos en España y tienen grandes solos de guitarra. Viéndolos pensaba que eran los Eagles españoles, aunque con un toque personal, especialmente por las influencias que Enrique Urquijo trajo de la música sudamericana.

Me sorprendió que en el público, donde había gente de todas las edades, los jóvenes también parecía que se sabían las canciones. Fueron muy aclamados.


Los siguientes en el otro escenario principal fueron Celtas Cortos. Los vimos de muy lejos pero pudimos comprobar que no sonaban precisamente a viejos: hicieron bailar a todo el festival con sus grandes clásicos. Es curioso, pero a pesar de los años, los temas que denuncian parece que no pasan de moda: el mundo no progresa adecuadamente.


Después de una cena en una zona de comidas no muy masificada pero con precios caros, fuimos al escenario en el que pasaríamos el resto de la noche: el dedicado al 25 aniversario. Los tres primeros grupos fueron los mismos que en aquella primera edición, empezando por Chucho. El público era más talludito: no había jóvenes y no era muy abundante. Yo nunca he sido fan del linaje de Surfin' Bichos. De hecho, unos conocidos que eran muy seguidores de este estilo me invitaron a tocar con ellos hace años y sólo duré un ensayo: tanto noise me aburría. De Chucho sólo reconocí "El detonador EMX3". El sonido del bajo era una bola y la voz de Alfaro (que tenía un brazo escayolado) nunca me ha gustado.


Mercromina fue algo similar. Aunque durante la prueba de sonido vi al bajista usando distorsión y me temí lo peor, luego el bajo no hizo tanta bola y se pudo escuchar bien. En cualquier caso, a mí también me aburrieron.

Fue entonces el turno del tercer grupo de aquel primer festival, los asturianos Doctor Explosion. El cambio fue tremendo: tras el shoegazing de Chucho y Mercromina, las ganas de interacción con el público de Jorge y los suyos fueron refrescantes. Los vimos desde primera fila. Sonaron muy bien y se tiraron, literalmente, al público, en una canción al principio sólo Jorge pero luego en otra todos saltaron la valla y tocaron desde en medio del público. Es una pena que las letras sean tan chorras porque hacen un pop de guitarras muy intenso.



Los siguientes fueron Los Estanques. Los había descubierto precisamente en el Sonorama hace años en uno de los escenarios pequeños del pueblo y me habían sorprendido, pero habían tenido mala suerte con el sonido. Esta vez sonaron apabullantes con su maestría y su locura instrumental. Yo estaba literalmente boquiabierto, especialmente con el bajista, que hacía unas escalas increíbles mientras bailaba y se escuchaba con una definición perfecta. No me acaba de convencer mucho la forma de cantar y su rock progresivo no es un estilo de música que me apetezca escuchar en general, pero los disfruté muchísimo y me hicieron pensar en que echo de menos más desarrollos instrumentales en la música que se hace ahora, que tiende a casi no tener solos, intros, outros, interludios y todas esos detalles que hacen más mágicas las canciones.

Volvimos a la primera fila para ver a Egon Soda, que también habíamos visto en el Sonorama hace años. Hicieron un concierto sobrio, escogiendo curiosamente no de sus canciones más cañeras, pero sonaron muy bien, cosa de esperar sabiendo que son todos maestros de lo suyo. Un placer escuchar la voz de Ricky Falkner desgranar esas letras tan interesantes. Un detalle que me hizo gracia: el percusionista llevaba una camiseta con sólo unos nombres: "Lorelai & Rory & Emily & Sookie & Paris", un mensaje para los que como yo somos fans de las Chicas Gilmore.

Ya a las dos de la mañana salieron a escena Def Con Dos. Tampoco los he seguido mucho y me sorprendió lo heavy metal que era su base: batería con doble bombo y guitarrista guitar hero. Tanto él como el bajista, más en la línea Flea, eran unos virtuosos de su instrumento. No entendí muchas de las letras y ya estaba muy cansado, pero dieron un buen concierto y pusieron a botar al público.

Volver al coche fue un suplicio: la espalda me mandaba a ratos mensajes en forma de pinchazos. Pero mereció la pena ver tantos grupos históricos y actuales de la música en español de todos los estilos: el Sonorama es un gran botellón, pero también es una experiencia cultural de primer orden para quien esté interesado en la música española.

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Sonorama 2022. Día 1

~ jueves, agosto 11, 2022 ~

Otro año más al Sonorama. No somos como esa gente que lleva yendo más de 20 años (esta edición se cumplen 25) pero ya es una tradición.

De hecho, íbamos tan seguros de conocerlo que el primer día fuimos directamente al camping a ver los conciertos en el escenario allí, hasta que, después de atravesar por esa enorme ciudad de tiendas de campaña que parece casi un campamento de refugiados, caímos en la cuenta de que este año los primeros conciertos no eran allí sino en el recinto. Ya nos extrañó que no se recogiesen en el camping las pulseras...

Llegamos justos para el primer artista que queríamos ver: Álvaro Suite, guitarrista habitual de Bunbury. Había todavía sol y poca gente, mucha disfrazada. El sonido fue malo, con el bajo haciendo una bola que impedía disfrutar de lo demás. No conocía las canciones y la verdad es que tampoco me llegó nada atractivo, igual por las condiciones de sonido.




En el descanso fuimos a la zona de comidas. Parecía similar a la de otros años. Como era el primer día y pronto, no hubo agobios, pero me temo que el resto de días si los va a haber.

Luego era el turno de Santero y los Muchachos. Empezaron también sonando muy mal, pero mejoró tras un par de temas y pudimos disfrutar de su sonido con ciertos toques stonianos y de sus acertados juegos de voces. Creí que no serían un grupo muy festivalero, pero la gente estaba con ganas de bailar y las canciones resultaban adecuadas. En la penúltima canción cayeron unas gotas de lluvia y el público, ya muy abundante, se desmadró.

Me gusta que son un grupo con personalidad, fácilmente identificables por la voz, con uso significativo de guitarras acústicas (a veces dos a la vez), incluso en canciones con bastante ritmo. A mí no me acaban de llegar, no sé por qué, pero esta noche disfruté mucho escuchándolos y bailando, y recordé cuando compartí cartel con ellos en el Gijón Sound Festival.



El siguiente grupo fue Arnau Griso. No los conocía y no sabía que iba a encontrarme. Me parecieron algo a medio camino entre Melendi y Ska-P, con canciones ingeniosas ("frases de taza", como decía una de ellas), demasiado humorísticas para mi gusto, bien interpretadas aunque el sonido no fue bueno. El público se lo pasó muy bien. Dijeron que era uno de sus últimos siete conciertos.



Ahí lo dejamos. Lo siguiente era Luis Brea y ya lo habíamos visto un año en el camping y no nos había gustado. Nos fuimos al hotel: hay que reservarse que todavía queda mucho Sonorama.

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Sobre los festivales musicales

~ martes, agosto 09, 2022 ~

Esta semana empieza el Sonorama. Fuimos por primera vez en el 20 aniversario y desde entonces hemos estado en todas las ediciones excepto en 2021.

Voy con miedo: tengo la espalda muy tocada y no sé cómo voy a aguantar tantas horas de pie. Por otra parte, he estado intentando hacerme un horario y me ha hecho pensar sobre la organización de los festivales musicales.

El año pasado, con medidas extra por la COVID, fue un experimento que me permitió apreciar dos cosas:

1)     Aunque soy de la opinión de que la música pop y rock se disfruta más de pie y en las primeras filas, en algo tan largo como un festival y a mis años, agradezco la oportunidad de usar sillas. El año pasado lo peor es que había sectores diferenciados y si te tocaba en uno alejado no tenías manera de mejorar el sitio ni madrugando. Por otra parte, entiendo que la parte delantera no debería ser una zona de sillas, pero estaría bien que hubiera algo al fondo, para poder descansar y para los artistas que no te interesen tanto.

2)      El solapamiento de horarios no es malo sólo por lo obvio, que toquen a la vez dos (¡o tres!) grupos que a priori te gustan, sino también porque limita la exposición a grupos nuevos. El año pasado, como sólo tocaba un grupo en cada horario, vi a muchos que no hubiese ido a ver porque los desconocía y hubiese escogido a otras opciones conocidas si se hubiesen solapado. Yo entiendo que parte de la gracia de los festivales es tener un cartel muy completo, con muchos artistas que te gusten y con artistas para todos, pero el nivel al que llegar por ejemplo el Sonorama, con tres conciertos grandes al mismo tiempo, me parece contraproducente. A veces, menos es más.

En fin, todo tiene sus ventajas e inconvenientes y estas son sólo unas reflexiones particulares hechas desde mi situación personal. En cualquier caso, voy a intentar disfrutar de mucha música.

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Un Sonorama en la pandemia

~ martes, agosto 17, 2021 ~

Estas son algunas impresiones sobre el Sonorama Rivera 2021. Me cuesta cada vez más escribir porque leo lo que escriben otros y me doy cuenta de que yo no tengo la verdad, y preferiría un poco menos de ruido y un poco más de tolerancia, algo que por lo que me parece Internet no promociona. Así que voy a intentar describir ciñéndome a los hechos e intentando dejar claro lo que no son más que mis opiniones. No sé hacerlo sin que la prosa resulte más aburrida (por ejemplo, por tener que añadir este tipo de explicaciones), pero prefiero pecar de aburrido a añadir odio...

Cuando se publicitó el Sonorama 2021, se dijo que iba a ser de pies y sin mascarilla, cumpliendo la legislación vigente. Por desgracia, vino la variante delta y las autoridades sanitarias de Castilla y León obligaron a que fuese sentados y con mascarilla. Entiendo las quejas de la gente que pedía la devolución del abono, y hubiese sido lo ideal, pero también entiendo que el festival no podría permitírselo y que en las circunstancias en las que estamos, hay que estar preparados para los cambios de planes.

Además de la exigencia de mascarillas y hacer el concierto sentado, la organización tomó otras medidas, como dividir a los 5000 asistentes en 5 sectores fijos cada día, uno de ellos dedicado a las entradas VIP y los otros cuatro asignados por orden de recogida de pulseras. Los sectores 1 y 2 estaban delante de los sectores 3 y 4 (y además los asistentes con entrada de día iban todos al sector 4). Esta también fue una medida polémica. Se han propuesto otras alternativas (dividir en 5 sectores del mismo ancho y que todos tuviesen oportunidad de estar cerca del escenario, rotar la gente de sector cada día...), pero imagino que la organización ya habría pensado en ellas y si las descartó sería por alguna razón: como estamos comprobando cada día, hay que llegar a soluciones de compromiso porque no hay ninguna que optimice todas las variables. No envidio a los que tienen que tomar decisiones en las que siempre va a haber perjudicados.

Llegamos sobre las 2 a recoger las pulseras y nos dieron zona 3, con lo que la primera fila de nuestro sector estaba a una considerable distancia del escenario. En situaciones normales, siempre intentamos estar lo más cerca que podamos, así que nos fastidió un poco, pero decidimos que íbamos a intentar disfrutar de lo bueno e intentar olvidar lo malo: íbamos a poder escuchar mucha música en vivo y lo echábamos mucho de menos; yo no sabía cuánto...

El jueves llegamos un poco antes de que empezase el primer concierto. Al igual que cuando recogimos las pulseras, no tuvimos que hacer ningún tipo de cola. Lo primero que hicimos fue cargar dinero en las pulseras. Me sorprendieron gratamente los carteles indicando que habría unos días tras el festival para poder solicitar la devolución de lo no gastado. Parece obvio que debería ser así, pero he estado en muchos festivales en los que no se ha hecho y sé que eso es algo que también hay que organizar y esforzarse para hacerlo, y reconozco también ahí el buen hacer de la organización este año.

Una mujer de la organización nos informó de otras medidas: te podías sentar donde quisieses, pero había que dejar una silla libre entre grupos de convivientes. En lo que va de este año he asistido a conciertos con distintas variedades: en el de Quique González en Mieres tenían sectores distintos con sillas aisladas, en parejas o en tríos y gran separación entre ellas; en el botánico de Madrid, había una silla de separación entre entradas compradas en conjunto, pero luego estabas pegado a la fila de adelante; en el de Alfredo González en la Semana Negra sólo había sillas aisladas y a gran distancia. Teniendo en cuenta que no te podías quitar la mascarilla, la solución del Sonorama me pareció razonable.

También nos informaron de que no se podían pasar bebidas a la zona del concierto. Entiendo también esta medida (siempre está la gente que aprovecha los recovecos para saltarse las normas con las que no comulgan), pero creo que, teniendo en cuenta que estábamos en medio de una ola de calor, no hubiese estado mal que dejasen pasar agua y destaparse la mascarilla para beberla. La organización dijo que esta restricción fue cosa de las autoridades sanitarias y que ellos estuvieron luchando para que fuese posible introducir agua en la zona de conciertos. En fin, nuevamente, supongo que yo no sé mejor que los expertos de sanidad la mejor solución, pero la impresión que me dio es que esa medida tan restrictiva llevó a que hubiese más aglomeraciones en la zona de restauración, con lo cual no sé si fue peor el remedio que la enfermedad. 

Una medida que se tomó para intentar evitar que la gente se quedase en la zona de restauración fue poner vallas que no permitían ver bien el escenario. Sin embargo, se veían las pantallas y se escuchaba la música, por lo que la gente que hubo gente que prefirió quedarse en la zona de restauración, ya que la experiencia no era muy distinta y al menos podías beber.

Jueves

El primer día cuando llegamos al recinto casi no había gente y pudimos tomar algo en una mesa solos, a más de 5 metros de distancia de otra gente. Así empezamos a escuchar y ver por las pantallas el concierto de Cala Vento. En cuanto acabamos la bebida, fuimos a la zona de conciertos para verlos directamente. No los conocía. Me sorprendió que fuesen sólo un dúo de guitarra y batería: hasta que no vi el escenario al completo no me di cuenta de que no había bajo. No se echaba en falta. La ejecución fue buena y las letras parecían interesantes. No me enamoró, pero me gustó poder probar su música.

Entre concierto y concierto, mientras sonaba música pinchada por DJs, mucha gente se levantaba y, como seguía habiendo poco público, conseguimos situarnos en segunda fila de nuestro sector, lugar que mantuvimos durante toda la jornada a base de turnarnos para ir a beber o cenar, porque la organización no permitía (nuevamente con buen criterio desde mi punto de vista) reservar asientos si no había al menos una persona encargada.

El segundo artista fue Nach. No lo conocía: el rap y el hip-hop no son músicas que me hayan atraído nunca. Pero también disfruté de poder apreciar tranquilamente una forma de arte que desconozco. Me resultó cansada tanta primera persona en las letras y tanto hablar de las dificultades o idiosincrasias del artista. También me pareció que había tantas palabras que no me permitía realmente asimilarlas: en un estilo en el que los desarrollos instrumentales no parecen tan importantes como las letras, al final yo me las perdía saturado por el torrente verbal. Me emocionó, eso sí, precisamente la canción que hablaba de la importancia de la música para el autor: me sentí identificado.

Aproveché el intermedio para ir a cenar. Sólo había un food track en mi zona. Aproveché también para ir al baño y me sorprendió que no hubiese agua para lavarse las manos: sólo había gel desinfectante. La higiene no es sólo desinfección y creo que debería ser obligatorio que haya grifos con agua en los baños. Nuevamente, me puedo imaginar razones para que no los haya, pero creo que es algo básico. De hecho, la organización puso un grifo, pero en la zona de comidas, al día siguiente. También bajó el precio de la botella de agua de 2 euros a 1 euro. Otras medidas que tomaron después del primer día fue poner más mesas en la zona de seguridad y aumentar el personal de seguridad para intentar controlar más a los asistentes que se desmadraban.

El tercer concierto fue el del Kanka. Yo lo conocí hace unos años por las versiones que hacía Amaia Romero en OT, vi varios vídeos suyos y un concierto en Gijón desde muy lejos que ya me dejó alucinado. En el Sonorama hizo algo similar a lo de Gijón pero, quizás por la situación, me emocionó hasta las lágrimas: no es una exageración, pero asistir a ese despliegue de destreza de los músicos (era como ver a los mejores Ketama -de los que interpretaron un trocito de "No estamos lokos"- o una de estas grandes bandas cubanas como Irakere), junto con esas letras en las que yo veo detrás una buena persona intentando hacerlo lo mejor que puede para no sufrir ni hacer sufrir, me hizo llorar de felicidad. Cuando acabó el concierto pensé: "Sólo por esto ya me ha merecido la pena el festival".

Luego, con la noche por fin caída, fue el turno de Sidonie. Yo sólo los conocía de haberlos visto con Juan Perro en una edición anterior del Sonorama y de escuchar sus canciones por el pueblo otros años: "Carreteras infinitas" es uno de los himnos del festival. Hicieron un concierto muy bueno y me gustaron: se nota que dominan el formato y me hicieron pasar un buen rato. Además, mostraron su apoyo a Zahara por la polémica sobre su cartel en Toledo. Otra de las impresiones viéndolos es que ha subido mucho el nivel de los conciertos desde el punto de vista técnico: todos me estaban pareciendo impresionantes de sonido y puesta en escena.

Me moría de sed, así que aproveché en mitad del concierto para ir a beber un agua a la zona de restauración. A esa hora había mucha más aglomeración y cuando sonó uno de los clásicos de Sidonie, unos cuantos se pusieron a pegar botes abrazados y sin mascarilla: un ejemplo típico de irresponsables que ponen en peligro a todo el festival. Pero intentaron tomar medidas: contrataron a más personal de seguridad y pusieron más mesas para el segundo día. De hecho, yo ese día vi a uno de seguridad acompañar a alguien a la salida.

El horario principal de la noche fue para Viva Suecia. Recordaba la primera vez que les vi, también en el Sonorama, hace años, pero por la tarde y desde lejos para refugiarnos del sol. No me parecieron especialmente interesantes: creo que no son un grupo de los que impresionan en directo si no conoces su música. Ahora ya los he escuchado más, los vi en Oviedo antes de la pandemia, y probablemente también han mejorado. Hicieron un muy buen concierto y se vio cómo habían crecido entre los gustos del público.

El cierre de la noche corrió a cargo de Los Zigarros. Son otro grupo que no he escuchado, más que un par de vídeos de su directo, que me hicieron pensar que me iban a gustar por su genealogía rock. Sin embargo, me parecieron casi los que peor sonaron de toda la jornada y me resultaron demasiado tópicos en música y letra. Dominan el libro de estilo del rock pero, igual porque ya no soy el adolescente roquero que un día fui, no me entusiasmaron.

Nos fuimos mientras sonaba la última canción, otra vez sin ningún tipo de aglomeración.

Viernes

Llegamos otra vez pronto y nos refrescamos en la zona de restauración mientras empezaba el concierto de Derby Motoreta's Burrito Kachimba. No sabía nada de ellos y, con ese nombre, me sonaban a chiste. Aluciné: es lo más parecido que he estado de escuchar en vivo a Led Zepplin o a Triana. El sonido era impresionante, dominado por un bajo que seguía esa línea tan particular de John Paul Jones. El encaje con la voz aflamencada no me acabó de convencer, pero en eso está su originalidad y creo que es un intento más que meritorio. En cuanto acabamos nuestras consumiciones (por cierto, otra novedad del segundo día: no dejaban quitarte la mascarilla más que para dar un trago; es decir, ya no te permitían quitártela mientras tuvieses una bebida delante), nos fuimos a la zona del concierto. Bajo la solana y de lejos, pensé que algo así debían de sentir en Woodstock. Bueno, los hippies irían mucho más puestos, pero yo lo disfruté mucho.

Aprovechamos el movimiento de gente y nos situamos en segunda fila, en unos asientos que no tenían a nadie delante porque la primera fila era más corta.

A continuación llegaron Annie B Sweet. Tampoco la he escuchado casi nada (la vi en un concierto breve en Gijón). Venía acompañada de componentes de Rufus T. Firefly. Nuevamente quedé gratamente sorprendido por el sonido. Además, tenían cierta línea psicodélica que los emparejaba con el concierto anterior, aunque esta era psicodelia más pop y menos rock. Otro concierto que disfruté.

Los siguientes en "tocar" fueron Delaporte. Las comillas son porque básicamente usaron bases electrónicas programadas sobre las que la vocalista cantaba. No es un estilo de música que a mí me guste, pero gran parte del público parecía estar disfrutándolo mucho. Yo aproveché para ir a cenar sin agobios.

Los siguientes en salir fueron Amaral, con Eva luciendo un caso brillante que proyectaba destellos en la noche arandina. Empezaron muy potentes y reivindicativos. El despliegue de la puesta en escena incluía hasta las propias pantallas, que además de proyectar la imagen de una cámara, como en otros conciertos, tenían elementos sobreimpresos y una realización que incluía juegos con las imágenes. Una cosa que me gustó es que cada músico tenía su propia cámara. En general, todos los artistas mostraron su agradecimiento a los técnicos que hacían que todo funcionase, pero Amaral lo llevaron a otro nivel, invitando a algunos a bailar. También me gustó mucho que Eva se sentase para hablar de la experiencia de bailar sentados: es sólo un pequeño gesto de empatía, pero se une a muchos otros para mostrar ese esfuerzo por hacer el mundo mejor. Dedicaron a Zahara una de las canciones y enlazaron "Hacia lo salvaje" con el "A galopar" de Paco Ibáñez. No tocaron muchos de sus grandes éxitos, hubo un descanso hacia la mitad tras el que salieron todos con máscaras y Eva con un impresionante vestido rojo que desplegó en esas coreografías que ha añadido y que me hacen pensar en Kate Bush, y curiosamente acabaron su repertorio bajando revoluciones con "Mares igual que tú". Un lujo de banda.

Luego fue el turno de León Benavente. Ya los he visto muchas veces y creo que tienen uno de los mejores directos de todos los grupos que he visto en los últimos años. Solía verlos en primera fila y su intensidad me empujaba de una manera increíble. El año pasado los vi en el Tsunami, desde lejos y con mucha separación entre sillas (eso sí, pudiendo beber y con camareras que te atendían para evitar aglomeraciones en la barra) y me resultó demasiado frío: puede también que influyese que era Gijón en septiembre... Esta vez, incluso desde lejos y sentado, sentí de nuevo su intensidad arrolladora y volví a disfrutar de la forma maestra en la que consiguen tocar con claqueta pero sin que se pierda ni por un momento el poderío de la música en directo.

La organización estuvo bastante pendiente de que la gente no se desmadrase a pesar de ese poderío. Como en otros conciertos, a veces alguien se levantaba de su silla a bailar en un momento especialmente intenso, pero si no se sentaba motu propio, rápidamente una de las pacientes y esforzadas (muchas horas de pie) personas de la organización se acercaba a pedir que lo hiciese. También insistían a la gente que no llevaba bien la mascarilla. En algún momento vi a algunas personas que estaban esperando a que no mirase el personal de seguridad para bajarse la mascarilla, pero fue algo anecdótico: los típicos listos que creen que su libertad es más importante que la de los demás. En algunas canciones de Amaral y de León Benavente, como también al día siguiente con Vetusta Morla, pensé en que lo complejo que es compaginar el espíritu revolucionario que esas canciones expresan con la conformidad que ciertas situaciones requieren. Nuevamente, yo no sé si las medidas son demasiadas o insuficientes, y creo en el valor de la gente que se enfrenta a reglas estúpidas o inhumanas, pero en este caso esa rebeldía de no querer llevar mascarilla no me pareció heroica sino pueril. Es sólo mi opinión. Quizás me equivoque.

Tras León Benavente llegaron Arde Bogotá. No sabía absolutamente nada de ellos y me sorprendieron. Por su aspecto, yo hubiese apostado que harían pop, pero no: lo suyo era rock, con detalles casi de heavy. El guitarrista se marcó algunos fragmentos de virtuosismo. La voz del cantante era más grave lo que es habitual y tiene mucha personalidad. El sonido no me pareció que alcanzase la excelencia de Amaral o León Benavente, pero lo hicieron bien. Las canciones tampoco me parecieron tópicas, lo que agradezco, pero hubo algún momento en el que las letras me resultaron cómicas y no tengo muy claro de si sería intencionado... En cualquier caso, otro descubrimiento interesante de la velada.

Sábado

El viernes llegamos tras el primer grupo, Comandante Twin. Estábamos cansados, necesitamos siesta después de habernos metido un lechazo en Sepúlveda y no recordábamos que este grupo nos hubiesen gustado cuando los vimos hace años en otro Sonorama. Así que llegamos tarde. Conseguimos sentarnos en una sección de la tercera fila sin nadie alrededor, con lo que estuvimos muy tranquilos.

El primer grupo que vimos fue Ginebras. No sabía nada de ellas y me resultaron muy divertidas. Me recordaban a grupos de la movida, con un humor irreverente y punk a lo Siniestro Total, pero llevado al momento actual. Eso sí, fue el primer grupo de todo el festival que no tenía un sonido superdepurado y sonaban casi a algunos grupos de la Movida, aunque tampoco tan mal como muchos de aquellos grupos al principio. Mostraron mucho desparpajo en las presentaciones y me quedé con ganas de ver un concierto suyo entero. El público que ya conocía las canciones lo disfrutó a tope.

El siguiente grupo fue La La Love You. En cierto modo, eran similares a Ginebras, pero más pop y con menos gracia. O, al menos, yo no se la veía: también hubo un sector de público que pareció disfrutarlos mucho. Aproveché para cenar.

Ya caída la noche, salieron La habitación roja. Es otro grupo que he visto varias veces en concierto y que es también parte de la banda sonora del Sonorama. Su puesta en escena fue sobria y los he disfrutado más otras veces, pero me emocionó escucharlos ahí, sabiendo todo lo que se lo han currado.

Antes del plato fuerte de la noche, salió Javier Ajenjo a dar un pequeño discurso, básicamente para destacar todo el esfuerzo que habían hecho y agradecer a todo el mundo (trabajadores, músicos y público) la colaboración y reivindicar la cultura segura. Acabó contando una anécdota que me emocionó: cómo una de las personas con discapacidad le había agradecido el esfuerzo por hacer un hueco para las personas como ella, que llevaba toda la vida teniendo que bailar en su silla... Él lo contó mucho mejor.

Quiero aprovechar para reseñar el tema de la atención a la diversidad: hicieron adaptaciones como tener en la web las letras para descargar, mochilas vibratorias para las personas con discapacidad auditiva, intérprete de lengua de signos y subtítulos en los grupos que se habían unido a la iniciativa... Eso me sirvió para comprobar algo que he leído muchas veces cuando se habla de accesibilidad en páginas web o en aplicaciones: que las medidas que se toman para personas discapacitadas muchas veces ayudan también al resto de personas. A mí me sirvieron los subtítulos cuando había algunas palabras que no entendía. Eso sí, hubiese agradecido que fuesen más grandes porque con mi mala vista no los veía siempre porque estaban sólo en la pantalla que nos quedaba más lejos.

Tras el breve discurso, empezó el concierto de Vetusta Morla. Se notaba el interés porque pasaba continuamente gente buscando donde sentarse. Fue un concierto similar al que vi hace dos veranos en Gijón, con una ejecución perfecta y muy buen material visual. Empezaron fuerte y reivindicativos, pero también tuvieron momentos de calma. Hubo ocasiones en las que mucha gente se levantó de la silla (era difícil no hacerlo con los subidones tan perfectamente medidos) pero en general se sentaban rápidamente. Me resulta curioso que un grupo con canciones que no me parece que entren a la primera se haya convertido en referente del indie español.

Tras Vetusta fue el turno de Varry Brava, otros sobre los que no tenía conocimiento previo. Resultó ser otro grupo divertido, esta vez en una línea más bailable, con toques de música disco de finales de los 70 y sitentizadores de principios de los 80. No es tampoco mi estilo, pero lo hicieron bien.

El último grupo del festival fue Jack Bisonte. Me eran totalmente desconocidos y me sorprendió que, como el primer grupo del festival, fuesen también un dúo, aunque en este caso con trampa: llevaban mucho grabado. Al principio pensé que el cantante era inglés, pero resultó ser español. Tocó la guitarra y el piano, y bailó con movimientos de estrella del pop, cantando directamente a las cámaras. Lo hacía bien, pero tampoco es mi estilo de música.

Nos fuimos, ya cansados, porque bailar en las sillas también cansa. La verdad es que yo disfruté mucho el festival así y, si pudiera elegir, como ya estoy mayor, prefiero sentarme: mi espalda ya no aguanta 8 horas de pie. Lo ideal para mí sería un festival en el que tuvieses tu silla y pudieses levantarte y beber. Veremos cómo evoluciona la pandemia y qué pasa con los conciertos y los festivales. De momento yo me quedé con muy buenas sensaciones.

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