Escritos sobre música





Powered by Blogger

Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Una escucha: La Higuera de Kiko Veneno

~ miércoles, junio 19, 2019 ~

Escucho por primera vez el nuevo disco de Kiko Veneno, "Sombrero Loco". Voy por la segunda canción. Me sorprende que, a sus años, Kiko haya hecho un disco que suene distinto. Estos días estoy escuchando el último de Leiva, "Nuclear", y me resulta casi sorprendente cómo me suenan todas las canciones a canciones que ya le he escuchado a Leiva.

Lo de Kiko no me gusta tampoco. Lo de siempre últimamente: prácticamente nada me gusta. En la primera canción se me hace cansado que no haya cambio de armonía. Me gusta lo de "Que viva el número pi". Sorprende esa referencia en Kiko. En la segunda me pasa algo parecido, aunque ya hay más cambio. Me resulta también muy meritorio que, a pesar de intentar utilizar sonidos actuales, no se limita a imitar lo que hacen los jóvenes: intenta que esté por ahí su raíz, su guitarra española y su batería real mezclada con las cajas de ritmos. Y vaya batería: el final es muy bueno.

De Kiko se resaltan mucho las canciones, pero toda su vida ha estado también muy preocupado por el sonido. No es historia de la música española sólo por casualidad ni por los golpes de ingenio: a pesar de su supuesta ligereza, hay un esfuerzo.

Me podría identificar con lo de "Soy feo" de autorretrato, pero dice: "por lo menos tengo pelo" y yo no...

"Vidas paralelas" la había escuchado antes hecha sólo por él en guitarra. Tiene gracia lo de Ikea.

Chamariz suena más tradicional en la armonía y creo que de momento es la que más me gusta. Curiosos los arreglos de cuerda.

"Yo quería ser español" está lleno de genialidades, aunque lo entrecortado del ritmo me impide disfrutarla.

¡Vaya preciosidad que es "Obvio"! ¿Es un bolero clásico o es que Kiko ha compuesto un clásico de los boleros?

"Sombrero roto" es la referencia a su pasado que sirve de metáfora perfecta de lo que ha sido su obra. Tiene pinta de ser una canción muy divertida en directo.

"Ojalá" empieza con un punto Beatles. Ya hay varias canciones en las que estoy echando de menos el bajo al principio. Qué bien expresa la soledad del mundo moderno. Ya hay varias canciones en las que aparecen disonancias extrañas.

"Títiri" es vacilona. Me da la sensación de que con un gran combo cubano sonaría mejor que con estas bases electrónicas. Pero sería menos original. La guitarra me recuerda a Saint Etienne.

"Miss You" parece empezar con el mismo tiempo que la anterior. También es muy Beatle. Cantada con ese inglés, recuerda a Los Manolos.

Igual debería escucharlo más.

Etiquetas: , ,

Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
11:57 p. m. | Comentarios (0)

Todas las canciones son Blues

~ miércoles, mayo 01, 2019 ~


Crónica del concierto de Bob Dylan en el Pabellón Adolfo Suárez de Gijón el 28 de abril de 2019


No fui a verle en 1993 ni en 1999, las primeras veces que actuó en mi ciudad: yo ya era fan, pero me parecía que estaba acabado. Claro, luego hizo esa maravilla que es Modern Times... Esta vez acudí porque me parecía criminal tener una oportunidad así, de ver a uno de mis artistas favoritos, un artista decisivo en la historia de la música, y perdérmelo. Y porque tenía con quién ir.

Se llenó el Pabellón de gente entre divertida y asombrada de saber que no podía hacer fotos durante el concierto. Yo, ciertamente, eché de menos tirar alguna foto, aunque quizás me haya venido bien...

Ver a Dylan a estas alturas es probablemente ver a alguien que tiene poco que ver con el de los 60, los 70 o incluso los 80. Ahora me da la sensación de que interpreta todas las canciones en una misma línea: como si fuesen alguna variación de Blues, ejecutadas en cierto modo con esa libertad del jazz que en realidad resulta casi formulaica.

Empezó con Times Have Changed, cambiada, pero no tanto como la segunda, It ain't me. Es como si hubiese borrado cualquier atisbo de folk. No sé si se puede decir que es la misma canción: cuando se cambia tanto un arreglo, ¿sigue siendo el mismo tema? Pasó en muchas ocasiones y no es que estuvieran mal los nuevos trajes, pero yo debo de ser muy básico porque me gustan los originales.

Puede que sea que Dylan está aburrido de aquellos sonidos. Quizás también que ya no pueda hacer aquellas melodías: ahora casi todas son frases entrecortadas, lanzadas con ese fraseo de profeta que nos está descubriendo un mundo que no conocemos. Y lo asombroso es que debe estar viéndolo en su cabeza: no me dio la sensación de que estuviese leyendo las letras.

Se pasó casi todo el tiempo detrás del piano, incluso tocando la armónica, pero me sorprendió cuando se levantó cogió el pie de micro y lo inclinó para cantar: a ratos, ese anciano de casi 80 años que parece no tener fuerza para aguantar una guitarra, me recordaba a un niño jugando ante el espejo a ser frontman de una banda de rock...

La banda, sin embargo, sonaba contenida, acolchada detrás de su voz (que de todas formas me sorprendió por lo clara que se oía). Curioso fue también que entre canción y canción no dejaban silencio: probaban sus instrumentos (no sé cuántas guitarras utilizó Charlie Sexton; a la quinta canción y quinta guitarra, dejé de contar) o, si no, el batería, George Receli, daba golpes como para luchar contra el vacío y, en un momento dado, casi sin avisar, comenzaban el siguiente tema. Me disgustaba que a veces los finales me caían un poco precipitados...

El bajista, Tony Garnier, me gustó mucho más con el contrabajo que con el bajo eléctrico, que estaba demasiado apagado. Pero con el contrabajo, tanto con dedos como con arco, espectacular. Donnie Herron estaba casi todo el tiempo creando ambiente con el pedal steel, aunque también tocó el banjo y el violín.

La música parecía mejor concebida para locales pequeños que para un pabellón. Sólo se concedió un poco a los tópicos del rock de estadio en el estribillo de Like a Rolling Stone, con una batería a negras, justo después de hacer un puente casi sin batería.

Tocó algunas canciones del último disco, Tempest, que yo no conocía. De la antes mencionada obra maestra Modern Times, sólo tocó Thunder on the Mountain, nuevamente cambiando el riff principal de la canción y hasta la armonía, introduciendo un nuevo acorde. Sonó Blowing in the Wind, pero faltaron muchos clásicos: tiene demasiados.

Al final, Dylan saludó varias veces. No se dirigió nunca al público, pero tampoco pareció hosco: simplemente estaba concentrado en la música.

En definitiva, ver a Dylan es como ver La Mona Lisa: algo que hay que hacer si tienes la oportunidad, pero que nunca está a la altura de la leyenda porque es demasiado inmensa.

Por ser Dylan quien es, estoy haciendo esta crónica, pero creo que es injusto no haberla hecho del concierto de Íñigo Coppel una semana antes en el Libertad, 8 de Madrid: porque puede que no vaya a cambiar la historia, pero la verdad es que con Coppel lloré y reí y viví la música con una intensidad que merecería una mejor reseña. Quede aquí a modo de recuerdo.

Etiquetas: , ,

Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
1:37 p. m. | Comentarios (0)

Kavafis con guitarra

~ domingo, marzo 03, 2019 ~

Rafael Berrio tiene nuevo disco, "Niño futuro", y desde la primera canción demuestra que la pobreza léxica y temática de la que adolece el pop y el rock en español es simplemente que otros no tienen su cultura, ni su talento para conseguir que palabras que ya casi están desterradas del habla común no suenen a pedantería, sino a un intento de nombrar de la manera más exacta y bella la realidad. Yo, que aprecio la tecnología como una de las más altas cimas que ha alcanzado el ser humano y que soy de ciencias, creo que no hay que olvidar que esas lecturas de siglos pasados que afloran en la obra de Berrio, esos clásicos, no han sobrevivido al desgaste del tiempo por casualidad, sino porque hablan de constantes en nuestra naturaleza. Así, como cuando Kavafis utilizaba formas antiguas en sus versos pero hablaba a sus coetáneos y nos habla a los que vivimos un siglo después, los versos electrificados de Berrio nos interpelan directamente, a pesar de su aire arcaizante, a los que estamos vivos en 2019.

Es importante señalar que, a pesar de las letras deslumbrantes, Berrio nunca comete el pecado de olvidar que está creando canciones y consigue maravillas como que un estribillo sea "Es preciso abolir el alma, abolir, abolir el alma" o que acabes tarareando "¡El horror, el horror...!".

Mención aparte merece la banda. Imagino que es la misma que ya demostró su maestría en "Paradoja", pero aparece un nuevo elemento: un piano que en varias ocasiones introduce rápidos arpegios que no son nada habituales en la música actual y que contribuyen a ese sonido propio.

Los discos de Berrio son los que más que han gustado de estos últimos diez años. No escucho demasiada música nueva y, cuando lo hago, enseguida me canso: me suena todo ya tan conocido... Pero Berrio es sorpresa y, en cuanto acaban las diez canciones, quiero volver a empezar por el principio. Ya no me parecen tan novedosas sus composiciones porque tienen que ver con obras suyas pasadas, pero no se parecen a nada más, mientras que otros autores hacen canciones como muchos otros y no aburren ya por su propia falta de originalidad sobre sí mismos, sino también sobre todos los demás.

Probablemente el éxito de la obra de Berrio no llegue a ser masivo, pero estoy seguro de que a algunos pocos nos ha marcado profundamente.

Etiquetas:

Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
11:10 a. m. | Comentarios (0)

De Rosalía, Jaime Altozano y la música hoy en día

~ lunes, noviembre 26, 2018 ~

Acabo de ver una cosa maravillosa: Rosalía comentando el vídeo que hizo Jaime Atozano sobre su disco. Me ha parecido extraordinario por varios motivos (hagásmolo con puntos en plan documento técnico):
  1. Rosalía habla en profundidad de dónde sale la música de su disco. Esto es algo que yo echo mucho de menos: que los músicos hablen de música. Las entrevistas al uso suelen centrarse en detalles accesorios (las giras, el concepto del disco, la vida de los artistas...) sin llegar a los sonidos en sí y a cómo se crearon. Tal vez para apreciar las salchichas no haga falta saber cómo se hacen las salchichas (y en el caso de las salchichas, seguro que es mejor no saberlo), pero yo cuando escucho canciones siempre quiero saber más de cómo nacieron, del proceso creativo que hay detrás.
  2. Rosalía utiliza las nuevas tecnologías para establecer un diálogo con una persona que estaba utilizando las nuevas tecnologías para hablar sobre su música. Las posibilidades de YouTube o las stories de Instagram son increíbles, y aunque tantas veces se utilicen para pasar el rato o, directamente, para memeces, cuando se utilizan para esto me hacen sentirme agradecido por estar viviendo en esta época.
Tengo que decir que a mí el disco de Rosalía no me apetece volver a escucharlo, pero me parece que lo hay que detrás del disco y el propio resultado, aunque no sea de mi agrado, es muy valioso. Con los vídeos de Jaime Altozano también tengo un relación contradictoria: me parecen muy interesantes, me entretienen y me ilustran, pero su forma de decir las cosas me resulta desagradable; nunca es "Yo creo que es así", sino "Es así", cuando a veces no es así.

Tal vez sea una performance, como diría Ter, pero lo que me transmite es una suficiencia poco irónica y poco abierta al hecho de que todos sabemos muy poco. Por ejemplo, en el vídeo sobre Rosalía habla de flamenco y trap y se nota que no es ni mucho menos un experto en esos campos, pero hace afirmaciones como si lo fuera: la propia Rosalía, sin meterse con él y de una forma humilde y agradecida a su vídeo, explica de dónde vienen algunos aspectos que Jamie analizó incorrectamente. En cualquier caso, su análisis, aunque me parece que tiene este defecto que menciono, sigue siendo muy interesante y está trabajado de una forma que consigue que a la gente que no se dedica a la música le interese estos temas de composición, armonía, producción... que a mí me fascinan.

Pues eso, aunque ninguno me convenza, me parecen maravillosos, cada uno en lo suyo. Y ya que estoy hablando de cosas increíbles gracias a la tecnología, este vídeo de Paul McCartney explicando de dónde salieron sus canciones es también fascinante. Y, mira, también tiene algo en común con los otros dos: a mí no acaba de gustarme, pero sé que ha hecho obras de un valor incalculable.

Etiquetas: , ,

Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
11:02 p. m. | Comentarios (0)

Pardao

~ sábado, septiembre 29, 2018 ~

Hoy me dio por escuchar "Parece que fue ayer" de Los Suaves. Me la puse en YouTube mientras la tocaba con la guitarra. Cuando acabó, el algoritmo me propuso escuchar "Pardao", así que la puse y, mientras tocaba, directamente de las manos, surgió un recuerdo: esa fue la primera canción que intenté aprender con la guitarra. Sí, sí, ese ligado con re suspendido, cuánto me costó...

Aquello fue hace 29 años. Empecé por "Pardao", aunque no era de las canciones de Yosi que más me gustaban (no estaba mal, pero era demasiado tópica), porque era acústica: yo soñaba con tocar la guitarra eléctrica, pero lo que tenía era una guitarra española que mi prima se había comprado para tocar en la iglesia, la misma guitarra que estaba tocando hoy... Como en esa guitarra las canciones con guitarras distorsionadas no sonaban, me pareció lo mejor intentar "Pardao", que era la primera canción acústica que grababan Los Suaves.

Me ha dado ahora por escuchar otras canciones suyas. Recuerdo también cómo los descubrí: un día en un programa de radio (cuál ya no me viene a la memoria) echaron un concierto en directo y, no sé por qué si no los conocía, lo grabé. Lo escuché mucho y eso que en algunas canciones no había voz: la cantaba entera el público.

Con el tiempo, conseguí los tres discos que tenían en aquel momento, "Esta vida me va a matar", "Frankestein" y "Ese día piensa en mí" y los escuché muchísimo. La desesperanza de las letras de Yosi era justo lo que yo sentía.

En aquella época no habían tocado nunca en Asturias, así que, con 17 años, nos fuimos en bus a verlos a Reinosa. Busco ahora en Internet y tuvo que ser el 29 de diciembre de 1990: nunca olvidaré que no íbamos con mucha ropa, simplemente una camiseta, una sudadera y una chupa, y además nos habíamos puesto en primera fila, mi primo había apoyado su cazadora en el escenario y Yosi la tiró al público: nunca volvimos a verla. Como pobres chavales que éramos, no teníamos donde dormir esa noche y el plan tras el concierto era esperar el primer tren, a las 6 de la mañana. Pasamos la noche rondando por Reinosa, sin ir siquiera a los bares, y acabamos metiéndonos en un portal para intentar echar una cabezada... Y pasamos mucho frío, porque era diciembre y, aunque no lo sabíamos, Reinosa estaba al lado de la estación de esquí de Alto Campoo.

Las cosas que se hacen cuando eres joven... y amas mucho la música. Eso también estaba en las canciones de Los Suaves: entre la desesperanza, sólo un asidero: la música. Recuerdo también que, en aquellos años de inconsciencia, solía escribir en los pupitres del instituto y me dio por escribir la letra de "Esta vida me va matar":

Llevamos un siglo tocando
y aun no vimos un duro,
descargando como locos,
canciones y el material,
discutiendo en los ensayos,
pagando letras con apuros.
Y es que vivir con el rock,
amigo, me va a matar.

Lo vio uno de mis compañeros, que tocaba la guitarra en un grupo que luego básico en Xixon Sound y, aunque él no iba de ese palo, le hizo gracia y me lo comentó.

Cuánto escuché aquellas canciones... Yosi tiene la capacidad de contar las pequeñas tristezas de la vida real sin artificios, como son. Ahí está "Siempre igual", ese sensación de bucle, de lluvia perpetua, de gris perenne de un currante más.

¿Y qué decir de "Frankestein (Todos somos el monstruo)"? Yo, de aquella, no había leído todavía el libro, pero la metáfora me llegaba igual.

Estoy escuchándolo ahora y sigue gustándome: da igual que todavía pueda apreciar más que antes el mal sonido y la ejecución deficiente,da igual que pueda identificar esa tópica angustia existencial adolescente, esas canciones son parte de mi vida, son parte de lo que soy.


Etiquetas:

Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
11:22 p. m. | Comentarios (0)

La música y lo desconocido

~ martes, agosto 28, 2018 ~

Recuerdo perfectamente la primera vez que fui a un concierto basado en canciones no publicadas: fue Juan Perro, en la Semana Negra, antes de que sacase su primer disco. Hacia el final dijo: "Gracias por escuchar estas canciones sin poder haberlas masticado primero"...

Simplemente, yo no sabía que se podía hacer eso: ya había ido a muchos conciertos antes, y los artistas tocaban canciones de sus discos. Eso me parecía lo normal: las canciones se grababan y luego se tocaban en directo, y el público ya se las sabía de memoria en los conciertos.

Ahora sé que no tiene que ser así; que, de hecho, lo normal es tocar las canciones en directo antes de grabarlas y sólo en la última centuria se produjo este proceso que yo consideraba normal.

Pero hoy pienso en eso y no puedo evitar reconocer que aunque a veces me sorprenda una canción a la primera y no haya nada como la sorpresa de encontrarse una liebre sin haber salido a cazar, querida Carmen Martín Gaite, en gran parte por lo que (me) acaban gustando las canciones es por haberlas escuchado muchas veces.

Y tal vez, como ahora casi no les doy ni segunda oportunidad, por eso no descubro nuevas canciones que añadir a mi banda sonora.

Una de las cosas que me ha hecho pensar en eso es que yendo dos veces al Sonorama y algunos otros conciertos de artistas que han tocado allí he escuchado algunas canciones repetidamente. Por ejemplo, "A cualquier otra parte" de Dorian, "Ayer" de La Habitación Roja, "Casa, ahora vivo aquí" de Iván Ferreiro o "Sí" de Bunbury . Y al final, he acabado escuchando los discos y me han gustado mucho.

"El cariño hace el roce", dicen... Pero por otra parte, cuando escucho discos y temas en directo por primera vez mucho de lo que me pasa es que me parecen todas las canciones conocidas: hay pocos recursos nuevos y, cuando los hay, me desagradan o no me enganchan. Es como si necesitase la obligación de escuchar las canciones varias veces para poder apreciarlas. Como ahora, gracias a Internet, sólo escucho lo que quiero, el milagro no se produce. Ya no escucho la radio, ya no voy a los bares.

Pienso también eso: que algunas canciones se han convertido en míticas porque se escucharon mucho. Otras no muy distintas podrían haber tenido ese privilegio y serían ellas las elegidas. No es lo único que importa, pero importa.

En fin, lo dejo porque me repito: creo que ya hace años hablé por aquí del frágil equilibrio entre la originalidad y la costumbre en la música.

Etiquetas: , , ,

Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
12:33 a. m. | Comentarios (0)

Canciones viejas y terremotos nuevos

~ sábado, junio 02, 2018 ~

Hoy me ha vuelto a estremecer la música. Hoy ha vuelto el pellizco. De la manera más inopinada: escuchando a Amaia, la ganadora de Operación Triunfo, esa de la que algunos no hablan más que para criticar su libertad de no depilarse o de leer libros tal vez estúpidos, pero tal vez menos estúpidos que esos que los critican sin conocerlos.

Estuve viendo esta actuación en el Primavera Sound:



Empieza con un clásico de Nueva Orleans, recordando a Diana Krall, pero luego pasa a "Alfonsina y el mar", y eso no lo puede hacer Diana Krall... Pero el pellizco llegó con el "Zorongo Gitano": ese punto flamenco, esos breves pasajes intensos de piano...

En algunos momentos después se ven primeros planos y lo que veo en su cara es concentración en la música: tiene un punto de locura por las canciones en el que me siento identificado.

Y hacía mucho que no escuchaba el "Zorongo Gitano", tanto que ni siquiera estaba seguro de si estaba en uno de mis discos favoritos pero olvidados desde hace mil cien años: las "Canciones populares antiguas" recogidas por Lorca y la Argentinita y cantadas por Carmen Linares. Rebusqué en mi disco duro y ahí y estaba, y era tan maravilloso como lo recordaba. ¿Cómo he podido pasar tanto tiempo sin disfrutar de esa belleza que estaba ahí a dos clics de distancia?

Alguien mencionaba en los comentarios del vídeo de Amaia la versión de Silvia Pérez Cruz de "Alfonsina y el mar". Me dio por buscarla. Me gustó, aunque a esa otra loca por la música que sin duda es Silvia (locura de genio) a veces me produce rechazo escucharla por cierta forma que tiene de pronunciar, no sé por qué: es instintivo. Pero entonces llegué a otra de sus versiones de otra de mis canciones favoritas: el "Cucurrucú Paloma":



La he escuchado tantas veces en la versión de Caetano Veloso, la he tocado tanto con la guitarra... Cuando escuchas tanto una canción en una forma particular (y la de Caetano es muy particular) es difícil que una versión distinta te guste. Pero ese vídeo suena como si su voz estuviese dentro de mi cabeza, como si la belleza se me hubiera metido dentro.

Entre medias de las dos, estuve tocando el piano, mal, pero de una forma que no lo había tocado nunca: con una libertad nueva, como si hubiera sido poseído por el mismo dios que las posee. Pero quién fuera ellas, quién tuviera su talento...

Etiquetas: ,

Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
1:06 a. m. | Comentarios (0)