Escritos sobre música




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1973 en la Casa de la Música

~ sábado, mayo 09, 2026 ~

Crónica del concierto de Quique González en La Casa de la Música de Fuenlabrada el 8 de mayo de 2026

Hay gente que no entiende que veas muchas veces al mismo artista en directo. Hay todavía más gente que no entiende que lo veas dentro de la misma gira. Sin embargo, a nadie le extraña que escuchemos cientos de veces la misma canción grabada. La forma natural de la música es en vivo: los discos son invento reciente y, probablemente, con la llegada de la Inteligencia Artificial, igual hasta consideremos dos artes distintas los discos y los conciertos, igual que se consideran distintas artes el cine y el teatro.

Esta reflexión es a cuenta de que esta es mi tercera vez viendo a Quique González en la gira presentando "1973" (ya reseñé aquí las dos anteriores). Y cada vez ha sido única. Casi diría que esta la más especial, aunque igual es simplemente que es la que tengo más reciente, porque incluso las maravillas pasadas acaban amarilleando en el recuerdo, excepto cuando no hay un presente numinoso con el que compararlas y acaban deviniendo en nostalgia.

El concierto tuvo lugar en La Casa de la Música en Fuenlabrada, una sala de tamaño mediano que no conocía. Por cierto, quiero destacar el precio: ya es difícil encontrar conciertos por 20€. Todo un lujo.

Hubo teloneros, Clavel, pero, por desgracia, no pude disfrutarlos por la extraña configuración con dos escenarios situados a 90 grados. Nosotros optamos por ponerlos en tercera fila del escenario principal y quedamos muy lejos del secundario. Con la dificultad añadida de que Clavel hacen música -inspirada en el folclore español- para escuchar con atención y un silencio imposible cuando la mayor parte del público va a escuchar a otro artista de un género muy distinto, sólo aprecié de lejos su original propuesta.


La ventaja que tiene esta disposición de escenarios es que no hace falta mucho tiempo desde que acaba el artista invitado hasta que empieza el principal. Al son del "Let's Get It On" de Marvin Gaye fueron apareciendo los protagonistas de la noche. Decidieron empezar por el final: la primera canción del concierto fue la última del último disco publicado por Quique González, "Santos". Como gran parte del disco, una canción no muy rápida, sin grandes fuegos de artificio, reflexiva... La banda hizo como dice la letra: "Silenciamos los cánticos". Al final del concierto, Quique dijo: "Habéis sido un público excelente". Suele sonar a tópico, a cumplido de cortesía, pero creo que esta vez fue sincero y merecido: hubo un silencio atentísimo cuando las canciones, como esta, lo requerían, y hubo fiesta y cánticos hasta sorprendentes en otros momentos. Pero eso lo contaré en su lugar.

Porque quiero empezar con otro aspecto que me impresionó profundamente y que todavía tengo fresco en mi memoria: la excelente calidad del sonido. Se escuchaba todo, cada pulsación en las cuerdas de la guitarra de Quique, cada armónico en la de Toni Brunet, cada matiz en los pianos, órganos y sintetizadores de Raúl Bernal, cada maravilloso dibujo que hacía Jacob Reguilón con el bajo o el contrabajo, cada sutil toque de Karlos Arancegui a su Ludwig... Estaba allí, viéndolo y sintiéndolo todo y preguntándome si sería el concierto con mejor sonido que he visto de Quique González. Es posible que no, porque le he visto muchas veces y sé que en muchas hubo muy buen sonido, pero resultaba imposible creer que lo hubiera podido haber mejor.

Creo que tras esa primera canción, que usaba una guitarra afinada en mi abierto, Quique cambió a otra acústica y Toni a una Danelectro de 12 cuerdas para interpretar "Flashes". Mientras escribo esta crónica, escucho alguna de las canciones y me ha llamado este hermoso sintagma: "las frágiles herramientas de la razón". Cuánta verdad en ese adjetivo...


Luego pasaron a la primera canción del último disco, "La caja de herramientas". Creo que en este tema fue en el primero en el que Raúl se puso de espaldas para tocar el sintetizador.


Para interpretar el primer single, "Terciopelo azul", llamaron por primera vez al escenario a la gran Patricia Lázaro. Ahora mismo es la voz de rock en español que más me gusta, junto con la de Nina de Morgan, por supuesto. Y es una gran compositora de canciones. Echo de menos sus conciertos y me hizo feliz que Quique contase con ella.

La primera canción que no pertenece a "1973" fue "Daiquiri Blues" (los enlaces en los nombres de canciones van a vídeos que he encontrado en YouTube), que ya es un clásico de lo que yo considero la tercera época de la obra del madrileño. A continuación, sonó precisamente una canción que sólo está en el disco que sirve de transición entre la primera y la segunda, "Ajuste de cuentas", cuando dejó de colaborar con Carlos Raya y tuvo aquella extraña fase que sólo duró un disco, "Avería y redención #7", tras comenzar la etapa de grabaciones en Nashville. La susodicha canción, "Caminando en círculos" estaba en en aquel disco en directo, pero ahora la hace en sol. Es también un clásico: fue muy coreado por el público, que estaba formado básicamente por gente de su generación que, imagino que como yo, lleva siguiéndole desde las primeras épocas.

Luego hizo otra de una etapa más reciente, pero no tanto: aunque a mí me parece que fue hace poco, ya han pasado 10 años desde que publicase "Me mata si me necesitas", el disco que abre "Detectives". Le pasó algo raro a Raúl en la entrada. Quique y él se miraron y sonrieron. Eso me gustó: estábamos asistiendo a un concierto con una maestría extraordinaria que no requiere de la perfección absoluta, porque lo más importante es que estamos comunicándonos, compartiendo algo muy especial entre todos, los intérpretes y el público, y esa sonrisa que decía "No pasa nada" me confortó, me hizo pensar que es la mejor forma de llevar los errores que inexorablemente todos cometemos: con humor, con gracia, y siguiendo adelante.

También pensaba en que había algo del ambiente de los primeros conciertos, aquellas giras de "Peleando a la contra", quizás por el tamaño de la sala, más pequeño que en las que le suelo ver últimamente.

Toni volvió a la Danelectro de 12 cuerdas para hacer una de las canciones cañeras más importantes del repertorio, "Miss Camiseta Mojada", antes de cambiar totalmente de tercio con "Descosiendo un milagro", interpretada con guitarra en mi abierto por Quique y cantada en parte por Raúl.



Lo siguiente fue otra canción de "1973", "Coleccionistas", que cité yo recientemente a un compañero amante de la música de antes, con esa frase que dice: "Seremos la última generación de coleccionistas". Sí, ya somos de otra época. Pero es curioso porque precisamente ayer viví una experiencia sorprendente: hubo un festival de música organizado por los alumnos en la escuela donde trabajo y los grupos de chavales joven interpretaban todos canciones que aparecieron cuando yo era joven. Yo soy de la opinión de que el rock está desfasado y aunque entiendo que haya jóvenes que lo aprecian igual que yo puedo apreciar el tango o el jazz de 50 años antes de que yo naciese, sé que no puede ser la música de esta época, la que explique este mundo en el que estamos ahora y el mundo que está por nacer. Imagino que el verdadero arte es inmortal y me alegro de que no se olvide, pero me pregunto si no hay música nueva haciéndose ahora que se convierta en los futuros clásicos y si sólo será mi cansada vista o, más bien, mi cansado oído de cincuentón lo que me impide verlo...

Y en mi cabeza en esta mañana madrileña de sábado a la que ha llegado la lluvia, mientras escribo, sabiendo que todo es, en última instancia, para el olvido y la nada, está también una sensación de agradecimiento a la vida, porque en medio de los horrores de este mundo, de los achaques, de la muerte cada vez más cercana -me levanté con la noticia del fallecimiento del padre de uno de mis mejores amigos- pienso en el poso de felicidad que me proporcionó y aún dura  el concierto de Quique González y los suyos y la experiencia todavía más increíble de haber estado tocando por la tarde un par de canciones ("Lamento boliviano" y "Entre dos tierras") en el festival de la escuela, invitado por unos alumnos 30 años más jóvenes: contra tanto enfrentamiento de generaciones, celebro lo común que nos une a los mortales, por muy pequeño que sea en la inhumana inmensidad del tiempo y el universo.

Volviendo al repaso cronológico del concierto, lo siguiente fue quizás la mejor canción de "1973": "Preguntas sencillas". Hoy siento que habla de esas lecciones que nos enseña la vida: "pequeñas mentiras que aprendes a desactivar". Creo que fue la única canción en la que Quique tocó la armónica.

Para "Cheques falsos", se sentó al Wurlitzer junto a Raúl, que se afanaba en el Legend. Hicieron un final que me retrotrajo a la época de "Avería y Rendención #7", cuando el espíritu de Wilco flotaba en la producción. Creo que en este último disco y conciertos se está recuperando algo de esa idea, pero mejor rematada que en aquel entonces.

Lo siguiente, uno de sus indudables clásicos de la etapa central, "La luna debajo del brazo", seguida de otra canción también de "Daiquiri Blues": "Su día libre". He dedicado muchas horas a esa canción. De hecho, llegué a grabar (¡hace 16 años!) dos vídeos tocándola con dos aficiones distintas... y sigo con la sensación de que ninguna es correcta. Algún día lo pillaré...

"Avería y rendención" volvió a subir las revoluciones, añadiendo un reprise con aires de música negra. A mí la parte de "Nunca des tus datos a la chica de la lavandería" siempre me recuerda a estar en una "washeria" en Nueva Orleans con la quiquifriki que tengo la fortuna de que me acompañe en esta vida.

Quique volvió a llamar a Patricia y contó que le había dado a elegir las canciones que quería cantar y ella escogió una no muy conocida: "Alguien debería pararlo", de "Sur en el valle". Dijo que habla de una ruptura en ambiente playero. La voz de Patricia elevó la canción y me hizo pensar que me gustaría escuchar un disco o un concierto con versiones hechas por ella, que tiene un gusto certero y refinado, además de una sensibilidad profunda, como ha demostrado versionando en sus conciertos el maravilloso "Simulacro" de Rafael Berrio.

Por supuesto, con esa voz sobre el escenario no podía faltar uno de los últimos "hits" de Quique: "Charo". Llamó a otro amigo para interpretarlo con la acústica, César Pop, que además es co-autor de la canción y salió ataviado con una camiseta de "Charista".

Tras despedir a los dos colaboradores, atacaron otra rareza, una canción que no está en ningún álbum y que creo que he oído a Quique decir que considera una de sus mejores: "Clase media". Yo estaba allí pensando en el lujo que era aquel sonido y aquel ambiente, que el concierto merecería ser grabado con la máxima calidad.

La última canción que hicieron del disco que estaban presentando fue "De verdad lo siento", con Toni haciendo la voz que grabó en el álbum Gorka Urbizu. También hizo un curioso solo con un sonido gordo y oscuro con su SG.

Y antes de abandonar el escenario, por fin hicieron una canción de los primeros cuatro discos: "Kamikazes enamorados". Me resulta asombroso que tenga la capacidad de no usar ninguna de esas canciones en la parte principal del show, de tocar otras 20 canciones antes de acometer alguna de los muchísimos clásicos que en aquella época parecía imposible que no formasen parte de un concierto: "Aunque tú no lo sepas", "Y los conserjes de noche", "La ciudad del viento", "Pájaros mojados", "Palomas en la quinta" (que alguien pidió a gritos, por cierto) y tantas y tantas otras canciones que darían para un gran concierto.

Con esa canción de la época que forjó la leyenda, dejaron a la gente con ganas de más: el público no se quedó haciendo un poco de ruido por cortesía para que volviesen a salir, sino que empezaron a cantar parte de "Vidas cruzadas" y, además, no empezó por la zona delantera, donde solemos estar los acérrimos, sino que empezó por el fondo de la sala: creo que éramos todos grandes seguidores.

Comenzaron el bis con la vuelta de César a la guitarra y, esta vez, a la voz, para interpretar otra canción que compuso con Quique: "Dallas Memphis", con Raúl al acordeón. El público coreó otra de esas frases que están en camisetas: "Ejércitos del rock rompiendo filas", pero también esa otra que convoca una imagen que no da para proclama pero dice mucho: "La luz del garaje encendida...".


La presentación del equipo técnico fue graciosa: después de presentar a cada uno, el público coreaba uno "Oé-oé" con el nombre correspondiente, como si fuesen los grandes protagonistas de la noche. Debería haber apuntado el nombre del técnico de sonido porque, ya digo, fue increíble.

Luego sonó un "Salitre" awilcorizado (vaya palabro que me acabo de inventar) y finalizaron, cómo no, con "Vidas cruzadas", con Patricia y César otra vez en el escenario.





Así finalizó la fiesta, la larga fiesta: fueron dos horas de concierto. El tercero de esta gira, queda dicho, y, sin embargo, no es demasiado: "hay días más grandes todavía", ya lo dice la canción...

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
8:06 p. m. | Comentarios (0)

Un milagro visto de cerca

~ domingo, febrero 22, 2026 ~

Crónica del concierto de Morgan en La Sala Acapulco (el Casino) de Gijón el 21 de febrero de 2026

Tercera vez que vemos a Morgan en esta gira. Las dos primeras fueron en teatros (en Guadalajara y en el Circo Price de Madrid). De hecho, aunque los he visto muchas veces a lo largo de los años en distintos escenarios (de teloneros de Quique González en Gijón, en el Sonorama en formato festival...), nunca los había visto en sala y no sabía qué esperar: creo que una de sus mayores virtudes es el sonido, que no suele ser tan bueno en las salas, y tienen bastantes canciones lentas que se disfrutan más sentado. Sorpresa: fue el concierto de ellos que más he disfrutado.

Y eso que, es verdad, el sonido al principio me pareció menos claro que en teatro. Pero no sé si es que fue mejorando o que ajusté mis oídos: al final del concierto todo sonaba perfecto y se podía apreciar esa maravillosa musicalidad que tiene cada uno por separado y todos en conjunto. Son maestros de sus instrumentos y se puede apreciar cuando hacen solos o se quedan un fragmento sonando en solitario: simplemente, la forma de matizar cada golpe que tiene el batería, de hacer que su instrumento, a priori el menos humano de los instrumentos, respire, muestra esa alquimia de la que son capaces. Pero no son individualidades luciéndose sino todo lo contrario: trabajan para la canción y están en constante diálogo entre ellos, atentos a lo que hacen los otros, apoyándose, siguiéndose... Se aprecia en el sonido y, gracias a estar en segunda fila, se puede ver cómo se miran unos a otros.











Fue un lujo poder apreciar los ojos de Nina y los movimientos de esa garganta que hace magia. El público era muy variado de edades, más de lo habitual en los conciertos a los que suelo ir. Había a mi derecha una mujer, quizás de veintitantos, que se llevaba la cara a las manos, como hacían las fans quinceañeras de los Beatles, o como si estuviese asistiendo a una aparición de la Virgen, un milagro, pero era la epifanía que produce esa voz única en la historia de la música en España.

Nina volvió de los bises a interpretar sola "Volver" y pidió la participación del público... ¡y vaya si la tuvo! Creo que hubo algo de ese ritual ancestral, tribal, algo tan alejado del mundo virtual en el que vivimos, algo que nos lleva a un mundo más humano y más animal al mismo tiempo: estos días leí una cita de Kandinsky que decía algo así como que la música era el único arte que intentaba atrapar el alma humana de manera abstracta, antes de que la pintura transitara ese paisaje, y yo, que siempre digo que escucho música sobre todo por la letra, pensaba que esa cosa espiritual que nos hace sentir la música probablemente esté ligada a algo atávico, a nuestra herencia de pájaros comunicándose con melodías.

El caso es que Nina dijo que no le gustaba cantar sola y que por eso le gustaba estar en una banda, y eso se nota: su ambición no es brillar ella sola, es participar de ese algo comunal y es una suerte que se haya encontrado con unos músicos que participan de la misma visión.




Estoy hablando aquí de sentimientos elevados, profundos, pero hay también humor: fue muy gracioso cuando en las presentaciones, uno de los dos hermanos gritó después de su solo de percusión: "Soy un macarra, soy un hortera" para que el público completase el homenaje al recientemente fallecido Jorge Ilegal.

Me fui y he amanecido hoy con la sensación de haber recibido un sacramento sanador.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
10:51 p. m. | Comentarios (0)

Espejismo nº 9 en la Riviera

~ domingo, febrero 15, 2026 ~

Crónica del concierto de 091 en La Riviera de Madrid el 14 de febrero de 2026

Todo vendido para ver a "Los Cero" en la Riviera. Gente mayor, algunos con sus hijos. Gente muy fan. Empezaron fuerte, con "2000 locos" y "Zapatos de piel de caimán" como segunda o tercera canción. Luego introdujeron varias del disco nuevo, "Espejismo nº 9". Eso bajó un poco la emoción. Como dijo Lapido, en lo poco que hablaron, esperaba que fuesen en el futuro clásicos. Todavía no lo son, pero yo les veo la misma calidad de siempre. Sólo había escuchado el disco una vez, así que no conocía mucho. Pero me llamó la atención que me pareció que había un par de canciones de amor. En otra de las pocas intervenciones entre canción y canción, Lapido presentó la preciosidad que es "Ven en forma de nube" diciendo que se podía aprovechar que era 14 de febrero para bailar con la pareja.

En esa parte del concierto, el sonido tenía algún problema. Fue mejorando y la parte final, con las clásicas, ya sonó de lujo. Hicieron canciones esperables como "Sigue estando Dios de nuestro lado", "La noche que la luna salió tarde", "Otros como yo" (creo que mi favorita de su repertorio), "La calle del viento" o "Huellas", pero también alguna que me sorprendió, como la psicodélica "Cómo acaban los sueños"  o la preciosa "Un hombre con suerte".



Hicieron dos bises. Uno lo empezaron con "La canción de espantapájaros". En el otro hicieron "Qué fue del siglo XX" para acabar con "La vida qué mala es".


Es curioso porque es uno de los grupos de mi vida, pero sólo he escuchado enteros dos discos de ellos: "Tormentas imaginarias" y "Todo lo que vendrá después", y hay algunos clásicos, como "La torre de la vela" o "Esta noche" que los tengo poco trasegados. Pero esos dos discos que menciono no sólo los he escuchado: los he tocado mucho. Hace ya la friolera de 16 años ya hice un homenaje en YouTube.

Lapido me parece uno de los más grandes escritores de canciones en español y me sigue sorprendiendo su capacidad de juntar palabras nuevas. Y su Gibson SG suena como un tiro. Ayer lo volvió a demostrar, perfectamente compenetrado con Víctor.

También me sorprendió la voz de José Antonio García: totalmente en forma.


En definitiva, un conciertazo de rock a la antigua usanza, sin claquetas ni grabaciones, sin atrezzo sobre el escenario ni fuegos artificiales, sólo con música y canciones. Y es un placer saber que hay otros tantos como yo que las aprecian como algo fundamental en su vida.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
8:49 a. m. | Comentarios (0)

Dos 1973

~ domingo, febrero 08, 2026 ~

Crónica de los conciertos de Quique González en el teatro de La Laboral de Gijón el 31 de enero de 2026 y en el Circo Price de Madrid el 7 de febreo de 2026

Con una semana de diferencia, he visto dos veces seguidas a Quique González en la gira de "1973".

La primera fue en La Laboral de Gijón. Nos llevó Dani, viejo camarada con el que montamos aquel Hoardings Bros. con el que hacíamos versiones de Quique y con el que tan buenos momentos he pasado. Nosotros teníamos ya compradas entradas en la segunda fila, casi enfrente de donde estaba Toni Brunet.

Precisamente, él comenzó la velada interpretando en solitario tres canciones de su futuro álbum en solitario. La primera me sonó a último Quique, en la letra y en ciertas soluciones melódicas. Fue con una guitarra española, creo que afinada en mi abierto. Luego hizo otras dos con una Gibson SG. Me gustó su forma de cantar.


Quique con toda la banda empezó con "Terciopelo azul" y siguió con todo el resto de "1973". Explicó que luego sonarían otras. Hubo una zona más acústica y en ocasiones se hizo un poco pesado. Dedicó "Santos" a Jorge Ilegal y Robe. Raúl Bernal cantó parte de "Descosiendo un milagro". En "Cheques falsos" Quique se sentó al piano eléctrico, pero también se levantó: a ratos tocaba separándose de la banqueta. Tuvieron un "momento Wilco" al final de alguna canción, no sé si precisamente "Cheques falsos". A mí las que más me gustan son las de tempo más rápido: "De verdad lo siento" (cantó Toni la parte de Gorka Urbizu), "Coleccionistas" y las mencionadas "Cheques falsos" y "Terciopelo azul". De las lentas, creo que "Preguntas sencillas" es mi favorita.



Luego ya empezaron clásicos... y no tan clásicos: "Miss Camiseta Mojada" (con cambio al final: "Miss Camiseta Asturiana"), "Caminando en círculos" (en sol, en vez de estar en la como en "Ajuste de cuentas"), "Me agarraste" (hacía mucho que no la escuchábamos), "Nadie podrá con nosotros" (que hizo cuando le fuimos a ver presentar el disco en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés, como una de sus favoritas que no lo es tanto de la gente), "Salitre" (con arreglos más rockeros), "Se estrechan en el corazón" (dijo que la empezó en Verdicio después de un concierto junto al Molinón), "Kamikazes" (versión cañera), "Pequeño rock'n'roll" (sin guitarra, con una interpretación vocal muy libre y acabando con unos versos del "Si te vas" de Extremoduro), "Vidas cruzadas" (como siempre, muy coreada), "Padres huérfanos" (estreno, aún no publicada, hecha para una película) y acabó con "Charo" (con Toni haciendo del personaje titular). No hubo bises: imagino que no hicieron la parada después de "Vidas cruzadas" por motivos de tiempo; en la Laboral eso debe de estar muy medido.




Me gustó, sobre todo la segunda parte, cuando suenan esas canciones que son parte de mi vida.

La banda estuvo de lujo: Jacob Reguilón ("desde Vallecas") estuvo muy bien con el bajo y el contrabajo; Karlos Arancegui ("el Niño de la Bici, desde Tolosa") también me gustó, creo está menos experimental que en la época de "Avería y Redención #7" y lo prefiero así; Toni Brunet tocó con su perfección habitual, aunque a mí a veces me pide más caña y me cuesta cuando los solos no son los que tengo grabados a fuego de tanto escucharlos, como pasa en "Salitre"; y Raúl Bernal cubrió muchos huecos con sus dibujos a sus cuatro teclados. Quique estaba contento y se notaba. Me hizo ilusión que al acabar, cuando estaba saludando, se acercase a donde estábamos, reconociese a C. y la señalase: lo  merece, porque sigue ahí desde el principio.

Una semana después, fuimos a verle al Circo Price en Madrid, acompañados de dos amigas con las que le habíamos visto en la Riviera hace un par de años. Comenzó con Toni Brunet haciendo lo mismo que en Gijón, aunque la gente estaba todavía llegando y tuvo menos atención.


Empezaron como en La Laboral, pero tras "Terciopelo azul", "La caja de herramientas" y "Santos", atacaron "Miss Camiseta Mojada". Quique explicó que iba a cambiar el repertorio para que la gente que lo había visto ayer, o que ya lo había visto fuera (como nosotros), viesen otra cosa. Y, la verdad, a mí me gustó más este repertorio intercalando clásicos y nuevas.

Además, hubo muchos invitados. Esta vez fui tomando nota de todas las canciones, acordándome de los tiempos aquellos en los que compartíamos las crónicas en los foros y, antes de que existiesen los móviles, me llevé a un concierto en Mieres una libreta y me sentí muy raro apuntando en ella...

Tras "Miss Camiseta Mojada" (Toni, por cierto, en esta canción toca una Danelectro de 12 cuerdas), Quique invitó al que dijo que era su cantautor favorito, Alberto Alcalá, para interpretar "Salitre". Luego hicieron "Se estrechan en el corazón" y Quique señaló que la siguiente canción había tenido la suerte de haberla grabado con sus amigos Jacob y Karlos: era "Avería y redención", una que no había sonado en Gijón. Luego invitó a cantar a las Golden Girls, que habían grabado los coros soul del disco, e hicieron "Preguntas sencillas" y "Cheques falsos", con Quique otra vez dándolo todo levitando sobre la banqueta del piano.







A continuación, hizo con Raúl "Descosiendo un milagro". Contó que hablaba de uno de los mejores bares del mundo, el Bar de Joe, que estaba en el Cabo de Gata y había cerrado hace tiempo, pero esperaba que estuviese abierto en algún sitio. Probablemente poca gente lo sepa, pero ya hace muchos años hizo una canción que mencionaba aquel bar, "Tu jaque mate", que le ayudó a completar Pancho Varona y tocó en algún concierto, según me cuenta mi quiquifriki favorita. Esta de "Descosiendo un milagro" tiene un punto Tom Waits y una armonía curiosa para Quique.

Luego hicieron "Coleccionistas" y una del disco anterior, "Lo perdiste en casa", que también hizo en Gijón. Pero aquí hizo algo que allí no hizo: la enlazó con "Avión en tierra", una de mis favoritas. Ambas están en mi abierto.

Siguió con otras dos que no había hecho en Gijón: "Clase media" y "La fábrica", para luego llamar a Guada a cantar con él "Oro líquido". Me gustó mucho: creo que Guada elevó la canción. Acabó muy emocionada.


Después tocaron "De verdad lo siento", con Toni cantando la parte de Gorka.

Entonces fue la traca "final": "Kamikazes enamorados" y "Vidas cruzadas". Al contrario que en Gijón, sí hubo descanso para los bises.

Salieron acompañados otra vez de las Golden Girls, que hicieron unos coros muy originales en "Pequeño rock'n'roll". No sé si fue antes o después, pero, al igual que en Gijón, Quique mencionó uno a uno y tomándose su tiempo a todo su equipo.


El final fue con "Charo", un momento muy bonito porque la cantó María, madre de Nina, que la había grabado originalmente. Es curioso porque parecen mujeres muy distintas: frente a la timidez de Nina, María la interpretaba casi a modo de teatro musical, dando vida al personaje.



El público se había levantado ya muchas canciones antes y así ovacionó, de pies, a la banda mientras sonaba "2-4-6-8 Motorway" de Tom Robison, un temazo que yo no conocía hasta que la escuché en Gijón.

Como ya he dicho, me gustó más que en Gijón. Aunque no estábamos tan cerca y nos perdíamos detalles, también me permitió estar más en conexión con el público y tener una visión más global de la banda. Una cosa que me llamó la atención es el conjunto de teclados que tiene Raúl: enfrente, un piano eléctrico, creo que un Wurlitzer; a la derecha, un órgano tipo Hammond montado en un mueble de madera y, encima, un sintetizador tipo YamahaCP o algo moderno; finalmente, en la parte de atrás, tenía algo que parecía un sintetizador tipo mini-Moog, con el que jugaba en un par de canciones, no recuerdo cuáles.

El sonido también me gustó más: aunque el de Gijón había sido bueno, estar tan cerca del escenario suele hacer que suene peor.

Yo hace años no hubiese concebido ver al mismo artista dos veces con tan poco espacio de diferencia, pero la friki de los conciertos con la que convivo me ha hecho ver que merece mucho la pena. Y me gusta que un artista como Quique haga un esfuerzo para la gente que repite como nosotros, que no lo dé todo por sentado y se tome muy en serio su papel. Creo que se nota que está de verdad agradecido por conseguir que seamos tantos los que le seguimos, sin haber sido nunca una estrella de la radio. En el público vi muchas canas, como en casi todos los conciertos a los que voy, pero tengo la sensación que no todos vienen de los tiempos de "Salitre". Al final, hay algo mágico en las canciones que nos ha enganchado a unos cuantos locos... Bendita locura.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
11:54 p. m. | Comentarios (0)