Escritos sobre música





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De Rosalía, Jaime Altozano y la música hoy en día

~ lunes, noviembre 26, 2018 ~

Acabo de ver una cosa maravillosa: Rosalía comentando el vídeo que hizo Jaime Atozano sobre su disco. Me ha parecido extraordinario por varios motivos (hagásmolo con puntos en plan documento técnico):
  1. Rosalía habla en profundidad de dónde sale la música de su disco. Esto es algo que yo echo mucho de menos: que los músicos hablen de música. Las entrevistas al uso suelen centrarse en detalles accesorios (las giras, el concepto del disco, la vida de los artistas...) sin llegar a los sonidos en sí y a cómo se crearon. Tal vez para apreciar las salchichas no haga falta saber cómo se hacen las salchichas (y en el caso de las salchichas, seguro que es mejor no saberlo), pero yo cuando escucho canciones siempre quiero saber más de cómo nacieron, del proceso creativo que hay detrás.
  2. Rosalía utiliza las nuevas tecnologías para establecer un diálogo con una persona que estaba utilizando las nuevas tecnologías para hablar sobre su música. Las posibilidades de YouTube o las stories de Instagram son increíbles, y aunque tantas veces se utilicen para pasar el rato o, directamente, para memeces, cuando se utilizan para esto me hacen sentirme agradecido por estar viviendo en esta época.
Tengo que decir que a mí el disco de Rosalía no me apetece volver a escucharlo, pero me parece que lo hay que detrás del disco y el propio resultado, aunque no sea de mi agrado, es muy valioso. Con los vídeos de Jaime Altozano también tengo un relación contradictoria: me parecen muy interesantes, me entretienen y me ilustran, pero su forma de decir las cosas me resulta desagradable; nunca es "Yo creo que es así", sino "Es así", cuando a veces no es así.

Tal vez sea una performance, como diría Ter, pero lo que me transmite es una suficiencia poco irónica y poco abierta al hecho de que todos sabemos muy poco. Por ejemplo, en el vídeo sobre Rosalía habla de flamenco y trap y se nota que no es ni mucho menos un experto en esos campos, pero hace afirmaciones como si lo fuera: la propia Rosalía, sin meterse con él y de una forma humilde y agradecida a su vídeo, explica de dónde vienen algunos aspectos que Jamie analizó incorrectamente. En cualquier caso, su análisis, aunque me parece que tiene este defecto que menciono, sigue siendo muy interesante y está trabajado de una forma que consigue que a la gente que no se dedica a la música le interese estos temas de composición, armonía, producción... que a mí me fascinan.

Pues eso, aunque ninguno me convenza, me parecen maravillosos, cada uno en lo suyo. Y ya que estoy hablando de cosas increíbles gracias a la tecnología, este vídeo de Paul McCartney explicando de dónde salieron sus canciones es también fascinante. Y, mira, también tiene algo en común con los otros dos: a mí no acaba de gustarme, pero sé que ha hecho obras de un valor incalculable.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
11:02 p. m. | Comentarios (0)

Pardao

~ sábado, septiembre 29, 2018 ~

Hoy me dio por escuchar "Parece que fue ayer" de Los Suaves. Me la puse en YouTube mientras la tocaba con la guitarra. Cuando acabó, el algoritmo me propuso escuchar "Pardao", así que la puse y, mientras tocaba, directamente de las manos, surgió un recuerdo: esa fue la primera canción que intenté aprender con la guitarra. Sí, sí, ese ligado con re suspendido, cuánto me costó...

Aquello fue hace 29 años. Empecé por "Pardao", aunque no era de las canciones de Yosi que más me gustaban (no estaba mal, pero era demasiado tópica), porque era acústica: yo soñaba con tocar la guitarra eléctrica, pero lo que tenía era una guitarra española que mi prima se había comprado para tocar en la iglesia, la misma guitarra que estaba tocando hoy... Como en esa guitarra las canciones con guitarras distorsionadas no sonaban, me pareció lo mejor intentar "Pardao", que era la primera canción acústica que grababan Los Suaves.

Me ha dado ahora por escuchar otras canciones suyas. Recuerdo también cómo los descubrí: un día en un programa de radio (cuál ya no me viene a la memoria) echaron un concierto en directo y, no sé por qué si no los conocía, lo grabé. Lo escuché mucho y eso que en algunas canciones no había voz: la cantaba entera el público.

Con el tiempo, conseguí los tres discos que tenían en aquel momento, "Esta vida me va a matar", "Frankestein" y "Ese día piensa en mí" y los escuché muchísimo. La desesperanza de las letras de Yosi era justo lo que yo sentía.

En aquella época no habían tocado nunca en Asturias, así que, con 17 años, nos fuimos en bus a verlos a Reinosa. Busco ahora en Internet y tuvo que ser el 29 de diciembre de 1990: nunca olvidaré que no íbamos con mucha ropa, simplemente una camiseta, una sudadera y una chupa, y además nos habíamos puesto en primera fila, mi primo había apoyado su cazadora en el escenario y Yosi la tiró al público: nunca volvimos a verla. Como pobres chavales que éramos, no teníamos donde dormir esa noche y el plan tras el concierto era esperar el primer tren, a las 6 de la mañana. Pasamos la noche rondando por Reinosa, sin ir siquiera a los bares, y acabamos metiéndonos en un portal para intentar echar una cabezada... Y pasamos mucho frío, porque era diciembre y, aunque no lo sabíamos, Reinosa estaba al lado de la estación de esquí de Alto Campoo.

Las cosas que se hacen cuando eres joven... y amas mucho la música. Eso también estaba en las canciones de Los Suaves: entre la desesperanza, sólo un asidero: la música. Recuerdo también que, en aquellos años de inconsciencia, solía escribir en los pupitres del instituto y me dio por escribir la letra de "Esta vida me va matar":

Llevamos un siglo tocando
y aun no vimos un duro,
descargando como locos,
canciones y el material,
discutiendo en los ensayos,
pagando letras con apuros.
Y es que vivir con el rock,
amigo, me va a matar.

Lo vio uno de mis compañeros, que tocaba la guitarra en un grupo que luego básico en Xixon Sound y, aunque él no iba de ese palo, le hizo gracia y me lo comentó.

Cuánto escuché aquellas canciones... Yosi tiene la capacidad de contar las pequeñas tristezas de la vida real sin artificios, como son. Ahí está "Siempre igual", ese sensación de bucle, de lluvia perpetua, de gris perenne de un currante más.

¿Y qué decir de "Frankestein (Todos somos el monstruo)"? Yo, de aquella, no había leído todavía el libro, pero la metáfora me llegaba igual.

Estoy escuchándolo ahora y sigue gustándome: da igual que todavía pueda apreciar más que antes el mal sonido y la ejecución deficiente,da igual que pueda identificar esa tópica angustia existencial adolescente, esas canciones son parte de mi vida, son parte de lo que soy.


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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
11:22 p. m. | Comentarios (0)

La música y lo desconocido

~ martes, agosto 28, 2018 ~

Recuerdo perfectamente la primera vez que fui a un concierto basado en canciones no publicadas: fue Juan Perro, en la Semana Negra, antes de que sacase su primer disco. Hacia el final dijo: "Gracias por escuchar estas canciones sin poder haberlas masticado primero"...

Simplemente, yo no sabía que se podía hacer eso: ya había ido a muchos conciertos antes, y los artistas tocaban canciones de sus discos. Eso me parecía lo normal: las canciones se grababan y luego se tocaban en directo, y el público ya se las sabía de memoria en los conciertos.

Ahora sé que no tiene que ser así; que, de hecho, lo normal es tocar las canciones en directo antes de grabarlas y sólo en la última centuria se produjo este proceso que yo consideraba normal.

Pero hoy pienso en eso y no puedo evitar reconocer que aunque a veces me sorprenda una canción a la primera y no haya nada como la sorpresa de encontrarse una liebre sin haber salido a cazar, querida Carmen Martín Gaite, en gran parte por lo que (me) acaban gustando las canciones es por haberlas escuchado muchas veces.

Y tal vez, como ahora casi no les doy ni segunda oportunidad, por eso no descubro nuevas canciones que añadir a mi banda sonora.

Una de las cosas que me ha hecho pensar en eso es que yendo dos veces al Sonorama y algunos otros conciertos de artistas que han tocado allí he escuchado algunas canciones repetidamente. Por ejemplo, "A cualquier otra parte" de Dorian, "Ayer" de La Habitación Roja, "Casa, ahora vivo aquí" de Iván Ferreiro o "Sí" de Bunbury . Y al final, he acabado escuchando los discos y me han gustado mucho.

"El cariño hace el roce", dicen... Pero por otra parte, cuando escucho discos y temas en directo por primera vez mucho de lo que me pasa es que me parecen todas las canciones conocidas: hay pocos recursos nuevos y, cuando los hay, me desagradan o no me enganchan. Es como si necesitase la obligación de escuchar las canciones varias veces para poder apreciarlas. Como ahora, gracias a Internet, sólo escucho lo que quiero, el milagro no se produce. Ya no escucho la radio, ya no voy a los bares.

Pienso también eso: que algunas canciones se han convertido en míticas porque se escucharon mucho. Otras no muy distintas podrían haber tenido ese privilegio y serían ellas las elegidas. No es lo único que importa, pero importa.

En fin, lo dejo porque me repito: creo que ya hace años hablé por aquí del frágil equilibrio entre la originalidad y la costumbre en la música.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
12:33 a. m. | Comentarios (0)

Canciones viejas y terremotos nuevos

~ sábado, junio 02, 2018 ~

Hoy me ha vuelto a estremecer la música. Hoy ha vuelto el pellizco. De la manera más inopinada: escuchando a Amaia, la ganadora de Operación Triunfo, esa de la que algunos no hablan más que para criticar su libertad de no depilarse o de leer libros tal vez estúpidos, pero tal vez menos estúpidos que esos que los critican sin conocerlos.

Estuve viendo esta actuación en el Primavera Sound:



Empieza con un clásico de Nueva Orleans, recordando a Diana Krall, pero luego pasa a "Alfonsina y el mar", y eso no lo puede hacer Diana Krall... Pero el pellizco llegó con el "Zorongo Gitano": ese punto flamenco, esos breves pasajes intensos de piano...

En algunos momentos después se ven primeros planos y lo que veo en su cara es concentración en la música: tiene un punto de locura por las canciones en el que me siento identificado.

Y hacía mucho que no escuchaba el "Zorongo Gitano", tanto que ni siquiera estaba seguro de si estaba en uno de mis discos favoritos pero olvidados desde hace mil cien años: las "Canciones populares antiguas" recogidas por Lorca y la Argentinita y cantadas por Carmen Linares. Rebusqué en mi disco duro y ahí y estaba, y era tan maravilloso como lo recordaba. ¿Cómo he podido pasar tanto tiempo sin disfrutar de esa belleza que estaba ahí a dos clics de distancia?

Alguien mencionaba en los comentarios del vídeo de Amaia la versión de Silvia Pérez Cruz de "Alfonsina y el mar". Me dio por buscarla. Me gustó, aunque a esa otra loca por la música que sin duda es Silvia (locura de genio) a veces me produce rechazo escucharla por cierta forma que tiene de pronunciar, no sé por qué: es instintivo. Pero entonces llegué a otra de sus versiones de otra de mis canciones favoritas: el "Cucurrucú Paloma":



La he escuchado tantas veces en la versión de Caetano Veloso, la he tocado tanto con la guitarra... Cuando escuchas tanto una canción en una forma particular (y la de Caetano es muy particular) es difícil que una versión distinta te guste. Pero ese vídeo suena como si su voz estuviese dentro de mi cabeza, como si la belleza se me hubiera metido dentro.

Entre medias de las dos, estuve tocando el piano, mal, pero de una forma que no lo había tocado nunca: con una libertad nueva, como si hubiera sido poseído por el mismo dios que las posee. Pero quién fuera ellas, quién tuviera su talento...

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
1:06 a. m. | Comentarios (0)

Profesión: rockero

~ domingo, mayo 07, 2017 ~

Cuando era adolescente, soñaba con la épica del rock. Escuchaba a Barón Rojo, sus rockeros que van al infierno, sus canciones como rebelión; escuchaba a La Polla Records y a Megadeth; escuchaba guitarras y gritos... y nunca se me ocurrió que Angus Young o David Mustaine eran profesionales. Soñaba con ser estrella del rock, pero nunca pensé que alguien podría pensar en el rock como en una profesión. ¿Puede figurar en el epígrafe del IVA donde se pone la profesión "rockero" al lado de "contable", "abogado" o "ingeniero"?

Entiendo que los artistas tienen que comer. Proponer el arte por el arte en este mundo capitalista parece blasfemar. Ciertos despliegues (giras, discos de producción compleja) requieren infraestructura, industria. Y aún así: ¿cuando el creador tiene la obligación de crear para comer hasta qué punto puede aportar algo más que entretenimiento? ¿Hasta que punto el resultado no es espurio?

Mi otro yo me responde: "Y los contables, los abogados y los ingenieros, ¿qué?".

Ya, ya. También su "obra" está afectada por las relaciones comerciales. La diferencia es que no se espera otra cosa. En cambio, los artistas nos dicen que lo suyo es algo espiritual, que nos hablan de cosas íntimas; en definitiva, que el arte está fuera de la esfera comercio.

En fin... El mundo es demasiado complicado para mí y esto es sólo una chorrada en la que me dio por pensar.

Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
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Laureles para Dylan

~ jueves, octubre 13, 2016 ~

Al final, no era un chiste: Dylan podía ganar el Nobel. Lo ha ganado. Hoy.

Voy a aprovechar para escribir sobre él; otra vez, porque ya lo he hecho muchas veces antes.

Me parece muy bien que le den el Nobel de literatura a un autor de canciones porque para mí no hay ninguna duda de que las canciones son literatura. Y música, claro. Pero la Ilíada probablemente fuese antes canción que texto y nadie discute su lugar prominente en la historia de la literatura.

Quizás está el matiz de canción de rock lo que lo hace noticioso, como si fuese transgresor poner en tan alto pedestal esa música moderna... Yo hace tiempo que vengo pensando que el rock es una música de viejos y los viejos tendemos a pensar que lo que nos gustó a nosotros en la juventud es lo mejor. El rock ya es música clásica, arte antiguo.

¿Pero se merece Dylan la más alta distinción de la literatura? Yo creo que sí. No cabe de duda de su influencia sobre la gente que se dedica a hacer canciones, es decir, sobre gran parte de la literatura. Y, por supuesto, mucha gente que le escuchamos con devoción.

Eso sí: con lo mucho que me gusta, no lo adoro y, de hecho, a veces encuentro incompresible mi atracción por sus canciones. ¿Por qué? Porque muchas no las entiendo, no sé de qué van. Y a veces pienso que Dylan es sobre todo un cómico, un bufón, pero no de esos que hacen grandes parodias para mostrarnos una cara de nosotros que desconocemos; no, no, algo más pequeño, de chistes casi infantiles.

Se me puede decir que es blasfemia decir eso de alguien que ha escrito "Blowin' in the Wind", "The Times They Are A-changin'" o "With God on Our Side", canciones que inspiran movimientos sociales o que desnudan hipocresías. Y es verdad: me parecen obras maestras. Sin embargo, desde hace tiempo dudo de su sinceridad: tengo la sensación de que Dylan escribió esos himnos visionarios no porque creyese en lo que contaban sino porque era lo que le iba a dar la fama en aquella coyuntura social. Y creo que ahora que se dedica a anunciar ropa interior femenina y coches americanos ha demostrado que aquello fueron como mucho inocentes pecados de juventud: él no es un profeta, sólo alguien que quiere hacer canciones para ser admirado como él admira a otros que hacen canciones. Eso sí: hay que tener algo especial para, tal vez siquiera sin creer de verdad, ser capaz de urdir esos himnos que capturan a la vez que configuran el espíritu de una época y puede que hasta de una forma del ser humano.

Luego está la etapa psicodélica, cuando se puso ciego de todo y escribió lo que se le pasó por la cabeza, imágenes sin sentido, bromas para colgados. ¿Qué nos enseña "Leopard Skin Pill-Box Hat"? Y, sin embargo, "Blonde on Blonde" es uno de mis discos favoritos.

Y después, la etapa de Nashville. El año pasado escuché bastante "Nashville Skylines" aprovechando que fui allí y que vi la exposición Dylan, Cash, and the Nashville Cats. Sin embargo, hoy no recuerdo más que una canción de ese disco: "Girl from the North Country", que es de su época de visionario, aunque esta versión con Cash es apoteósica.

Y luego, le época cristiana. Yo no puedo dejar de ver el cristianismo como un infantilismo. Y eso que no me considero nada maduro.

Y los 80, qué mal le sentaron. Es curioso: la producción de sus discos de los 60 y 70 es por momentos aberrante, con cosas como la guitarra chirriante y fuera de plano de la "Leopard Skin Pill-Box Hat" mencionada antes, la guitarra desafinada de "Queen Jane", la pandereta fuera de tiempo de "Rainy Day Woman #13 & #35", el bajo fallando notas en "Visions of Johanna" o los errores de tiempo en la por lo demás hipnotizante "Hurricane". Pero Dylan me enseñó eso: si hay fuerza, si hay inspiración, no hace falta perfección en la ejecución.

Y hablando de ejecución: lo he dicho antes, pero creo que lo mejor de Dylan es cómo dice las canciones. Las palabras, al salir de su boca, se convierten en algo más grande de lo que son. Incluso su voz cascada de viejo en "Modern Times", ese álbum que tardé mucho en escuchar y que me dejó tan fascinado que hace diez años me llevó a escribir esto en un bus. Menos mal que me lo descubrió Quique González.

He criticado a Dylan en lo escrito, pero sin dejar de reconocer que me tiene hechizado. Hay en parte de lo que rechazo un rechazo general a la literatura que me ha ido creciendo cual cáncer con los años: ya casi sólo la considero entretenimiento; la verdad, para la ciencia, y ni siquiera...

Pero me tiene fascinado y una de las locuras a las que he dedicado mi vida es a hacer adaptaciones de sus canciones en español, algo que probablemente hayamos hecho muchos. Y es que a mí lo que de verdad me gustaría es ser Dylan, haber escrito esas canciones y haberlas cantado así, como si estuviese en contacto con un ser superior.

Una pena que ya no crea en seres superiores.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
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El repertorio de Wild Side

~ domingo, julio 10, 2016 ~

Hoy, ordenando unas cajas viejas, me he encontrado con un montón de recuerdos y, entre ellos, esta foto en la que, con letra de impresora matricial, está el repertorio de un concierto de Wild Side, mi primer grupo:



Puede que sea incluso el repertorio de mi primer concierto, del que también he encontrado el póster:



Fue en el Txoko-Txiki, un antro inmundo, el 27 de diciembre de 1991. También he encontrado la factura de mi primer bajo, que fue el 29 de junio de ese año, así que no llevaba ni seis meses tocando.

La verdad es que tuve mucha suerte: me compré el bajo como auto-regalo por aprobar selectividad y en primero de carrera coincidí con Emilio, un teclista increíble. Wild Side estaban buscando bajista y así tuve la fortuna de, en lo que ha sido una constante en mi vida, tocar con músicos mucho mejores que yo. En este caso, Eloy a la guitarra y voz (con el que estoy tocando ahora las canciones de la Creedence en Melomanía), otro Emilio a la guitarra y Fernando a la batería.

Emilio el teclista, con paciencia infinita, sacaba con el teclado los bajos de las canciones, me los grababa en una cinta TDK y yo, con ilusión y una tozudez que, por una vez, era un acerbo, me las aprendía nota a nota. El repertorio tenía mezcla de canciones propias y versiones:

  1. Out in the Cold (Judas Priest)
  2. Knocking on Your Back Door (Deep Purple)
  3. Liar (Yngwie Malmsteen)
  4. It's Over Now (Ace Frehley)
  5. Gold'n'Metal Sanctuary (propia)
  6. Perfect Strangers (Deep Purple)
  7. We're Stars (Dio)
  8. You Don't Remember, I'll Never Forget (Yngwie Malmsteen)
  9. Wild Side (propia)
  10. Liberty (Steve Vai)
  11. Dr. Leckter (propia)
  12. Runaway (Bon Jovi)
  13. Love Don't Lie (House of Lords)
  14. Jump (Van Halen)
Una combinación de heavy y AOR. A mí las que más me gustaban eran las de Judas Priest, Deep Purple, Bon Jovi y Van Halen. Por cierto, esa la he tocado también con otras formaciones y es probablemente la canción que más he tocado en directo en mi vida, pero eso es otra historia...

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
11:51 p. m. | Comentarios (1)