Escritos sobre música




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Dos 1973

~ domingo, febrero 08, 2026 ~

Con una semana de diferencia, he visto dos veces seguidas a Quique González en la gira de "1973".

La primera fue en La Laboral de Gijón, desde segunda fila. Nos llevó Dani, viejo camarada con el que montamos aquel Hoardings Bros. con el que hacíamos versiones de Quique y con el que tan buenos momentos he pasado. Nosotros teníamos ya compradas entradas en la segunda fila, casi enfrente de donde estaba Toni Brunet.

Precisamente, él comenzó la velada interpretando en solitario tres canciones de su futuro álbum en solitario. La primera me sonó a último Quique, en la letra y en ciertas soluciones melódicas. Fue con una guitarra española, creo que afinada en mi abierto. Luego hizo otras dos con una Gibson SG. Me gustó su forma de cantar.


Quique con toda la banda empezó con "Terciopelo azul" y siguió con todo el resto de "1973". Explicó que luego sonarían otras. Hubo una zona más acústica y en ocasiones se hizo un poco pesado. Dedicó "Santos" a Jorge Ilegal y Robe. Raúl Bernal cantó parte de "Descosiendo un milagro". En "Cheques falsos" Quique se sentó al piano eléctrico, pero también se levantó: a ratos tocaba separándose de la banqueta. Tuvieron un "momento Wilco" al final de alguna canción, no sé si precisamente "Cheques falsos". A mí las que más me gustan son las de tempo más rápido: "De verdad lo siento" (cantó Toni la parte de Gorka Urbizu), "Coleccionistas" y las mencionadas "Cheques falsos" y "Terciopelo azul". De las lentas, creo que "Preguntas sencillas" es mi favorita.



Luego ya empezaron clásicos... y no tan clásicos: "Miss Camiseta Mojada" (con cambio al final: "Miss Camiseta Asturiana"), "Caminando en círculos" (en sol, en vez de estar en la como en "Ajuste de cuentas"), "Me agarraste" (hacía mucho que no la escuchábamos), "Nadie podrá con nosotros" (que hizo cuando le fuimos a ver presentar el disco en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés, como una de sus favoritas que no lo es tanto de la gente), "Salitre" (con arreglos más rockeros), "Se estrechan en el corazón" (dijo que la empezó en Verdicio después de un concierto junto al Molinón), "Kamikazes" (versión cañera), "Pequeño rock'n'roll" (sin guitarra, con una interpretación vocal muy libre y acabando con unos versos de Extremoduro "Si te vas"), "Vidas cruzadas" (como siempre, muy coreada), "Padres huérfanos" (estreno, aún no publicada, hecha para una película) y acabó con "Charo" (con Toni haciendo del personaje titular). No hubo bises: imagino que no hicieron la parada después de "Vidas cruzadas" por motivos de tiempo; en la Laboral eso debe de estar muy medido.




Me gustó, sobre todo la segunda parte, cuando suenan esas canciones que son parte de mi vida.

La banda estuvo de lujo: Jacob Reguilón ("desde Vallecas") estuvo muy bien con el bajo y el contrabajo; Karlos Arancegui ("el Niño de la Bici, desde Tolosa") también me gustó, creo está menos experimental que en la época de "Avería y Redención #7" y me gusta más así; Toni Brunet tocó con su perfección habitual, aunque a mí a veces me pide más caña y me cuesta cuando los solos no son los que tengo grabados a fuego de tanto escucharlos, como pasa en "Salitre"; y Raúl Bernal cubrió muchos huecos con sus dibujos a sus cuatro teclados. Quique estaba contento y se notaba. Me hizo ilusión que al acabar, cuando estaba saludando, se acercase a donde estábamos, reconociese a C. y la señalase: lo  merece, porque sigue ahí desde el principio.

Una semana después, fuimos a verle al Circo Price en Madrid, acompañados de dos amigas con las que le habíamos visto en la Riviera hace un par de años. Comenzó con Toni Brunet haciendo lo mismo que en Gijón, aunque la gente estaba todavía llegando y tuvo menos atención.


Empezaron como en Gijón, pero tras "Terciopelo azul", "La caja de herramientas" y "Santos", atacaron "Miss Camiseta Mojada". Quique explicó que iba a cambiar el repertorio para que la gente que lo había visto ayer, o que ya lo había visto fuera (como nosotros), viesen otra cosa. Y, la verdad, a mí me gustó más este repertorio intercalando clásicos y nuevas.

Además, hubo muchos invitados. Esta vez fui tomando nota de todas las canciones, acordándome de los tiempos aquellos en los que compartíamos las crónicas en los foros y, antes de que existiesen los móviles, me llevé a un concierto en Mieres una libreta y me sentí muy raro apuntando en ella...

Tras "Miss Camiseta Mojada" (Toni, por cierto, en esta canción toca una Danelectro de 12 cuerdas), Quique invitó al que dijo que era su cantautor favorito, Alberto Alcalá, para interpretar "Salitre". Luego hicieron "Se estrechan en el corazón" y Quique señaló que la siguiente canción había tenido la suerte de haberla grabado con sus amigos Jacob y Karlos: era "Avería y redención", una que no había sonado en Gijón. Luego invitó a cantar a las Golden Girls, que habían grabado los coros soul del disco, e hicieron "Preguntas sencillas" y "Cheques falsos", con Quique otra vez dándolo todo levitando sobre la banqueta del piano.







A continuación, hizo con Raúl "Descosiendo un milagro". Contó que hablaba de uno de los mejores bares del mundo, el Bar de Joe, que estaba en el Cabo de Gata y había cerrado hace tiempo, pero esperaba que estuviese abierto en algún sitio. Probablemente poca gente lo sepa, pero ya hace muchos años hizo una canción que mencionaba aquel bar, "Tu jaque mate", que le ayudó a completar Pancho Varona y tocó en algún concierto, según me cuenta mi quiquifriki favorita. Esta de "Descosiendo un milagro" tiene un punto Tom Waits y una armonía curiosa para Quique.

Luego hicieron "Coleccionistas" y una del disco anterior, "Lo perdiste en casa", que también hizo en Gijón. Pero aquí hizo algo que allí no hizo: la enlazó con "Avión en tierra", una de mis favoritas. Ambas están en mi abierto.

Siguió con otras dos que no había hecho en Gijón: "Clase media" y "La fábrica", para luego llamar a Guada a cantar con él "Oro líquido". Me gustó mucho: creo que Guada elevó la canción. Acabó muy emocionada.


Después tocaron "De verdad lo siento", con Toni cantando la parte de Gorka.

Entonces fue la traca "final": "Kamikazes enamorados" y "Vidas cruzadas". Al contrario que en Gijón, sí hubo descanso para los bises.

Salieron acompañados otra vez de las Golden Girls, que hicieron unos coros muy originales en "Pequeño rock'n'roll". No sé si fue antes o después, pero, al igual que en Gijón, Quique mencionó uno a uno y tomándose su tiempo a todo su equipo.


El final fue con "Charo", un momento muy bonito porque la cantó María, madre de Nina, que la había grabado originalmente. Es curioso porque parecen mujeres muy distintas: frente a la timidez de Nina, María la interpretaba casi a modo de teatro musical, dando vida al personaje.



El público se había levantado ya muchas canciones antes y así ovacionó, de pies, a la banda mientras sonaba "-4-6-8 Motorway" de Tom Robison, un temazo que yo no conocía hasta que la escuché en Gijón.

Como ya he dicho, me gustó más que en Gijón. Aunque no estábamos tan cerca y nos perdíamos detalles, también me permitió estar más en conexión con el público y tener una visión más global de la banda. Una cosa que me llamó la atención es el conjunto de teclados que tiene Raúl: enfrente, un piano eléctrico, creo que un Wurlitzer; a la derecha, un órgano tipo Hammond montado en un mueble de madera y, encima, un sintetizador tipo YamahaCP o algo moderno; finalmente, en la parte de atrás, tenía algo que parecía un sintetizador tipo mini-Moog, con el que jugaba en un par de canciones, no recuerdo cuáles.

El sonido también me gustó más: aunque el de Gijón había sido bueno, estar tan cerca del escenario suele hacer que suene peor.

Yo hace años no hubiese concebido ver al mismo artista dos veces con tan poco espacio de diferencia, pero la friki de los conciertos con la que convivo me ha hecho ver que merece mucho la pena. Y me gusta que un artista como Quique haga un esfuerzo para la gente como nosotros, que no lo dé todo por sentado y se tome muy en serio su papel. Creo que se nota que está de verdad agradecido por conseguir que seamos tantos los que le seguimos, sin haber sido nunca una estrella de la radio. En el público vi muchas canas, como en casi todos los conciertos a los que voy, pero tengo la sensación que no todos vienen de los tiempos de "Salitre". Al final, hay algo mágico en las canciones que nos ha enganchado a unos cuantos locos... Bendita locura.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
11:54 p. m. | Comentarios (0)

El tango imbuido de copla

~ lunes, agosto 04, 2025 ~

Crónica del concierto de Martirio en el Conde Duque de Madrid el 3/Agosto/2025

Escribo porque no quiero que el recuerdo de la maravilla de ayer quede perdido en mi pobre memoria: fui a ver a Martirio interpretar tangos sin saber muy bien qué podía encontrarme, y me encontré con mucha belleza y mucha emoción...

Estábamos en una segunda fila que parecía primera, que estaba reservada para las personas de movilidad reducida. En la noche del Conde Duque, aparecieron primero tres músicos: un pianista (Jesús Lavilla), un bandoneonista (Marcelo Merante) y una violinista (Olvido Lanza). Interpretaron una pieza instrumental que no estoy seguro de si era el "Chau, no va más" que yo conozco en la voz de Roberto "Polaco" Goyeneche. Yo no soy mucho de música instrumental, pero ya entonces me emocioné, sobre todo por ese violín que tenía una voz casi humana...

Luego apareció Martirio, con un vestido-túnica color berenjena y una peineta brillante de colores, y acometieron "Naranjo en flor", que yo conozco por la versión que hizo Calamaro con uno de sus autores en "Honestidad brutal" y que intenté durante meses tocar al piano sin conseguir pasar de los cuatro primeros compases... Quizás en parte fue por eso, porque me trae recuerdos de muchos años atrás, pero seguro que también fue por la increíble interpretación y la belleza de esa melodía y esa letra ("¿Qué le habrán hecho mis manos...?"), que se me formó una bola en el pecho y tuve que acallar los sonidos que quería salir por mi garganta y no pude parar algunas lágrimas... Y afortunadamente la tenía a ella al lado, de mi mano, sintiendo conmigo.

Ya no recuerdo cuál fue la segunda canción (qué rápido olvida mi memoria), pero se repitió la emoción y la fascinación. Sólo el paso de los temas, la imposibilidad de vivir continuamente asombrado, y esa capacidad, al mismo tiempo fascinante y terrible, del ser humano de poder acostumbrarse a cualquier cosa, incluso a la maravilla continua, hicieron que pudiera disfrutar del concierto con un nivel razonable de emoción.

Mientras sonaban "Mi noche triste", "Volver", "Melodía de arrabal", "Uno", "El día que me quieras"..., y a veces se levantaba un viento que se colaba por los micrófonos y hacía los cambios de dinámica más épicos, no podía dejar de pensar que Martirio es una artista mayúscula, con esa forma de "decir" las canciones que es como si estuviese soltando verdades puras, jugando con el tempo, con las melismas, haciendo cambios sutiles en las letras (sin teleprónter y sin dudas), virtuosismo al servicio de la belleza... No pude dejar de pensar que estaba asistiendo a algo como ver por primera vez "La noche estrellada", una obra maestra.

Luego hizo tangos más modernos (uno compuesto por el bandoneista) y varios de Piazzola, empezando por "Los pájaros perdidos", hasta llegar a la "Balada por un loco" que es una de esas canciones que llevan media vida obsesionándome y que hago muchos días, pobremente pero con sentimiento, con mi guitarra.

Mencionó a Discépolo y a Horacio Ferrer, que además de por sus maravillosas letras siempre me ha fascinado por haber sido presidente de la Academia del Tango, e hizo "El corazón al sur", de Eladia Blázquez.

En los bises, hizo algo que me pareció una sevillana hecha tango, o podría ser un tango hecho sevillana, que me recordó al único disco suyo que he comprado, "He visto color por sevillanas", que ya entonces me pareció una genialidad, pero quizás porque tenía un aire ligero, y hasta humorístico, como aquellas primeras canciones costumbristas con las que la conocí sobre las amas de casa que tomaban pastillas, interpretadas con una peineta en forma de Pirulí, no llegué a apreciar la profundidad del arte y de la artista que había detrás.

Acabó haciendo "La bien pagá", demostrando algo que había dicho al principio: que el tango y la copla están muy relacionados, como si el tango fuese el marido de la copla.

Yo no sé mucho de ninguno de los dos géneros, sobre todo de copla, pero tengo clara una cosa: Martirio es una grande de la música en español, y de la música en general.



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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
8:37 a. m. | Comentarios (0)

Otro Quique en el Botánico

~ sábado, julio 05, 2025 ~

Crónica del concierto de Quique González en El Jardín Botánico Alfonso XIII de Madrid el 5/Julio/2025

Llevo ya este año varios conciertos en el Botánico este año: Van Morrison, Duncan Dhu y el frustrado de Salvador Sobral con Silvia Pérez Cruz. A Quique también lo vi en este recinto hace años, una noche inolvidable porque le dio, por segunda vez, su armónica a mi chica.

En esta ocasión, abría Ángel Stanich, y me llevé varias sorpresas: la primera, que se presentó acompañado del mismísimo Quique para abrir su show cantando "Chevy del 57". Salieron los dos solos y luego se fue incorporando la banda y, ahí, la segunda sorpresa: el guitarrista no era Víctor Pescador, con el que le había visto otras veces, sino Luis García, de Drugos y de Gijón, detalle no menor, porque resulta que compartí escenario con él hace muchos años, en un concierto benéfico con Gigiga Sax Band en el que yo tocaba el bajo. En aquel momento él era muy joven y ya me pareció muy bueno. Esta noche con Stanich me pareció excelente, haciendo continuamente cosas interesantes, pero sin dejar de acompañar la canción.


Ángel despidió a Quique diciendo algo así como "Melodía Romántica González"... Luego siguieron su show con canciones muy enérgicas (incluyendo una intro de "Another Brick in the Wall") envolviendo la loca genialidad de sus letras. Toda la banda sonaba perfecta. En un momento dado, sacó también a un guitarrista y a una saxofonista para acompañar en varias canciones. A la saxofonista, la peruana Carolina Aráoz, la habíamos visto acompañando a Luis Ramiro en Galileo Galilei hace unos meses y nos había dicho que iba a tocar con Stanich.

Los monólogos del de Santander son una muestra de esa mente única: igual que cuando le vimos en el gigante en la Huerta del Obispo hizo referencias a siglos pasados, aquí habló del rey que da nombre al jardín, Alfonso XIII, y las películas que le gustaban. Pero también habló de cómo descubrió a Quique: en una entrevista en Lo más +, donde interpretó "Te lo dije". Yo recuerdo muy bien esa emisión de 2003: después de verlo, apoyé la guitarra en la pared, se cayó y se partió el clavijero. Eso llevó a uno de los recuerdos más bonitos de mi vida: dos amigos comprándome una guitarra para que siguiese sacando las canciones de Quique.


Tras la pausa, salió el cabeza de cartel, con sorpresas en la banda: justo enfrente teníamos a un regresado de los tiempos de "Avería y Redención #7": Javi Pedreira. Y en la batería estaba otro: Karlos Arancegui. Más tarde, cuando lo presentó, Quique comentó que Edu Olmedo había decidido dejar las giras.

Además de los mencionados, estaban los habituales de los últimos tiempos: Raúl Bernat a los teclados y el acordeón, Jacob "Jackson" Reguilón al bajo y Toni Brunet a la guitarra.



El concierto fue muy rockero (setlist), como si se hubiesen olvidado de aquello de "músicos cansados" que comentaba en la época de "Sur en el valle". Aunque empezó con algo lento, "Detectives", en seguida cambiaron de marcha y sonaron "Kamikazes enamorados" (versión "Ajuste de cuentas"), "Miss Camiseta Mojada" ("Una antigua amiga que ganó concursos"), "Trucos fáciles para días duros", "Sangre en el marcador" y  "Donde está el dinero" ("Una canción que, por desgracia, no pasa de moda", referencia velada al caso Cerdán).

Luego, bajaron un poco las revoluciones para hacer ese pequeño himno que es "Nadie podrá con nosotros" y "¿Es tu amor en vano?", la versión de Dylan.

A continuación, tocó la única canción de "73", el disco anunciado para noviembre, "Terciopelo azul", para seguir con "Pájaros mojados", "Orquídeas", "La fábrica" ("a esta canción le puso nombre un amigo y siempre me acuerdo de él cuando la toco"), "Se estrechan en el corazón" (curioso cómo el "Na, na, na, na, na, na" se ha convertido en un momento muy coreado) y otro segmento movido con "Salitre" (versión cañera, incluyendo un cruce del público al cantar lo de "Ahora tendré que salir a buscarte"), "Avería y redención" y "Relámpago", antes de iniciar la traca final con "Pequeño rock'n'roll", "Charo" (cantada por Toni, aunque Quique dijo que estaban Nina y Chuches entre el público), "Y los conserjes de noche" y "Vidas cruzadas", donde salió Ángel Stanich, que metió algún cambio genial en la letra (algo así como: "Quiero amanecer mañana, como el loco que siempre seré" y algo más que no entiendo).


No hubo bises: se vio que recibieron instrucciones de que tenían que acabar antes de las 11:30. Sonaba una canción del recientemente fallecido Brian Wilson mientras recibían los aplausos de un público que lo disfrutó mucho.

El concierto sonó muy bien. Pedreira hizo algún solo interesante pero tampoco metió demasiadas locuras: yo esperaba que cambiase más el sonido con él de vuelta a la banda. Toni se lució con algunas respuestas bluseras y sus habituales arreglos sutiles. Eso sí, no me convenció mucho el solo de "Salitre": si quería que recordase al sonido de las gaviotas, lo consiguió, pero yo tengo grabado en la sangre el solo original...

Luego nosotros nos quedamos por allí hablando con quiquifrikis de toda la vida: Carmen, que nos acompañó en primera fila, y Fernan, al que conocí en persona hace unos meses en un concierto de Jero Romero después de haber intercambiado mensajes en los foros hace 20 años...

Recuerdo que cuando empecé a escuchar a Quique González con 26 años me sentía ya mayor, y aquí seguimos, camino de 30 años yendo a sus conciertos...

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
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Recuerdo lejano de una noche especial

Crónica del concierto de Quique González en la sala La Rivera de Madrid el 13/Abr/2024

Escribo casi año y medio después. Lo fui dejando, y aquí estamos: después del siguiente concierto, escribiendo un breve recuerdo de aquel concierto de la gira de los 25 años en Madrid, para que no se pierda el orden cronológico.

Ya le habíamos visto en esta gira aniversario en Gijón. En La Riviera, llena, empezó interpretando Daiquiri Blues (setlist). Recuerdos de mis caminatas a la universidad en New Jersey: fue uno de los discos que más escuché entonces, junto con los maravillosos "Dudas y precipicios" de Alfredo González y "Modern Times" de Bob Dylan, que había sido detenido un año antes por andar merodeando por aquel mismo vecindario donde yo caminaba...

La banda eran Toni Brunet, Raul Bernat, Jacob Reguilón y Edu Olmedo. Después del descanso, cuando interpretó canciones de otros discos, hubo un momento mágico: salió Carlos Raya a tocar varios temas. Cómo echo de menos los primeros discos con Carlos, aquellas capas de arreglos preciosistas y los solos largos...

También salió un trompetista, Alex Serrano, y César Pop acompañó en la acústica.

Fue un concierto especial, también, porque me encontré con Fran, un amigo que hace años me compró, junto con Dani, mi primera guitarra acústica, cuando se enteraron de que se me había roto mi única guitarra de entonces, la española con la que sacaba las canciones del libro de Quique...

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
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Conciertos que me hacen desear morirme

~ sábado, mayo 03, 2025 ~

Crónica del concierto de Alba Armengou Trío en la sala E.T.S de Naútica de Santander el 2/Mayo/2025

No sé si le pasa a otra gente, pero a mí, cuando siento una felicidad muy grande (no voy a poner ejemplos por si hay niños leyendo), me dan ganas de morirme. Es como dice esa canción de Talking Heads que versionearon en español Esclarecidos: "Es duro imaginar / que nada pueda ser / ni tan excitante / ni tan fuerte". Quizás es lo que dicen que sintió Stendhal en Florencia. Imagino que si me pasa a mí, le pasará a otros seres humanos: ninguno somos tan raros en nada.

Y ayer me volvió a pasar. Fue en el concierto de Alba Armengou Trío en la Escuela Técnica Superior de Naútica de Santander.

Fue desde el primer momento: empezaron con una canción a capela y escuchar sólo sus voces tan perfectamente empastadas, hablándonos directamente al corazón, ya me aceleró el latido. Luego Alba, que se había descalzado nada más entrar al escenario, contó que eran unas décimas que había compuesto el percusionista, Tramel Levalle, para introducir los conciertos. ¡Vaya acierto!

Fue todo así, no en las formas, sino en el sentimiento. Sólo tres personas, sólo tres músicos, pero hicieron muchas cosas distintas. Hicieron canciones en español, en portugués y en catalán, y creo que hasta una con mezcla de portugués y francés. Hicieron bossa, samba, boleros y canciones propias que están en una intersección que no sé nombrar entre la música latinoamerica, el jazz, el pop y la canción de autor. Hay en su genealogía Jorge Drexler, Silvia Pérez Cruz, Omara Portuondo, Djavan, Caetano Veloso, Bessie Smith y tanta, tanta otra música que seguro que yo desconozco: una de las cosas que me sorprenden es que cogen versiones de artistas que a veces conozco bastante pero no son sus canciones más obvias.

Me pregunto ahora mientras escribo porque estoy intentando aplicar etiquetas. No lo sé. No son necesarias. Pero siento que también hay comunicación en encontrarnos en referencias comunes, y quiero resaltarlo, y también el regalo que es que me descubran bellezas que no conocía...

Hubo un momento en el que Alba dijo: "Es una canción de amor, como todas". Más tarde tocaron "El niño caníbal" y nos echamos unas risas. Y las risas también son amor.

Creo que nunca he sentido más que hoy eso de que "escribir sobre música es como bailar sobre arquitectura": no tengo el arte para capturar lo que viví ayer. Quizás eso es lo que estoy intentando y es inútil. O quizás no, porque Cortázar o Muñoz Molina consiguen algo muy bello cuando hablan de música. Aunque no sé si realmente transmiten lo que sienten... Pero yo tengo la necesidad de compartirlo; con mi yo del futuro, para que no se me olvide, pero también me gustaría compartirlo con ellos, con los intérpretes: se acercó mucha gente a comprarles discos y vi a varias mujeres decirles algo como lo que yo quería decirles, que aquello había sido muy bonito, como lo que les dije con un par de palabras para no robarles tiempo. Creo que los que nos acercamos a comprar los discos y a que nos los firmasen era porque queríamos devolverles algo de lo que nos habían dado. Yo al menos lo siento así: aplaudir me parece poco, me gustaría gritarles, quería haberme levantado, pero, al mismo tiempo, quiero desaparecer, no ser un individuo que llama la atención, porque no soy más que nadie, sólo quiero que sientan mi cariño, mi agradecimiento, que sepan que me han tocado, que he sentido eso que también está capturado en la canción con la que acabaron en el único bis, "Los aretes de la luna": que son "privilegios que agradezco al cielo", que sepan que hacen el mundo mejor, mucho mejor, que ayudan a otros seres humanos con su arte...

Les compré los dos discos. Quiero que sigan haciendo eso que hacen. El precio del concierto me pareció ridículo comparado con lo que recibí: voy a tantos otros conciertos muchísimo más caros de los que no recibo ni una décima parte... Por lo que sea, es difícil que esta música llegue a ser masiva y, además, no está hecha para estadios: disfrutarla así, en un recinto reducido, es la mejor manera.

Ah, y quiero resaltar también que parte de la falta de aliento que me produce por momentos verlos y escucharlos es saber que, en estos tiempos de tecnología omnipresente, lo principal de lo que estaba viendo eran seres humanos con muy pocos filtros. Sí, están los micrófonos, los amplificadores, los altavoces, la acústica de la sala (y sonó de lujo a pesar de que casi no tuvieron tiempo para la prueba por un problema con sus vuelos), pero no hay claquetas, no hay música pregrabada, no hay autotunes, ni como efecto, que no me gusta, ni como forma de filtrar imperfecciones: estoy seguro de que su afinación no es matemáticamente perfecta, pero si lo fuese, sería peor. Es artísticamente perfecta, humanamente perfecta. Y lo mismo con su ritmo.

Y es tan difícil eso que hacen. Son virtuosos, los tres.

Vicente López toca la guitarra con un toque impoluto, escoge los acordes perfectos, juega con los fraseos, los arpegios, los rasgados, los armónicos, para aportar a la canción y a la conversación. Se lució en particular en la versión de "Contigo en la distancia" y yo sentí que hubiera debido haber un aplauso al final de su solo. Me dio la sensación de que si no se dio fue por pudor del público, que escuchaba las canciones con el silencio reverencial de la música clásica. Conseguí decirle una frase a Vicente cuando estaban firmando discos. Espero que le llegase.

Tramel Levalle toca la percusión con una precisión impresionante. Me recordó a alguno de los mejores percusionistas que he visto en mi vida. Yo soy un hombre muy básico en cuanto a mis gustos con la percusión: me gusta la batería tradicional y la percusión por otro lado, o la percusión múltiple sin batería de la música cubana. El set mezclando cajón, charles, caja y platos me parece, a priori, algo a medio camino entre varias cosas que no me convence. Pero cuando se tiene el buen gusto de Tramel, no tengo más que admiración y agradecimiento: no había un golpe que no embelleciese el conjunto, no había absolutamente nada a medio camino, no faltaba nada, no sobraba nada, no había un desequilibrio entre las partes más llenas y las más vacías; todo, todo estaba en su punto.

También es increíble con ese instrumento que toca, la kalimba, creo que se llama. Le veo ahí con sus pulgares sobre el instrumento y parece un joven tecleando en un móvil. Pero no: es un joven creando belleza. Contó que su padre tenía una colección de estos instrumentos. Me hizo pensar que esta gente que tiene tanto arte tiene que tenerlo desde los genes y desde la cuna. Por cierto, me cuesta identificar el origen de Tramel: tiene un acento que a mí se me antoja canario, pero no sé.

Además de instrumentos de percusión, también tocó en una canción la guitarra y cantó mucho, a veces en solitario y a veces a dúo con Alba. Su voz, aunque particular, me recuerda a Drexler, sobre todo al de los primeros discos. Por cierto, hicieron una versión suya, "Madera de deriva", que yo no conocía o no recordaba haber escuchado, aunque creo que he escuchado todos los discos del uruguayo.

Y Alba, claro. Me molesta un poco destacarla porque siento que realmente lo que se mostró fue el resultado de los tres, pero es imposible no apreciar cómo ella está en el centro, es el eje que lo une todo. Yo, ya lo he dicho, soy un hombre muy básico: me cuesta trabajo apreciar la música sin voz. Me gustan muchos instrumentos, pero la voz me parece el mejor de todos. Porque es realmente sólo humano. Y porque, además, permite el lenguaje articulado.

Al final, cada voz es distinta porque el instrumento, el cuerpo del ser humano que la produce, es distinto. Es, quizás, mi  mayor drama: pensar que da igual lo que estudie técnica vocal; soy como un saxofón abollado y agujereado que nunca podrá sonar bien porque tiene la caja de resonancia averiada.

E igual que hay violines en los la confluencia de las maderas, los barnices, la construcción los hace mágicos, así ocurre con la voz de Alba: como un Stradivarius, su timbre tiene una resonancia especial. Su voz tiene una suavidad que apacigua las heridas del alma. Y cuando canta, en cualquier idioma, su dicción es... jugosa... No sé cómo definirlo, me vuelven a faltar las palabras... Me pasa como con Ellis Regina en "Dois pra lá, dois pra cá", ya no son sólo las notas, son los propios fonemas los que son bellos.

Y, claro, como sus compañeros, es una virtuosa, no sólo una cantante, sino una música en el más amplio de los sentidos. Tocó también un teclado haciendo bajos (por cierto, lo único que eché en falta en todo el concierto fue un bajo en alguna samba más animada) y tocó en tres o cuatro canciones la trompeta. Ya tuve que escribir por aquí mi fascinación con la voz de su trompeta, pero tengo que volver a resaltarlo. Tengo que ver algún vídeo sobre cómo se toca la trompeta, porque no me puedo imaginar cómo puede conseguir con sólo tres "teclas" -o como se llame eso que pulsa- tantas notas distintas y tantas formas de articular las notas. Imagino que la magia estará en la embocadura o en que no funcionan de manera digital sino analógica; quiero decir que, como los instrumentos sin traste, se puede tocar todo el rango de frecuencias entre dos notas. No sé, pero después de más de 50 años, escucharla a ella me ha despertado esa curiosidad, tanta es la fascinación que me ha producido. Y me gustaría saber qué pasa por su cabeza cuando solea, cuánto es improvisación y cuánto escrito...

Creo que llevo horas escribiendo. Me estoy cansando e imagino que habré cansado a quien me esté leyendo, si hay alguien. Este escrito también debe morir porque yo ya no puedo hacer nada mejor.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
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La voz de la trompeta de Alba

~ domingo, noviembre 24, 2024 ~

La mayor parte del espacio es un vacío oscuro. Así es también la mayor parte del mundo. Sólo la luz de las estrellas logran hacerlo habitable. Y hasta feliz.

Siendo ya tan viejo, pocas veces siento ya el asombro del descubrimiento de una nueva luz. Pero no deja de pasarme con cada nuevo vídeo de Alba Armengou. Es como si el vacío sideral hubiera decido otorgarnos un momento de brillo, de calor, de júbilo, para compensar la inmensidad desierta que nos ahoga.

Llevo días queriendo hablar de este vídeo de Armengou y Macía Duo:


Tiene tanto, tantísimo... Como las mil caras preciosas de un brillante: esa voz de Alba que acaricia y tiene un poso de saudade y de blues desde la alegría más pura, esa sonrisa de ojos que suena en el aire, y esa voz de Ramón, una voz de hombre suave pero de hombre, y esa voz de la trompeta de Alba: algo me llevó a intentar imitarla con la guitarra. Quizás porque era bella y parecía no demasiado difícil de tocar, de trasladar a las cuerdas. Pero cuando me puse, buscando cada nota, descubrí una profundidad en cada soplo de aire increíble, descubrí que cada nota estaba articulada como si de lenguaje humano se tratase, descubrí un genio supernatural...

Aquí estoy, intentando inútilmente reflejar con palabras algo que quiero compartir no sé con quién, pero como un apóstol que ha sido conquistado por un nuevo evangelio, no puedo dejar de compartir la buena nueva...

Y lo dejaré aquí, porque quería hablar de este vídeo, pero tiene tantos maravillosos...: ¿Cómo siendo una niña de Cataluña en el siglo XXI cantando en un piso puede cantar "Shiny Stockings" como si fuese una negra de los años 40 del siglo XX en un club de Nueva York...? (¡Y vaya banda!) ¿Cómo puede hacer un clásico como "Sabor a mí" con tanta dulzura, con un fraseo tan juguetón y meter esta nota que abre un mundo nuevo en esa melodía vieja? ¿Cómo puede cantar tan bellamente en brasileño en esta "Meditaçao" (y, otra vez, ¡vaya banda, vaya arreglos!)? ¿Y estos graves tan profundos saliendo de una niña? ¿Ha conectado con el núcleo de la Tierra? Y paro, porque hace sólo 5 horas ha publicado otra maravilla que es puro juego: "Bolinha de papel". Tres personas diciéndonos: estamos aquí para ser alegría.

Gracias a Alba, gracias a estos músicos.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
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Doblando años

~ domingo, noviembre 12, 2023 ~

Crónica del concierto de Quique González en la sala Acapulco de Gijón el 21/Oct/2023

Quique González cumple 50 el año que celebra 25 de la publicación de su primer disco: ha doblado los años y ha sacado muchos discos por el camino. Los que somos, como él, del 73, y le seguimos desde aquel primigenio "Personal", también hemos compartido media vida con sus canciones y sus conciertos. Y no hay mejor forma de celebrarlo con uno más, pero muy especial, porque Quique ha decidido que en esta gira los conciertos van a tener dos partes: en la primera, va a interpretar un disco entero, con el mismo orden de canciones con el que se publicó; luego ya hará otros clásicos.

Nosotros no lo sabíamos cuando nos situamos en primera fila de la sala Acapulco, a menos de dos metros de su micro, pero pudimos verlo en el repertorio que al poco pegaron en el suelo: ¡esas canciones eran las de "Salitre 48" de principio a fin! Me parece que no necesito decir mucho para expresar lo importante que es ese disco para mí después de haber colgado un vídeo tocándolo entero del tirón...


El lugar privilegiado también me permitió por primera vez estudiar con detalle los pedales que lleva Quique. Entiendo que hay tres canales: uno para la eléctrica y dos para las acústicas. Cada canal tiene su afinador Boss. En el de la eléctrica hay uno verde que podría ser una distorsión Tube Screamer Ibanez TS9DX y otro que no logré identificar. Los de las acústicas parecían las dos combinaciones iguales.

La sala ya estaba llena cuando la banda salió bajo los compases de la intro de "Carnaval". Toni Brunet empezó con el inolvidable punteo de "Salitre" en una guitarra de cuerpo hueco e hicieron una versión tranquila, con Raúl Bernal en el acordeón, Jacob Reguilón en el contrabajo y Edu Olmedo en la batería. Vaya forma de empezar un disco y vaya forma de empezar un concierto...


Y, para continuar, esa pequeña joya costumbrista que es "Día de feria".


Quique avisó de que iban a hacer "Salitre 48" completo y luego se iban a tomar un descanso de 5 minutos. Siguiendo con el guión, interpretaron el que fue el primer single "La ciudad del viento", recordando que la música estaba hecha por Paco Bastante. Toni se pasó a la Danelectro de doce cuerdas.


Y para la siguiente, otra de mis favoritas, "Crece la hierba", Quique cogió por primera vez una preciosa Rickenbaker. Curiosamente, no tocó la canción con los acordes que suele hacer en Mi, sino que puso una cejilla en el cuarto traste y tocó con formas de Do.


Este disco es tan increíble que la siguiente canción es otra maravilla: "Rompeolas". Sirvió para que se luciese Raúl en el Hammond.


Y luego llegó la caña: "39 grados", una canción en la que he pensado mucho este verano en Madrid, y gritamos como locos cuando en medio del poema de Bukowski dice eso de "un caballo que corre como si el diablo le estuviera retorciendo la cola sobre la hierba azul y el griterío..." y se pone la mano detrás de la oreja, y lo repite para que gritemos más...



Al presentar "Carnaval", dijo algo así como "Esta es una canción sobre amantes solitarios que hemos tocado muy poco", y es verdad: yo creo que es la primera vez que la escuchaba en directo. Y el caso es que esa canción que nunca ha tenido protagonismo es un tesoro que muchos querrían haber escrito, otro destello de costumbrismo que captura toda una relación y una forma de sentirse "entre las notas que descansan después de haber parado la música". Fue otra ocasión para que Raúl se luciese a los teclados.


Si "Carnaval" es una canción no habitual, la siguiente todavía es más rara: "Perdone agente", una canción casi humorística y juvenil, que nunca ha aspirado a grandes cosas, pero a veces no hay que tomarse la vida tan en serio y está bien bailar un rato. Y eso fue lo que hizo Quique: se quitó la chaqueta, dejó la guitarra de lado (a cambio, Raúl cogió una eléctrica) y la interpretó con la fuerza de alguien más joven. Mención especial merece el bajo que se marcó Jacob. Conclusión: no me importaría escucharla en directo más veces. Por cierto, que por primera vez caí en la cuenta de que la historia está emparejada con el mítico "No, señor" de Los Deltonos.

Y tras el desmadre, la calma: "Bajo la lluvia", otra pequeña preciosidad. Toni usó una española, la quinta guitarra de la noche.


Luego llegó el turno para "Ayer quemé mi casa", otra canción menor, no sé bien por qué, quizás porque está en un disco con tantas canciones enormes, quizás porque es bastante acústica... El caso es que tiene una letra perfecta y un gran estribillo, y otra vez logra capturar sentimientos universales a partir de anécdotas. A mí me hizo pensar en que cuando Quique publicó "Salitre 48" yo acaba de comprar mi primera casa y que dos días después de este concierto iba a comprar otra a cientos de kilómetros de distancia, con alguien a quien entonces no conocía pero que le seguía con un fervor tan grande como el mío... Y gracias a la música de Quique y a las crónicas de los conciertos coincidimos, y por eso yo, en cierto modo, quemé mi casa y no dejé que nadie me detuviera...


Se me acaban los calificativos y los sustantivos para describir las canciones de "Salitre 48", pero es que la siguiente es otra gema: "De haberlo sabido" (vídeo). Quique recordó que la había escrito para que la cantase una mujer que al final no lo hizo, pero que tuvo la suerte de que la cantaran Rebeca Jiménez y Carolina de Juan. Curiosamente, la tocó sin cejilla, como suelo hacer yo muchas veces, por pereza de no buscarla, cuando juego con la guitarra y acabo cayendo en esos preciosos arpegios que Carlos Raya añadió a la canción. Por cierto, en un momento dado, Quique se acordó de él. Yo sigo pensando que el trabajo de guitarras en los dos primeros discos de Quique es de lo mejor que se ha hecho nunca.

Para este tema, Jacob tocó el contrabajo con arco. Es también curioso ver cómo Jacob ha evolucionado con los años, afirmándose en su personalidad y, al mismo tiempo, agrandando sus recursos.


Con "Jukebox" volvió otra vez la caña. Quique y Raúl cogieron las eléctricas y Toni tiró de wha-wha con la Telecaster. Para mí, es de la mejores canciones de ritmo rápido de Quique, con una letra excelente: lo de "con la violencia densa de un poema de Bukowski en la encimera" siempre me ha parecido un acierto felicísimo.



Después, otra canción que parece que quedó muy lejana pero que a mí siempre me ha gustado, y que refleja muy bien el imaginario del primer Quique: las avenidas, la policía, las peluqueras y las camareras, y ese mirar al pasado ("Volveré a los sitios donde nunca estado") como si fuese alguien mucho más viejo de lo que era -de lo que éramos- entonces... Y esos versos que no desentonarían en un poemario ("Con la mirada perdida entre las dos esquinas / de tu pelo largo, / la madruga dormida en la comisaría / de tus ojos claros"), ese original puente y ese cambio armónico en el solo. Perfecta.


Otra letra espectacular, con algo hipnótico, circular, es "Tarde de perros", el homenaje a la noche en la que murió Enrique Urquijo. Volvieron las tres guitarras, aunque esta vez Quique llevaba una acústica en vez de una eléctrica. Recuerdo que en su momento discutimos en el foro donde nos juntábamos los seguidores antes de que hubiese redes sociales si el Mi era mayor o menor, porque la tonalidad no está clara. Miles de años después de aquello, pude comprobar que Quique lo hace menor.


Luego, otra canción de escapada, viajes y amigos, con descripciones costumbristas y evocadoras: "Todo lo demás". Yo pensaba en todos los veranos en los que nosotros la escuchamos en el coche y, en especial, uno conduciendo de Memphis a Dallas después de haber pasado por Nashville y antes de ir a Nueva Orleans, compartiendo sueños y creando recuerdos, como estaba siendo esa misma noche...


La última canción del segmento dedicado a "Salitre 48" fue otra de esas supuestamente menores: "Permiso para aterrizar". Lo es nada más que en la duración: a mí me gusta tanto que ya hace 17 años le dediqué dos vídeos, uno con los acordes y otro con el solo, cuando ni siquiera tenía una guitarra eléctrica. Pero veo ahora esa guitarra acústica y se la debo también a Quique: me la regalaron dos amigos cuando se rompió la única que tenía, una española, para que siguiese sacando sus canciones... Y ese solo, que no logré tocar bien ni cuando por fin tuve una eléctrica, es uno de mis solos favoritos de la historia de la música.


Después llegó el descanso anunciado y yo aproveché para sacar una foto de los instrumentos descansando:


A la vuelta fueron interpretando otras canciones más recientes: de hecho, no sonó ninguna de "Personal", ni siquiera "Y los conserjes de noche". Yo sé que Quique no se siente tan orgulloso de ese disco como de "Salitre 48", pero para mí, aunque tenga algunas canciones que no han envejecido bien, tiene un buen puñado que podría rescatar más a menudo. Por cierto, que hubo gente durante el set de "Salitre 48" que pidió a gritos varias veces "Se nos iba la vida". A mí también me encantaría escucharla, pero me pareció una falta de respeto la insistencia cuando estaba claro que no era el momento.

Entre las que sonaron en el segundo set, alguna que no suele hacer, como "Trucos fáciles para los días duros". Del mismo disco sonó también la que le da título, "Avería y redención".

En "Se estrechan en el corazón", la gente cantó la melodía como se ve en este vídeo, pero lo que no se ve es que cuando acabaron de tocarla, la gente siguió cantándola.

Hubo un momento inesperado: hicieron "Charo"... sin cantante femenina. Toni Brunet hizo esa parte y, la verdad, lo hizo muy bien, como se ve en este vídeo.

De "Me mata si me necesitas" también sonó "Orquídeas": parece que para la segunda parte escogió entre las canciones más movidas de su repertorio.

Otro gran momento de la noche fue cuando salió Alberto García a hacer "Palomas en la Quinta". Sé que el asturiano es fan desde que era muy joven: mi hermana le vio hacer versiones de Quique en Libardón hace mucho, mucho tiempo... Me alegro de que le esté yendo bien con su proyecto y que pueda cumplir sueños como este.


Tocaron también una canción del disco que todavía tardaría un par de semanas en salir, "Copas de yate", la versión de "A la media luna" de Juan Perro. Es curioso, porque no parece que el universo sonoro de Santiago Auserón esté muy cerca del de Quique, en especial en esa etapa en la que el de Zaragoza se centró en la música caribeña. Pero ahora vuelvo a escuchar la canción y, a pesar de estar con aquella banda que solía hacer música cubana, con los maravillosos Javier Colina en el contrabajo y Pancho Amat en el tres, es verdad que es una canción roquera. Por otra parte, Quique ya mostró su admiración por el repertorio del ex-Radio Futura cuando hace años versioneó "El ruido de fondo", la canción que los hermanos Auserón escribieron para Miguel Ríos. Yo, como fan de ambos, no me puedo quejar.

"A la media luna" es otra ocasión para que Jacob juegue por el mástil, como lo es "Puede que me mueva". Aprovecho para comentar que utilizó, además del contrabajo, dos bajos eléctricos, uno Fender (creo que un Jazz Bass) y otro que no logro identificar:


Su amplificador Ampeg sonó de lujo: gordo y definido.

Acabaron, como suele ser habitual, con "Vidas cruzadas". Al final, se les veía tan felices como al público:



Quique había avisado de que iba a firmar discos tras el concierto, así que decidimos quedarnos, para poder darle las gracias en persona por tantas cosas... A fin de cuentas, sus canciones llevan acompañándonos literalmente la mitad de su vida... y de la nuestra.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
12:26 a. m. | Comentarios (0)