Escritos sobre música





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Una escucha: Santa

~ martes, junio 02, 2015 ~

Encuentro una interesante entrevista con Zahara, pero en cuanto leo un poco paro de leer y decido hacer lo que me gusta: escuchar sin prólogos, dejando que sean mis oídos y mis prejuicios los que escuchen sin necesidad de los de otros.

Me encuentro con un disco que suena tremendo. Tiene mucha variedad: del sonido épico de La Gracia (en lo poco que leí en la entrevista Zahara hablaba de El Señor de los Anillos, pero a mí me recordaba a Juego de Tronos y eso que sólo sé de la serie que tiene mucho éxito y que muchos mueren), al intimismo de Int. Noche o el punto western de La Flamenca, esa canción que está oculta en la última pista (nunca he entendido por qué hacen eso), pero lo que domina es un sonido con cierto punto ochentero pasado por el indie moderno: ritmos vivos, teclados, mucha reverb en la voz y en la caja... Pero cuando suena a años 80, no tiene nada que ver que las producciones no excesivamente logradas de los grupos españoles de entonces, sino a las mejores producciones de grupos internacionales.

En las letras, me hizo sonreír Caída Libre, me gustó que subvirtiese las imágenes religiosas en Inmaculada Decepción, me resultó un poco tópica Donde Habitan los Monstruos y me gustó mucho el descreimiento lúcido (pero espero que temporal) de Int. Noche y me llamó la atención una frase: «esa no es la vida que elegiste para mí». ¿Es una contestación al «esta es la vida que yo quería para mí pero no es la vida que tú querías para mí» de Quique González?

Un disco para escuchar más.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
12:07 a. m. | Comentarios (0) | Referencias

Una escucha: Lo malo que nos pasa

~ viernes, mayo 22, 2015 ~

Escucho el disco recién salido de Francisco Nixon y se me pone una sonrisa: tiene vis cómica. Aunque, no sé, esto a veces ya casi parece La Trinca.

Los ripios alcanzan cimas estratosféricas: la rima con "casa de tus padres" está sólo a la altura de la realeza (pun intended). Y ha conseguido lo que creía imposible: sorprenderme con una rima consonante con "coche".

Consigue capturar las tonterías de la vida, hablar de cosas que reconocemos. La de La Empresa es mundial. Y una música muy curiosa. La de Siempre es el cumpleaños de alguien expresa con exactitud la división entre extrovertidos e introvertidos.

Habla de lo que reconocemos pero siempre con humor: con esa voz que tiene no hay mucho lugar para los dramas. Hasta la canción para Sergio Algora, Capitán Negrito, te deja buen cuerpo. Y es preciosa.

En lo musical, es original esa recuperación sonido setentero, pero al mismo tiempo, como tantas otras cosas actuales (la recuperación del soul, por ejemplo), adolece de una falta de sorpresa que nos recuerda que los ejercicios de estilo son sólo eso: ejercicios. Por supuesto, al mezclarlo con su voz y sus letras, es otra cosa a aquello, pero...

Una cosa: no sé quién será el bajista (no entiendo cómo Spotify da menos información sobre las canciones que los discos físicos, qué desperdicio), pero hace un trabajo estupendo, en especial en Médico rural.

Qué bueno: ahora canta Ahora estás enganchado a los videojuegos / pasas tu vida en casa en tu labor de minero, y yo estoy escuchando mientras juego al Clash of Clans. Es la solución que he encontrado para escuchar música: jugar a un juego que no requiera mucha atención para poder fijarme en la música. Nunca he podido escuchar música mientras navego por Internet: no me concentro en ninguna de las dos cosas. Pero me cuesta mucho escuchar música en modo exclusivo, como hacía de joven: todavía lo hago, antes de acostarme, pero no suelo durar muchas canciones y, además, me da por escuchar las mías.

Robando cobre tiene un sonido bastante original. Sale un poco de los 70 y suena ya a principios de los 80.

Tengo que escuchar el disco más.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
12:14 a. m. | Comentarios (0) | Referencias

Un refugio en tres canciones

~ viernes, mayo 08, 2015 ~

A última hora de la noche, cuando necesito llamar al sueño, vuelvo una y otra vez a un conjunto reducido de canciones. Por ejemplo, a tres de Lucinda Williams: Fruits of My Labour, Over Time y World Without Tears.

Todas pertenecen al disco que toma el título de la última. Es una cosa curiosa: creo que lo he escuchado entero, como algún otro de Lucinda, y, sin embargo, no recuerdo ninguna otra canción. Por alguna razón, me quedé anclado en esas tres y no salgo de ahí.

Son tres canciones lentas, muy similares. Todo lo domina la maravillosa voz de Lucinda, una de esas voces que suenan a amplificador de válvulas. Y es que la guitarra, precisamente, es otro elemento que me gusta mucho y encuentro que hay un amalgamiento entre los sonidos que salen del aparato fonador de Lucinda y el amplificador de quien sea que toque la guitarra; hay algo en común entre ese sonido ligeramente distorsionado, con trémolo, y la forma que toma el aire al pasar por las cuerdas vocales de Lucinda, como si las de ella también estuviesen hechas de acero.

Music to soothe the sould, música para reconfortar el alma. Esos sonidos ligeramente rotos de la voz y la guitarra, acaban siendo como unos vaqueros muy usados que son más la casa de nuestro cuerpo que nuestra propia casa.

No sé lo que me digo. He llamado al sueño y está aquí. Sólo quería compartir la belleza.

If we lived in a world without tears
How would bruises find
The face to lie upon

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
12:44 a. m. | Comentarios (0) | Referencias

Un propósito fallido

~ domingo, diciembre 07, 2014 ~

Con el nuevo año me hice un propósito: escuchar todas las semanas un nuevo disco. Como es habitual en los propósitos de año nuevo, no lo cumplí. Lo hice tres semanas y salió esto:

Yellowgold
Modern Vampires of the City
Pure Heroin

Dejé de hacerlo porque no lo estaba disfrutando: el escribir a la vez que se escucha estropea la escucha. No volví a escuchar ninguno de esos tres discos.

Ayer me dio por escuchar el nuevo de Damien Rice. Mientras lo estaba escuchando, me apetecía compartir lo que pensaba con alguien. Por eso escribí esto y decidí publicar los textos de las escuchas anteriores que estaban como borradores.

Me temo que me está empezando a pasar con la música como me pasó antes con los libros: que no me apetece disfrutar de esa actividad. En realidad, que no la disfruto, porque me apetecería disfrutarla. Pero cuando escucho algo nuevo, tengo la sensación de que ya lo he escuchado. Y si me salgo de los estilos que más he escuchado, tampoco me gusta.

Prefiero tocar a escuchar. Escucho bastante música, pero casi siempre son canciones que tengo que aprender para alguno de mis grupos.

En fin, así es el estado de las cosas en esta etapa de mi vida.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
8:27 a. m. | Comentarios (0) | Referencias

Una escucha (2014-4): My Favourite Faded Fantasy

My Faourite Faded Fantasy. ¿Canta una mujer? No aporta nada nuevo en armonía, melodía o arreglos.

It Takes a Lot to Know a Man. no me gusta cómo suena la batería, en especial el charles y el bombo. Tiene partes que me gustan (la melodía es pegadiza), pero... ¡nueve minutos!

The Greatest Bastard. Qué típicos los acordes iniciales. Me molestan las ralentizaciones. Me gusta mucho cómo suena la voz antes del falsete: convence. En general, una canción preciosa. El crescendo final es épico. Ya me lo imagino de banda sonora de una película romántica.

I Don't Want to Change You. Otra bonita. Aunque incluso un sentimental como yo empieza a sufrir un ataque de diabetes con tanta azúcar. Al que eligió ese sonido de batería lo mataría. Y tampoco entiendo ese sonido lejano del bajo. Es curioso: otra canción que mejora en la segunda parte. Está claro que el fuerte de Damien son los crescendos.

Colour Me In. Otros acordes típicos. En varias letras me parece que habla de un amor que no funcionó, de la distancia a pesar de todo. Nuevamente, impresionante crescendo. ¡Qué bonitas las cuerdas!

The Box. La melodía del principio me recuerda mucho a The Blower's Daughter. Otra preciosa.

Trusty and True. Tiene algún momento un poco folk irlandés. Ese "So fellas". Pero luego, con el coro, parece un villancico.

Long Long Way. Otra vez esta forma rara de cantar. Pero me gusta y me gusta la instrumentación del principio, esos sonidos ambientales.

No hay grandes novedades ni variaciones en las canciones, pero este es un disco muy bonito para escuchar así, por la noche a oscuras.


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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
1:17 a. m. | Comentarios (0) | Referencias

Una escucha (2014-3): Pure Heroin

Lo he seleccionado porque aparecía lo segundo entre lo más escuchado en Spotify y no sabía qué era. Como casi todo lo demás que estaba ahí, por otra parte. El primero era música de baile electrónica y no estoy de humor.

Empieza bien: bonita voz. No sé a quién me suena. Tennis Court tiene un punto adolescente y una amalgama de estilos. Es curioso porque en medio de la frivolidad hay algo melancólico, incluso tétrico. Tal vez el sintetizador de fondo haciendo los graves causa ese efecto.

El efecto de 400 Lux al principio me recuerda al faro de Drexler en 12 segundos de oscuridad. ¡Pero qué disonancias de semitono hay por ahí! Pero luego tiene algo que se pega y que apetece seguir escuchando.

Al escuchar la de Royal caigo en la cuenta de que no es una primera escucha: en algún sitio leí sobre el éxito de esta chica y vi el vídeo. La melodía es muy pegadiza. Es curioso como la reverb exagerada que he detectado en algo tan distinto como Vampire Weekend se ve aquí, sobre todo en las percusiones. Curioso también el minimalismo armónico del acompañamiento: sólo un bajo haciendo la fundamental. Eso de "I'm in love with being queen" suena muy frívolo, aunque mezclado con eso de querer ser "rulers" y después de haber escuchado hoy a Bertrand Russel hablando del superhombre de Nietzse, me da un poco de miedo.

Escuchando la voz al principio de Ribs me parece identificar a quién se me parece la voz: esa del revival soul de últimamente que ahora no recuerdo pero que tiene un vídeo en blanco y negro. Esta es como una canción para después de una noche de juerga, volviendo a casa con los oídos y los pies reventados y esa melancolía post-pseudo-felicidad compartida que te hace darte cuenta de lo solo que estás

En Buzzcut Season el estilo empieza a hacérseme cansado, aunque cuando van entrando más instrumentos, mola. Me gusta la frase "I live in a hologram with you", aunque también tengo la sensación de que esta canción habla de lo mismo: de salir, divertirse, la amistad...

Curioso el efecto al principio en la voz de Team, y no me refiero a cuando se queda haciendo un loop, sino al propio comienzo a cappella, con el canal derecho un poco retrasado con respecto al izquierdo. La melodía del estribillo me parece que ya la he escuchado en este disco.

Glory and Gore es más de lo mismo. Me llama la atención la mezcla de charles. La entrada del estribillo consigue realmente quedar marcado. Por momentos me recuerda a Elastica, y mira que no tiene nada que ver. La verdad es casi no me acuerdo de cómo era Elastica, pero algo me ha traído ese nombre a la cabeza al escuchar esto. Me gusta esta frase: "I don't really think about death".

Still Sane rompe, tal vez por la voz de hombre que hay de fondo. Ahora en lo que me hace pensar es en la Annie Lenox de la banda sonora de Drácula. ¿Por qué tendrá esta melancolía esta chica?

Me acaban de poner tres anuncios seguidos en Spotify.

Escuchando White Teeth Teens me pregunto si es que realmente saber hacer melodías pegadizas o es que todas son la misma. Me llama la atención la batería a los soul/pop años 60, con la mezcla de pandereta y bombo. Tiene un punto Ain't No Mountain High Enough. ¿La canción habla de que no encaja con las chicas guapas? ¡Y vaya despliegue de armonías vocales al final!

¡Una guitarra eléctrica empezando  A World Alone! No me esperaba el bombo marcando el ritmo así. Y la caja suena a caja de ritmos de los 80. Esto realmente es una amalgama de estilos y texturas. Y otra canción que habla de fiestas y tiene pinta de ser una outsider mirando un mundo en el que no encaja pero con el que está obsesionada casi morbosamente.

Bravado tambén esta bien.

En Million Dollar Bills parece que vuelven Stock, Aitken & Waterman.

Estas armonías vocales como las que empiezan The Love Club también me recuerdan a Enya. Y el bajo hacia el final me vuelve a recordar a Battiato. Imagino que será por el sonido de los 80.

Es normal que Biting Down esté al final porque es de las peores con diferencia. Esa batería es horrible.

Aunque, por otra parte, la última de verdad, Swinging Party, mola.

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Una escucha (2014-2): Modern Vampires of the City

Así que esto es lo que escuchan los jóvenes indies ahora...

Empezamos por Obvious Bicycle. Extraña mezcla de elementos "orgánicos" y samples. No hay la clásica batería haciendo el ritmo. Buenas voces. Pero es como si la canción tardase mucho en arrancar. Tengo menos paciencia que los jóvenes. Nos suele pasar a los cascarrabias.

Unbelievers es un single, una canción pop que te lleva, a pesar de no tener el clásico ritmo de bombo- caja, sino uno basado en un timbal a negras. En general, los arreglos no son nada convencionales: pianos lejanos con mucha reverb, otros instrumentos muy comprimidos... Pejadiza, pero muy tópica armónicamente.

Step tiene de fondo ruido. Nuevamente una mezcla de planos en la producción y una melodía pegadiza y pop, casi de los Beatles por momentos, demasiado acaramelado para mi gusto. Me cansa un poco la manera artificial que tienen de cambiar los instrumentos en cada estrofa. Ahora empiezan unos, ahora salen otros, no hay sensación unitaria de canción. Y, a pesar de tantos experimentos, me suena a conocido. La chorrada del efecto de la voz al final es infantil.

Como infantil suena el principio de Diane Young. Esto parece música para anuncios de juguetes. Mola cuando por fin entra una batería que alterna caja y bombo. Nuevamente "veo" los cortes en el Pro Tools entre partes de la canción y no veo a un grupo tocando. El tecno de los 80 a lo Azul y Negro me suena más orgánico que esto. ¿Lo del final es un homenaje a Elvis...?

Don't lie. Otro ritmo raro que a pesar del sonido con mucho aire suena a hecho con MIDI. Echo de menos el charles. Y cuando entra, no me gusta.

Tengo que parar. Me han saturado.

A veces escucho cosas, como lo último de Leyva, y me digo: "suena perfecto, pero me aburre de tan previsible". Y luego escucho cosas como esto de Vampire Weekend, que no hace todo eso tópico... y echo de menos lo típico, esa combinación clásica de guitarras, bajo y batería.

El principio de Hannah Hunt tiene otra vez ruiditos ambientales.. Bonita melodía acompañada por un extraño bajo y un timbal. Luego entran unas guitarras con un inversor. Creo que es de las que más me han gustado hasta el momento. "You and me have our own sense of time".

Pero este estilo collage es cansino.

Violines y un bombo a negras para Everlasting Arms. Luego me recuerda al Paul Simon de Graceland.

En Finger Back, comienzo de batería nuevamente con un ritmo entrecortado por la falta de charles continuo. Voz chillona, infantiloide. Soy demasiado viejo para esto. Este sobreprocesamiento de cada instrumento me está matando.

Worship You tiene un punto folk, a lo Waterboys o Pogues, en el ritmo. Luego las voces me recuerdan mucho a Fleet Foxes. Qué pobreza de ritmo: parece un loop. Es como si todos los golpes estuviesen justo con la misma fuerza y sobre el mismo tiempo, perfectamente alineados a la claqueta.

Si quieres un Seat Ibiza no parece de ellos... Ah, que es un anuncio de Spotify.

Ya Hey. ¿Es U2? Luego molesta el cambio de plano entre la voz con reverb infinita y los gua totalmente secos. Se me hace larga. ¿Y ese punto de órgano Bach? Por momentos me recuerda a Battiato. Es eterna. Qué ganas de que acabe.

La de Hudson tiene uno de esos componentes que odio: percusiones recortadas, esas cajas que estropearon tanto los años 2000, por ejemplo en algún disco de Sade o el La fuerza de los débiles de Esclarecidos. Y el bajo industrial también me molesta. Igual sin todos los soniditos hay una buena canción detrás. Quién sabe.

Es triste que cuando empieza un anuncio de Spotify con una guitarra distorsionada normal a corcheas me guste más que esto.

Young Lion empieza bien, aunque molesta el ruido de fondo. En una grabación decente se vería que aquí hay una pequeña preciosidad. Pero las canciones cortas, por muy bellas que sean, no son más que fruslerías.

En resumen, escuchando este disco he aprendido que el signo de los tiempos son: mucha reverb, sonidos distorsionados mediante la compresión, percusiones no convencionales y ruidos de fondo. Algunas canciones, si las escucho mucho, puede que lleguen a gustarme.

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Una escucha (2014-1): Yellowgold

Mi idea es que esto sea el principio de una costumbre: escuchar todas las semanas un disco nuevo. Me he dado cuenta de que en 2013 probablemente no he escuchado más de dos discos publicados este año. Porque no me apetece escuchar música nueva. Así que me voy a obligar. Y, para que tenga un sentido, voy a hablar de ello aquí. Las normas son: escuchar un disco entero cada semana y escribir una frase al menos de cada canción. Si lo cumplo, al final del año habré escuchado 52 discos y habré escrito sobre ellos.

***

Empiezo por Yellowgold. Es el disco compuesto, grabado y producido por Jason Howell en su estudio casero. Jason es el presentador de un programa sobre Android que suelo ver, All About Android. Me cae bien. Financió el disco con crowfunding y le fue muy bien.

Primera canción: Lonely Nights. Primera impresión: no parece su voz. Es porque hay dos voces a la vez, muy abiertas en estéreo. Segunda impresión: tiene un ritmo muy alegre. Yo le pondría más bajo. Y en el estribillo me esperaba otra cosa. No entiendo bien la letra. Tiene pinta de ser ingeniosa, de esa forma de ser ingeniosos típica del humor estadounidense.

Segunda canción: Feels Like Home. Las quintas del principio hace pensar en Every Breath You Take. Tiene cosas interesantes en la armonía, en especial el cambio del puente. Pero otras partes son demasiado tópicas.

Siguiente: Scan Lines. El principio me suena a los años 80, a Berlin y su Take My Breath Away, al Relax de Frankie Goes to Hollywood. Pero al entrar la voz me hace pensar en David Bowie. Los delays me acaban cansando. El estribillo me hace pensar en Peter Gabriel.

Quinta: Heavy Bones. Me he cansado de poner enlaces. Me gusta cuando empieza la guitarra eléctrica. También me recuerda a Bowie. Creo que es la que más me ha gustado hasta ahora.

Me cuesta trabajo entender las letras, y eso que le entiendo sin problemas cuando está hablando normalmente.

Living Life creo que me gusta todavía más que la anterior, aunque tantas lentas seguidas (y la hora que es) me están dando sueño. Me gusta que el bajo se mantenga al principio cuando esperaba un cambio. Tiene una melancolía que me acuna y me hace sentir menos en guerra con este mundo con el que hoy estoy peleado.

Last Thing I Ever Do me estaba sonando totalmente Fever. Ganó mucho con el cambio del medio, que me pilló totalmente por sorpresa. Me parece un poco la letra al final: "You know that you're my best friend ever". Parece una letra de música para adolescentes, a lo Call Me, Maybe.

Si empezamos con cosas que me recordaban a las 80, con See Your Face me trae a algo totalmente actual, de lo poco que he descubierto este año y que (al menos un día) me emocionó: Fleet Foxes. Envidio a la gente que puede hacer esas armonías. Esta es una canción preciosa. Diría "pequeña canción preciosa" pero estoy harto de "pequeño" como epíteto.

El disco tiene mucha reverb, tal vez para cubrir los huecos que deja la instrumentación, que es muy parca.

Fade Away gana mucho cuando empieza la guitarra distorsionada.

La última del disco, Surface of Yesterday, empieza con una armonía de guitarra que me suena familiar. Pero hay miles de canciones con la misma armonía y eso no quiere decir nada, es simplemente algo que pasa.

Resumen: es un disco bonito. Hay belleza.

***

No sé qué sentido tiene esto. ¿A quién le puede interesar? Tal vez sólo se debería hablar de música que te emociona. ¿Qué sentido tiene hablar de música que te obligas a escuchar? ¿Qué sentido tiene hablar a la primera escucha? ¿Es justo darle sólo una oportunidad a un disco? Imagino que peor será darle cero opciones.

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El cielo manda avisos en forma de canción

~ domingo, noviembre 23, 2014 ~


Crónica del concierto de Quique González y José Ignacio Lapido en la sala La Riviera de Madrid el 22 de noviembre de 2014


Por una vez, voy a ser breve, porque en este concierto no hubo, con respecto al que reseñé del Niemeyer, diferencias en lo básico: músicos, instrumentos o repertorio (la única modificación en este aspecto: la canción que Quique cantó en solitario fue Backliners, dedicada a uno de sus técnicos, que estaba de cumpleaños); tendría que hablar de camisas (brutal la de confederado de Víctor) y no tengo el talento de Eugenia de la Torriente para hablar de moda y hacer literatura.

Dos fueron los cambios fundamentales con respecto al concierto del mes pasado: la sala y que llevan más conciertos juntos.

El cambio de sala tiene a su vez dos consecuencias (con tanta división y subdivisión, esto ya parece un tratado escolástico): la acústica y la disposición del público. Con respecto a la primera, lógicamente no fue tan perfecta como la de un teatro, pero tuvo una gran calidad y nos permitió disfrutar de las palabras en las que brillan los dos protagonistas y de las filigranas de sus escuderos. Para tener otra perspectiva, esta vez nos situamos en frente de Pepo y pudimos escucharle bien, sin perder la guitarra de Víctor al otro extremo. En nuestro lado a veces es escuchaba algo bajo a Lapido, pero en otras posiciones nos contaros que a veces se escuchaba poco a Quique, así que atribuyo el problema a la sala.

Los conciertos que han realizado en el mes y pico que han pasado desde Avilés han hecho que la compenetración, ya alta entonces, crezca más. Se les nota más sueltos. Un detalle que añadieron en Vidas cruzadas: cediendo el protagonismo primero a Víctor y luego a Pepo.

En la crónica del concierto del Niemeyer dije que esta era una gira para ver en sala y no en teatro. Tras comprobarlo empíricamente, me reafirmo: se disfruta más si puedes bailar siguiendo el contratiempo del charles en Cuando por fin o si puedes gritar hasta quedarte afónico en Hotel Los Ángeles. Me parece que no fui yo sólo, sino que todo el público (entradas agotadas) disfrutó del espectáculo. Hablando con los amigos, ya veteranos de muchos conciertos, con los que tuve el placer de encontrarme de nuevo, parece que estaban de acuerdo.

Espero que esta gira llegue más allá, que haya introducido en el mundo de Lapido a más gente y que haga que Quique escriba mejores canciones. Porque si tiene que haber profetas, que el cielo nos mande los avisos en forma de canciones así.

***

Dejo unas malas fotos de móvil a modo de testimonio.

Despliegue de guitarras: Víctor con una Danelectro de 12 cuerdas, Quique y Lapido con sus Gibson acústicas  y Pepo con una Gretsch

Me hizo gracia la postura de Víctor

Quique presentando a los técnicos

Quique tocando en solitario Backliners

Lapido con Víctor y Rubén haciendo En el ángulo muerto

¡Guitarras arriba!

Cambio de  posiciones y todos mirando a Víctor en Vidas cruzadas

Ahora, todos mirando a Pepo

Lapido y Quique disfrutando

Muy mal enfoque, pero es una prueba de que Víctor puede levitar


Despedida. Las luces hacen que la banda parezca una película proyectada

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11:52 a. m. | Comentarios (0) | Referencias

Aunque tú no lo sepas (karaoke)

~ sábado, noviembre 15, 2014 ~

Acabo de hacer otra versión de Aunque tú no lo sepas, esta vez para cantar en karaoke. Hace tiempo publiqué en mi canal de YouTube una versión al piano y, desde entonces, la mayor parte de las personas que llegan al canal lo hacen buscando "Aunque tú no lo sepas karaoke Clara Lago" o similar (por ejemplo: "aunque tu no lo sepas karaoke sin voz").



Lo de Clara Lago es porque sale haciendo una versión en la película "Tengo ganas de ti" (TGDT para los entendidos) y hay mucha gente que quiere cantarla, así que he hecho la versión intentando copiar el tono, el ritmo y la instrumentación que sale en la película.

En los comentarios de la versión al piano me empezaron a pedir un tutorial, así que lo hice. Pero hace muchos años alguien me pidió la partitura para hacer una cajita de música, así que también hice una versión cajita de música. Y hay por ahí un vídeo en el que salgo cantándola, pero no lo voy a enlazar.

Otra locura que se me ocurrió un día fue hacer una versión jazz de ascensor, que a pesar de que tiene errores de ejecución, es de la que estoy más orgulloso, la que de verdad significa una interpretación personal de la canción.

Pero todavía hay más: el fin de semana pasado, después de hacer la versión de karaoke y, aprovechando que estaba ensayando con el ukelele para Marienbad, se me ocurrió hacer una versión con ukelele y piano. No la he publicado, pero la tengo por ahí.

Y, claro, también están los acordes para guitarra en WikiTabBook y, lo más extraño de todo, la entrada que escribí en la Wikipedia.

No sé qué será lo siguiente, pero no parece que se vaya a acabar aquí mi historia con esta canción.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
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Luz de guitarras en llamas

~ sábado, noviembre 01, 2014 ~


Crónica del concierto de Quique González y José Ignacio Lapido en el Centro Niemeyer el 31 de octubre de 2014


Mientras nos acercábamos al Niemeyer, sonaba en el coche el Luz de ciudades en llamas y las columnas de humo de Aceralia daban un nuevo sentido a la canción. Algo similar pasó en el concierto: la banda híbrida que formaron Quique González y Lapido transformó sus canciones y nos permitió a los asistentes disfrutar de nuevas lecturas para las palabras ya sabidas. Un lujo.

El auditorio no estaba lleno, aunque es la vez que lo he visto con más gente: da una sensación de amplitud tan grande que parece imposible llenarlo. El escenario, que tampoco es pequeño, estaba bien surtido con un amplio catálogo de amplificadores e instrumentos.

Amplificadores de Víctor (un Music Man y un Fender)

Amplificador de Pepo (un George)

Los técnicos, uno del equipo de Quique y otro de Lapido

Cuando, con menos de quince minutos sobre la hora anunciada, los músicos salieron al escenario a interpretar Ladridos del perro mágico, un hecho llamaba la atención: el frontal de cuatro guitarras.

La banda interpretando la primera canción
En la mayor parte de las canciones, Víctor Sánchez y Pepo López usaban eléctricas y Quique y Lapido acústicas, aunque en algunas Lapido sacó su SG y Quique en ocasiones cantó a cuerpo.

Quique cantando sin guitarra Hotel Los Ángeles

Los músicos estaban dispuestos en dos líneas: el ataque, con las susodichas guitarras, y la retaguardia, con la batería de Edu Olmedo a un lado en lugar de la típica posición central, que estaba ocupada por el bajo de Ricky Falkner, flanqueado en el otro ala por el piano y el Hammond de Raúl Bernal. Ciertamente, es una alineación que funciona, aunque después de haber visto la disposición que utilizó sobre el mismo escenario Jero Romero, con los músicos mucho más apretados, me pregunto si esa configuración compacta no facilitará la comunicación entre intérpretes.

Configuración de la banda de Jero Romero sobre el mismo escenario un par de meses antes

No se me malinterprete: no faltó comunicación ni espíritu de banda. Incluso en los extremos, se podía apreciar el diálogo entre Víctor y Pepo. Pero es que todavía estoy anonadado por el efecto conseguido por Jero y los suyos.

Un detalle que me llamó la atención es que además de profusión de guitarras, había derroche de voces: hasta seis sonaban a la vez cuando todos menos Edu cantaban en muchas de las canciones.

Para mí el mayor acierto del concierto es la naturalidad con la que el repertorio perdió su adscripción: a alguien que no conociese las canciones de antes no le sería fácil decir de quién era cada una, excepto tal vez por el estilo lírico tan marcado que tienen las hijas de Lapido. Las cantaban al alimón, como si siempre hubiese sido así y, también, sin que diese la sensación de que había habido un reparto buscando algún tipo de equilibrio forzado.

Yo esperaba que las canciones de Lapido mejorasen al ser cantadas por Quique, que tiene una voz que me gusta mucho más. Lo que me sorprendió fue que también se dio el efecto contrario. Por ejemplo, Vidas cruzadas, que aunque resultona en directo nunca ha sido una de mis canciones favoritas del madrileño, ganó una intensidad y una rabia nuevas en la garganta del granadino.

Otro acierto fue la elección de canciones, sobre todo en las de Quique, que dejaron de lado muchas de sus más habituales (en la parte conjunta, ¡sólo sonó En el backstage de sus cuatro primeros discos!) para incorporar otras que no toca tanto. La más sorprendente: Se equivocaban contigo. Pero no sólo en la propia elección de canciones había sorpresas, sino también en su interpretación. En Kid Chocolate, hubo un final instrumental muy logrado, Me agarraste sonó muy distinta y en Algo me aleja de ti hicieron una versión que no era ni la que grabó su autor originalmente ni la de la versión registrada por el madrileño en Daiquiri Blues.

En definitiva, se notaba mucho trabajo detrás de los arreglos y cuando se tiene a unos músicos así, con pelos a veces largos pero siempre encanecidos, eso sólo puede dar buenos frutos.

La sección rítmica me gustó mucho. La mejor forma de definir el trabajo de Edu Olmedo es «solidez», aunque sea un tópico para describir baterías; no hubo florituras ni excesos, pero incluso el detalle de marcar el tempo en canciones en las que empezaba un músico solo proporcionó una base sobre la que armar las canciones sin peligro de derrumbe. A mí me gustan mucho esos baterías que dirigen la banda por donde tiene que ir casi sin notarse.

El bajo de Rick Falker me sorprendió: estaba en su sitio, la base junto a la batería, pero de vez en cuando hacía pequeñas melodías o riffs que sonaban muy definidos y entraban justo cuando tenían que entrar.

Le tengo mucho cariño a Víctor Sánchez: esa pasión que pone al tocar, sin parar de gesticular y de moverse, se transmite en los sonidos, muy bien escogidos, de su guitarra y no suena a postureo vacío sino a todo lo contrario, a desinhibición, a expresión de su amor por la música.

Víctor Sánchez levitando

Por desgracia, no pude casi apreciar la guitarra de Pepo: desde nuestra primera fila muy lateral, no se oía más que ocasionalmente cuando se quedaba solo.

Los pianos de Raúl Bernal también contribuyeron con éxito a cimentar el edificio instrumental sobre el que brillaban las letras de los dos principales protagonistas. El órgano (me quedé con ganas de saber qué modelo era) añadía el toque de intensidad adecuado cuando era necesario.

Al hablar del cantautor madrileño, voy a empezar, para quitarlo de en medio, con un detalle que preferiría que mejorase: esa costumbre de separarse del micro en los agudos que hace que se pierda el sonido y la voz quede fuera de plano. Por lo demás, estuvo muy bien. Como el resto de los músicos, se notaba que  estaba disfrutando del momento. En la presentación del equipo dio las gracias al técnico de monitores por el sonido que habían tenido en el escenario, un gesto que denota lo cómodos que habían estado.

Entiendo su felicidad: es sólo unos días más viejo que yo, así que puedo imaginarme que, como yo, en su juventud escucharía las canciones que Lapido escribía para 091 con la admiración y el deseo de hacer algo así que nos invade a los que nos gusta hacer canciones cuando reconocemos a alguien que tiene un lenguaje propio y consigue crear obras que tienen ese aire de inmejorables, casi de necesidad, en el sentido de todo lo contrario a contingencia. Me gusta que Quique propusiese Nubes con forma de pistola de aquella época porque es también una de mis favoritas, una canción que he tocado mucho, como demuestra el hecho de que la eligiese para abrir el vídeo de homenaje a 091 que publiqué hace tiempo. Eso sí, ayer pude comprobar que, para variar, la toco mal.

La calificación de «maestro» es merecida para Lapido. Estuvo como en los dos conciertos que le he visto con su banda, serio, centrado en la interpretación, en que suenen bien esa música y esas palabras que, en definitiva, eran las verdaderas protagonistas de la noche. Pero como muestra de que a pesar de su rostro serio está disfrutando por dentro, llegó a sonreír el tramo final cuando Víctor no pudo evitar cantar un estribillo en el micro de Quique. Me gustó mucho en sus solos, cuando pisaba el pedal para que su SG tomase el lugar central.

Una diferencia con los dos conciertos anteriores de Lapido que he visto es que aquí el sonido fue mucho más claro, probablemente gracias a la buena acústica del teatro. Como hago siempre en estos casos, no puedo dejar de señalar que, aunque estoy viejo y me gusta mucho poder escuchar bien todo, el rock no se hizo para teatros. Esta banda requiere libertad para los pies y el cuerpo. ¿Cómo circunscribirse a un asiento en algo como este Cuando por fin?

Sólo hubo un hueco para la intimidad. En la vuelta del primer bis apareció Quique solo y cantó, dedicada a Máster, su road manager, Reloj de plata. Preciosa, y un recuerdo de que cuando está ahí, solo con su guitarra, tiene una magia especial. Luego, en el regreso para el segundo bis, Lapido salió acompañado sólo por Víctor y Raúl para hacer esa obra maestra que es En el ángulo muerto. Creo que el hecho de que José Ignacio no saliese solo muestra que los dos protagonistas, que tan bien funcionan juntos y tanto tienen en común, vienen sin embargo de escuelas distintas.

En el último tramo, hicieron Clase media y como antesala del final hicieron otra canción que debería formar parte de cualquier antología del rock en español: Cuando el ángel decida volver, y acabaron con un Dónde está el dinero, que en estos días de imputados que pagaron con dinero público cacerías con testículos en la cabeza, póker y putas suena más actual que nunca. Añadieron al final un pequeño estribillo con el título de la gira: Soltad a los perros, que integrado en la canción ganaba un nuevo sentido.

El concierto se me hizo corto aunque, según indican los tiempos registrados por el móvil en las fotos, duró dos horas. Acabé con la sensación de que esta es una gira que va a entrar en los anales de las giras conjuntas de la música española, al lado de aquella de Kiko Veneno y Juan Perro.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
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