Escritos sobre música




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Festival Brillante 2022. Día 1

~ miércoles, septiembre 21, 2022 ~

Cuando nos enteramos de que el Brillante, para el que habíamos comprado entrada nada más salir, había pasado a ser gratuito porque no habían vendido suficiente, nos preocupamos: ¿cómo van a sacar suficiente para no perder dinero? ¿Significará eso que no vuelve a haberlo? Esperemos que no, porque tenemos casa en el pueblo y es un lujo poder ver un festival y pasarte un momento por casa si quieres descansar o coger algo.

Por otra parte, el Brillante es un festival con un ambiente distinto al Sonorama o el Gigante. No sé si es por los grupos que traen, muchos de una onda power pop o punk, pero me da la sensación de que hay gente más joven… y rara. A un viejuno como yo le llama la atención las pintas que se ven. Es curioso cómo vuelven reinterpretaciones de estilos de los 80, como los peinados mullet, los bigotillos a lo Freddy Mercury o los calcetines altos...

Decidimos empezar viendo a Alondra Bentley: el año pasado la vimos en un concierto muy especial después de una ruta por la naturaleza. Esta vez tocaba en el escenario Palacio. Es increíble la voz que tiene, algo de fuera de este mundo, angelical, y también con un toque retro. De hecho, hizo una versión de Marilyn Monroe que le quedó muy bien. Aparte de tocar la guitarra, también utilizó el ukelele y un instrumento que no conocía el Omnichord.


Luego fuimos a la plaza y vimos el final de Monteperdido. No muy buen sonido (hacía tiempo que no escuchaba tantos acoples en un concierto), pero mucha caña y mucha diversión, con la gente bailando desenfrenada.

Nos fuimos a comer a un bar que no está a la vista de los conciertos, y así y todo tardaron más de media hora en traernos los bocatas; luego vimos que directamente le decía a la gente que no podía atenderlos porque iban a tarda más de hora y media. Así que nos perdimos a Fermi, que Alondra recomendó mucho.

Lo siguiente que vimos en la plaza fue a Flavia Marsano. Las canciones sonaban bien, pop agradable, pero el concierto fue demasiado amateur para mi gusto. Dijo en un momento dado que habían tenido muchos contratiempos, entre ellos que se estropeó el autotune, y pidió perdón por los gallos porque dijo que no estaba acostumbrada a cantar sin él. Yo sentí un poco de pena por que ya haya artistas que consideren los más normal usar esta herramienta, y creo que en este caso no como efecto sino para disimular fallos; y quizás también sentí envidia porque mis desafines no los soluciona ni el autotune…

Luego fuimos al recinto principal y vimos el concierto de Viva Belgrado. Instrumentalmente, sonaban bien, pero no me gustó la forma de “cantar”: me sirvió para entender qué es ese estilo que llaman “screamo”. No me convenció tampoco eso de tocar de espaldas al público. Para mí, un concierto no es un ensayo y se trata no sólo de conectar con los otros músicos de la banda, sino también con los asistentes.

A continuación, vimos un poco de Los Blenders, que llegaban desde México. Pop con gotas de surf. Tuvieron problemas con el bajo en las primeras canciones. No lo vimos entero por no aguantar el sol de pies, así que fuimos a sentarnos a la sombra.


Después llegó el que sin duda era el plato fuerte de la noche: el concierto de Amaia. El salto de calidad fue evidente: a pesar de que conservar cierta inocencia naif (contó que no se dio cuenta y salió a cantar con chicle, y que lo iba a dejar ahí pegado y luego lo recogía, cosa que hizo al final del concierto), tanto el sonido de la muy buena banda como su forma de interpretar denotan una profesionalidad de gran nivel. Me gustó más que cuando la vi en el Sonorama, no sé si por qué esta vez estaba más cerca y me dio la sensación de que la mayor parte del público (que llenó el aforo) iba a verla a ella: no paraban de corear todas sus canciones. El repertorio también varió ligeramente. Hizo al piano la de “si quieres ser mi amigo / tócame el higo” (es una frase que me chirría, pero está claro que es más inolvidable que el título de la canción), aunque luego también la repitió al final, en el falso bis (no se retiraron, pero indicó que las dos últimas canciones serían las del bis en condiciones normales). Me gustó mucho el bajo, especialmente en los momentos más bailables.

A mí las canciones de Amaia no acaban de convencerme, pero aprecio que intente hacer algo personal. Aunque la temática amorosa sea la principal, también están reflexiones más íntimas, especialmente sobre el proceso de maduración. Es una apasionada de la música, de música muy distinta, y eso se refleja en su repetorio: aparte del pop más convencional, a veces con momentos indies (tanto en una canción suya como en la versión de “Santos que yo te pinté”, que precisamente habíamos visto interpretada por Los Planetas en el Brillante el año pasado), está la parte cuando interpreta sola al piano, que a mí es la que más me gusta y pagaría por verla en un teatro haciendo un concierto entero así, algo como lo de Fito Páez en “No sé si es Baires o Madrid”, y una canción como “Parque Yamaguchi”, con aires de música tradicional española. Pero, curiosamente, la canción más redonda yo creo que es “Qué vamos a hacer”, la que hizo con Alizzz, que tiene algo infeccioso.


Después, mientras gran parte del público se iba, nos fuimos a cenar. En el recinto sólo hay dos “food trucks” (no son trucks en realidad, sino puestos de comida sin más), así que, además de poca variedad, hay largas colas.

Mientras esperábamos y luego tomábamos la hamburguesa vegetariana (no había versión carnívora), escuchamos gran parte del “concierto” de La Élite. Ellos mismos afirmaban que no era un concierto sino un karaoke: dos hombres cantando sobre unas bases pregrabadas. Eran graciosos. Musicalmente, sonaban a los años 80, cajas de ritmo primitivas y sintetizadores.

Cansados, nos retiramos a casa. Para nosotros, el día grande del festival es el domingo, con Nacho Vegas y Julieta Venegas.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
10:16 p. m. | Comentarios (0)

Chapinería Brillante

~ lunes, septiembre 27, 2021 ~

Esto no es una crónica del Festival Brillante de Chapinería, básicamente porque sólo pude ir a día y medio de los tres días por motivos de trabajo: será una crónica de lo que fui.

Lo primero, en el viaje nos pilló una DANA y tuvimos que parar en la autopista porque no se veía nada. Muy peligroso. Afortunadamente, no hubo que lamentar daños.

Llegamos el viernes por la noche y nos dimos una vuelta por el pueblo. Había más gente de lo habitual, pero la mayor parte ya estaría en el escenario principal.

Al día siguiente nos habíamos apuntado a una actividad singular: un concierto de Alondra Bentley precedido por una senda guiada por la gente de la Casa del Águila. El camino por los alrededores del pueblo fue muy agradable y realmente es una experiencia que no habíamos vivido nunca el llegar, de repente, a unas rocas en medio del campo y encontrarnos un concierto para nosotros. Éramos muy pocos (no sé si alcanzábamos la veintena). Hubo gente que se enfadó ante lo reducido del aforo, yo creo que con algo de razón, porque si pones que en un festival toca alguien y luego sólo pueden verlo 20 personas, es un poco engañoso. Entiendo que se hizo con el mayor de los cariños, pero también entiendo a los que se quedaron fuera. El caso es que fue una gozada escuchar en medio del campo a Alondra y Nacho con una guitarra, una melódica y un xilófono empastando sus bonitas voces.

Casi nos pilla la lluvia, que había obligado a cancelar algún concierto el día anterior, pero, quizás gracias al canto que nos enseñó Alondra ("Rain, rain, go away, come again another day"), fueron sólo cuatro gotas. Pasamos entonces por el escenario en la plaza del ayuntamiento y estaba acabando Marta Knight. Una pena porque su voz prometía: tiene esa aspereza dulce que me recordaba a la de la cantante de The Cardigans.

Nos fuimos al escenario del Palacio de la Sagra. Mientras esperábamos para entrar, nos zampamos un bocadillo de calamares: se supone que el Brillante del nombre del festival va por eso, ¿no? Porque, la verdad, no tengo muy claro cómo un bar de calamares acaba promocionando un festival indie en un pueblo de la Sierra Oeste...

El aforo del escenario estaba también muy limitado: 100 personas. Eso sí: primer festival en el que se puede beber mientras ves los conciertos sentado.

Salieron Morreo, con un ordenador, una guitarra rosa y mucho humor. Pasamos un buen rato.

Luego fue el turno de Marcelo Criminal y yo no me podía creer lo que estaba viendo: tenía la sensación de encontrarme ante uno de mis alumnos cuando hace su primera presentación en público, con las manos en los bolsillos y mirando la pantalla del ordenador... Pues así, literalmente, cantaba Marcelo. No me quedó claro si sólo es tímido o si es parte de la performance, porque lo que sí me queda claro es que es autoconsciente, sabe reírse de sí mismo y tiene mucha retranca.

Pero voy a hacer un inciso para insistir en algo que ya comenté en el festival anterior y que aquí llegó al máximo: yo no acabo de ver lo de cantar acompañado de unas bases disparadas por un ordenador como un concierto. Para mí eso es karaoke. Pero parece que es la línea actual. Entiendo que en estos tiempos de grabar discos tú solo con tu ordenador en casa y de presupuestos limitados para los conciertos, pueda ser un apaño, pero espero que no se convierta en una costumbre.

Nos fuimos a echar la siesta antes de encaminarnos al Escenario Mirador. Este es un recinto más tradicional para un festival. Tenía sillas para ver los conciertos y otras con mesas para consumir, desde las que, al contrario que anteriores festivales, se podía también ver el escenario.

La primera artista a la que vimos fue a Soleá Morente. Musicazos y una propuesta que parecía querer actualizar músicas tradicionales. Estuvo bien pero no me enamoró la voz de Soleá.

A continuación salieron Derby Motoreta's Burrito Kachimba. Esta vez, al contrario que en el Sonorama, vi el concierto entero. Sonaron peor y en algún momento se me hizo un poco largo, pero creo que cualquiera al que le guste el rock setentero tiene que verlos. Claro, la voz es muy particular e imagino que a mucha gente esa forma de cantar no le gustará, pero a mí esta segunda vez me encajó mejor y aprecio que añadan esa personalidad de mezclar dos tradiciones y hacerlo tan bien.

Por fin llegó la hora de los cabeza de cartel del día: Los Planetas. Llamaron al formato que emplearon, sólo piano, voz y dos guitarras, "concierto esencial". Yo no conozco casi su discografía y me siguió costando trabajo, sobre todo al principio, entender la voz de J y no me convenció el sonido del piano. A mitad del concierto, además, tuve que irme a buscar algo de abrigo porque la noche chapinera se había puesto muy fría. No sé qué pensarían los fans, pero por lo menos fue algo curioso, probablemente también haciendo de la necesidad virtud por estos tiempos pandémicos.

Por cierto, que quiero comentar algo: tuvimos que cambiarnos de sitio tras los Burrito Kachimba porque nos habían tocado en las filas de delante los egoístas de turno. Yo entiendo que haya gente que tenga una opinión distinta a la mía sobre lo que deberían dejar hacer o no hacer en los festivales, pero si hay unas normas y está todo el mundo respetándolas, esa gente no tiene derecho a saltártelas para disfrutar a costa de los demás: cuando esas personas se levantaban, yo no veía. Y en este festival en el que no había ningún problema en apartarse un poco y bailar a tu bola, no había excusa para molestar. Pero me temo que estos borrachos serían igual de incómodos en un concierto tradicional, de esos que te empujan durante todo el concierto y ni se disculpan. Eso sí, lo de coger la silla y agitarla, llegando a pegarle en la cabeza (involuntariamente) a su mujer merecía que a uno de ellos le hubiesen echado.

No teníamos entrada para el día siguiente, pero como los conciertos en la plaza se podían disfrutar desde la terraza del bar, eso hicimos. Vimos a El Buen Hijo, que me recordaron a los grupos del Donosti Sound o al pop ochentero, aunque mucho mejor interpretado.

Los siguientes fueron La Paloma, que también sonaron muy bien y estaban inspirados por sonidos de los 80 y 90, en este caso escorados al noise pop, aunque también me recordaban a la new wave. Me dio la impresión de que en las letras había ganas de decir cosas.

Era curioso ver vacío el recinto cerrado en el centro de la plaza con sillas sólo para los que tenían entrada del festival, mientras todo alrededor estaba la gente tomando algo y bailando. Nosotros nos calzamos unas tapas muy buenas en el mesón La Plaza. Yo quiero más festivales así: que puedas descubrir nuevos grupos mientras disfrutas de la gastronomía. Ya sé que no es muy rock, pero a mi edad...

Por último, actuaron Chavales. Nuevamente, sonidos inspirados en los 80, esta vez de la vena del tecnopop y, al contrario de los dos anteriores que no llevaban grabaciones, con un ordenador como gran protagonista del sonido. Canciones divertidas como de primeros tiempos de la movida, pero yo sólo las vi para echarse unas risas y unos bailes. Y eso hicimos.

Una pregunta que me surgió: ¿qué escucha esta gente para hacer estas canciones? ¿Buscan en los grupos de los 80 o copian a los émulos actuales? ¿Están inspirados por Future Islands o quien sea a nivel internacional que ha rescatado esos sonidos o escuchan a los originales? Cuando veo a los jóvenes entregados a música que yo vi nacer me parece tan raro... Claro, tan raro como yo escuchando a Led Zepellin 20 años después, pero otros 30 años más tarde y de música más intrascendente como mucho del pop español de los 80 me parece más extraño...

Por cierto, las pintas del público estaban también muy inspiradas también en los 80, aunque con más bigotes que entonces.

En definitiva, lo pasamos muy bien. Enhorabuena a la organización y esperemos que esta no sea más que la primera edición.

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Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
10:39 p. m. | Comentarios (0)