Escritos sobre música




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Gigante 2022. Día 3

~ martes, agosto 30, 2022 ~

El que creo que era el día con mejor cartel del Gigante 2022 empezaba con unos asturianos: Alberto y García. Los conciertos a primera hora siempre son complicados porque hay poca gente, pero ellos consiguieron que nos acercásemos al escenario y bailásemos con sus cumbias. Sonó muy bien y fue muy divertido, especialmente el final cuando bajaron el saxofonista y el percusionista a bailar con la gente. Un grupo con una personalidad importante que no sigue los caminos mayoritarios.




A continuación tocaron Colectivo Da Silva. No sabía nada de ellos y me sorprendieron: unos chavales muy locos, pero hacían música muy bien tocada, un pop con mucho groove. Sólo vimos un par de canciones porque luego nos movimos al otro escenario a coger sitio, pero escuchamos todo el concierto. Lo que no me convencieron fueron las letras: demasiado humorísticas para mi gusto.



Habíamos ido a coger sitio porque el siguiente grupo era de nuestros favoritos: La Habitación Roja. No sé si por estar en primera fila, pero me sonaron ruidosos: no se distinguía lo que hacían las guitarras. Empezaron con "El Día Internacional de los Amantes" pero el gran momento fue la traca final, con sus ya clásicos "La moneda en el aire", "Ayer" e "Indestructibles".



Sin dejar respiro, nos fuimos al otro escenario a ver algo muy especial: la reaparición de La Cabra Mecánica. Yo había escuchado mucho "Vestidos de domingo" y los vi en directo en aquella época en la Plaza Mayor de Gijón. Esta vez llevaba una banda all-stars: yo identifiqué a Fernando Polaino en las guitarras acústicas, Joe Ezeiza en la eléctrica, Dani Patillas en el bajo y David Carrasco en el saxo y los teclados. Llevaba otros dos vientos y la pena fue que, como pasa demasiadas veces en estos conciertos, el bajo embarullaba todo en algunas frecuencias. Empezaron fuerte, con "Felicidad", e hicieron un reprise al final. Hicieron también otros clásicos como "La lista de la compra" o la "Fábula del hombre lobo y la mujer pantera". Nunca entendí muy bien por qué Lichis decidió renunciar a ese repertorio tan rico. He estado leyendo estos días y parece que pasó una depresión en parte por una movida con "No me llames iluso". Yo creo que siguen siendo canciones muy buenas y que rescatarlas de vez en cuando puede hacer feliz a mucha gente: si yo fuese capaz de eso, no me lo pensaba.



Y sin descanso, cambio otra vez de escenario para ver a Lori Meyers. Ya los he visto recientemente en un teatro, pero son un grupo para festival: las canciones parecían todos singles para bailar y cantar entre todos. Muy buen concierto.



Lo siguiente también prometía, pero ya necesitábamos reponer fuerzas, así que nos perdimos el principio de Rigoberta Bandini y el resto lo vimos desde muy lejos. Me decepcionó: parecía que la música iba casi toda grabada, las voces no fueron muy buenas, y más que un concierto era una performance, que no me parece mal en principio, pero el problema es que me resultó demasiado naif, hasta cutre. La inteligencia, la ironía y la profundidad de las canciones no me pegaban con esa puesta en escena que parecía basada en una función de guardería. A la gente parece que le gustó, así que igual fue cosa mía.



Y así acabamos el Gigante, felices pero destrozados después de tantos conciertos... y tanto polvo, porque la verdad es que se merece un recinto con condiciones mejores.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
6:53 p. m. | Comentarios (0)

Gigante 2022. Día 2

~ sábado, agosto 27, 2022 ~

Llegamos cuando estaba empezando Nat Simons. La habíamos visto hace años en el Metrópoli y ha cambiado bastante: si entonces básicamente hacía Americana en inglés, ahora tiraba mucho más al rock y cantaba a veces en español y a veces en inglés. Sonaba muy bien.


Luego fuimos a cenar y vimos a Oba Tenga. No era de los artistas que teníamos planificados,  pero me sorprendió: un grupo con dos percusionistas, guitarra acústica y bajo que hacían algo en línea rumbera, pero muy bien hecho. Hubo hasta un pequeño homenaje a "El sueño va sobre el tiempo". Montaron una pequeña fiesta.


A continuación fuimos a Alice Wonder. Tampoco la conocía. Me pareció que tenía muy buena voz, aunque abusaba de filtros. Tampoco me gustó que fuese casi todo pre-grabado. De hecho,  a mitad de una canción le falló el ordenador y tuvo que empezar desde el principio. En cualquier caso, me pareció que tenía mucha personalidad.


Luego escuchamos un poco a Zabriskie. Sonaban bien y me recordaron a Nacha Pop, pero sus canciones no me decían mucho. También vimos un poco desde lejos a La La Love You, que montaron un fiestón en el escenario principal.

Por fin llegamos al plato fuerte de la noche para nosotros: Dorian. Hicieron un concierto muy parecido al que vimos en el Sonorama, aunque hubo alguna canción distinta. Consiguieron también poner a bailar a todo el mundo.



Por último, volvimos a la zona de comidas para ver a Repion. Tienen mucha fuerza, en especial la batería, que a veces me recuerda a Dave Grohl, pero sus canciones tampoco me convencen. Una conclusión después de ver tantos grupos que desconocía es que es muy difícil hacer canciones que en una primera escucha sean atractivas.



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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
2:30 p. m. | Comentarios (0)

Gigante 2022. Día 1

~ viernes, agosto 26, 2022 ~

Segundo año que venimos al Gigante en Alcalá de Henares. El año pasado fue raro por la pandemia. Este año ha vuelto a ser normal. Se nota que es algo mucho más pequeño que el Sonorama, sólo tiene 3 escenarios y están muy cerca. Los dos principales están en paralelo y mientras actúan en uno, preparan el otro. Perfecto, porque además, como el recinto no está saturado, es fácil pasar de uno a otro. El problema es el tercer escenario, que está donde la zona de comidas: llega el sonido de los escenarios principales y se monta una cacofonía.

En general, ese fue mi mayor problema: el sonido de casi todos los grupos, también los del escenario principal, fue malo.

Empezamos viendo a Biuti Bambu mientras cenábamos en una de las pocas mesas que hay donde la zona de food trucks. No me gustaron. Creo que no le sacaban partido a lo tener dos voces femeninas y las canciones no me dijeron nada.


Luego estuvimos viendo un par de canciones de Fresquito y Mango. Totalmente fuera de lo que yo entiendo: unos chavales (¡qué jóvenes me parecen todos!) cantando/rapeando/autotuneando sobre unas bases pregrabadas. No entiendo de ese tipo de música, pero las bases tampoco me parecieron buenas.

Volvimos al escenario de los food trucks y vimos a Lady Ma Belle. Grupo muy festivalero que lo hacía bien, pero que a primera escucha me sonó muy genérico.


Luego volvimos a los escenarios principales a ver a Natalia Lacunza. De la que empezó no me gustó que no llevase bajo, pero fue sólo la primera canción: luego sí hubo bajo y fue peor, porque hacía una bola tan grande que se perdía todo el resto de la música. Lo vimos desde lejos y aunque parece que Natalia tiene una voz bonita y unas canciones que pueden ser interesantes, sonaba tan mal que no lo disfruté. Punto extra por llevar una banda toda de mujeres: creo que entre todos los grupos que vi, fueron las únicas instrumentistas. Una pena que haya tan poca igualdad en la música.


El siguiente grupo fue Cupido. La música no estaba del todo mal, pero la voz, con autotune y sin gracia, no había por dónde cogerla.


Regresamos a los food trucks para ver a Alis. A pesar de ser sólo un trío, nuevamente el bajo tenía unos subgraves muy molestos que transformaba la música en ruido.


Y por fin fuimos a lo que era para nosotros, y creo que para casi todo el festival, el plato fuerte de la noche: Miss Cafeína. Se nota el nivel: fueron los primeros que sonaron bien. Me llamó la atención de que, al igual que Alis, también llevasen algunas partes pregrabadas. Otro par de tendencias que no me gustan: cuando el bajista sustituye su instrumento por un sintetizador y cuando el batería usa sonidos electrónicos. Por lo demás, fue un buen concierto, aunque a mí me gustaron más cuando los vi más de cerca en el Albéniz de Gijón hace unos años, con un concierto menos de música de baile y más pop.



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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
11:57 a. m. | Comentarios (0)

Medio Gigante sentado

~ domingo, agosto 29, 2021 ~


Crónica del Festival Gigante 2021


Una de las cosas que he comprobado cada vez con más fuerza a medida que me hago más viejo es lo difícil que es ponerse en el lugar de otra persona... incluso cuando esa otra persona eres tú en otras circunstancias. Nunca hubiera imaginado que decidiese no ir a un festival por ser de pie y que cambiase de opinión al saber que iba a ser sentado. Yo siempre he opinado que el rock es para verlo de pie. Pero los años no pesan en balde...

Así es que la semana pasada cogimos un hotel en Madrid con posibilidad de cancelación y estuvimos pensándonos si ir al Festival Gigante, básicamente porque era una de las pocas oportunidades que nos quedaban de volver a ver a Viva Suecia en su gira actual. No podíamos ir a los tres días por trabajo, pero el precio era tan bajo (25€ más los siempre enervantes y excesivos gastos de gestión) que merecía la pena para los conciertos a los que podíamos ir. Sin embargo, ese fin de semana, su espalda mandó un mensaje claro: cuidado con los esfuerzos excesivos. Decidimos abortar la misión.

Todo cambió cuando, dos días antes del inicio del festival, las autoridades obligaron a que fuese sentado, algo parecido a lo que pasó en el Sonorama. Nuevamente empezaron las críticas y las quejas por no poder devolver las entradas. A nosotros nos hizo cambiar de opinión: queríamos ir... pero las entradas estaban agotadas.

Aquí es donde entra en juego la reventa. Miramos en Ticketswap y había bastantes entradas a la venta. Entiendo que es un sitio de reventa más o menos oficial (el dueño es Ticketmaster) y tiene varias funciones para evitar estafas y revendedores profesionales. Decidimos coger unas entradas que no eran las más baratas, pero las vendía un usuario que ofrecía más confianza: había vendido satisfactoriamente entradas para conciertos anteriores, tenía muchos datos verificados y el perfil no parecía falso.

Así que el viernes salimos de trabajar y nos fuimos dirección Alcalá de Henares. Llegamos cuando estaba empezando Xoel, pero al ir a recoger las pulseras nos dijeron que las entradas ya habían sido usadas... Gran chasco: todo apuntaba a que al final nos habían estafado. Contactamos con el vendedor y solucionó el error rápidamente: había vendido dos de las 4 entradas que había comprado y nos había mandado las que había usado en vez de las otras. Gracias a los móviles y a la gente que responde rápido salvamos el viaje.

La disposición del festival era muy parecida a la del Sonorama: había cinco sectores (uno para VIPs y cuatro para la plebe, como nosotros), cada uno con su zona de conciertos y su zona de restauración. Una de las críticas que se le hizo al Sonorama fue que había dos sectores pegados al escenario y dos detrás de los anteriores; aquí, los sectores eran longitudinales y los cuatro tenían una zona de primera fila, pero los sectores laterales no tenían nada enfrente del escenario: la primera fila del nuestro estaba enfrente del lateral izquierdo y tan ladeada que no se veía el escenario entero.

A pesar de llegar tarde, había muchas sillas vacías y nos situamos no tan atrás ni tan ladeados en el sector. Pudimos disfrutar de la maestría de Xoel López y sus músicos, incluyendo a Charlie Bautista: qué lejano parece aquel tiempo en el que contábamos con cuántos artistas lo veíamos, cuando acudíamos a más de cien conciertos al año...

No tengo muy escuchado a Xoel, pero me gustó mucho lo que hizo: tuvo momentos emotivos y momentos bailongos. El sonido, como en todo el festival, fue bueno pero no tanto como en el Sonorama porque había un eco importante: es lo que tiene hacer un concierto en el medio de la ciudad.

Xoel López en el Festival Gigante 2021

Acabado el concierto fuimos a la zona de restauración: era la hora de la cena y había colas. Un error muy tonto fue que había colas separadas para recargar pulseras, pedir cerveza de barril, pedir otras bebidas y pedir comida: lo arreglaron al día siguiente, tercer día del festival, con unos simples carteles escritos en un folio que podían haber puesto el primer día.

La zona de restauración era amplia y daba menos sensación de saturación que en el Sonorama. Esa fue una de las cosas que nos sorprendieron: en todo momento, tanto en la zona de conciertos como en la de restauración, había muchos sitios vacíos. Aunque había colas en las horas punta justo después de acabar un concierto, no eran largas y el resto del tiempo casi no había. Además, el intervalo entre conciertos era largo. Yo creí que eso era un inconveniente, por la espera (muy bien amenizada por We Are Not DJs), pero al final lo hizo más cómodo y menos cansado que el Sonorama.

Nuevamente he visto en Twitter críticas porque hubiese vallas para impedir que se viese el escenario desde la zona de restauración, diciendo que esa medida no tiene sentido sanitario. Yo creo que sí: es para impedir que la gente se aglomere en esa zona, donde se suele estar sin mascarilla, lo que hace que se incremente mucho el riesgo de contagio. En cualquier caso, con la amplitud que había en el Gigante, me dio menos sensación de riesgo que en el Sonorama, donde ya dije que me pareció baja.

Un detalle que no me gustó del Gigante: al contrario que en el Sonorama, no devuelven el dinero que sobra en la pulsera. Pero una ventaja: los baños eran mucho mejores y tenían jabón y agua.

Volvimos a la zona de concierto para Viva Suecia. Dieron un conciertazo: tengo la impresión de que disfrutan como niños tocando. Igual es porque casi sólo los he escuchado en el coche, pero me parece que suenan peor en disco que en directo. Además de que en algunos discos la voz está demasiado hundida, se pierde la dinámica que muestran en vivo. Por destacar un detalle: me gustó mucho el sonido del bajo y me llamó la atención la forma efectiva en la que usaba los glissandos.

Viva Suecia en el Festival Gigante 2021

El último grupo de la noche era otro que no había siquiera oído nombrar antes: Embusteros. Parece que son gente con mucha experiencia y sonaron muy bien. Las letras me parecieron cuidadas, pero el conjunto me resultó poco atractivo: tuve cierta sensación de estar ante un pastiche. Es quizás una palabra un poco fuerte, pero sinceramente, fue la que me vino a la cabeza. Una de las influencias que intuí era la de Héroes del Silencio. Me dio por pensar luego en que es curioso que un grupo que haya tenido tanto éxito como los zaragozanos no haya generado otros grupos en su onda, pero quizás es que su personalidad era tan excesiva que cualquier mínimo acercamiento resultaba demasiado evidente y quemaba cualquier otra posible característica positiva.

En cualquier caso, disfruté de poder entrar en contacto con un grupo que desconocía sin necesidad de estar de pie durante horas: tras el trabajo, el viaje y los conciertos, la vuelta al hotel no fue tan lastimosa como hubiese sido de haber asistido al festival sin estar sentados. Por cierto, las sillas, las típicas de plástico del jardín, resultaban mucho más cómodas que las de madera que nos tocaron en el Sonorama.

El sábado, llegamos cuando estaban empezando Veintiuno, otro grupo del que no tenía ninguna referencia previa. Fuimos a la zona de restauración a refrescarnos, así que las primeras canciones sólo las oímos sin casi verlos. Me estaban sonando a un pop-rock bastante estándar. Me parecía que eran bastante jóvenes y me resultaba curioso escuchar ese estilo casi de los años 90 pero hablando de haters y modernidades similares. Parecía que tocaban muy bien y, en cuanto pudimos, fuimos a la zona de concierto a verlos. Aunque no me apasionaron, los disfruté, en especial cuando se acercaban al funk (gran sonido y muy buen gusto del bajista, y eso que tocaba con púa incluso esa partes funk). Me dio la impresión de que el cantante tenía algo de genio: la voz no me convencía mucho, pero me pareció que tenía muy buen gusto con la guitarra, también tocaba el piano, y por la forma de expresarse y lo que decían algunas letras, se intuía un trasfondo que iba más allá.

Voy a comentar un detalle estético que podría ser irrelevante pero creo que no: llevaba la camiseta por dentro. Por lo visto, eso, lo que fue común hasta antes de los 90, es lo que hacen los jóvenes modernos ahora. Digo que creo que no era irrelevante porque en la música también encontré referencias a aquellos años: había momentos en que el sonido de la telecaster del cantante me recordaba a Prince y otros en los que los punteos del guitarrista solista me llevaban a pensar en Slash o en el Mark Knofler de Brothers in Arms. Me sigue sorprendiendo que los jóvenes de hoy sigan esas referencias: imagino que será el eterno retorno de las modas. En cualquier caso, esto no me dio sensación de pastiche sino de síntesis entre esas influencias y el mundo actual, además de por lo ya comentado en las letras, por cómo mezclaban algunos elementos electrónicos en ocasiones. Eso sí: me pareció que había partes grabadas y eso es algo que me disgusta en los conciertos en directo. Entiendo que mejora el sonido, pero exige tocar con claqueta y se pierde parte de la magia del vivo. Es curioso, porque cuando lo hacen León Benavente, no le veo problema, es como si fuese algo natural en su propuesta y, precisamente, una de sus grandes virtudes es sonar vivos, muy vivos, a pesar de llevar claqueta, pero estoy viendo como algo demasiado habitual recurrir a sonidos pregrabados en vivo y apreciaría que se optase por otra solución, por ejemplo, buscar otros arreglos. Como siempre, es sólo mi opinión.

Veintiuno con Chica Sobresalto en el Festival Gigante 2021

En la foto se ve un momento en el que les acompañó Chica Sobresalto. Como se puede ver, decidimos ponernos bastante adelante en nuestro sector y, a pesar de que estábamos ladeados, podíamos verlo bien. Parece que no hay público, pero en la parte central había una buena cantidad de gente a pesar de la solana que estaba cayendo.

Esa solana nos hizo refugiarnos en la zona de restauración otra vez antes del siguiente concierto: resulta incómodo tener que pedir una botella de agua entera para refrescarse y acabar tirando la mitad porque uno ya se harta de beber sin sed. En fin, como dije en el Sonorama, yo creo que deberían dejar beber agua en la zona de conciertos, pero también entiendo el razonamiento sanitario que hay detrás, aunque no lo comparta. Por cierto, muy amable también toda la gente de la organización del Festival Gigante.

El siguiente fue el concierto de La Bien Querida. Había escuchado alguna canción suya alguna vez pero no me había llamado la atención, así que agradecí la oportunidad de escucharla en el Festival. Me resultó demasiado sosa, no ya por casi no dirigirse al público, sino porque la mayor parte de sus canciones se me hicieron aburridas a pesar del esfuerzo en los arreglos. No soy yo precisamente de los que reniegan de las canciones de amor, pero también me parecen interesantes otros temas y, en cualquier caso, la mayor parte de estas no me emocionaban. En la música y en el estilo me recordaba a veces a Family o Nosoträsh, pero a mí no me llegó esa magia que estos otros grupos me transmiten.

Quiero incidir en lo que dije a cuenta del concierto anterior: había muchas grabaciones y eso no me convence. De hecho, había momentos en los que el bajista cogía otra guitarra, que tampoco aportaba tanto, y los bajos estaban grabados.

A continuación llegaron los cabeza de cartel del Festival: Amaral. Hicieron un concierto bastante similar al del Sonorama, pero hubo algunos cambios en el repertorio: "Mares igual que tú" fue movida del final del concierto a la primera parte y el cierre fue con "Hacia lo salvaje". Creo que tocaron alguna canción que no interpretaron en el Sonorama, como "Soledad", aunque igual me equivoco. Me pareció que funcionaba mejor acabar más arriba como hicieron en esta ocasión.

Por otra parte, aunque fue un concierto similar, no me aburrí: de hecho, me emocioné en varias ocasiones. Hay algo que me... ¿sobrecoge?... No sé encontrar la palabra concreta para la emoción, pero me produce un placer muy grande encontrar esa maestría en las interpretaciones, las composiciones y la puesta en escena, pero también ese intuir algo hermoso en la forma de ser como personas, en especial de Eva, más que nada porque de Juan es difícil saber algo. En cualquier caso, sin ser un grupo al que haya seguido, me parece que son un tesoro nacional y me sentí afortunado de poder verlos.

Amaral en el Festival Gigante 2021

El último grupo de la noche, Arde Bogotá, también lo había visto en el Sonorama dos semanas antes. Pero esta vez los vi desde más cerca, más descansado y con el conocimiento previo: los disfruté más. Sigo sin estar convencido con las letras, pero quedé todavía más impresionado con su destreza musical y me reafirmé en la impresión de que tienen una personalidad propia que, bien desarrollada, puede llegar muy lejos. Ya he hablado de varios bajistas y quiero destacar al de este grupo, que también tenía un sonido que me gustaba mucho. En general, todos los miembros me parecieron con un nivel increíble.

Arde Bogotá en el Festival Gigante 2021

Nos fuimos de la Huerta del Obispo del Palacio Arzobispal con la alegría de que los planes al final hubiesen funcionado: la buena música ayuda a curar.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
11:29 p. m. | Comentarios (0)