Escritos sobre música





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El cielo manda avisos en forma de canción

~ domingo, noviembre 23, 2014 ~


Crónica del concierto de Quique González y José Ignacio Lapido en la sala La Riviera de Madrid el 22 de noviembre de 2014


Por una vez, voy a ser breve, porque en este concierto no hubo, con respecto al que reseñé del Niemeyer, diferencias en lo básico: músicos, instrumentos o repertorio (la única modificación en este aspecto: la canción que Quique cantó en solitario fue Backliners, dedicada a uno de sus técnicos, que estaba de cumpleaños); tendría que hablar de camisas (brutal la de confederado de Víctor) y no tengo el talento de Eugenia de la Torriente para hablar de moda y hacer literatura.

Dos fueron los cambios fundamentales con respecto al concierto del mes pasado: la sala y que llevan más conciertos juntos.

El cambio de sala tiene a su vez dos consecuencias (con tanta división y subdivisión, esto ya parece un tratado escolástico): la acústica y la disposición del público. Con respecto a la primera, lógicamente no fue tan perfecta como la de un teatro, pero tuvo una gran calidad y nos permitió disfrutar de las palabras en las que brillan los dos protagonistas y de las filigranas de sus escuderos. Para tener otra perspectiva, esta vez nos situamos en frente de Pepo y pudimos escucharle bien, sin perder la guitarra de Víctor al otro extremo. En nuestro lado a veces es escuchaba algo bajo a Lapido, pero en otras posiciones nos contaros que a veces se escuchaba poco a Quique, así que atribuyo el problema a la sala.

Los conciertos que han realizado en el mes y pico que han pasado desde Avilés han hecho que la compenetración, ya alta entonces, crezca más. Se les nota más sueltos. Un detalle que añadieron en Vidas cruzadas: cediendo el protagonismo primero a Víctor y luego a Pepo.

En la crónica del concierto del Niemeyer dije que esta era una gira para ver en sala y no en teatro. Tras comprobarlo empíricamente, me reafirmo: se disfruta más si puedes bailar siguiendo el contratiempo del charles en Cuando por fin o si puedes gritar hasta quedarte afónico en Hotel Los Ángeles. Me parece que no fui yo sólo, sino que todo el público (entradas agotadas) disfrutó del espectáculo. Hablando con los amigos, ya veteranos de muchos conciertos, con los que tuve el placer de encontrarme de nuevo, parece que estaban de acuerdo.

Espero que esta gira llegue más allá, que haya introducido en el mundo de Lapido a más gente y que haga que Quique escriba mejores canciones. Porque si tiene que haber profetas, que el cielo nos mande los avisos en forma de canciones así.

***

Dejo unas malas fotos de móvil a modo de testimonio.

Despliegue de guitarras: Víctor con una Danelectro de 12 cuerdas, Quique y Lapido con sus Gibson acústicas  y Pepo con una Gretsch

Me hizo gracia la postura de Víctor

Quique presentando a los técnicos

Quique tocando en solitario Backliners

Lapido con Víctor y Rubén haciendo En el ángulo muerto

¡Guitarras arriba!

Cambio de  posiciones y todos mirando a Víctor en Vidas cruzadas

Ahora, todos mirando a Pepo

Lapido y Quique disfrutando

Muy mal enfoque, pero es una prueba de que Víctor puede levitar


Despedida. Las luces hacen que la banda parezca una película proyectada

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
11:52 a. m. | Comentarios (0) | Referencias

Aunque tú no lo sepas (karaoke)

~ sábado, noviembre 15, 2014 ~

Acabo de hacer otra versión de Aunque tú no lo sepas, esta vez para cantar en karaoke. Hace tiempo publiqué en mi canal de YouTube una versión al piano y, desde entonces, la mayor parte de las personas que llegan al canal lo hacen buscando "Aunque tú no lo sepas karaoke Clara Lago" o similar (por ejemplo: "aunque tu no lo sepas karaoke sin voz").



Lo de Clara Lago es porque sale haciendo una versión en la película "Tengo ganas de ti" (TGDT para los entendidos) y hay mucha gente que quiere cantarla, así que he hecho la versión intentando copiar el tono, el ritmo y la instrumentación que sale en la película.

En los comentarios de la versión al piano me empezaron a pedir un tutorial, así que lo hice. Pero hace muchos años alguien me pidió la partitura para hacer una cajita de música, así que también hice una versión cajita de música. Y hay por ahí un vídeo en el que salgo cantándola, pero no lo voy a enlazar.

Otra locura que se me ocurrió un día fue hacer una versión jazz de ascensor, que a pesar de que tiene errores de ejecución, es de la que estoy más orgulloso, la que de verdad significa una interpretación personal de la canción.

Pero todavía hay más: el fin de semana pasado, después de hacer la versión de karaoke y, aprovechando que estaba ensayando con el ukelele para Marienbad, se me ocurrió hacer una versión con ukelele y piano. No la he publicado, pero la tengo por ahí.

Y, claro, también están los acordes para guitarra en WikiTabBook y, lo más extraño de todo, la entrada que escribí en la Wikipedia.

No sé qué será lo siguiente, pero no parece que se vaya a acabar aquí mi historia con esta canción.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
11:58 p. m. | Comentarios (0) | Referencias

Luz de guitarras en llamas

~ sábado, noviembre 01, 2014 ~


Crónica del concierto de Quique González y José Ignacio Lapido en el Centro Niemeyer el 31 de octubre de 2014


Mientras nos acercábamos al Niemeyer, sonaba en el coche el Luz de ciudades en llamas y las columnas de humo de Aceralia daban un nuevo sentido a la canción. Algo similar pasó en el concierto: la banda híbrida que formaron Quique González y Lapido transformó sus canciones y nos permitió a los asistentes disfrutar de nuevas lecturas para las palabras ya sabidas. Un lujo.

El auditorio no estaba lleno, aunque es la vez que lo he visto con más gente: da una sensación de amplitud tan grande que parece imposible llenarlo. El escenario, que tampoco es pequeño, estaba bien surtido con un amplio catálogo de amplificadores e instrumentos.

Amplificadores de Víctor (un Music Man y un Fender)

Amplificador de Pepo (un George)

Los técnicos, uno del equipo de Quique y otro de Lapido

Cuando, con menos de quince minutos sobre la hora anunciada, los músicos salieron al escenario a interpretar Ladridos del perro mágico, un hecho llamaba la atención: el frontal de cuatro guitarras.

La banda interpretando la primera canción
En la mayor parte de las canciones, Víctor Sánchez y Pepo López usaban eléctricas y Quique y Lapido acústicas, aunque en algunas Lapido sacó su SG y Quique en ocasiones cantó a cuerpo.

Quique cantando sin guitarra Hotel Los Ángeles

Los músicos estaban dispuestos en dos líneas: el ataque, con las susodichas guitarras, y la retaguardia, con la batería de Edu Olmedo a un lado en lugar de la típica posición central, que estaba ocupada por el bajo de Ricky Falkner, flanqueado en el otro ala por el piano y el Hammond de Raúl Bernal. Ciertamente, es una alineación que funciona, aunque después de haber visto la disposición que utilizó sobre el mismo escenario Jero Romero, con los músicos mucho más apretados, me pregunto si esa configuración compacta no facilitará la comunicación entre intérpretes.

Configuración de la banda de Jero Romero sobre el mismo escenario un par de meses antes

No se me malinterprete: no faltó comunicación ni espíritu de banda. Incluso en los extremos, se podía apreciar el diálogo entre Víctor y Pepo. Pero es que todavía estoy anonadado por el efecto conseguido por Jero y los suyos.

Un detalle que me llamó la atención es que además de profusión de guitarras, había derroche de voces: hasta seis sonaban a la vez cuando todos menos Edu cantaban en muchas de las canciones.

Para mí el mayor acierto del concierto es la naturalidad con la que el repertorio perdió su adscripción: a alguien que no conociese las canciones de antes no le sería fácil decir de quién era cada una, excepto tal vez por el estilo lírico tan marcado que tienen las hijas de Lapido. Las cantaban al alimón, como si siempre hubiese sido así y, también, sin que diese la sensación de que había habido un reparto buscando algún tipo de equilibrio forzado.

Yo esperaba que las canciones de Lapido mejorasen al ser cantadas por Quique, que tiene una voz que me gusta mucho más. Lo que me sorprendió fue que también se dio el efecto contrario. Por ejemplo, Vidas cruzadas, que aunque resultona en directo nunca ha sido una de mis canciones favoritas del madrileño, ganó una intensidad y una rabia nuevas en la garganta del granadino.

Otro acierto fue la elección de canciones, sobre todo en las de Quique, que dejaron de lado muchas de sus más habituales (en la parte conjunta, ¡sólo sonó En el backstage de sus cuatro primeros discos!) para incorporar otras que no toca tanto. La más sorprendente: Se equivocaban contigo. Pero no sólo en la propia elección de canciones había sorpresas, sino también en su interpretación. En Kid Chocolate, hubo un final instrumental muy logrado, Me agarraste sonó muy distinta y en Algo me aleja de ti hicieron una versión que no era ni la que grabó su autor originalmente ni la de la versión registrada por el madrileño en Daiquiri Blues.

En definitiva, se notaba mucho trabajo detrás de los arreglos y cuando se tiene a unos músicos así, con pelos a veces largos pero siempre encanecidos, eso sólo puede dar buenos frutos.

La sección rítmica me gustó mucho. La mejor forma de definir el trabajo de Edu Olmedo es «solidez», aunque sea un tópico para describir baterías; no hubo florituras ni excesos, pero incluso el detalle de marcar el tempo en canciones en las que empezaba un músico solo proporcionó una base sobre la que armar las canciones sin peligro de derrumbe. A mí me gustan mucho esos baterías que dirigen la banda por donde tiene que ir casi sin notarse.

El bajo de Rick Falker me sorprendió: estaba en su sitio, la base junto a la batería, pero de vez en cuando hacía pequeñas melodías o riffs que sonaban muy definidos y entraban justo cuando tenían que entrar.

Le tengo mucho cariño a Víctor Sánchez: esa pasión que pone al tocar, sin parar de gesticular y de moverse, se transmite en los sonidos, muy bien escogidos, de su guitarra y no suena a postureo vacío sino a todo lo contrario, a desinhibición, a expresión de su amor por la música.

Víctor Sánchez levitando

Por desgracia, no pude casi apreciar la guitarra de Pepo: desde nuestra primera fila muy lateral, no se oía más que ocasionalmente cuando se quedaba solo.

Los pianos de Raúl Bernal también contribuyeron con éxito a cimentar el edificio instrumental sobre el que brillaban las letras de los dos principales protagonistas. El órgano (me quedé con ganas de saber qué modelo era) añadía el toque de intensidad adecuado cuando era necesario.

Al hablar del cantautor madrileño, voy a empezar, para quitarlo de en medio, con un detalle que preferiría que mejorase: esa costumbre de separarse del micro en los agudos que hace que se pierda el sonido y la voz quede fuera de plano. Por lo demás, estuvo muy bien. Como el resto de los músicos, se notaba que  estaba disfrutando del momento. En la presentación del equipo dio las gracias al técnico de monitores por el sonido que habían tenido en el escenario, un gesto que denota lo cómodos que habían estado.

Entiendo su felicidad: es sólo unos días más viejo que yo, así que puedo imaginarme que, como yo, en su juventud escucharía las canciones que Lapido escribía para 091 con la admiración y el deseo de hacer algo así que nos invade a los que nos gusta hacer canciones cuando reconocemos a alguien que tiene un lenguaje propio y consigue crear obras que tienen ese aire de inmejorables, casi de necesidad, en el sentido de todo lo contrario a contingencia. Me gusta que Quique propusiese Nubes con forma de pistola de aquella época porque es también una de mis favoritas, una canción que he tocado mucho, como demuestra el hecho de que la eligiese para abrir el vídeo de homenaje a 091 que publiqué hace tiempo. Eso sí, ayer pude comprobar que, para variar, la toco mal.

La calificación de «maestro» es merecida para Lapido. Estuvo como en los dos conciertos que le he visto con su banda, serio, centrado en la interpretación, en que suenen bien esa música y esas palabras que, en definitiva, eran las verdaderas protagonistas de la noche. Pero como muestra de que a pesar de su rostro serio está disfrutando por dentro, llegó a sonreír el tramo final cuando Víctor no pudo evitar cantar un estribillo en el micro de Quique. Me gustó mucho en sus solos, cuando pisaba el pedal para que su SG tomase el lugar central.

Una diferencia con los dos conciertos anteriores de Lapido que he visto es que aquí el sonido fue mucho más claro, probablemente gracias a la buena acústica del teatro. Como hago siempre en estos casos, no puedo dejar de señalar que, aunque estoy viejo y me gusta mucho poder escuchar bien todo, el rock no se hizo para teatros. Esta banda requiere libertad para los pies y el cuerpo. ¿Cómo circunscribirse a un asiento en algo como este Cuando por fin?

Sólo hubo un hueco para la intimidad. En la vuelta del primer bis apareció Quique solo y cantó, dedicada a Máster, su road manager, Reloj de plata. Preciosa, y un recuerdo de que cuando está ahí, solo con su guitarra, tiene una magia especial. Luego, en el regreso para el segundo bis, Lapido salió acompañado sólo por Víctor y Raúl para hacer esa obra maestra que es En el ángulo muerto. Creo que el hecho de que José Ignacio no saliese solo muestra que los dos protagonistas, que tan bien funcionan juntos y tanto tienen en común, vienen sin embargo de escuelas distintas.

En el último tramo, hicieron Clase media y como antesala del final hicieron otra canción que debería formar parte de cualquier antología del rock en español: Cuando el ángel decida volver, y acabaron con un Dónde está el dinero, que en estos días de imputados que pagaron con dinero público cacerías con testículos en la cabeza, póker y putas suena más actual que nunca. Añadieron al final un pequeño estribillo con el título de la gira: Soltad a los perros, que integrado en la canción ganaba un nuevo sentido.

El concierto se me hizo corto aunque, según indican los tiempos registrados por el móvil en las fotos, duró dos horas. Acabé con la sensación de que esta es una gira que va a entrar en los anales de las giras conjuntas de la música española, al lado de aquella de Kiko Veneno y Juan Perro.

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Soul en la Plaza Mayor

~ martes, agosto 05, 2014 ~

El viernes pasado participé en un concierto muy especial: la inauguración del XX Euroyeyé.

El cartel estaba formado por Attica Revolution y Brenda Holloway acompañada de los primeros. Como su bajista no tenía tiempo de preparar los temas de Brenda, cubrí yo el puesto.

Fue una experiencia muy intensa: estudiar ese gran repertorio con unos bajos muy ricos, ensayar con unos músicos tremendos, conocer a Brenda y, tras sólo haber ensayado con ella una vez, salir tocar al escenario de la Plaza Mayor de Gijón, mi ciudad, donde he visto tantos conciertos enormes a lo largo de mi vida.

Lo bueno siempre pasa demasiado rápido. Hoy quiero dejar aquí el breve repertorio que nunca volveré a tocar:

  1. Just Look What You've Done
  2. When I'm Gone
  3. Crying Time
  4. Starting the Hurt All Over Again
  5. Operator
  6. Reconsider
  7. Every Little Bit Hurts
  8. I'll Keep On Holding On
  9. You've Made Me so Very Happy
Repetimos una canción de bis, Reconsider (hay vídeo). No estaba preparado.

Aquí queda un vídeo de I'll Keep On Holding On.

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Quique González en la Feria

~ domingo, julio 06, 2014 ~


Crónica del concierto de Quique González en Gijón el 5 de junio de 2014


Los seres humanos, estos monos descendidos de los árboles de África que tuvimos que apañárnoslas mejorando el ingenio para que no nos comiesen las fieras, hacemos cosas increíbles, pero todavía no hemos dominado el arte de predecir el tiempo. Lo sabemos bien los de Gijón: cuántas veces el hombre del tiempo —bueno, la página web de la AEMET— anuncia lluvia y luego hace un sol de lujo. Así fue ayer: según la predicción, 100% de probabilidad de lluvias; la realidad, calor y buena música.

El concierto era en lo que los de la ciudad llamamos "la Feria", porque es el recinto donde se lleva haciendo desde hace más de 40 años la Feria Internacional de Muestras de Gijón, un lugar lleno de tradiciones: el bocata de calamares, el día de la Caja (¿será ahora de Liberbank?), ir a pedir pegatinas de guajes a todos los stands... Sin embargo, el evento que se celebraba era una novedad: el Festival Media de Cultura y Entretenimiento de Gijón Metropoli. El nombre me parece estúpido (o, más probablemente, el estúpido soy yo): ¿cómo se analiza sintácticamente eso de "Festival Media"? No me convence tampoco el que coincida en el tiempo con la Semana Negra. No me podía explicar por qué lo habían hecho así hasta que un amigo me lo contó: como la Semana Negra se asocia con el anterior partido político que gobernaba en Gijón, el de ahora ha querido hacer algo alternativo. Debo de ser un iluso porque me parece que para la ciudad sería mejor que no fuesen los dos a la vez y creo que los políticos deberían intentar hacer lo mejor para la ciudad.

En cualquier caso, me gustó llegar y en la cola encontrar a tanto friki junto. Me gusta la gente que tiene pasiones y se atreve a exponerlas. No como yo, que tiro de pseudónimo.

El Metropoli, al final, es algo así como una convención de cómics. Por mucho que quieran distinguirla de la Semana Negra, es más o menos lo mismo: hay dibujantes firmando y hay exposiciones, pero la mayor parte del espacio está reservado a los bares. Porque parece que a los de Gijón es lo que más nos gusta, como no puedo dejar de observar con tristeza: van cerrando locales por toda la ciudad, signo del declive demográfico, pero abren nuevos bares.

En cualquier caso, es un lujo poder ver a Quique González por 1,5 euros. Hace una semana exactamente me lo encontré como invitado en un concierto que tenía un precio muy distinto: 45 euros para el espectáculo de Bunbury en el Palacio de los Deportes de Madrid. Ciertamente, el despliegue de medios de Bunbury era muy distinto.

Pero antes de hablar del concierto de Quique, quiero reflexionar a partir de la música de los teloneros, Destino 48, un grupo de Gijón que no oculta su pasión por la obra del protagonista de la noche y el rock de toda la vida. El otro día Bunbury presentó a Quique como el mejor compositor de su generación y una de las voces más importantes. Creo que tiene razón. Aunque hay mucha gente que no lo conoce (hablando con un amigo de un amigo en el mismo sitio del concierto una hora antes nos decía: «toca un tal Quique González», que no le sonaba de nada) creo que su música ha tenido una gran influencia. Somos muchos los que hacemos canciones intentando emularle. Eso me parece bueno, una muestra de su influencia en la cultura española. Sin embargo, emulando a otro artista se corre el riesgo de caer en el artificio vacío.

Recuerdo que, cuando escuché por primera vez a Quique González en el Ambigú de Diego Antonio Manrique, me pareció que estaba bien pero que no era muy original. Era rock de toda la vida, algo como lo que hacía Revolver. No me deslumbró ni me hice fan inmediatamente. Pero algo quedó y meses después quise volver a escucharlo y, poco a poco, se fue metiendo en mí y empecé a apreciar sus aportaciones originales. Sí, había influencias obvias, por ejemplo, A veces se me olvida o Los conserjes de noche, incluso Se nos iba la vida, tienen mucho de las "canciones inventario" de Sabina, o la música del estribillo de No te arrepientas recordaba a la del de Like a Rolling Stone, pero detrás estaba también una sensibilidad única (permítaseme esta expresión un poco cursi, no se me ocurre nada mejor). En las letras se mostraba una habilidad sutil pero cierta de evocar sentimientos e imágenes. Cuando cantaba: «y el amor es la moneda que dejamos siendo niños en la vía del tren / y tu cama la autopista que incendiamos no tan jóvenes» no estaba muy claro de qué hablaba en concreto, pero en mi cabeza aparecían imágenes concretas, casi hasta el fundido de la vía del tren con la autopista, y aparecía el sentimiento de magia, pasión e inocencia del primer amor.

Y Quique creó un imaginario nuevo para el rock español. Sí, Sabina ya había cantado a muchas camareras y Sabino le había escrito a Loquillo sobre la autopista, pero en Quique venía de otro sitio, del rock americano, de los poetas de la generación beat y del realismo español de Ángel González y García Montero. Era una receta nueva. Quique creó un imaginario nuevo, por supuesto, con muchas influencias porque, por mucho que se empeñen los fundamentalistas de los derechos de autor, la cultura es resultado de la evolución y tiene un alto componente de autoría comunitaria.

Alguna vez, hace muchos años, pensé en escribir un texto hablando de ese imaginario. No lo hice, pero ahora mismo me está tentando hacer un resumen. Están las camareras y las autopistas, los hoteles, los aviones, los viajes en general, el pasado como un lugar mítico donde tuvieron lugar los días de gloria o el amor verdadero, que nunca es el que está aquí (Aunque tú no le sepas habla de un amor perdido que ni siquiera fue consumado), el boxeo, los coches, las gafas de rock... No hay nada especialmente original tomado por separado. Es la consistencia en el uso y la habilidad para emplear la imagen en el momento correcto lo que tienen valor. Cuando escribe «La violencia densa de un poema de Bukowski en la encimera» el simple uso de esa última palabra, el mezclar el mundo lejano de la América oscura con una cocina española, es lo que hace que el verso se quede.

Hay un artículo de Carmen Martín Gaite que está recogido en Agua pasada en el que hace una crítica de El jinete polaco de Antonio Muñoz Molina. Lo leí hace muchos años, así que puede que me equivoque ahora al recordarlo, pero con lo que me quedé fue con esto: Martín Gaite decía que las novelas anteriores de Muñoz Molina (Beltenebros y El invierno en Lisboa) tenían el problema de que surgían básicamente de un mundo irreal, de la imitación de las películas y las novelas que el escritor tanto amaba, mientras que en El jinete polaco había por fin metido su propia experiencia y así había logrado mejores resultados. Tengo la sensación de que eso pasa con muchos emuladores de Quique González: enamorados de su imaginario, lo utilizan para sus propias canciones, pero no resulta, no dejan de ser más que tópicos, pastiches. Es muy difícil hacer del collage un arte mayor.

Quique también utiliza ese material que surge de las obras de arte que ama, pero desde siempre le ha añadido su propio material. Sus autopistas acababan en Conil de la Frontera porque él había viajado a Conil de la Frontera. Bukowski no estaba en California, sino en la encimera de un piso de la calle Salitre de Madrid. La pandilla que recuerda en Cuando éramos reyes corría por Madrid detrás de un balón. La rubia que tiene un día libre está en un bar donde tienen se puede leer el As... Y así, metiendo su vida sobre esos materiales ajenos, mete la nuestra.

No he prestado suficiente atención a las canciones de Destino 48, así que no puedo juzgar con seguridad si son como otros, pero la impresión que me dieron era que, como a muchos, les falta ese punto de originalidad que hay en la obra del madrileño. A veces me veo tentado de utilizar la palabra «autenticidad» para describir lo que veo en Quique, pero no es eso. Por un lado, en el fondo, el arte es siempre un artificio («El poeta es un fingidor» y todo eso); por otro, creo que todo lo que ponen es auténtico, es realmente suyo, porque lo que amamos lo hacemos nuestro. Pero a mí, como espectador cuarentón que ha escuchado mucho rock y no tiene ningún interés en las camareras ni en la vida imaginada de las estrellas del rock, no llega a tocarme por dentro.

En definitiva, Destino 48 me pareció que sonaban muy bien, que ponían mucha convicción, que lo dieron todo, desde el vestuario a los coros, pero no son para mí. Sin embargo, había bastantes jóvenes cantando sus canciones, lo que me resultó curioso...

Aquí va otra digresión, un tema sobre el que pienso bastante últimamente: el rock es una música de viejos. Ayer se conmemoraban 60 años de las primeras grabaciones de Elvis. Cuando yo tenía 15 años, en el año 1988, la música de 60 años antes, la música del 1928, era el charleston o la copla, algo que para mi yo adolescente resultaba casi tan arcaico como las pinturas rupestres. ¿Qué sentido tiene que los jóvenes de hoy sigan utilizando un lenguaje que crearon jóvenes que hoy son ancianos, si no están muertos? Desde el propio timbre de una Telecaster pasada por un Twin Reverb, todo el rock es arqueología. Odio la música electrónica, pero entiendo que es el sitio por el donde tienen que expresarse los jóvenes hoy.

Entiéndase, no quiero decir que sea imposible hacer música actual basándose en el rock, pero no se puede hacer exactamente igual que si no hubieran pasado 60 años, y más teniendo en cuenta la aceleración de la historia, la revolución tecnológica que es el signo de nuestros tiempos. El amplificador de válvulas es una tecnología que quedó obsoleta con el circuito integrado, que Jack Kilby patentó en 1958 y explotó comercialmente en los 70.

Los Rolling Stones están muy bien, pero no cogieron las canciones de Muddy Waters y las hicieron igual. Crearon nuevos sonidos con la tecnología del momento, nuevas formas musicales, nuevos temas en las letras...

En fin, debe de haber algo en lo que me equivoco, porque no lo acabo de entender y, además, ya lo he dicho, yo odio la música electrónica aunque cuando yo era joven los sintetizadores dominaban la radio (y entonces me gustaban). Otra digresión: me gusta la música que suena a natural aún siendo consciente de "la falacia de lo natural": una guitarra eléctrica es una máquina creada por el hombre, incluso una guitarra española también lo es. La música hecha con circuitos digitales no es menos natural que la hecha con cuerdas de acero.

***

Cuando empecé a escribir esta mañana, simplemente iba a hacer una crónica del concierto de ayer. Me he liado intentando plasmar cosas que me rondan por la cabeza. Bueno, para eso está este blog: para escribir sobre música.

Voy ahora con el concierto de Quique. Salieron a las 10:10 y empezaron con Suave es la noche. Nosotros estábamos en segunda fila y a nuestro alrededor la mayor parte de la gente tenía 20 años menos, aunque también había alguno de nuestra generación. Quique lleva una camiseta negra con una radiografía de una mano levantando un dedo. El chaleco sólo dejaba leer parte del texto superior: "AY ROCK". ¿Sería "GAY ROCK" en homenaje al orgullo gay? No, ponía "RAY ROCK", probablemente en homenaje a la radiografía y su reciente accidente en la mano.

La banda es la que ha acompañado a Quique desde la publicación de Delantera mítica: la sección rítmica de Señor Mostaza, Edu Olmedo a la batería y Alejandro Climent «Boli» al bajo; Edu Ortega al violín, guitarras y mandolina; y Pepo López a las guitarras y mandolina. El sonido no tenía la calidad de un teatro. La voz de Quique se oía muy bien, pero el bajo no tenía definición y algunos solos se quedaban bajos, o al menos así era donde estábamos. Pero me alegro de poder escuchar a Quique en este tipo de recintos: los teatros no son para el rock, aunque a mí me gustan mucho para escuchar el repertorio intimista.

Con muy bien tino, Quique escogió entre sus canciones las más cañeras. Tras Suave es la noche sonó ¿Dónde está el dinero?, si no recuerdo mal. En la primera parte también sonó un 39 grados con poema de Bukowski incluido (con un pequeño cambio: el delgado volumen de poemas de Rimbaud pasó a ser atribuido al propio Bukowski) y le dedicó a Alfredo Di Stefano Parece mentira (hoy me entero de que es noticia que está enfermo). Fueron sucediéndose canciones y guitarras (Quique creo que cambió en todas las canciones), mandolinas y violines. Sonaron Restos de stock (donde dijo algo del Rey detenido por la Guardia Civil), Me lo agradecerás (en la frase de los hinchas, Quique señaló El Molinón, que estaba justo al lado del escenario), Cuando éramos reyes, Salitre 48 (sin duda, una de las más coreadas), Kamikazes enamorados, Palomas en la Quinta, Te lo dije (con Quique de rodillas mientras el público hacía palmas al ritmo de Bo Diddley), Hotel Los Ángeles (Quique sin guitarra)... No recuerdo exactamente cuáles fueron antes del primer bis, que llegó muy pronto, a la hora de concierto, pero fue muy largo para un bis: hicieron Dallas Memphis (Quique con acústica y armónica), Miss Camiseta Mojada, alguna otra, tal vez de las que enumeré antes, y cerraron con Vidas cruzadas. Hicieron amago de despedirse todos juntos y hasta empezó a sonar la música, pero sin llegar a bajarse del escenario volvieron a coger los instrumentos y acabaron con Y los conserjes de noche.

Se me hizo corto, y eso que me quedé afónico a la mitad. El concierto fue una fiesta y eso era lo adecuado para un día de Feria.

***

Aquí dejo unas fotos a modo de testimonio. Están ordenadas cronológicamente.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
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Un atractivo incomprensible

~ sábado, junio 14, 2014 ~

A veces amas sin saber por qué. Eso me ocurre a mí con Visions of Johanna, la tercera canción en el Blonde on Blonde de Dylan. No sé de qué habla. El bajista se equivoca escandalosamente. Varias veces. El sonido de la guitarra tiene un punto irritante y la ejecución no es precisamente impecable. El estéreo de la mezcla, muy propio de aquellos años, es aberrante, con la batería enteramente a un lado excepto el ride, o tal vez sea un plato que toca alguien, porque se puede escuchar un redoble sobre la caja usando las dos manos mientras suena ese plato.

No creo que la letra tenga realmente sentido. Son sólo un conjunto imágenes irracionales provocadas por la droga. Y yo amo la razón. Pero muchas veces la escucho en bucle, hipnotizado y cuando quiero explicar la melancolía y por qué la eternidad no es ni siquiera deseable, me salen estos versos:

Inside the museums,
Infinity goes up on trial.
Voices echo, this is what
Salvation must be like after a while

En fin, no lo entiendo. Pero ahí está.

Bob Dylan: Visions Of Johanna video: Ron Talley from Ron Talley on Vimeo.

Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
11:10 a. m. | Comentarios (0) | Referencias

Una antigua picadura

~ sábado, marzo 22, 2014 ~

Eran tiempos más sencillos, cuando la música se dividía en sólo dos tipos: el rock duro y la basura; cuando sólo tenía 6 horas de clase y el resto del día era para mí; cuando pasaba de tres de la tarde a doce de la noche metido en mi habitación escuchando música y leyendo libros, porque todavía no había Internet y ni siquiera sabía tocar: sacar sonidos de una guitarra era para mí una ciencia extraña, un arte mágico que soñaba con dominar, como quien sueña con volar...

Era un tiempo de escuchar pocos discos muchas veces, porque no había dinero ni descargas gratuitas. Por fortuna, había cintas y mini-cadenas de doble pletina. En una de esas cintas yo tenía grabado, probablemente copiado de mis primos, el World Wide Live de Scorpions. Ayer me dio por poner Holiday, para tocarla a la vez. Era una canción con arpegios que, cuando empecé adentrarme en el arte de la guitarra, me parecía muy difícil e invertí muchas horas intentándola. La seguía teniendo más o menos en la cabeza, pero había algunos detalles que no recordaba; por eso la puse. Pero casi no la escuché: directamente fui tocando sobre ella.

Eso me pasa mucho ahora: a veces, cuando en alguno de los  grupos en los que estoy deciden tocar una canción que no conozco, ni siquiera la escucho una vez antes de ponerme a intentar tocar encima. Incluso cuando no estoy intentando sacar una canción, estoy diseccionando lo que escucho. Una vez fui niño y disfruté de los trucos de los magos; ahora que aspiro a ser mago, ya no puedo disfrutar inocentemente de la magia.

Así fue en parte ayer escuchando a los Scorpions: después de haber tocado Holiday, me dio por poner otras canciones sólo para escucharlas. Por supuesto, no pude evitar la biopsia: qué cantidad de reverb, qué separadas están las dos guitarras en dos canales, cómo está continuamente presente el público, cuánto habrá regrabado, cómo son los solos —donde detecté arpegios, tópicas subidas y bajadas por escalas, picados de púa—, cómo es la estructura de la canción, los ritmos de la batería, los riffs del bajo, los lugares comunes de las letras...

Excepto en aquel tiempo sencillo cuando me consideraba a mí mismo heavy, siempre me he sentido en tierra de nadie musical. Toco con gente que sigue siendo así, despreciando lo que no sea rock, y mejor si tira al heavy, y con gente que desprecia los tópicos de la música pesada, las guitarras rápidas, las distorsiones exageradas, las reverbs de larga cola, las palmas o los cuernos junto con el bombo, y con gente que piensa que los que no saben tocar así no saben tocar y la música que hacen es ruido, y con gente que piensa que en los 80 no se hizo ni una canción buena... Y ahí estoy yo, gustándome muchas de esas cosas que otros ven contradictorias.

Así, escuchando los tópicos del heavy ochentero en las canciones de Scorpions, escucho las críticas que alguno de mis amigos podrían hacerles. Y yo no me siento especialmente un seguidor de los alemanes, pero escuché mucho ese disco en aquellas tardes de mis quince años y hoy, mucho más de quince años después, sigo creyendo que tienen valor, que tienen magia. Aunque ahora vea dónde esconden el conejo blanco que parece surgir de la nada.

Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
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