1973 en la Casa de la Música
~ sábado, mayo 09, 2026 ~
Crónica del concierto de Quique González en La Casa de la Música de Leganés el 8 de mayo de 2026
Hay gente que no entiende que veas muchas veces al mismo artista en directo. Hay todavía más gente que no entiende que lo veas dentro de la misma gira. Sin embargo, a nadie le extraña que escuchemos cientos de veces la misma canción grabada. La forma natural de la música es en vivo: los discos son invento reciente y, probablemente, con la llegada de la Inteligencia Artificial, igual hasta consideremos dos artes distintas los discos y los conciertos, igual que se consideran distintas artes el cine y el teatro.
Esta reflexión es a cuenta de que esta es mi tercera vez viendo a Quique González en la gira presentando "1973" (ya reseñé aquí las dos anteriores). Y cada vez ha sido única. Casi diría que esta la más especial, aunque igual es simplemente que es la que tengo más reciente, porque incluso las maravillas pasadas acaban amarilleando en el recuerdo, excepto cuando no hay un presente numinoso con el que compararlas y acaban deviniendo en nostalgia.
El concierto tuvo lugar en La Casa de la Música en Fuenlabrada, una sala de tamaño mediano que no conocía. Por cierto, quiero destacar el precio: ya es difícil encontrar conciertos por 20€. Todo un lujo.
Hubo teloneros, Clavel, pero, por desgracia, no pude disfrutarlos por la extraña configuración con dos escenarios situados a 90 grados. Nosotros optamos por ponerlos en tercera fila del escenario principal y quedamos muy lejos del secundario. Con la dificultad añadida de que Clavel hacen música -inspirada en el folclore español- para escuchar con atención y un silencio imposible cuando la mayor parte del público va a escuchar a otro artista de un género muy distinto, sólo aprecié de lejos su original propuesta.
La ventaja que tiene esta disposición de escenarios que no hace falta mucho tiempo desde que acaba el artista invitado hasta que empieza el principal. Al son del "Let's Get It On" de Marvin Gaye fueron apareciendo los protagonistas de la noche. Decidieron empezar por el final: la primera canción del concierto fue la última del último disco publicado por Quique González, "Santos". Como gran parte del disco, una canción no muy rápida, sin grandes fuegos de artificio, reflexiva... La banda hizo como dice la letra: "Silenciamos los cánticos". Al final del concierto, Quique dijo: "Habéis sido un público excelente". Suele sonar a tópico, a cumplido de cortesía, pero creo que esta vez fue sincero y merecido: hubo un silencio atentísimo cuando las canciones, como esta, lo requerían, y hubo fiesta y cánticos hasta sorprendentes en otros momentos. Pero eso lo contaré en su lugar.
Porque quiero empezar con otro aspecto que me impresionó profundamente y que todavía tengo fresco en mi memoria: la excelente calidad del sonido. Se escuchaba todo, cada pulsación en las cuerdas de la guitarra de Quique, cada armónico en la de Toni Brunet, cada matiz en los pianos, órganos y sintetizadores de Raúl Bernal, cada maravilloso dibujo que hacía Jacob Reguilón con el bajo o el contrabajo, cada sutil toque de Karlos Arancegui a su Ludwig... Estaba allí, viéndolo y sintiéndolo todo y preguntándome si sería el concierto con mejor sonido que he visto de Quique González. Es posible que no, porque le he visto muchas veces y sé que en muchas hubo muy buen sonido, pero resultaba imposible creer que lo hubiera podido haber mejor.
Creo que tras esa primera canción, que usaba una guitarra afinada en mi abierto, Quique cambió a otra acústica y Toni a una Danelectro de 12 cuerdas para interpretar "Flashes". Mientras escribo esta crónica, escucho alguna de las canciones y me ha llamado este hermoso sintagma: "las frágiles herramientas de la razón". Cuánta verdad en ese adjetivo...
Luego pasaron a la primera canción del último disco, "La caja de herramientas". Creo que en este tema fue en el primero en el que Raúl se puso de espaldas para tocar el sintetizador.
Para interpretar el primer single, "Terciopelo azul", llamaron por primera vez al escenario a la gran Patricia Lázaro. Ahora mismo es la voz de rock en español que más me gusta, junto con la de Nina de Morgan, por supuesto. Y es una gran compositora de canciones. Echo de menos sus conciertos y me hizo feliz que Quique contase con ella.

La primera canción que no pertenece a "1973" fue "Daiquiri Blues", que ya es un clásico de lo que yo considero la tercera época de la obra del madrileño. A continuación, sonó precisamente una canción que sólo está en el disco que sirve de transición entre la primera y la segunda, "Ajuste de cuentas", cuando dejó de colaborar con Carlos Raya y tuvo aquella extraña fase que sólo duró un disco, "Avería y redención #7", tras comenzar la etapa de grabaciones en Nashville. La susodicha canción, "Caminando en círculos" estaba en en aquel disco en directo, pero ahora la hace en sol. Es también un clásico: fue muy coreado por el público, que estaba formado básicamente por gente de su generación que, imagino que como yo, lleva siguiéndole desde las primeras épocas.
Luego hizo otra de una etapa más reciente, pero no tanto: aunque a mí me parece que fue hace poco, ya han pasado 10 años desde que publicase "Me mata si me necesitas", el disco que abre "Detectives". Le pasó algo raro a Raúl en la entrada. Quique y él se miraron y sonrieron. Eso me gustó: estábamos asistiendo a un concierto con una maestría extraordinaria que no requiere de la perfección absoluta, porque lo más importante es que estamos comunicándonos, compartiendo algo muy especial entre todos, los intérpretes y el público, y esa sonrisa que decía "No pasa nada" me confortó, me hizo pensar que es la mejor forma de llevar los errores que inexorablemente todos cometemos: con humor, con gracia, y siguiendo adelante.
También pensaba en que había algo del ambiente de los primeros conciertos, aquellas giras de "Peleando a la contra", quizás por el tamaño de la sala, más pequeño que en las que le suelo ver últimamente.
Toni volvió a la Danelectro de 12 cuerdas para hacer una de las canciones cañeras más importantes del repertorio, "Miss Camiseta Mojada", antes de cambiar totalmente de tercio con "Descosiendo un sueño", interpretada con guitarra en mi abierto por Quique y cantada en parte por Raúl.
Lo siguiente fue otra canción de "1973", "Coleccionistas", que cité yo recientemente a un compañero amante de la música de antes, con esa frase que dice: "Somos la última generación de coleccionistas". Sí, ya somos de otra época. Pero es curioso porque precisamente ayer viví una experiencia sorprendente: hubo un festival de música organizado por los alumnos en la escuela donde trabajo y los grupos de chavales joven interpretaban todos canciones que aparecieron cuando yo era joven. Yo soy de la opinión de que el rock está desfasado y aunque entiendo que haya jóvenes que lo aprecian igual que yo puedo apreciar el tango o el jazz de 50 años antes de que yo naciese, sé que no puede ser la música de esta época, la que explique este mundo en el que estamos ahora y el mundo que está por nacer. Imagino que el verdadero arte es inmortal y me alegro de que no se olvide, pero me pregunto si no hay música nueva haciéndose ahora que se convierta en los futuros clásicos y si sólo será mi cansada vista o, más bien, mi cansado oído de cincuentón lo que me impide verlo...
Y en mi cabeza en esta mañana madrileña de sábado a la que ha llegado la lluvia, mientras escribo, sabiendo que todo es, en última instancia, para el olvido y la nada, está también una sensación de agradecimiento a la vida, porque en medio de los horrores de este mundo, de los achaques, de la muerte cada vez más cercana -me levanté con la noticia del fallecimiento del padre de uno de mis mejores amigos- pienso en el poso de felicidad que me proporcionó y aún dura el concierto de Quique González y los suyos y la experiencia todavía más increíble de haber estado tocando por la tarde un par de canciones ("Lamento boliviano" y "Entre dos tierras") en el festival de la escuela, invitado por unos alumnos 30 años más jóvenes: contra tanto enfrentamiento de generaciones, celebro lo común que nos une a los mortales, por muy pequeño que sea en la inhumana inmensidad del tiempo y el universo.
Volviendo al repaso cronológico del concierto, lo siguiente fue quizás la mejor canción de "1973": "Preguntas sencillas". Hoy siento que habla de esas lecciones que nos enseña la vida: "pequeñas mentiras que aprendes a desactivar". Creo que fue la única canción en la que Quique tocó la armónica.
Para "Cheques falsos", se sentó al Wurlitzer junto a Raúl, que se afanaba en el Legend. Hicieron un final que me retrotrajo a la época de "Avería y Rendención #7", cuando el espíritu de Wilco flotaba en la producción. Creo que en este último disco y conciertos se está recuperando algo de esa idea, pero mejor rematada que en aquel entonces.
Lo siguiente, uno de sus indudables clásicos de la etapa central, "La luna debajo del brazo", seguida de otra canción también de "Daiquiri Blues": "Su día libre". He dedicado muchas horas a esa canción. De hecho, llegué a grabar (¡hace 16 años!) dos vídeos tocándola con dos aficiones distintas... y sigo con la sensación de que ninguna es correcta. Algún día lo pillaré...
"Avería y rendención" volvió a subir las revoluciones, añadiendo un reprise con aires de música negra. A mí la parte de "No te fíes de la chica de la lavandería" siempre me recuerda a estar en una "washeria" en Nueva Orleans con la quiquifriki que me tengo la fortuna de que me acompañe en esta vida.
Quique volvió a llamar a Patricia y contó que le había dado a elegir las canciones que quería cantar y ella escogió una no muy conocida: "Alguien debería pararlo", de "Sur en el vallle". Dijo que habla de una ruptura en ambiente playero. La voz de Patricia elevó la canción y me hizo pensar que me gustaría escuchar un disco o un concierto con versiones hechas por ella, que tiene un gusto certero y refinado, además de una sensibilidad profunda, como ha demostrado versioneando en sus conciertos el maravilloso "Simulacro" de Rafael Berrio.
Por supuesto, con esa voz sobre el escenario no podía faltar uno de los últimos "hits" de Quique: "Charo". Llamó a otro amigo para interpretarlo con la acústica, César Pop, que además es co-autor de la canción y salió ataviado con una camiseta de "Charista".
Tras despedir a los dos colaboradores, atacaron otra rareza, una canción que no está en ningún álbum y que creo que he oído a Quique decir que considera una de sus mejores: "Clase media". Yo estaba allí pensando en el lujo que era aquel sonido y aquel ambiente, que merecería ser grabado con la máxima calidad.
La última canción que hicieron del disco que estaban presentando fue "De verdad lo siento", con Toni haciendo la voz que grabó en el álbum Gorka Urbizu. También hizo un curioso solo con un sonido gordo y oscuro con su SG.
Y antes de abandonar el escenario, por fin hicieron una canción de los primeros cuatro discos: "Kamikazes enamorados". Me resulta asombroso que tenga la capacidad de no usar ninguna de esas canciones en la parte principal del show, de tocar otras 20 canciones antes de acometer alguna de los muchísimos clásicos que en aquella época parecía imposible que no formasen parte de un concierto: "Aunque tú no lo sepas", "Y los conserjes de noche", "La ciudad del viento", "Pájaros mojados", "Palomas en la quinta" (que alguien pidió a gritos, por cierto) y tantas y tantas otras canciones que darían para un gran concierto.
Con esa canción de la época que forjó la leyenda, dejaron a la gente con ganas de más: el público no se quedó haciendo un poco de ruido por cortesía para que volviesen a salir, sino que empezaron a cantar parte de "Vidas cruzadas" y, además, no empezó por la zona delantera, donde solemos estar los acérrimos, sino que empezó por el fondo de la sala: creo que éramos todos grandes seguidores.
Comenzaron el bis con la vuelta de César a la guitarra y, esta vez, a la voz, para interpretar otra canción que compuso con Quique: "Dallas Memphis", con Raúl al acordeón. El público coreó otra de esas frases que están en camisetas: "Ejércitos del rock rompiendo filas", pero también esa otra que convoca una imagen que no da para proclama pero dice mucho: "La luz del garaje encendida...".
La presentación del equipo técnico fue graciosa: después de presentar a cada uno, el público coreaba uno "Oé-oé" con el nombre correspondiente, como si fuesen los grandes protagonistas de la noche. Debería haber apuntado el nombre del técnico de sonido porque, ya digo, fue increíble.
Luego sonó un "Salitre" awilcorizado (vaya palabro que me acabo de inventar) y finalizaron, cómo no, con "Vidas cruzadas", con Patricia y César otra vez en el escenario.
Así finalizó la fiesta, la larga fiesta: fueron dos horas de concierto. El tercero de esta gira, queda dicho, y, sin embargo, no es demasiado: "hay días más grandes todavía", ya lo dice la canción...
Etiquetas: César Pop, Crónicas conciertos, Patricia Lázaro, Quique González, Toni Brunet
Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
8:06 p. m.

















