Escritos sobre música





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Aunque tú no lo sepas: las versiones

~ miércoles, enero 06, 2016 ~

Hace un año y pico publiqué un vídeo para hacer karaoke de Aunque tú no lo sepas. Es el vídeo que he hecho con más éxito hasta el momento: a día de hoy tiene casi 90000 reproducciones y se han perdido 226667 minutos de tiempo viéndolo. Una de las cosas más curiosas es que se ha utilizado muchas veces para hacer versiones.

Aquí una lista de las ¡40 versiones! utilizando mi vídeo que he encontrado:















































































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1:21 p. m. | Comentarios (0) | Referencias

Homenaje a Salitre 48

~ martes, diciembre 29, 2015 ~

Este año se cumplen 15 otoños desde que se publicó Salitre 48, uno de los discos más importantes de mi vida: aparte de lo mucho que he disfrutado escuchándolo, me convirtió al quiquifrikismo y, gracias a eso, conocí personas fundamentales en mi vida.

Además, también me animó a recuperar la costumbre de hacer canciones: viendo en el concierto de presentación a Quique y Carlos Raya tocando las canciones con dos acústicas, me convencí de que con sólo una guitarra se puede construir una buena canción. Por aquel entonces yo sólo tenía una española, pero eso no evitó que lo intentase. Por supuesto, lo que parecía fácil no lo es: además de una guitarra, es necesario tener capacidad para hacer buenas melodías (y yo ni sé cantar aproximado) y hacer buenas letras. Eso sí: sigo divirtiéndome intentándolo.

Salitre 48 eran, en teoría, unas maquetas publicadas como disco, pero ahora al volver a escucharlo sigo maravillándome con los innumerables detalles en los arreglos, en especial en las guitarras, pequeñas gemas que demuestran la maestría de Carlos Raya sin necesidad de grandes presupuestos.

Para homenajear al disco, se me ha ocurrido una forma que va a batir récords de quiquifrikismo: tocarlo entero. Mi intención era grabarlo de una sentada, tocando a la vez que el disco como he hecho tantas veces. Al final, tuve que hacer dos tomas porque al móvil se le acabó la batería antes que a mí. Hay bastantes errores porque no hice ningún tipo de preparación y no era la intención hacer algo muy trabajado.

Igual lo que he hecho le sirve a alguien como base para un karaoke, o a otros para ver los acordes que reflejé en la web que hice poco después, Y sangrando los dedos, y que acabaron en WikiTabBook. Probablemente nadie sufra la hora y pico entera escuchando sólo una guitarra (no he puesto el disco de fondo para no tener líos de derechos de autor). En cualquier caso, creo que no hay mejor manera de celebrar un disco que escucharlo y tocarlo.


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Guitarristas femeninas

~ domingo, septiembre 13, 2015 ~

Una de las cosas que más me gustó del viaje que hice en verano por el sur de Estados Unidos fueron los museos sobre música: el Country Hall of Fame de Nahsville, el Rock'n'Soul Museum de Memphis y el de Stax en la misma ciudad. Y una de las cosas que me sorprendió es aprender sobre algunas guitarristas femeninas que no conocía y sobre su importancia: Mother Maybelle Carter, Sister Rosetta Tharpe y Mary Ford. Las tres aparecen en este muy buen vídeo que me ha sugerido hoy YouTube:



Hay también otras que no conocía y que parecen interesantes. Siempre hay tanto por conocer...

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8:49 a. m. | Comentarios (0) | Referencias

Días de radio

~ miércoles, agosto 26, 2015 ~


Esto fue escrito en el ALSA entre Gijón y Madrid a principios de agosto


Hasta ahora no había hecho una reseña de un programa de radio en estos escritos sobre música. Algo injusto, porque la radio ha tenido mucha importancia en mi vida musical -o sea, en mi vida a secas- desde que con cuatro años me dedicaba a escuchar Los 40 Principales esperando que saliesen canciones de la Trinca en una radio de pilas (un transistor, como se llamaban entonces) que me regaló mi abuela.

Luego fui habitual del Derrame Rock de Alberto Toyos en mis años heavies y, un poco después, de la programación de Radio 3. Ahí, un programa me cambió la vida: una noche, en el Trópico Utópico de Roberto Poveda, echaron un concierto de Kiko Veneno y Juan Perro. Yo ya era fan de Kiko, así que lo grabé en una cinta. El programa duraba más que el concierto y lo completaron con Camarón y con unas bulerías de Manuel Molina. Además, la sintonía era una canción hipnotizante que, como las otras, llegó a obsesionarme: “El secreto” de Henry Fiol. Me hice asiduo del programa y ahí descubrí a Caetano Veloso, a Omara Portuondo, a Chucho Valdés y a tanta, tanta buena música que es una vergüenza que hasta ahora no le haya dedicado unas palabras de agradecimiento. Sirvan estas.

Hablando de programas de radio, hubo también una noche muy especial de un programa que sólo escuché aquella vez y que, sin embargo, nunca he olvidado: era en Radio Kras y no tengo ni idea de quién lo hacía ni de cómo se llamaba el programa; lo único que sé es que me quedé atravesado por un rayo durante una hora en la que se mezclaban lecturas de cronopios y famas con la voz de una persona –no era capaz de determinar si hombre o mujer- que decía el tango como si fuese una tragedia griega de las que resumen la mísera existencia humana. Luego supe que era Adriana Varela y luché muchísimo por aprenderme alguna de aquellas guitarras intrincadas que acompañaban su voz grave. Todavía a día de hoy maltoco y malcanto “Afiche”, “Muñeca brava”, “Como dos extraños” y la maravillosa “Balada para un loco” que hacía con Roberto Polaco Goyeneche.

Ahora la radio en mi vida queda confinada al coche, cuando no tengo ningún podcast que me acompañe, aunque los podcasts creo que no dejan de ser muy distintos de los programas de radio.

De hecho, el programa que me ha llevado a escribir esto no lo escuché en la radio sino en el ordenador (por cierto, una CPU típica tiene decenas de millones de transistores), en Sound Cloud, aunque fue hecho para la RTPA (Radio Televisión Pública Asturiana). Se trata del primer capítulo de “Esperando que pare”, donde Pablo Moro se ha decidido a invitar a gente para hablar de canciones. Y ha conseguido emocionarme. Porque yo pertenezco a esos enfermos que se obsesionan con las canciones como si fueran algo importante para la supervivencia.

Muchas cosas del programa hicieron que desease escribir aquí, algo raro en los últimos tiempos. Para empezar, que pusiese aquella escena de “Lugares comunes” que es uno de mis momentos favoritos en la historia del cine, la discusión entre el personaje interpretado por Federico Luppi y su hijo.
Otra sorpresa, quizás la principal, es que contestase a una pregunta que me había hecho muchos fines de semana: ¿quién escoge las canciones en la RTPA? Porque muchos sábados o domingos, conduciendo hacia un ensayo y buscando algo escuchable en el dial (otro término ya sin sentido), me sorprendía en la RTPA una canción que no conocía pero que me gustaba. A veces era de un grupo que sí conocía, pero una canción que no era de sus clásicas. Y, de verdad, que me reconcomía la duda de quién escogería canciones tan bien. En el programa de Pablo Moro descubrí la respuesta: Manolo Abad, mítico periodista de la escena asturiana y, a la vista está, un auténtico connoisseur.

Lo que no fue sorpresa, porque estaba anunciado en el enlace que seguí, era que entrevistaba a Alfredo González, que empezó diciendo que era más de canciones que de discos, artistas o estilos, algo con lo que me identifico.

Resultó muy interesante el debate entre Pablo y Alfredo sobre la exigencia de autobiografía en las canciones. Me hizo recordar que en el instituto me enseñaron algo así como que la lírica era el género que expresaba los sentimientos, el yo; de ahí probablemente esa exigencia. En cualquier caso, es un debate antiguo el de la importancia de la vida del autor para comprender su obra, en cualquier disciplina artística. Yo creo que en la canción es más fácil que en otras disciplinas olvidarse del autor: a fin de cuentas, es habitual que el intérprete y el autor sean distintas personas y que las canciones se independicen y acaben valiendo por sí mismas. Sin embargo, es verdad que yo suelo investigar sobre el proceso de creación de las canciones y me gusta saber de dónde vienen y que me cuesta separar la obra y el autor. Me ha pasado, en un ejemplo de otro orden, la novela, con Tolstoi: emocionado por su “Guerra y paz”, con la profunda compresión del alma humana que se adivinaba en esa obra, quedé sin embargo muy decepcionado tras leer fragmentos de sus diarios y los de su esposa.

Aparte de las interesantes conversaciones, el programa regaló tres interpretaciones curiosas (con batería pero sin bajo) e intensas de canciones del último disco de Alfredo, lo que no es poca cosa.

En definitiva, que como adicto a las canciones, estoy esperando ya el segundo capítulo.

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Una escucha: Santa

~ martes, junio 02, 2015 ~

Encuentro una interesante entrevista con Zahara, pero en cuanto leo un poco paro de leer y decido hacer lo que me gusta: escuchar sin prólogos, dejando que sean mis oídos y mis prejuicios los que escuchen sin necesidad de los de otros.

Me encuentro con un disco que suena tremendo. Tiene mucha variedad: del sonido épico de La Gracia (en lo poco que leí en la entrevista Zahara hablaba de El Señor de los Anillos, pero a mí me recordaba a Juego de Tronos y eso que sólo sé de la serie que tiene mucho éxito y que muchos mueren), al intimismo de Int. Noche o el punto western de La Flamenca, esa canción que está oculta en la última pista (nunca he entendido por qué hacen eso), pero lo que domina es un sonido con cierto punto ochentero pasado por el indie moderno: ritmos vivos, teclados, mucha reverb en la voz y en la caja... Pero cuando suena a años 80, no tiene nada que ver que las producciones no excesivamente logradas de los grupos españoles de entonces, sino a las mejores producciones de grupos internacionales.

En las letras, me hizo sonreír Caída Libre, me gustó que subvirtiese las imágenes religiosas en Inmaculada Decepción, me resultó un poco tópica Donde Habitan los Monstruos y me gustó mucho el descreimiento lúcido (pero espero que temporal) de Int. Noche y me llamó la atención una frase: «esa no es la vida que elegiste para mí». ¿Es una contestación al «esta es la vida que yo quería para mí pero no es la vida que tú querías para mí» de Quique González?

Un disco para escuchar más.

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Una escucha: Lo malo que nos pasa

~ viernes, mayo 22, 2015 ~

Escucho el disco recién salido de Francisco Nixon y se me pone una sonrisa: tiene vis cómica. Aunque, no sé, esto a veces ya casi parece La Trinca.

Los ripios alcanzan cimas estratosféricas: la rima con "casa de tus padres" está sólo a la altura de la realeza (pun intended). Y ha conseguido lo que creía imposible: sorprenderme con una rima consonante con "coche".

Consigue capturar las tonterías de la vida, hablar de cosas que reconocemos. La de La Empresa es mundial. Y una música muy curiosa. La de Siempre es el cumpleaños de alguien expresa con exactitud la división entre extrovertidos e introvertidos.

Habla de lo que reconocemos pero siempre con humor: con esa voz que tiene no hay mucho lugar para los dramas. Hasta la canción para Sergio Algora, Capitán Negrito, te deja buen cuerpo. Y es preciosa.

En lo musical, es original esa recuperación sonido setentero, pero al mismo tiempo, como tantas otras cosas actuales (la recuperación del soul, por ejemplo), adolece de una falta de sorpresa que nos recuerda que los ejercicios de estilo son sólo eso: ejercicios. Por supuesto, al mezclarlo con su voz y sus letras, es otra cosa a aquello, pero...

Una cosa: no sé quién será el bajista (no entiendo cómo Spotify da menos información sobre las canciones que los discos físicos, qué desperdicio), pero hace un trabajo estupendo, en especial en Médico rural.

Qué bueno: ahora canta Ahora estás enganchado a los videojuegos / pasas tu vida en casa en tu labor de minero, y yo estoy escuchando mientras juego al Clash of Clans. Es la solución que he encontrado para escuchar música: jugar a un juego que no requiera mucha atención para poder fijarme en la música. Nunca he podido escuchar música mientras navego por Internet: no me concentro en ninguna de las dos cosas. Pero me cuesta mucho escuchar música en modo exclusivo, como hacía de joven: todavía lo hago, antes de acostarme, pero no suelo durar muchas canciones y, además, me da por escuchar las mías.

Robando cobre tiene un sonido bastante original. Sale un poco de los 70 y suena ya a principios de los 80.

Tengo que escuchar el disco más.

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Un refugio en tres canciones

~ viernes, mayo 08, 2015 ~

A última hora de la noche, cuando necesito llamar al sueño, vuelvo una y otra vez a un conjunto reducido de canciones. Por ejemplo, a tres de Lucinda Williams: Fruits of My Labour, Over Time y World Without Tears.

Todas pertenecen al disco que toma el título de la última. Es una cosa curiosa: creo que lo he escuchado entero, como algún otro de Lucinda, y, sin embargo, no recuerdo ninguna otra canción. Por alguna razón, me quedé anclado en esas tres y no salgo de ahí.

Son tres canciones lentas, muy similares. Todo lo domina la maravillosa voz de Lucinda, una de esas voces que suenan a amplificador de válvulas. Y es que la guitarra, precisamente, es otro elemento que me gusta mucho y encuentro que hay un amalgamiento entre los sonidos que salen del aparato fonador de Lucinda y el amplificador de quien sea que toque la guitarra; hay algo en común entre ese sonido ligeramente distorsionado, con trémolo, y la forma que toma el aire al pasar por las cuerdas vocales de Lucinda, como si las de ella también estuviesen hechas de acero.

Music to soothe the sould, música para reconfortar el alma. Esos sonidos ligeramente rotos de la voz y la guitarra, acaban siendo como unos vaqueros muy usados que son más la casa de nuestro cuerpo que nuestra propia casa.

No sé lo que me digo. He llamado al sueño y está aquí. Sólo quería compartir la belleza.

If we lived in a world without tears
How would bruises find
The face to lie upon

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12:44 a. m. | Comentarios (0) | Referencias